Manuscrito de Karl Marx escrito a finales de diciembre de 1847 en Bruselas, en relación con las conferencias sobre el trabajo asalariado y el capital que dio en la Asociación Obrera Alemana de esa ciudad,1 y no publicado en vida del autor. Son notas de trabajo: a una exposición resumida (A) siguen extractos y observaciones sobre varios economistas (B) y un borrador más desarrollado (C). Traducido, según el manuscrito, de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 535-556), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras; entre corchetes, la traducción de las palabras que Marx escribe en inglés o en francés. Texto original en alemán.
[A]
Expuesto ya:
1. Salario = precio de la mercancía.
La determinación del salario coincide, pues, en general con la determinación general del precio.
La actividad humana = mercancía.
La manifestación de la vida, la actividad vital, aparece como mero medio; la existencia separada de esa actividad, como fin.
2. Como mercancía, el salario depende de la competencia, de la demanda y la oferta.
3. La oferta misma depende de los costes de producción, es decir, del tiempo de trabajo necesario para producir una mercancía.
4. Relación inversa entre ganancia y salario. Antagonismo de las dos clases cuya existencia económica son la ganancia y el salario.
5. Lucha por el aumento o la disminución del salario. Asociaciones obreras.
6. Precio medio o normal del trabajo; el mínimo vale solo para la clase de los obreros, no para el individuo. Coaliciones de los obreros para mantener el salario.
7. Influencia sobre el salario de la abolición de los impuestos, de los aranceles protectores, de la reducción de los ejércitos, etc. El mínimo, determinado como media = el precio de los medios de subsistencia necesarios.
[B] Añadidos
I. Atkinson2
1. Handloomweavers [tejedores a mano]. (Trabajan 15 horas diarias.) (Medio millón de ellos.)
«Su distress [miseria], condición inevitable de la clase de trabajo que se aprende con facilidad y que está constantemente expuesta a ser desplazada por medios de producción más baratos. Una breve interrupción de la demanda, con una oferta tan grande, produce una crisis. El que una rama de trabajo se vuelva inútil y surja otra produce sufrimiento temporal. Ejemplo de los tejedores a mano de algodón del distrito de Dacca, en la India: muertos de hambre o devueltos al trabajo agrícola por la competencia de la maquinaria inglesa.» (Extracto del discurso del Dr. Bowring3 en la Cámara de los Comunes, julio de 1835.)
(Utilizar este ejemplo del paso de un oficio a otro para la porquería del librecambio.)
2. Decir algo sobre la teoría de la población.
3. Influencia de una división del trabajo modificada y ampliada sobre la determinación del salario.
II. Carlyle4
1. No considerar solo la cantidad de los wages [salarios]. En cuanto a su calidad, oscilantes, determinados por el azar.
2. Ventaja del salario: que ya solo la necesidad, el interés, el regateo, unen al obrero con el patrono. Nada patriarcal ya, como en la Edad Media.
Leyes de pobres, exterminio de ratas, chargeable labourer [trabajador a cargo de la parroquia].5
3. La mayor parte del trabajo no es skilled labour [trabajo cualificado].
4. Toda la teoría malthusiana y economista se reduce a que los obreros tienen en su mano reducir la demanda no teniendo hijos.
III. MacCulloch6
«El jornal que gana el obrero es igual a la tasa ordinaria de ganancia para el propietario de la máquina llamada hombre, más una suma para to replace [reponer] el wear and tear of the machines [desgaste de las máquinas] o, lo que es lo mismo, para suministrar, en lugar de los obreros viejos y gastados, new ones [otros nuevos].»
IV. John Wade7
1. «Si el fin es hacer del obrero una máquina de la que pueda sacarse la mayor cantidad de trabajo en una ocupación dada, no hay medio más eficaz que la división del trabajo.»
2. Una reducción del salario empuja a los obreros o a reducir sus gastos o a aumentar su productividad: en las fábricas de máquinas, por ejemplo (y en general), trabajando más horas, o, en el caso de los artesanos, de los tejedores a mano, etc., trabajando más en la misma hora. Pero como su salario se ha reducido precisamente porque ha disminuido la demanda, aumentan, pues, la oferta en el momento desfavorable. Consecuencia de ello: su salario baja todavía más, y entonces vienen los burgueses y dicen: «Si la gente quisiera trabajar…».
3. Ley general, en suma, de que no puede haber dos precios de mercado, y domina el precio de mercado más bajo (a igual calidad).
Supongamos 1.000 obreros de igual destreza; 50 sin pan: el precio no lo determinan los 950 ocupados, sino los 50 desocupados.
Pero esta ley del precio de mercado pesa más sobre la mercancía trabajo que sobre las demás mercancías, porque el obrero no puede guardar su mercancía en el almacén, sino que tiene que vender su actividad vital o, privado de los medios de subsistencia, morir.
