Escrito por Friedrich Engels en Berlín el 25 de junio de 1842. Publicado sin firma, como correspondencia de Berlín, en la Rheinische Zeitung, n.º 181, del 30 de junio de 1842. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, sección I, tomo 2 (Berlín, 1930, pp. 308-309), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

*×* Berlín, 25 de junio. La Kriminalistische Zeitung1 de esta ciudad «deja de aparecer provisionalmente» el 1 de julio. Así pues, sus diatribas contra los tribunales de jurados no han encontrado, después de todo, la aprobación deseada del público. Era una hoja del justo medio2 en el terreno jurídico. Quería publicidad y oralidad,3 pero, por el amor de Dios, nada de jurados. La medianía de semejante tendencia, sin embargo, se reconoce afortunadamente cada vez más, y los defensores del jurado aumentan de día en día. La Kriminalistische Zeitung sentó el principio de que ninguna rama del poder ejecutivo debía ponerse directamente en manos del pueblo, y por tanto tampoco la función judicial. Eso estaría muy bien si el poder judicial no fuera algo completamente distinto del ejecutivo. En todos los Estados donde la separación de poderes se ha llevado realmente a cabo, el poder judicial y el ejecutivo carecen por completo de conexión. Así en Francia, Inglaterra y América; la mezcla de ambos poderes conduce a la confusión más desastrosa, y su última consecuencia sería reunir en una sola persona al director de policía, al juez instructor y al juez. Pero que el poder judicial es propiedad inmediata de la nación, que esta ejerce por medio de sus jurados, está demostrado hace tiempo no solo por el principio, sino también por la historia. De las ventajas y garantías que ofrece el jurado no digo nada, sería superfluo gastar aquí una palabra más. Pero ahí están los juristas empedernidos, los leguleyos, cuyo lema es: fiat justitia, pereat mundus!4 A esos, naturalmente, no les gusta el jurado libre. Porque no solo serían desplazados con él de su posición de jueces, sino que la santa letra de la ley correría peligro, el derecho muerto y abstracto. Y eso no puede perderse, es su paladión, y por eso esos señores ponen el grito en el cielo cuando alguna vez los jurados de Francia o de Inglaterra absuelven a un pobre proletario que, en la desesperación del hambre, ha robado pan por valor de un ochavo, aunque el hecho esté probado por testigos y por confesión; entonces exclaman triunfantes: ¡Mirad, esto viene de los tribunales de jurados; se socava la seguridad de la propiedad y de la vida misma, se sanciona la injusticia, se proclaman abiertamente el crimen y la revolución! Esperamos que la Kriminalistische Zeitung no vuelva a empezar provisionalmente a aparecer «provisionalmente».

  1. Revista jurídica berlinesa dedicada al derecho y al procedimiento penal. ↩

  2. Juste-milieu, la divisa de la monarquía de Luis Felipe en Francia; aquí, la política de las medias tintas. ↩

  3. Publicidad y oralidad del procedimiento judicial, frente al procedimiento escrito y secreto del derecho prusiano; en la Renania, que conservaba el derecho francés, existían ya el juicio público y el jurado. ↩

  4. «Hágase justicia, aunque perezca el mundo.» ↩