Tres artículos escritos por Karl Marx en Colonia y publicados en la Rheinische Zeitung, n.º 68, del 9 de marzo de 1843; n.º 72-73, del 14 de marzo de 1843, y n.º 71, del 12 de marzo de 1843; se siguen el orden y el título conjunto de la edición de 1927. Pocos días después, el 17 de marzo, Marx anunció que dejaba la redacción. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, sección I, tomo 1, primer semitomo (Fráncfort del Meno, 1927, pp. 384-393), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

La elección de diputados a la Dieta de esta ciudad

* Colonia, 9 de marzo. La «Rhein- u. Moselzeitung»,1 que es tan modesta que no pretende ser ni «el periódico más leído de la provincia del Rin» ni una «portadora del pensamiento político», observa, entre otras cosas, a propósito de la elección de diputados de la ciudad de Colonia:

«Estamos de buen grado dispuestos a tener a los señores Merkens y Camphausen2 por hombres muy honorables (“y honorables son todos ellos”, dice la tragedia),3 e incluso (¡fíjense bien!) a aplaudir incluso a la Rhein. Zeitung (¡regalo de lo más valioso!) cuando los opone triunfante a los adversarios de los derechos de nuestra provincia; pero tanto más severa y resueltamente tenemos que censurar las razones con que se ha intentado influir en la elección de esos señores, no porque esas razones no merezcan ninguna consideración, sino porque no merecen una tan exclusiva, sino solo una secundaria.» En efecto, se repartió a diversos electores de la ciudad de Colonia la siguiente carta litografiada:

«Lo que la ciudad de Colonia tiene que representar en primer lugar y como lo más importante en la próxima Dieta es, indiscutiblemente, su situación comercial e industrial, y por eso la elección tendrá que recaer en hombres que, además de una disposición honorable y una posición burguesa independiente entre nosotros, conozcan con exactitud la marcha de estas relaciones en todas direcciones y estén capacitados para concebirlas, ilustrarlas y desarrollarlas desde el punto de vista correcto.»

Sigue la indicación de los hombres arriba mencionados, sin duda muy honorables. Y luego se dice para terminar:

«Nuestra ciudad ocupa ya hoy en el mundo mercantil una posición poderosa; pero le espera una expansión todavía mucho mayor de su comercio y su industria, y la época de ese desarrollo no está lejos. La navegación a vela y a vapor, el remolque fluvial y el ferrocarril devolverán a nuestra ciudad la época de la antigua Hansa, con tal de que su verdadero interés se represente con inteligencia y circunspección en la próxima Dieta.

»Colonia, 24 de febrero.

»Varios electores.»

Esta carta mueve a la espiritualísima Rhein- und Moselzeitung al siguiente sermón de capuchino:

«Si en alguna parte predominan los intereses materiales locales hasta tal punto que ni siquiera se trasluzcan levemente las necesidades espirituales y generales, ¿puede extrañar que quienes tienen en sus manos las riendas del gobierno solo atiendan a las primeras y dispongan de las segundas únicamente a su antojo? ¡Oh tú, gran ciudad de Colonia, tú, santa ciudad de Colonia, tú, ingeniosa ciudad de Colonia, a qué punto han llegado el estado espiritual y los recuerdos históricos de algunos de tus hijos! ¡Con la realización de deseos y esperanzas que a lo sumo pueden convertirte en una gran camarilla (bolsa de limosnas),4 creen devolverte la época de la antigua Hansa!!!»

La Rhein- u. Moselzeitung no censura la elección de los diputados; censura las razones que habrían «influido» en esa elección. ¿Y cuáles fueron esas razones? La Rhein- und Moselzeitung cita una circular a diversos electores en la que se designa la «situación comercial e industrial» como el objeto más importante de la representación de Colonia en la próxima Dieta. ¿De dónde sabe la Rhein- und Moselzeitung que esa circular, que por lo demás, como ella misma confiesa, solo llegó a «diversos» electores, produjo tal efecto en el ánimo de los electores que decidió de manera preferente y exclusiva la elección de los señores Camphausen y Merkens? Porque una circular recomiende por razones muy particulares la elección de esos señores y porque esos señores hayan sido efectivamente elegidos, ¿se sigue de algún modo que la elección de esos señores sea consecuencia de aquella recomendación y de su motivación particular?