La mercancía vendible trabajo se distingue de las demás mercancías sobre todo por su naturaleza perecedera, por la imposibilidad de acumularla y porque la oferta no puede aumentarse ni reducirse con la misma facilidad que en el caso de otros productos.
4. La humanidad de los capitalistas consiste en comprar la mayor cantidad posible de trabajo al precio más barato. Los trabajadores agrícolas cobran más en verano que en invierno, aunque en invierno necesitan más alimento, combustible y ropa de más abrigo.
5. Por ejemplo, la supresión del domingo sería una pérdida pura para los obreros. Los patronos tratan de reducir el salario dejándolo nominalmente igual, pero haciendo trabajar, por ejemplo, un cuarto de hora más, acortando las comidas y cosas semejantes.
6. El salario, determinado por las modas, los cambios de estación y las fluctuaciones comerciales.
7. Si el obrero, desplazado por la máquina, pasa a otra rama de trabajo, esta es por regla general peor. Nunca vuelve a su situación anterior.
La máquina y la división del trabajo ponen trabajo barato en lugar de trabajo caro.
Se ha propuesto a los obreros:
1. Cajas de ahorro;
2. aprender todas las ramas de trabajo posibles (así, si en una rama de trabajo hubiera exceso de oferta de obreros, lo habría enseguida en todas).
8. En tiempos de estancamiento:
a) cese del trabajo;
b) rebaja del salario;
c) el mismo salario, con menos días de trabajo a la semana.
9. A propósito de las combinations of trade [coaliciones de oficio] hay que observar:
1. Los gastos de los obreros (los costes). Invención de máquinas a consecuencia de las coaliciones. Otra división del trabajo. Rebaja del salario. Traslado de las fábricas a otros lugares.
2. Si todas ellas consiguieran mantener el salario tan alto que la ganancia cayera considerablemente por debajo de la ganancia media de otros países, o que el capital creciera más despacio, la industria de un país quedaría arruinada, y los obreros con los patronos, y todavía más.
Aunque la disminución de un impuesto no beneficia en nada a los obreros, su aumento, en cambio, les perjudica. Lo bueno del aumento de los impuestos en los países de desarrollo burgués es que arruina al estamento de los pequeños campesinos y propietarios (artesanos, etc.) y lo arroja a la clase obrera.
Influencia de los irlandeses en Inglaterra, de los alemanes en Alsacia, sobre el salario.
V. Babbage8
Sistema de truck.9
VI. Andrew Ure10
Principio general de la industria moderna: sustituir a los adultos por niños, a los obreros diestros por los inexpertos, a los hombres por mujeres.
Nivelación del salario. Rasgo principal de la industria moderna.
VII. Rossi11
El señor Rossi opina:
El fabricante solo le descuenta al obrero su parte en el producto, porque este no puede esperar a su venta. Es una especulación que no tiene que ver directamente con el proceso de producción. Si el obrero mismo puede mantenerse hasta la venta del producto, después hará valer, como associé [socio], su parte en él.
Así pues, el salario no es un elemento constitutivo del producto, como el capital y la tierra. Es solo un accidente, una forma de nuestro estado social. El salario no pertenece al capital.
El salario no es un factor indispensable de la producción. Puede desaparecer en otra organización del trabajo.
VIII. Cherbuliez12
1. «El aumento del capital productivo no trae consigo necesariamente un aumento del approvisionnement [aprovisionamiento]13 para los obreros. Las materias primas y las máquinas pueden aumentar y el aprovisionamiento disminuir.
»El precio del trabajo depende a) de la cantidad absoluta del capital productivo, b) de la relación entre los distintos elementos del capital, dos hechos sociales sobre los que la voluntad de los obreros no puede ejercer ninguna influencia.
»2. Es menos el consumo absoluto del obrero que su consumo relativo lo que hace su situación feliz o desgraciada. Más allá del consumo necesario, el valor de nuestros goces es esencialmente relativo.»
Cuando se habla de la caída o del alza del salario, nunca hay que perder de vista el mercado mundial entero y la situación de los obreros en las distintas regiones.
Intentos igualitarios y de otro tipo de determinar el salario de manera justa.
El mínimo del salario mismo cambia y desciende cada vez más. Ejemplo del aguardiente.
IX. Bray14
Cajas de ahorro
Triple máquina en manos del despotismo y del capital.
1. El dinero refluye al Banco Nacional, que obtiene ganancias prestándolo de nuevo a los capitalistas.
2. Cadena de oro con la que el gobierno sujeta a una gran parte de la clase obrera.
3. Además, así se pone en manos de los capitalistas como tales una nueva arma.
Una vez que el salario ha caído, nunca vuelve a subir a su nivel anterior: ni el salario absoluto ni el relativo.
[C]
I. ¿Cómo influye el crecimiento de las fuerzas productivas sobre el salario? (cf. VI, 3)
Maquinaria: división del trabajo.
