Escrita por Karl Marx en Bruselas el 6 de abril de 1847 y publicada en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, núm. 28, del 8 de abril de 1847. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 37-39), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Con fecha «Berlín, 20 de marzo», la Trier'sche Zeitung1 publica un artículo sobre mi folleto, todavía en prensa, Contradictions dans le système des contradictions économiques de M. Proudhon ou les misères de la philosophie.2 El corresponsal berlinés me hace autor de una correspondencia, reproducida en la Rhein- und Moselzeitung3 y en otros lugares, sobre este folleto, sobre la obra de Proudhon y sobre la labor de su traductor, el señor Grün.4 Me saluda, además, una y otra vez como «redactor de la antigua Rheinische Zeitung», estilo del corresponsal de Bruselas o de donde sea. «Apoyándose en el conocimiento de la situación pasajera de la prensa en Alemania», nuestro amigo despacha su insinuación. No solo su insinuación: toda su existencia literaria, por mí, puede estar «apoyada en el conocimiento de la situación pasajera de la prensa en Alemania». Le concedo el más acreditado «conocimiento» práctico «de la situación pasajera de la prensa en Alemania». Pero esta vez no le ha «apoyado».
Al supuesto corresponsal berlinés le habría bastado releer mi juicio sobre Proudhon en la Crítica crítica5 para comprender que la correspondencia atacada podía venir quizá de Bruselas, pero de ningún modo de mí, aunque solo fuera porque «pone en el mismo plano» a Proudhon y al s[eño]r Grün.
Mi crítica de Proudhon está escrita en francés. El propio Proudhon podrá responder. Una carta que me escribió antes de la aparición de su libro no muestra la menor inclinación a dejar, en caso de una crítica por mi parte, la revancha en manos del señor Grün y consortes.6
«Por lo que se refiere, además, al traductor de la obra de P[roudhon] sobre economía», al amigo berlinés le basta hacer constar que «nosotros, aquí en Berlín», hemos «aprendido mucho y muy variado» del Movimiento social en Francia y Bélgica del señor Grün para elevar el valor de este escrito por encima de toda duda. ¡Pero considérese bien lo que significa que «nosotros, aquí en Berlín», «aprendamos» algo, y encima «mucho y muy variado», en cantidad y en calidad a la vez! ¡Nosotros, aquí en Berlín!
Al identificarme con el corresponsal de Bruselas o de donde sea, el berlinés, o supuesto berlinés, exclama:
Grün «probablemente tiene que expiar la desgracia de haber dado a conocer al mundo alemán los resultados del socialismo extranjero antes que el señor doctor Marx, “redactor de la antigua Rheinische Zeitung”».
¡Nuestro amigo revela innegablemente un ingenio muy jovial en la formación de sus conjeturas! Quiero confiarle sub rosa que, en mi opinión, el Movimiento social en Francia y Bélgica del señor Grün y el movimiento social de Francia y de Bélgica, salvo algunos nombres y fechas, no tienen nada en común. Pero tengo que confiarle al mismo tiempo que tan poca prisa tenía yo por dar a conocer «al mundo alemán» los resultados de mis estudios sobre el Movimiento social en F[rancia] y B[élgica] del señor Grün, que dejé dormir tranquilamente el sueño de los justos, en manuscrito, una reseña más extensa del libro de Grün, terminada hace un año, y que solo ahora, provocado por el amigo berlinés, la enviaré para su publicación al Westphälisches Dampfboot.7 La reseña forma un apéndice del escrito sobre La ideología alemana redactado en común por Fr[iedrich] Engels y por mí (crítica de la novísima filosofía alemana en sus representantes, Feuerbach, B[runo] Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en sus diversos profetas). Las circunstancias que han impedido y siguen impidiendo la impresión de este manuscrito se expondrán al público quizá en otro lugar, como contribución a la descripción de la «situación pasajera de la prensa en Alemania». A la publicación por separado de la reseña del libro de Grün, que no tiene nada de contrario a la censura, no se oponía más que el pequeño obstáculo de que no se consideraba ese libro digno de un ataque particular y solo se creía no poder evitar referirse al señor Grün en una descripción de toda la literatura, sosa y de mal gusto, del socialismo alemán. Pero ahora, tras la intervención del amigo berlinés, la publicación por separado de esta reseña adquiere el significado, más o menos humorístico, de mostrar de qué manera «el mundo alemán» «se familiariza con los resultados del socialismo extranjero» y, en especial, qué afán y qué capacidad poseen «nosotros, aquí en Berlín», para «aprender mucho y muy variado». Se comprenderá al mismo tiempo hasta qué punto me habría visto obligado a recurrir a pequeñas escaramuzas en pequeños articulitos de periódico, si me hubiera importado detener en su movimiento el Movimiento social en Francia y Bélgica del señor Grün. Por último, el propio amigo berlinés no podrá negarse a extenderme públicamente el certificado de que, si yo de verdad tuviera la intención de «dar a conocer al mundo alemán los resultados del socialismo extranjero» en el sentido que él dice, si de verdad temiera en un predecesor a un competidor, tendría que implorar a diario al destino: «¡No me des ningún predecesor o, mejor aún, dame al señor Grün por predecesor!».
Una palabra más sobre «mi presunción de haber escalado el peldaño más alto de la sabiduría humana».
¿Quién podría haberme inoculado esta enfermedad sino el señor Grün, que (véase, por ejemplo, el prólogo de sus Bausteine) encontró en mis desarrollos de los Deutsch-Französische Jahrbücher resuelto el último enigma, igual que ahora en la economía de Proudhon; que, igual que ahora celebra en Proudhon el verdadero punto de vista, aseguraba de mí (Neue Anekdota de Grün) que yo había «superado el punto de vista constitucional y radical»?8 ¡El señor Grün me envenena primero para poder hacer que me reprochen después que su veneno ha surtido efecto! Pero tranquilícese el amigo berlinés: gozo de una salud perfecta.
Bruselas, 6 de abril
Karl Marx
Diario de Tréveris, en el que escribían entonces Karl Grün y otros «verdaderos socialistas». ↩
Contradicciones en el sistema de las contradicciones económicas del señor Proudhon, o la miseria de la filosofía; con el título definitivo de Miseria de la filosofía, el libro apareció en julio de 1847 en París y Bruselas. ↩
Diario católico de Coblenza. ↩
Karl Grün (1817-1887), publicista, uno de los principales representantes del «verdadero socialismo»; tradujo al alemán el Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria de Proudhon (1846-1847). ↩
La sagrada familia, o crítica de la crítica crítica (1845), de Marx y Engels, cuyo capítulo IV defiende a Proudhon frente a los jóvenes hegelianos. ↩
La carta de Proudhon a Marx del 17 de mayo de 1846, en respuesta a la invitación de Marx a colaborar con el comité de correspondencia de Bruselas, en la que Proudhon recomendaba a Grün. ↩
La reseña, que forma parte del segundo tomo de La ideología alemana, apareció en el Westphälisches Dampfboot en agosto y septiembre de 1847. ↩
Karl Grün, Neue Anekdota (Darmstadt, 1845) y Bausteine (Darmstadt, 1844). Los Deutsch-Französische Jahrbücher (Anales Franco-Alemanes), dirigidos por Marx y Arnold Ruge, publicaron en París en 1844 su único número doble, con la Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel y Sobre la cuestión judía. ↩