Escrito por Karl Marx probablemente a comienzos de septiembre de 1842 y publicado, con la firma K. M., en los Deutsche Jahrbücher für Wissenschaft und Kunst, n.º 273, del 16 de noviembre de 1842. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, sección I, tomo 1, primer semitomo (Fráncfort del Meno, 1927, pp. 397-400), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Si en Alemania se quisiera escribir la comedia del diletantismo, el señor Dr. O. F. Gruppe1 sería el personaje indispensable. El destino ha dotado a este hombre de aquella tenacidad de hierro de la que no pueden prescindir los grandes hombres, y menos que nadie los grandes hombres del diletantismo. Aunque la mayoría de sus aventuras terminen, como las de Sancho Panza, con signos ambiguos de reconocimiento, esa monotonía del éxito se ve realzada y variada de mil maneras por la cómica desenvoltura y la conmovedora ingenuidad con que el señor Gruppe recibe sus laureles. Incluso no puede negarse una especie de grandeza de alma en la coherencia que enseña al señor Gruppe a razonar así: como me han echado de la sala de clase de la filología, mi vocación será que me echen también del salón de baile de la estética y de los pórticos de la filosofía. Pero eso es mucho, no es todo. Mi papel solo quedará representado del todo cuando me echen del templo de la teología: y el señor Gruppe es lo bastante concienzudo como para... representar su papel hasta el final.

Pero en su última aparición el señor Gruppe ha desmentido en cierta medida la altura de su punto de vista. No dudamos ni un instante, desde luego, de que su último escrito, Bruno Bauer y la libertad académica de enseñanza, no está escrito en modo alguno «al servicio de un partido ni bajo una influencia». El señor Gruppe sintió la necesidad de que lo echaran de la teología, pero aquí la sagacidad mundana echó una mano a su instinto cómico. El señor Gruppe ha trabajado hasta ahora, como corresponde a los caracteres cómicos, con la seriedad más divertida y la más extraña presunción. Las medias tintas, la superficialidad, los malentendidos eran su destino, pero no eran su tendencia. El gran hombre interpretaba su propia naturaleza, pero la interpretaba para sí y no para los demás. Era bufón de vocación: no podemos dudar de que en su última aparición es bufón por encargo y a sueldo. La mala intención, la deformación sin escrúpulos, la perfidia vulgar no dejarán dudar tampoco al lector.

Iría contra nuestra opinión sobre las naturalezas cómicas derrochar con el señor Gruppe un extenso aparato crítico. ¿Quién pide una historia crítica de Eulenspiegel? Lo que se pide son anécdotas, y nosotros damos del señor Gruppe una anécdota que es la anécdota de su folleto. Se refiere a la interpretación que hace Bauer de Mateo 12, versículos 39-42.2 El benévolo lector tendrá que dejarse importunar un momento con cuestiones teológicas, pero no olvidará que nuestro objeto es el señor Gruppe y no la teología. Encontrará justo que se lleve ante el público de los periódicos la caracterización de los adversarios de Bauer, después de que se haya hecho del carácter y de la doctrina de Bauer un mito de periódico.

Reproducimos el pasaje en cuestión de Mateo en toda su extensión.

«Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo: Maestro, quisiéramos ver de ti una señal.»

«Y él respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal, y no le será dada señal, sino la señal del profeta Jonás.» «Porque como estuvo Jonás tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.» «Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación y la condenarán, porque se arrepintieron por la predicación de Jonás. Y he aquí más que Jonás en este lugar.» «La reina del Mediodía se levantará en el juicio con esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. Y he aquí más que Salomón en este lugar.»

A los teólogos protestantes les llamó la atención la contradicción de que Jesús rechace aquí los milagros, cuando en otras ocasiones los realiza. Les llamó la atención la contradicción, mayor todavía, de que el Señor, en el mismo momento en que rechaza la exigencia de milagros, prometa un milagro, y precisamente un gran milagro: su estancia de tres días en los infiernos.

Como los teólogos protestantes son demasiado impíos para admitir una contradicción de la Escritura con su entendimiento, y demasiado hipócritas para admitir una contradicción de su entendimiento con la Escritura, falsean, deforman y retuercen las palabras claras y el sentido sencillo de la Escritura. Afirman que Jesús no opone aquí su doctrina y su personalidad espiritual a la exigencia de señales; afirman que «habla del conjunto de su manifestación, que es más que la manifestación de Salomón y de Jonás, y a la que pertenecían también, “especialmente”, sus milagros».