El trabajo se simplifica. Sus costes de producción, menores. Se abarata. La competencia entre los obreros aumenta.
El paso de una rama de trabajo a otra. Sobre esto, el propio Dr. Bowring, a propósito de los tejedores a mano de algodón del distrito de Dacca, en la India, en el Parlamento, 1835.
El nuevo trabajo al que es arrojado el obrero, peor que el anterior; más subalterno. El trabajo de los adultos sustituido por el de los niños, el de los hombres por el de las mujeres, el de los obreros más diestros por el de los menos diestros.
O se aumentan las horas de trabajo o se rebaja el salario.
La competencia entre los obreros, no solo porque uno se vende más barato que otro, sino porque uno hace el trabajo de dos.
El crecimiento de las fuerzas productivas en general tiene estas consecuencias:
a) Que la situación del obrero empeora relativamente respecto de la del capitalista, y el valor de los goces es relativo. Los goces mismos no son, en efecto, sino goces sociales, relaciones, vínculos.
b) El obrero se convierte en una fuerza productiva cada vez más unilateral, que produce lo más posible en el menor tiempo posible. El trabajo cualificado se convierte cada vez más en trabajo simple.
c) El salario depende cada vez más del mercado mundial; la situación del obrero, cada vez más a merced del juego.
d) En el capital productivo, la parte destinada a máquinas y materias primas crece mucho más deprisa que la destinada al aprovisionamiento. El aumento del capital productivo no va acompañado, pues, de un aumento proporcional de la demanda de trabajo.
El salario depende:
α) de la masa del capital productivo en general;
β) de la proporción de sus componentes.
Sobre ninguna de las dos cosas tiene el obrero influencia alguna.
(Si no fuera por las oscilaciones del salario, el obrero no tomaría parte alguna en el desarrollo de la civilización; se quedaría estancado.)
En la competencia de los obreros con la máquina hay que observar que los obreros manuales (por ejemplo, los tejedores a mano de algodón) sufren todavía más que los obreros de las máquinas empleados directamente en la fábrica.
Todo desarrollo de una nueva fuerza productiva es a la vez un arma contra los obreros. Por ejemplo, todas las mejoras de los medios de comunicación facilitan la competencia de los obreros de distintos lugares y convierten una competencia local en nacional, etc.
El abaratamiento de todas las mercancías, que por lo demás no se da en los medios de subsistencia más inmediatos, hace que el obrero lleve harapos compuestos y que su miseria lleve los colores de la civilización.
II. Competencia entre los obreros y los patronos
α) Para determinar el salario relativo hay que observar que un tálero para un obrero y un tálero para un patrono no tienen el mismo valor. El obrero tiene que comprarlo todo peor y más caro. Su tálero no manda ni sobre tanta mercancía ni sobre mercancía tan buena como el del patrono. El obrero tiene que ser un derrochador y comprar y vender en contra de todos los principios económicos. En general, hemos de observar aquí que solo tenemos a la vista un aspecto, el salario mismo. Pero la explotación del obrero empieza de nuevo en cuanto vuelve a cambiar el precio de su trabajo por otras mercancías: épicier [tendero], prestamista, casero, tout le monde l'exploite encore une fois [todo el mundo lo explota una vez más].
β) Al mandar el patrono sobre los medios de ocupación, manda sobre los medios de vida del obrero, es decir, la vida de este depende de él; del mismo modo que el obrero mismo rebaja su actividad vital a mero medio de su existencia.
γ) La mercancía trabajo tiene grandes desventajas frente a otras mercancías. Para el capitalista, en la competencia con los obreros, se trata solo de la ganancia; para los obreros, de la existencia.
El trabajo es de naturaleza más perecedera que las demás mercancías. No puede acumularse. La oferta no puede aumentarse ni reducirse con la misma facilidad que en el caso de otras mercancías.
δ) Régimen fabril. Legislación doméstica.15 Sistema de truck, en el que el patrono engaña al obrero subiendo el precio de las mercancías y dejando igual el salario nominal.
III. Competencia de los obreros entre sí
a) Según una ley económica general, no puede haber dos precios de mercado. De 1.000 obreros de igual destreza, el salario no lo determinan los 950 ocupados, sino los 50 desocupados. Influencia de los irlandeses sobre la situación de los obreros ingleses y de los alemanes sobre la situación de los obreros alsacianos.
b) Los obreros se hacen la competencia no solo ofreciéndose uno más barato que otro, sino trabajando uno por dos.
Ventajas del obrero soltero sobre el casado, etc. Competencia entre los obreros del campo y los de las ciudades.