La Rhein- u. Mosel-Ztg. aplaude a la Rh. Z. cuando esta «opone triunfante a los señores Camphausen y Merkens a los adversarios de los derechos de nuestra provincia». ¿Qué la mueve a ese «regalo de aplausos»? Evidentemente, el carácter de los elegidos. ¿Iba a ser ese carácter menos conocido en Colonia que en Coblenza? Entre los intereses que hay que representar en la Dieta, la Rhein- und Moselzeitung solo nombra la «constitución municipal más libre» y la «ampliación de los derechos estamentales». ¿Cree que en Colonia no se sabe que el señor Merkens se ha distinguido en varias Dietas por su lucha a favor de la «constitución municipal libre», que en una Dieta llegó a defender la constitución municipal libre con hombría y sin desfallecer, frente a casi toda la asamblea? Y en cuanto a «la ampliación de los intereses estamentales», en Colonia se sabe muy bien que el señor Merkens protestó sobre todo contra el menoscabo de esos intereses por la autonomía,5 pero que con la misma decisión devolvió el interés estamental a sus límites allí donde se oponía al interés general, al derecho general y a la razón, como en los debates sobre la ley del robo de leña y la ley de caza. Así pues, si la vocación general del señor Merkens para diputado de la Dieta está fuera de toda duda por toda su carrera parlamentaria, si la rara y universal cultura, la alta inteligencia y el carácter serio y honorable del señor Camphausen son de todos conocidos y reconocidos, ¿de dónde sabe la Rhein- und Moselzeitung que la elección de esos señores no debe su vida a esas razones que saltan a la vista, sino más bien a la circular citada?

¡No, no!, nos contestará el honorable periódico, ¡eso no lo afirmo yo, ni por asomo! Mi delicado sentido espiritualista solo se escandaliza de los autores de aquella circular, de esos materialistas que, en lugar de los intereses espirituales y verdaderos del pueblo, sacaron a relucir motivos completamente distintos y mucho más bajos, que con razones inadecuadas intentaron influir en la elección de aquellos señores; ¡de esos «hijos de Colonia» cuyo «estado espiritual y recuerdos históricos» han llegado tan bajo!

Si la Rhein- und Moselzeitung solo tiene que ver con los autores de aquella carta anónima, ¿por qué arma tanto alboroto? ¿Por qué dice: «Si en alguna parte los intereses materiales locales predominan hasta tal punto que ni siquiera se trasluzcan levemente las necesidades espirituales y generales, ¿puede extrañar que quienes tienen en sus manos las riendas del gobierno solo atiendan a las primeras y dispongan de las segundas únicamente a su antojo?» ¡Acaso predominan exclusivamente en Colonia los intereses materiales locales porque predominan exclusivamente en una circular anónima! Tan poco como predominan exclusivamente en Colonia los intereses jurídicos porque en otra circular, enviada también a diversos electores, se hagan valer exclusivamente. ¿No hay en toda ciudad, como en toda familia, hijos sin espíritu? ¿Sería justo juzgar por esos hijos el carácter de la ciudad o de la familia?

Pero, bien mirado, la circular no es tan reprobable como el honorable periódico de Coblenza quiere hacernos creer. Incluso queda plenamente justificada por la vocación de los estamentos provinciales tal como está determinada por la ley. La vocación legal de los estamentos consiste, en parte, en hacer valer el interés general de la provincia y, en parte, su interés particular de estamento. Que los señores Camphausen y Merkens son dignos representantes de los intereses provinciales renanos es una convicción general que los autores de la circular no necesitaban reforzar ni siquiera mencionar.

