Escrito por Friedrich Engels en inglés a finales de noviembre de 1847. Publicado en The Northern Star, núm. 528, 4 de diciembre de 1847. El original inglés no está en nuestras fuentes libres: traducido de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 409-412), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto alemán de la MEW

Desde mi último artículo se han celebrado los banquetes de Lille, Avesnes y Valenciennes. Avesnes fue del todo constitucional; Valenciennes, a medias; Lille, un triunfo decidido de la democracia sobre la intriga burguesa. Resumo aquí los hechos de esta reunión importantísima.

Además de los liberales y del partido del National, se había invitado a los demócratas de la Réforme, y los señores Ledru-Rollin y Flocon,1 redactor de este último periódico, habían aceptado la invitación. También estaba invitado el señor Odilon Barrot,2 el excelente tronador burgués. Todo estaba listo, los brindis estaban preparados, cuando de repente el señor Odilon Barrot declaró que no podía asistir ni pronunciar su brindis «Reforma parlamentaria» si esa reforma no quedaba matizada con el añadido «como medio de asegurar la pureza y la autenticidad de las instituciones conquistadas en julio de 1830». Este añadido excluía, naturalmente, a los republicanos. En el comité cundió la consternación. El señor Barrot fue inflexible. Por último se decidió dejar la decisión a toda la asamblea. Pero la asamblea declaró sin rodeos que no toleraría ningún cambio en el programa; que no violaría el acuerdo en virtud del cual los demócratas habían venido a Lille. El señor Odilon Barrot se retiró desdeñosamente (scornfully) con su cola de diputados y redactores liberales. Se mandó llamar a los señores Flocon y Ledru-Rollin; el banquete se celebró a pesar de los liberales, y el discurso del señor Ledru fue acogido con aplausos entusiastas.

Así terminó el plan traicionero de los reformadores burgueses: con un glorioso triunfo de la democracia. El señor Odilon Barrot tuvo que marcharse ignominiosamente y no se atreverá nunca más a dejarse ver en la democrática ciudad de Lille. Su única excusa fue que había creído que los señores de la Réforme se proponían desencadenar una revolución con el banquete de Lille, ¡y eso en plena paz!

Algunos días después, el señor Barrot recibió algún consuelo en el banquete de Avesnes, una simple reunión familiar de unos cuantos liberales burgueses. Allí tuvo el gusto de brindar por el rey. En Valenciennes, sin embargo, se vio obligado de nuevo a callarse su brindis favorito, que tan lamentablemente se había ido a pique en Lille. No hubo brindis por el rey, aunque los terribles e irreflexivos fabricantes de revoluciones no estaban presentes. El tronador derrotado tendrá que tragarse su virtuosa indignación hasta que otro banquete a escondidas le permita denunciar ante los asombrados tenderos y fabricantes de velas de alguna ciudad de provincias el «anarquismo», el physical forcism3 y el «comunismo».

El banquete de Lille provocó discusiones extraordinarias en la prensa. Los periódicos conservadores cantaron victoria por la división en las filas de los reformadores. El viejo y soñoliento Constitutionnel del señor Thiers y el Siècle, el periódico «propio» del señor Barrot, se vieron de pronto sacudidos por las más terribles convulsiones.

«No —gritó el indignado Siècle a su público de tenderos—, no, nosotros no somos de esos anarquistas, no tenemos nada en común con esos restauradores del Terror, con esos seguidores de Marat y de Robespierre; preferiríamos a su reinado de sangre el sistema actual, aunque fuera cien veces peor de lo que es.»