IV. Oscilaciones del salario
Las provocan:
1. Los cambios en las modas.
2. Los cambios de estación.
3. Las oscilaciones del comercio.
En caso de crisis,
α) el obrero reducirá sus gastos o, [para] aumentar su productividad, fabricarán o durante más horas o más en la misma hora. Pero como su salario se ha reducido porque ha disminuido la demanda de su producto, agravan todavía más la relación desfavorable entre la oferta y la demanda, y entonces dice el burgués: «Si la gente quisiera trabajar». Su salario baja entonces todavía más a causa de su exceso de esfuerzo.
β) En tiempos de crisis:
Desocupación completa. Rebaja del salario. Salario igual y reducción de los días de trabajo.
γ) En todas las crisis, el siguiente movimiento circular respecto a los obreros:
El patrono no puede dar ocupación a los obreros porque no puede vender su producto. No puede vender su producto porque no tiene compradores. No tiene compradores porque los obreros no tienen nada que cambiar más que su trabajo, y precisamente por eso no pueden cambiar su trabajo.
δ) Cuando se habla del alza del salario, hay que observar que siempre hay que tener a la vista el mercado mundial, y que el alza del salario queda sin efecto porque a los obreros de otros países se los deja sin pan.
V. Mínimo del salario
1. El jornal que cobra el obrero es la ganancia que le rinde al propietario su máquina, su cuerpo. Incluida en ella está la suma necesaria para reponer el wear and tear [desgaste] de la máquina o, lo que es lo mismo, para sustituir a los obreros viejos y gastados por otros nuevos.
2. Está en la naturaleza del mínimo del salario que, por ejemplo, la supresión del domingo sería una pérdida pura para el obrero. Tendría que ganarse su salario en condiciones más difíciles. Ese es el sentido de los valientes filántropos que claman contra la fiesta del domingo.
3. Aunque el mínimo del salario se determina como media por el precio de los medios de subsistencia más indispensables, hay que observar:
Primero: que el mínimo es distinto en los distintos países, por ejemplo, la patata en Irlanda.
Segundo: no solo eso. El mínimo mismo tiene un movimiento histórico y desciende cada vez más hacia el level [nivel] absolutamente más bajo. Ejemplo del aguardiente. Destilado primero de orujo de uva, luego de grano, luego de schnaps.16
A producir el level realmente más bajo del mínimo contribuyen no solo
1. el desarrollo general de la maquinaria de producción, la división del trabajo, la competencia creciente de los obreros entre sí, liberada de las trabas locales, sino
2. el crecimiento de los impuestos y el encarecimiento del presupuesto del Estado, pues aunque, como hemos visto, la supresión de un impuesto no beneficia en nada al obrero, la imposición de cualquier impuesto nuevo le perjudica mientras el mínimo del salario no haya descendido todavía a su última expresión posible, y eso ocurre con todas las perturbaciones y dificultades del tráfico burgués. El crecimiento de los impuestos, dicho sea de paso, lleva a la ruina a los pequeños campesinos, burgueses y artesanos.
Ejemplo después de la guerra de liberación.17 El progreso de la industria, que trae productos más baratos y sucedáneos.
3. Este mínimo tiende a igualarse en los distintos países.
4. Una vez que el salario ha caído, si más tarde vuelve a subir, en cambio nunca sube ya a su nivel anterior.
En el curso del desarrollo, el salario cae, pues, de dos maneras:
Primero: relativamente, en proporción al desarrollo de la riqueza general.
Segundo: absolutamente, porque la cantidad de mercancías que el obrero recibe en el intercambio es cada vez menor.
5. En el curso de la gran industria, el tiempo se convierte cada vez más en la medida del valor de las mercancías y, por tanto, también en la medida del salario. Al mismo tiempo, la producción de la mercancía trabajo se abarata cada vez más y cuesta cada vez menos tiempo de trabajo en el curso de la civilización.
El campesino tiene todavía tiempo libre y puede ganarse algo aparte. Pero la gran industria (no la industria manufacturera) suprime esta [situación] patriarcal. Cada momento de la vida, de la existencia del obrero, se ve así arrastrado cada vez más al regateo.
(Ahora faltan todavía los siguientes apartados:
1. Propuestas para mejorar la situación de los obreros. Malthus. Rossi, etc. Proudhon. Weitling.18
2. Asociaciones obreras.
3. Significado positivo del trabajo asalariado.)
VI. Propuestas de remedio
1. Una de las propuestas más apreciadas es el sistema de las cajas de ahorro.
No queremos hablar siquiera de la imposibilidad en que se encuentra la mayor parte de la clase obrera de ahorrar.
El fin —al menos el sentido estrictamente económico de las cajas de ahorro— debe ser que los obreros, con su propia previsión y prudencia, compensen la buena época de trabajo con la mala, es decir, que distribuyan su salario en el ciclo que recorre el movimiento industrial de tal manera que de hecho nunca gasten más que el mínimo del salario, lo indispensable para vivir.
Pero hemos visto que no solo las oscilaciones del salario son precisamente lo que revoluciona al obrero, sino que sin el alza momentánea de este por encima del mínimo quedaría excluido de todos los progresos de la producción, de la riqueza pública, de la civilización, y por tanto de toda posibilidad de emancipación.