Así pues, como la vocación general de esos señores para diputados de la Dieta estaba por encima de toda discusión, ya solo se trataba de los requisitos particulares de un diputado de Colonia; se trataba de qué interés de la ciudad tenía que representar Colonia «en primer lugar y como lo más importante» en la «próxima Dieta». ¡Se querrá negar que ese interés es la «situación comercial e industrial»! Pero tampoco bastará con negarlo sin más: habrá que aportar la prueba.

La Rhein- u. Moselzeitung se escandaliza especialmente del pasaje: «La navegación a vela y a vapor, el remolque fluvial y el ferrocarril devolverán a nuestra ciudad la época de la antigua Hansa.» ¡Ay, pobre ciudad de Colonia! ¡Cómo la engañan! ¡Cómo se engaña a sí misma! «Con la realización de deseos y esperanzas, se lamenta la Rhein- und Moselzeitung, que a lo sumo pueden convertirte en una gran camarilla (bolsa de limosnas), creen devolverte la época de la antigua Hansa!»

¡Pobre Rhein- u. Moselzeitung! No entiende que por la «época de la antigua Hansa» solo se quiere decir la época del antiguo florecimiento del comercio; que realmente habrían tenido que doblar a muerto por «todas las necesidades espirituales y generales», que el «estado espiritual» tendría que estar completamente trastornado y que todos los «recuerdos históricos» tendrían que estar borrados del todo si Colonia deseara hacer volver la época política, social e intelectual de las ciudades hanseáticas, la época de la Edad Media. ¡No tendría el gobierno que anexionar las «necesidades espirituales y generales» exclusivamente a su dominio privado si una ciudad se hubiera alejado tanto de toda visión racional y sana del presente que ya solo viviera en el sueño del pasado! ¡No sería incluso deber del gobierno, deber de su propia conservación, tensar con fuerza las riendas allí donde se pretendiera en serio volar por los aires todo el presente y el futuro para hacer volver situaciones pasadas y podridas!

Vamos a hablar claro a nuestros lectores. En Colonia hubo —y esto es lo que más alto habla de su vitalidad política— una seria lucha electoral, una lucha entre los hombres del presente y los hombres del pasado. Los hombres del pasado, los hombres que querrían ver restaurada con pelos y señales la «época de las antiguas ciudades hanseáticas», han sido completamente derrotados pese a todas sus maquinaciones. Y ahora vienen estos materialistas fantásticos, a quienes cada barco de vapor y cada ferrocarril debería mostrar ante los ojos su crasa falta de espíritu, y hablan con hipocresía del «estado espiritual» y del «recuerdo histórico», y lloran junto a los ríos de Babilonia6 por «la gran ciudad de Colonia, la santa ciudad de Colonia, la ingeniosa ciudad de Colonia»... ¡y ojalá sus lágrimas no se sequen tan pronto!

Ejercicios de estilo de la «Rhein- und Mosel-Zeitung»

* Colonia, 13 de marzo. La Rhein- und Moselzeitung de hoy replica a nuestro artículo del 9 de marzo sobre los diputados a la Dieta. No queremos privar a nuestros lectores de algunas muestras de esta obra maestra de estilo. Entre otras exquisiteces se encuentra la siguiente:

«Así pues, la Rheinische Zeitung, con golpes de amplio vuelo, no con una alabarda, sino con su garrote habitual, ha arremetido contra un fantasma (¡fíjense bien! ¡Un garrote habitual! ¡Arremeter con un garrote a golpes!) que creía ver en un artículo de la Rhein- und Moselztg., y, como se comprende por sí mismo (¡qué lujo, gastar palabras sobre cosas que se comprenden por sí mismas!), todos sus golpes han ido a parar al lado (¡al lado! Al lado de la Rhein- und Moselztg.: ¡o sea, quizá sobre su redactor!), y el periódico atacado (¡pero si al fantasma solo se le atacó!) se encuentra completamente ileso e indemne.» ¡Qué lógica tan generosa, que ni siquiera deja a la perspicacia de sus lectores la conclusión de que los golpes que cayeron al lado del periódico atacado no cayeron sobre el periódico atacado! ¡Qué lujo de entendimiento, qué narración histórica tan concienzuda! Pero considérese también cuán interesante debía de parecerle a la Rhein- und Moselztg. proclamar la integridad de su espalda. Hasta qué punto la espléndida ocurrencia del «fantasma» y de la Rhein. Ztg. que arremete contra él, y de los palos caídos a un lado, acosa la fantasía de la Rhein- und Moselztg., lo demostrarán las siguientes variaciones, tan ingeniosas como sorprendentes, de este grandiosísimo tema, al enumerar las cuales no queremos dejar de llamar la atención sobre los finos matices y sombreados. Así:

  1. «Así pues, la Rhein. Ztg. del 9 de marzo, con golpes de amplio vuelo, ha arremetido con su garrote habitual contra un fantasma que creía ver en un artículo de la Rhein- und Moselztg., y, como se comprende por sí mismo, todos sus golpes han caído al lado.»

  2. «Pero el artículo que ha convertido a la Rhein. Ztg. en visionaria de espíritus (antes el espíritu era un fantasma; ¡y desde cuándo habría visto la Rheinische Zeitung espíritu en el pasquín ultramontano!) y, en consecuencia, en heroína frente a una sombra.» ¡Así que esta vez al menos habría sido alcanzada la sombra de la Rhein- und Moselztg.!

  3. «Pero la Rhein. Zeitung, que sin duda también es consciente de que sus fuerzas se estrellan contra todo lo sustancial, verdadero y medular (¿la espalda de la Rhein- und Moselzeitung?) (¿y qué fuerza espiritual no se estrellaría contra una espalda?), y que ahora sí quiere mostrar de una vez que tiene cuernos (el «garrote habitual» se ha transformado sobre la marcha en «cuernos») y que puede embestir (antes, arremeter con golpes de amplio vuelo), se ha inventado un fantasma (antes lo había «visto» o «creído ver») que quisiera que se tomara por el verdadero espíritu de nuestro artículo (¡una repetición, para recordar los hechos al lector!), en el que descarga a placer su furia y prueba su fuerza (un desarrollo retórico de primera), exactamente igual que en la corrida de toros la bestia irritada (más arriba, la Rhein. Ztg. era «el hombre del garrote», así que la «bestia» sería la Rhein- und Moselzeitung) descarga su furia en el pelele de paja que se le arroja y, después de destrozarlo, se considera vencedora.» ¡Verdaderamente homérico! Considérese solo la amplitud épica. ¡Y también esópica, sin duda, esta penetración profunda en la psicología animal! ¡Esta fina interpretación de los estados de ánimo de un toro que se considera vencedor!

Sería «muy infantil e inocente», pero no menos «insulso y trivial», que quisiéramos entrar en el fondo del asunto con un «publicista tan eminente». Así pues, solo para caracterizar al hombre mismo, lo que sigue:

La Rhein- und Moselzeitung expresó en su artículo, tan desgraciadamente atacado, «solo» la «duda» de «si con el logro de sus esperanzas (scilicet: las de los autores de la circular sobre la elección de los señores C[amphausen] y M[erkens]) volvería entonces de verdad la época de la antigua Hansa», pero de «una vuelta de situaciones pasadas y podridas» «no se habla» en su «artículo». ¡Que lo entienda quien pueda!

Más aún: la Rhein. Ztg. se proponía «colocar una mentira manifiesta al decir: “Entre los intereses que hay que representar en la Dieta, la Rhein- und Moselzeitung solo nombra la constitución municipal más libre y la ampliación de los derechos estamentales”, cuando en la Rhein- und Moselzeitung se puede leer el añadido: “La resolución de tantas otras cuestiones pendientes en el desarrollo de la vida del pueblo”». ¿Ha fijado o siquiera nombrado la Rhein- und Moselzeitung alguna de esas «cuestiones pendientes»? ¿Cree que vaguedades tan indeterminadas como la «resolución de tantas otras cuestiones pendientes» pueden valer como una mención de esas cuestiones, como una reivindicación determinada a los diputados de la Dieta? Y ahora dirija nuestro lector una vez más la mirada a la originalidad estilística de la Rhein- und Moselztg.: a «los intereses que hay que representar en ella (scilicet: en la Dieta)» pertenece «la resolución de tantas cuestiones pendientes en el desarrollo de la vida del pueblo». ¡Una cuestión pendiente en el desarrollo de la vida del pueblo! ¡Una resolución que hay que representar!7