Bauer les demuestra entonces, con la exégesis más rigurosa, lo absurdo de esta interpretación. Les cita a continuación a Lucas, en quien falta el pasaje molesto de la ballena y de la estancia de tres días en la tierra. Allí se dice: «Esta generación es mala: demanda señal, y señal no le será dada, sino la señal de Jonás. Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre a esta generación»; tras lo cual Lucas hace decir al Señor cómo los ninivitas se arrepintieron por la predicación de Jonás y cómo la reina del Mediodía vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. Más sencillo todavía, muestra Bauer, se encuentra el núcleo en Marcos: «¿Por qué, dice Jesús, por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. Y dejándolos Jesús...»3

Contra la falsa interpretación y la arbitraria deformación de la Escritura por los teólogos se alza entonces Bauer y los remite a lo que está escrito, resumiendo una vez más el sentido del discurso de Jesús con las siguientes palabras:

«¡Apártate de mí, teólogo!, pues escrito está: he aquí más que Jonás, más que Salomón, es decir, los ninivitas se arrepintieron por la predicación de Jonás, la reina del Mediodía viene de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, pero vosotros no habéis dado crédito a mis palabras, a mi discurso, y sin embargo esas palabras son la expresión de una personalidad cuyo alcance espiritual es infinito, mientras que Jonás y Salomón eran todavía personalidades limitadas. Pero que quede así: solo se os dará la señal de Jonás; no veréis otra señal que esta mi persona y su expresión, por infinita que sea, en la palabra.» Después de explicar así el discurso de Jesús, Bauer añade: «¿Dónde quedan, pues, especialmente los milagros?»

¿Y el señor Gruppe? El señor Gruppe dice: «Lo más extraño es que B., a su barroca manera, se presenta a sí mismo como un profeta. En la p. 296 leemos el enfático pasaje: ¡Apártate de mí, teólogo!», etc. (p. 20.)

La desvergüenza del señor Gruppe quiere hacer creer al lector que Bauer habla de sí mismo, que se hace pasar a sí mismo por la personalidad infinita, cuando Bauer está haciendo la exégesis del discurso de Jesús. Por mucho que lo deseemos, no podemos disculpar este qui pro quo, esta eulenspiegelada, con la notoria debilidad de entendimiento y la ignorancia diletante del señor Gruppe. El fraude salta a la vista. ¡No es solo que el señor Gruppe oculte al lector de qué se trata! Todavía podríamos creer que el diletante abrió por casualidad el escrito de Bauer por la página 296 y que, en la alegre ligereza de su fabricación de libros, no tuvo tiempo de leer el desarrollo anterior y el posterior. Pero el señor Gruppe escamotea el final del «enfático pasaje», el final que está por encima de todo malentendido: «Pero que quede así: solo se os dará la señal de Jonás; no veréis otra señal que esta mi persona y su expresión, por infinita que sea, en la palabra. ¿Dónde quedan, pues, “especialmente” los milagros?»

El señor Gruppe se dio cuenta: también al lector prevenido, al lector que fuera tan necio como para buscar a Bauer no en los escritos de Bauer, sino en los escritos del señor Gruppe, también a él tendrían que convencerle estas palabras de que Bauer no habla de sí, sino de lo que está escrito. Prescindiendo de todas las demás simplezas, ¿qué sentido tendrían si no las palabras: «¿Dónde quedan, pues, “especialmente” los milagros?»?

Dudamos de que la literatura alemana tenga que mostrar una desvergüenza semejante.

El señor Gruppe dice en el prólogo: «Durante mi trabajo se me ha hecho cada vez más patente que vivimos en una época de retóricos y sofistas» (p. IV). Si esto ha de ser una confesión sobre sí mismo, tenemos que protestar seriamente. El señor Gruppe no es ni retórico ni sofista. Hasta la época del folleto sobre Bauer fue un carácter cómico, fue un pícaro en el sentido ingenuo; desde entonces no ha perdido más que su ingenuidad, y por tanto ahora es... pero eso que se lo diga su conciencia. Por lo demás, Bauer puede considerar como un reconocimiento de su superioridad espiritual que solo se puedan enviar contra él hombres que están por debajo de todo espíritu y fuera de toda superioridad, y a los que, por tanto, solo podría alcanzar si se dejara caer.

K. M.

  1. Otto Friedrich Gruppe (1804-1876), poeta, filólogo y publicista berlinés, adversario de Hegel; en 1842 el gobierno prusiano le encargó escritos polémicos contra los jóvenes hegelianos, y en 1844 lo nombró profesor extraordinario de filosofía en Berlín. Su folleto contra Bruno Bauer (1809-1882), al que el ministro Eichhorn había retirado la venia para enseñar en la Universidad de Bonn en marzo de 1842, apareció a finales de junio de ese año. ↩

  2. En la Crítica de la historia evangélica de los sinópticos de Bruno Bauer (1841-1842). Las citas bíblicas siguen en el original la traducción de Lutero; aquí se traducen del alemán de Marx. ↩

  3. Lucas 11, 29-32; Marcos 8, 12-13. ↩