Debe convertirse así él mismo en una máquina de calcular burguesa, hacer de la tacañería un sistema y dar a la miseria un carácter estacionario, conservador.
Aparte de esto, el sistema de las cajas de ahorro es una triple máquina del despotismo:
α) La caja de ahorros es la cadena de oro con la que el gobierno sujeta a una gran parte de la clase obrera. Así no solo adquieren un interés en el mantenimiento del orden existente. No solo se produce una escisión entre la parte de la clase obrera que participa en las cajas de ahorro y la que no participa en ellas. Los obreros ponen así ellos mismos en manos de sus enemigos armas para conservar la organización existente de la sociedad, que los subyuga.
β) El dinero refluye al Banco Nacional, que lo presta de nuevo a los capitalistas, y ambos se reparten la ganancia y aumentan así, con el dinero que el pueblo les presta a intereses de miseria —y que solo con esta centralización se convierte en una poderosa palanca industrial—, su capital, su poder de dominación directo sobre el pueblo.
2. Otra propuesta muy apreciada por los burgueses es la educación, especialmente la educación industrial universal.
α) No vamos a llamar la atención sobre la absurda contradicción que hay en que la industria moderna sustituya cada vez más el trabajo complejo por el simple, para el que no hace falta ninguna educación; no vamos a llamar la atención sobre el hecho de que arroja cada vez más niños, desde los siete años, detrás de la máquina y los convierte en fuentes de ingresos no solo para la clase burguesa, sino para sus propios padres proletarios; el sistema fabril hace fracasar las leyes escolares (ejemplo, Prusia); tampoco vamos a llamar la atención sobre el hecho de que la formación intelectual, si el obrero la tuviera, no influiría en absoluto directamente sobre su salario; de que la educación depende en general de las condiciones de vida, de que el burgués [entiende] por educación moral la inculcación de principios burgueses y de que, por último, la clase burguesa no tiene los medios ni, si los tuviera, los emplearía para ofrecer al pueblo una verdadera educación.
Nos limitamos a destacar un punto de vista puramente económico.
β) El sentido verdadero que tiene la educación para los economistas filantrópicos es este: que cada obrero aprenda a conocer el mayor número posible de ramas de trabajo, de modo que, si el empleo de nuevas máquinas o un cambio en la división del trabajo lo echan de una rama, pueda encontrar acomodo en otra con la mayor facilidad posible.
Supongamos que esto fuera posible:
La consecuencia sería que, si en una rama de trabajo hubiera exceso de brazos, ese exceso se daría enseguida en todas las demás ramas, y que, todavía más que hasta ahora, la rebaja del salario en un oficio traería consigo de inmediato una rebaja general del salario.
Ya de por sí, al simplificar la industria moderna el trabajo en todas partes y hacerlo fácil de aprender, el alza del salario en una rama industrial provocará enseguida la afluencia de obreros a esa rama, y la rebaja del salario adquirirá de manera más o menos inmediata un carácter general.
En los muchos pequeños paliativos que se proponen desde el lado burgués no podemos entrar aquí, naturalmente.
3. Pero hemos de llegar a una tercera propuesta, que ha tenido y tiene cada día consecuencias prácticas muy importantes: la teoría malthusiana.19
Toda esta teoría, en la medida en que hemos de considerarla aquí, se reduce a lo siguiente:
α) El nivel del salario depende de la proporción entre los brazos que se ofrecen y los brazos que se demandan.
El salario puede crecer de dos maneras.
O bien cuando el capital que pone en movimiento el trabajo aumenta tan deprisa que la demanda de obreros aumenta más deprisa —en una progresión más rápida— que su oferta.
O bien, en segundo lugar, cuando la población crece tan despacio que la competencia entre los obreros sigue siendo débil, aunque el capital productivo no crezca deprisa.
Sobre uno de los lados de la relación, sobre el crecimiento del capital productivo, vosotros, obreros, no podéis ejercer ninguna influencia.
Sobre el otro lado, en cambio, sí.
Podéis reducir la oferta entre los obreros, es decir, la competencia entre los obreros, haciendo el menor número posible de hijos.
Para desenmascarar toda la estupidez, la bajeza y la hipocresía de esta doctrina, basta lo siguiente:
β) (Esto hay que ponerlo en el I: ¿Cómo influye el crecimiento de las fuerzas productivas sobre el salario?)
El salario crece cuando crece la demanda de trabajo. Esta demanda crece cuando crece el capital que pone en movimiento el trabajo, es decir, cuando aumenta el capital productivo.