La «Rhein- und Mosel-Zeitung» como gran inquisidor

* Colonia, 11 de marzo. Hace unos días la «Rhein- und Moselzeitung» publicó una bula religiosa de excomunión contra la piadosa «Kölnische Zeitung»; hoy la «Trierische Zeitung»8 comparece ante el tribunal de la Inquisición de Coblenza, y... con razón.

La Trierische Zeitung, en efecto, dice, entre otras cosas, a propósito de Friedrich von Sallet:9 «Ante nosotros está su obra, el Evangelio de un laico, que nos revela sin falsear las santas y eternas verdades del Evangelio.» «Él (Sallet) se esforzó por ser hombre en el alto sentido del que Jesús dio el modelo, y como verdadero combatiente del Señor reveló la verdad eterna.»

«Quien lea esto», dice la Rhein- und Moselzeitung, «y no sepa nada más del tan alabado, ¿no habría de creer que el señor von Sallet debió de ser un cristiano creyente y que en su Evangelio de un laico predicó la palabra del Señor con celo ardiente? ¡Pero cuál es en verdad el contenido de este Evangelio! Aquella doctrina falsa y perniciosa que un Strauss, un Feuerbach, un Bruno Bauer y como se llamen todos ellos, los apóstoles del paganismo moderno, exponen en las aulas y en los escritos al círculo más estrecho de los doctos, etc.»

Como pruebas auténticas de su afirmación, la Rhein- und Moselzeitung cita «un pasaje de este Evangelio de un laico, y precisamente aquel en que se traza el paralelo entre el traidor Judas y el Cristo evangélico, es decir, el Cristo tal como se presenta en la Biblia». Las pruebas aducidas demuestran de manera contundente en qué oposición consciente se había situado Sallet respecto del cristianismo histórico.

Una humanidad mal entendida se sentirá quizá herida por la polémica desconsiderada de la Rhein- und Moselzeitung contra el apenas fallecido; pero ¿no es mucho más inhumana, no es incomparablemente más hiriente la apología de la Trierische Zeitung? ¿Honro al muerto si falseo su personalidad espiritual? Sallet se esforzó, ciertamente, por revelar la verdad, pero en modo alguno la verdad del Evangelio. Sallet se esforzó, ciertamente, por ser un hombre verdadero, pero en modo alguno un combatiente de la verdad eclesiástica.

Sallet creía más bien que solo podía hacer valer la verdad racional en oposición a la verdad santa, el hombre moral en oposición al hombre cristiano, y por eso escribió su Evangelio de un laico. ¿Y qué? ¿Honraba al hombre su apologista de la Trier'sche Zeitung al poner directamente cabeza abajo todo su empeño? ¿Honraríais a Lutero si dijerais que fue un buen católico, y al papa Ganganelli10 si lo llamarais mecenas de los jesuitas? ¡Qué hipocresía! ¡Qué debilidad! Sallet era republicano; ¿eres tú su amigo si pregonas a bombo y platillo su monarquismo? Sallet amaba la verdad por encima de todo, ¿y vosotros creéis que no podéis rendirle mejor homenaje que con la falsedad? ¿O es que luchan en vosotros el cristianismo y la amistad? ¡Bien! Entonces confesadlo, decid: Sallet fue un buen hombre, etc., ¡pero un mal cristiano! Lamentadlo si queréis, lamentadlo públicamente, pero no hagáis pasar sus obras por testimonios luminosos de su cristianismo. Si condenáis el empeño de vuestro amigo, condenadlo sin rodeos, como la Rhein- und Moselzeitung, pero no por un camino hipócrita, no alabando en él lo que no fue, es decir, rechazando precisamente lo que realmente fue.