Y es verdad: a tenderos y fabricantes de velas tan pacíficos les sienta cien veces mejor el gorro de dormir blanco que el gorro rojo de los jacobinos. Pero al mismo tiempo que estos periódicos lanzaban contra la Réforme los insultos más viles y malintencionados, trataban al National con el mayor respeto. Y el National se ha comportado, en efecto, de manera más que dudosa. Ya en el banquete de Cosne este periódico había reprobado la conducta de varios demócratas que no quisieron participar porque se brindó por la salud del rey. Ahora volvió a hablar con mucha frialdad del banquete de Lille y lamentó el incidente que había perturbado por un momento la manifestación, mientras algunos aliados del National en provincias atacaban abiertamente la conducta de los señores Ledru y Flocon. La Réforme exigió entonces a este periódico una declaración más clara. El National declaró que su artículo era bastante claro. ¿Cuál era entonces el lamentable incidente de Lille?, preguntó la Réforme. ¿Qué es lo que ustedes lamentan? ¿Lamentan la conducta del señor Barrot o la del señor Ledru-Rollin? ¿Lamentan la desfachatez o la mala suerte del señor Barrot? ¿O se trata del discurso del señor Ledru a favor del sufragio universal? ¿Lamentan la derrota del monarquismo o el triunfo de la democracia? ¿Reconocen ustedes, o no, lo que dicen sobre esto sus aliados de provincias? ¿Aceptan los elogios del Siècle o se aplican una parte de los insultos con que nos colma a nosotros? ¿Habrían aconsejado ustedes al señor Marie, su amigo, que cediera si el señor Odilon Barrot hubiera planteado pretensiones semejantes en Orleans? El National respondió que, por razones de partido, no querían ninguna controversia con la Réforme. Que no eran responsables de los artículos que uno de sus «amigos» enviaba a los periódicos de provincias. En cuanto a las demás preguntas, el pasado del National les permitía no hacerles caso y ahorrarse la molestia de contestarlas. La Réforme respondió a eso solo con esta observación: «Nuestras preguntas siguen en pie». Los demócratas tienen ahora los documentos delante: que juzguen ellos mismos. Así lo han hecho; un gran número de periódicos radicales e incluso liberales de Francia se han declarado con toda decisión a favor de la Réforme.

La conducta del National merece, en efecto, la más severa condena. Este periódico cae cada vez más en manos de la burguesía. Últimamente siempre ha abandonado la causa de la democracia en el momento decisivo. Ha predicado la unión con la burguesía y en más de una ocasión no ha servido a nadie más que a Thiers y a Odilon Barrot. Si el National no cambia muy pronto de conducta, dejará de contar como periódico democrático. En el asunto de Lille, el National, por pura antipatía personal hacia hombres más radicales que él, no ha vacilado en abandonar los principios sobre cuya base había concluido una alianza con los liberales para la celebración de banquetes. Después de lo ocurrido, el National nunca más podrá oponerse seriamente a los brindis por el rey en futuros banquetes. El «pasado» del National no es tan brillante como para permitirse responder con el silencio a las preguntas de su colega. ¡Basta pensar en su defensa de las fortificaciones de París!4

P. S. El banquete reformista de Dijon se ha celebrado esta semana. Mil trescientas personas se sentaron a la mesa. Todo el acto fue completamente democrático. Ningún brindis por el rey, naturalmente. Todos los oradores pertenecían al partido de la Réforme. Los señores Louis Blanc, Flocon, É. Arago5 y Ledru-Rollin fueron los principales oradores. El señor Flocon, redactor de la Réforme, brindó por los demócratas extranjeros y mencionó a los cartistas ingleses de manera muy honrosa. La semana próxima les daré tanto el texto íntegro de su discurso como una crónica completa del desarrollo de esta reunión importantísima.

  1. Alexandre Auguste Ledru-Rollin (1807-1874), abogado y diputado, jefe de los demócratas pequeñoburgueses de la Réforme; Ferdinand Flocon (1800-1866), redactor jefe de ese periódico. Ambos fueron miembros del gobierno provisional en febrero de 1848. ↩

  2. Odilon Barrot (1791-1873), jefe de la oposición dinástica liberal en la Cámara de Diputados, uno de los promotores de la campaña de banquetes. ↩

  3. Véase la nota 4 de «El movimiento de la Reforma en Francia»: doctrina de la acción violenta, en inglés en el original. ↩

  4. Las fortificaciones de París, construidas a partir de 1841 por iniciativa de Thiers, que la oposición democrática consideraba dirigidas contra el pueblo de la capital; el National las había apoyado. ↩

  5. Étienne Arago (1802-1892), escritor y político republicano, colaborador de la Réforme. ↩