Hay que hacer aquí dos observaciones principales:
Primera: una condición principal del alza del salario es el crecimiento del capital productivo, y su crecimiento lo más rápido posible. La condición principal para que el obrero esté en una situación pasable es, pues, rebajar cada vez más su situación frente a la clase burguesa, aumentar lo más posible el poder de su adversario, el capital. Es decir, solo puede estar en una situación pasable a condición de engendrar y reforzar el poder que le es hostil, su propio contrario. Con esta condición, al crear este poder que le es hostil, recibe de él medios de ocupación que lo convierten de nuevo en una parte del capital productivo y en la palanca que lo aumenta y lo lanza a un movimiento acelerado de crecimiento.
Dicho sea de paso: cuando se ha comprendido esta relación entre capital y trabajo, todos los intentos de conciliación fourieristas y de otro tipo aparecen en todo su ridículo.
Segunda: una vez explicada así, en general, esta relación absurda, se añade un segundo elemento todavía más importante.
A saber: ¿qué quiere decir crecimiento del capital productivo, y en qué condiciones se produce?
Crecimiento del capital = acumulación y concentración del capital. En la misma medida en que el capital se acumula y se concentra, conduce:
al trabajo en una escala mayor y, por tanto, a una nueva división del trabajo que simplifica todavía más el trabajo;
luego a la introducción de la maquinaria en una escala mayor y a la introducción de máquinas nuevas.
Es decir, en la misma medida en que crece el capital productivo,
crece
la competencia entre los obreros, porque la división del trabajo se simplifica y cada rama de trabajo es más accesible a cualquiera.
La competencia crece además entre ellos porque, en la misma medida, tienen que competir con las máquinas y estas los dejan sin pan. La concentración y acumulación del capital productivo, al hacer cada vez mayor la escala en que se produce, y al caer además cada vez más el interés del dinero por la competencia entre los capitales ofrecidos,
produce, pues:
Las pequeñas empresas industriales se hunden y no pueden resistir la competencia de las grandes. Partes enteras de la clase burguesa son arrojadas a la clase obrera. La competencia entre los obreros aumenta, pues, por la ruina de los pequeños industriales, que va ligada fataliter [fatalmente] al crecimiento del capital productivo.
Y al mismo tiempo, como cae el interés del dinero, los pequeños capitalistas que antes no participaban directamente en la industria se ven obligados a hacerse industriales, es decir, a proporcionar nuevas víctimas a la gran industria. Así, también por este lado, la clase obrera aumenta y crece la competencia entre los obreros.
Como el crecimiento de las fuerzas productivas trae consigo el trabajo en una escala mayor, la sobreproducción momentánea se hace cada vez más necesaria, el mercado mundial cada vez más extenso, con una competencia más universal. Por tanto, las crisis cada vez más violentas. Así se da a los obreros un súbito estímulo para casarse y multiplicarse, se los aglomera y concentra en grandes masas y su salario es cada vez más oscilante. Cada nueva crisis provoca, pues, de inmediato una competencia mucho mayor entre los obreros.
En general: el crecimiento de las fuerzas productivas, con sus medios de comunicación más rápidos, su circulación acelerada y su rotación febril del capital, consiste en que en el mismo tiempo se puede producir más y, por tanto, según la ley de la competencia, se tiene que producir más. Es decir, la producción se realiza en condiciones cada vez más difíciles, y para que en estas condiciones se pueda resistir la competencia, hay que trabajar en una escala cada vez mayor y concentrar el capital cada vez más en pocas manos. Y para que esta producción en mayor escala sea fructífera, hay que ampliar constante y desproporcionadamente la división del trabajo y la maquinaria.
Esta producción en condiciones cada vez más difíciles se extiende también al obrero como parte del capital. Tiene que producir más en condiciones cada vez más difíciles, es decir, por un salario cada vez menor y con más trabajo, con costes de producción cada vez más baratos. Así, el mínimo mismo se reduce cada vez más a un mayor esfuerzo con el mínimo de disfrute de la vida.
La desproporción crece geométricamente, no aritméticamente.
El crecimiento de las fuerzas productivas trae consigo, pues, un dominio mayor del gran capital, un mayor embrutecimiento y simplificación de la máquina llamada obrero, una mayor competencia directa entre los obreros por la mayor división del trabajo y el empleo de las máquinas, por la prima que se pone formalmente a la producción de hombres, por la competencia de las fracciones arruinadas de la clase burguesa, etc.
Podemos formular la cosa todavía con más sencillez:
El capital productivo consta de tres componentes:
1. la materia prima que se elabora;
2. las máquinas y materiales, como el carbón, etc., necesarios para mover las máquinas, los edificios y cosas semejantes;
3. la parte del capital destinada al sustento de los obreros.
¿Qué relación guardan entre sí estos tres componentes cuando crece el capital productivo?
Al crecimiento del capital productivo va ligada su concentración, y a esta, el que solo puede ser rentable explotado en una escala cada vez mayor.
Una gran parte del capital se convertirá, pues, directamente en instrumento de trabajo y actuará como tal, y cuanto más crezcan las fuerzas productivas, mayor será esta parte del capital convertida directamente en maquinaria.