Aunque concedamos que el propio Evangelio de un laico pudo dar pie a semejante interpretación, que Sallet todavía no está aquí en modo alguno en claro consigo mismo, que él mismo cree enseñar el verdadero sentido del Evangelio, que es fácil oponer a la cita de la Rhein- und Moselzeitung otras citas contradictorias de sonido completamente cristiano, la Rhein- u. Moselztg. tiene siempre razón en que Sallet pone en lugar del cristianismo histórico un cristianismo hecho por él mismo.

¡Por último, una palabra más sobre los pasajes citados por la Rhein- und Moselzeitung! Padecen un defecto fundamental, la falta de poesía; ¡y qué ocurrencia tan equivocada, en general, querer tratar poéticamente controversias teológicas! ¿Se le ha ocurrido alguna vez a un compositor poner música a la dogmática?

Dejando aparte esta herejía contra el arte, ¿cuál es el contenido del pasaje citado? Sallet encuentra incompatible con la divinidad de Cristo que Cristo conozca la intención traidora de Judas sin intentar corregirlo o impedir el crimen. Por eso exclama Sallet (según la cita de la Rhein- und Moselzeitung):

«¡Ay del ofuscado, quienquiera que sea,
que tales rasgos inventó del Señor
y, por salvarle esa pizca de conocimiento de los hombres,
lo convirtió para nosotros en caricatura!»

El juicio de Sallet demuestra que no era ni teólogo ni filósofo. Como teólogo, no habría podido inquietarle la contradicción con la razón y la moralidad humanas, pues el teólogo no mide el Evangelio por la razón y la moralidad humanas, sino, al contrario, la razón y la moralidad humanas por el Evangelio. Como filósofo, en cambio, habría encontrado esas contradicciones fundadas en la naturaleza del pensamiento religioso, y habría comprendido por tanto la contradicción como producto necesario de la concepción cristiana, en vez de condenarla como una falsificación de esta.

Que la Rhein- und Moselzeitung siga adelante con brío en su obra de fe y les ponga el sambenito11 a todos los periódicos renanos. Veremos si los que se quedan a medias, los tibios, los que no son ni fríos ni calientes,12 se avienen mejor con el terrorismo de la fe que con el terrorismo de la razón.

  1. Diario católico de Coblenza, de tendencia ultramontana. ↩

  2. Peter Heinrich Merkens, comerciante de Colonia, diputado en la Dieta renana. Ludolf Camphausen (1803-1890), banquero de Colonia, diputado liberal; en 1848 fue presidente del gobierno prusiano. ↩

  3. Shakespeare, Julio César, acto III, escena 2, en el discurso de Marco Antonio. ↩

  4. En el original, Klüngel(-Beutel): en Colonia, Klüngel designa una camarilla que se reparte los cargos y favores; Klingelbeutel es la bolsa con que se recoge la limosna en la iglesia. ↩

  5. El llamado derecho de autonomía de la nobleza, que la sexta Dieta renana discutió en 1841: la facultad de las familias nobles de regular por sí mismas, mediante estatutos de familia, la sucesión de sus bienes. ↩

  6. Salmo 137: «Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos.» ↩

  7. El juego de palabras alemán es schwebende Fragen («cuestiones pendientes», literalmente «que flotan») y Schwebeleien («vaguedades»). ↩

  8. La Trier'sche Zeitung, diario de Tréveris de tendencia radical. ↩

  9. Friedrich von Sallet (1812-1843), poeta, antiguo oficial prusiano, autor del Laien-Evangelium (1842); murió el 21 de febrero de 1843. ↩

  10. Clemente XIV (Giovanni Vincenzo Ganganelli), papa de 1769 a 1774, que en 1773 suprimió la Compañía de Jesús. ↩

  11. El sambenito era el escapulario que la Inquisición española imponía a los penitentes y a los condenados. ↩

  12. Apocalipsis 3, 15-16. ↩