Pronunciados por Karl Marx y Friedrich Engels en el mitin internacional celebrado en Londres el 29 de noviembre de 1847 en el XVII aniversario de la insurrección polaca de 1830. Publicados en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, núm. 98, 9 de diciembre de 1847. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 416-418), por la Escuela de marxismo, 2026. Los títulos de los apartados son de la edición; las notas, nuestras. Texto original en alemán
Discurso de Karl Marx
La unión y la fraternización de las naciones es una frase que hoy tienen en la boca todos los partidos, en particular los librecambistas burgueses. Existe, ciertamente, cierta clase de fraternización entre las clases burguesas de todas las naciones. Es la fraternización de los opresores contra los oprimidos, de los explotadores contra los explotados. Así como la clase burguesa de un país está unida y hermanada contra los proletarios de ese mismo país, a pesar de la competencia y la lucha de los miembros de la burguesía entre sí, así también los burgueses de todos los países están hermanados y unidos contra los proletarios de todos los países, a pesar de sus luchas recíprocas y de su competencia en el mercado mundial. Para que los pueblos puedan unirse realmente, su interés tiene que ser común. Para que su interés pueda ser común, tienen que abolirse las actuales relaciones de propiedad, pues las actuales relaciones de propiedad condicionan la explotación de unos pueblos por otros: abolir las actuales relaciones de propiedad solo es interés de la clase obrera. Solo ella tiene también los medios para hacerlo. La victoria del proletariado sobre la burguesía es al mismo tiempo la victoria sobre los conflictos nacionales e industriales que hoy enfrentan hostilmente a los diversos pueblos. La victoria del proletariado sobre la burguesía es, por tanto, al mismo tiempo la señal de liberación de todas las naciones oprimidas.
La vieja Polonia está ciertamente perdida, y seríamos los últimos en desear su restauración. Pero no solo está perdida la vieja Polonia. La vieja Alemania, la vieja Francia, la vieja Inglaterra, toda la vieja sociedad está perdida. Pero la pérdida de la vieja sociedad no es una pérdida para quienes no tienen nada que perder en la vieja sociedad, y en todos los países actuales ese es el caso de la gran mayoría. Al contrario, tienen todo que ganar con el hundimiento de la vieja sociedad, que es condición de la formación de una sociedad nueva, que ya no descanse sobre antagonismos de clase.
De todos los países, Inglaterra es aquel en el que el antagonismo entre proletariado y burguesía está más desarrollado. La victoria de los proletarios ingleses sobre la burguesía inglesa es, por tanto, decisiva para la victoria de todos los oprimidos sobre sus opresores. Por eso Polonia no ha de ser liberada en Polonia, sino en Inglaterra. Por eso vosotros, cartistas, no tenéis que formular piadosos deseos por la liberación de las naciones. Derrotad a vuestros propios enemigos interiores, y podréis tener entonces la orgullosa conciencia de haber derrotado a toda la vieja sociedad.
Discurso de Friedrich Engels
Permitidme, amigos, que hoy, por excepción, hable en mi condición de alemán. Nosotros, los demócratas alemanes, tenemos en efecto un interés especial en la liberación de Polonia. Fueron príncipes alemanes los que sacaron provecho del reparto de Polonia; son soldados alemanes los que todavía hoy oprimen Galitzia y Posen.1 A nosotros, alemanes, a nosotros, demócratas alemanes, ante todo, nos importa lavar esta mancha de nuestra nación. Una nación no puede hacerse libre y seguir a la vez oprimiendo a otras naciones. La liberación de Alemania no puede llevarse a cabo, pues, sin que se lleve a cabo la liberación de Polonia de la opresión alemana. Y por eso Polonia y Alemania tienen un interés común, y por eso los demócratas polacos y alemanes pueden trabajar juntos por la liberación de ambas naciones. También yo opino que el primer golpe decisivo, que traerá consigo la victoria de la democracia y la liberación de todos los países europeos, partirá de los cartistas ingleses; he estado varios años en Inglaterra2 y durante ese tiempo me sumé abiertamente al movimiento cartista. Los cartistas ingleses se levantarán los primeros porque precisamente en Inglaterra la lucha entre burguesía y proletariado es más violenta. ¿Y por qué es más violenta? Porque en Inglaterra, por obra de la industria moderna, de las máquinas, todas las clases oprimidas se ven fundidas en una sola gran clase con intereses comunes, en la clase del proletariado; porque, por eso mismo, en el lado opuesto todas las clases de opresores se han unido igualmente en una sola clase, la burguesía. Así la lucha se ha simplificado, y así podrá decidirse de un solo gran golpe. ¿No es así? La aristocracia ya no tiene poder en Inglaterra; la burguesía es la única que domina y ha tomado a remolque a la aristocracia. Pero frente a la burguesía está toda la gran masa del pueblo, unida en una falange temible cuya victoria sobre los capitalistas dominantes se acerca cada vez más. Y esta destrucción de los intereses contrapuestos que antes mantenían separadas a las diversas categorías de obreros, esta nivelación de las condiciones de vida de todos los obreros, se la debéis a la maquinaria; sin maquinaria no hay cartismo, y aunque la maquinaria empeore por el momento vuestra situación, precisamente por eso hace posible nuestra victoria. Pero no solo en Inglaterra, también en todos los demás países ha tenido estos efectos sobre los obreros. En Bélgica, en América, en Francia, en Alemania ha igualado la situación de todos los obreros y la iguala cada día más; en todos estos países los obreros tienen ahora el mismo interés, a saber, derribar a la clase que los oprime, la burguesía. Esta nivelación de las condiciones de vida, esta identificación de los intereses de partido de los obreros de todas las naciones, es el resultado de la maquinaria, y por eso la maquinaria sigue siendo un inmenso progreso histórico. ¿Qué se sigue de ello para nosotros? Puesto que la situación de los obreros de todos los países es la misma, puesto que sus intereses son los mismos y sus enemigos son los mismos, por eso tienen que luchar también juntos, por eso tienen que oponer a la fraternización de los burgueses de todos los pueblos una fraternización de los obreros de todos los pueblos.