El aumento de la maquinaria, igual que el de la división del trabajo, hace que en menos tiempo pueda producirse incomparablemente más. Por tanto, la reserva de materia prima tiene que crecer en la misma proporción. En el curso del crecimiento del capital productivo aumenta necesariamente la parte del capital convertida en materia prima.
Queda ahora la tercera parte del capital productivo, la destinada al sustento de los obreros, es decir, la que se convierte en salario.
¿Qué relación guarda ahora el crecimiento de esta parte del capital productivo con las otras dos?
La mayor división del trabajo hace que un obrero produzca tanto como antes tres, cuatro, cinco. La maquinaria trae consigo la misma relación en una escala incomparablemente mayor.
Se comprende, pues, por de pronto, que el crecimiento de las partes del capital productivo convertidas en maquinaria y materia prima no va acompañado de un crecimiento semejante de la parte del capital destinada al salario. En ese caso, en efecto, no se alcanzaría el fin del empleo de la maquinaria y de la mayor división del trabajo. Se sigue, pues, por sí mismo que la parte del capital productivo destinada al salario no crece en la misma medida que la destinada a maquinaria y materia prima. Más aún. En la misma medida en que crece el capital productivo, es decir, el poder del capital como tal, en la misma medida crece la desproporción entre el capital invertido en materia prima y máquinas y el capital desembolsado en salarios. Es decir, la parte del capital productivo destinada al salario se hace cada vez más pequeña en proporción a la parte del capital que actúa como máquina y materia prima.
Después de haber invertido un capital mayor en máquinas, el capitalista se ve obligado a emplear un capital mayor en la compra de la materia prima y de las materias necesarias para mover las máquinas. Pero si antes empleaba a 100 obreros, ahora quizá solo necesite 50. De lo contrario, quizá tendría que duplicar otra vez las demás partes del capital, es decir, agrandar todavía más la desproporción. Despedirá, pues, a 50, o los 100 tendrán que trabajar por el mismo precio que antes los 50. Hay, pues, obreros sobrantes en el mercado.
Con una división del trabajo perfeccionada, solo habrá que aumentar el capital destinado a la materia prima. En lugar de tres obreros quizá entre uno.
Pero supongamos el caso más favorable. Que el capitalista amplíe su empresa de tal manera que no solo pueda conservar el número de obreros que tenía —y, naturalmente, le importa un comino esperar hasta poder hacerlo—, sino incluso aumentarlo: entonces la producción ha tenido que aumentar de un modo enorme para conservar el mismo número de obreros o incluso poder aumentarlo, y la proporción del número de obreros respecto a las fuerzas productivas se ha vuelto relativamente una desproporción infinitamente mayor. Con ello se acelera la sobreproducción, y en la siguiente crisis hay más obreros desocupados que nunca.
Es, pues, ley general, que se desprende necesariamente de la naturaleza de la relación entre capital y trabajo, que en el curso del crecimiento de las fuerzas productivas la parte del capital productivo que se convierte en maquinaria y materia prima, es decir, el capital como tal, crece desproporcionadamente respecto a la parte destinada al salario; es decir, con otras palabras: los obreros tienen que repartirse, en proporción a la masa total del capital productivo, una parte cada vez menor de él. Su competencia se vuelve, pues, cada vez más violenta. Con otras palabras: cuanto más crece el capital productivo, tanto más disminuyen proporcionalmente los medios de ocupación o de vida para los obreros; tanto más deprisa crece, con otras palabras, la población obrera en relación con sus medios de ocupación. Y esto aumenta, por cierto, en la misma medida en que crece el capital productivo en general.
Para compensar la desproporción indicada más arriba, el capital tiene que aumentarse en proporción geométrica, y para reajustarla después en tiempos de crisis se aumenta todavía más.
Esta ley, que nace puramente de la relación del obrero con el capital y que convierte por tanto en desfavorable incluso la situación más favorable para él, el rápido crecimiento del capital productivo, la han transformado los burgueses de ley social en ley natural, diciendo que la población crece, según una ley natural, más deprisa que los medios de ocupación o de vida.
No han comprendido que en el crecimiento del capital productivo está incluido el crecimiento de esta contradicción.
Volveremos sobre ello más adelante.
Fuerza productiva, en particular la fuerza social de los obreros mismos, no se les paga, incluso se dirige contra ellos.
γ) Primer absurdo:
Hemos visto que, cuando el capital productivo crece —el caso más favorable, el que presuponen los economistas—, cuando por tanto la demanda de trabajo crece proporcionalmente, está en el carácter de la industria moderna y en la naturaleza del capital que los medios de ocupación para los obreros no crezcan en la misma medida; que las mismas circunstancias que hacen crecer el capital productivo hacen crecer todavía más deprisa la desproporción entre la oferta y la demanda de trabajo; en una palabra, que el crecimiento de las fuerzas productivas hace crecer al mismo tiempo la desproporción entre los obreros y sus medios de ocupación. Esto no depende ni del aumento de los medios de subsistencia ni del aumento de la población considerado en sí mismo. Se sigue necesariamente de la naturaleza de la gran industria y de la relación entre trabajo y capital.
Pero si el crecimiento del capital productivo avanza solo despacio, si se estanca o incluso disminuye, el número de obreros es siempre demasiado grande en relación con la demanda de trabajo.
En ambos casos, el más favorable y el más desfavorable, de la relación del trabajo con el capital, de la naturaleza misma del capital, se sigue que la oferta de obreros será siempre demasiado grande frente a la demanda de trabajo.
δ) Aparte del disparate de que la clase obrera entera no puede tomar la decisión de no tener hijos, su situación, al contrario, hace del instinto sexual su goce principal y lo desarrolla unilateralmente.
Después de haber reducido la burguesía la existencia del obrero a un mínimo, quiere limitar también a un mínimo sus actos de reproducción.
ε) Lo poco en serio que la burguesía toma y puede tomar, por lo demás, estas frases y consejos se desprende de lo siguiente:
Primero: la industria moderna, al desplazar a los adultos por los niños, reparte una verdadera prima a la procreación.
Segundo: la gran industria necesita constantemente un ejército de reserva de obreros desocupados para las épocas de sobreproducción. El fin principal del burgués frente al obrero es, en general, tener la mercancía trabajo lo más barata posible, lo cual solo es posible cuando la oferta de esta mercancía es lo más grande posible en proporción a su demanda, es decir, cuando hay la mayor superpoblación posible.
La superpoblación está, pues, en el interés de la burguesía, y esta da al obrero un buen consejo que sabe que es imposible de seguir.
ζ) Como el capital solo aumenta cuando da ocupación a obreros, el aumento del capital incluye un aumento del proletariado, y, como hemos visto, conforme a la naturaleza de la relación entre capital y trabajo, el aumento del proletariado tiene que producirse relativamente todavía más deprisa.
η) Sin embargo, la teoría mencionada, que gusta también de expresarse como ley natural diciendo que la población crece más deprisa que los medios de subsistencia, es tanto más bienvenida para el burgués cuanto que tranquiliza su conciencia, le convierte la dureza de corazón en deber moral, convierte las consecuencias de la sociedad en consecuencias de la naturaleza y le da, por último, ocasión de contemplar tranquilamente, sin moverse, el hundimiento del proletariado por el hambre como cualquier otro fenómeno natural, y, por otro lado, de considerar la miseria del proletariado como culpa de este y castigarla. El proletario puede, en efecto, refrenar con la razón el instinto natural y detener así, mediante la vigilancia moral, la ley natural en su curso de desarrollo dañino.
θ) Como aplicación de esta teoría puede considerarse la legislación de pobres.20 Exterminio de ratas. Arsénico. Workhouses [casas de trabajo]. Pauperismo en general. La rueda de molino21 de nuevo en el seno de la civilización. La barbarie reaparece, pero engendrada en el seno mismo de la civilización y perteneciente a ella; de ahí una barbarie leprosa, la barbarie como lepra de la civilización. Las workhouses, las bastillas del obrero. Separación de la mujer y el marido.
4. Pasamos ahora a hablar brevemente de los que quieren mejorar la situación del obrero mediante otra determinación del salario.
Proudhon.
5. Por último, entre lo que los economistas filantrópicos han observado sobre el salario, hay que mencionar todavía una opinión.
α) Entre otros economistas, ha expuesto en particular Rossi lo siguiente:
El fabricante solo le descuenta al obrero su parte en el producto, porque este no puede esperar a su venta. Si el obrero pudiera mantenerse él mismo hasta la venta del producto, haría valer después su parte en él como associé [socio], como ocurre entre el capitalista propiamente dicho y el capitalista industrial. Que la parte del obrero tenga precisamente la forma del salario es, pues, una casualidad: es el resultado de una especulación, de un acto particular que se desarrolla al lado del proceso de producción y que no constituye un elemento constitutivo necesario de este. El salario es solo una forma accidental de nuestro estado social. No pertenece necesariamente al capital. No es un hecho indispensable para la producción. Puede desaparecer en otra organización de la sociedad.
β) Toda esta ocurrencia se reduce a lo siguiente: si los obreros poseyeran bastante trabajo acumulado, es decir, bastante capital, para no tener que vivir directamente de la venta de su trabajo, desaparecería la forma del salario. Es decir, si todos los obreros fueran a la vez capitalistas; es decir, por tanto, presuponer y conservar el capital sin el contrario del trabajo asalariado, sin el cual no puede existir.
γ) Con todo, hay que quedarse con esta concesión. El salario no es una forma accidental de la producción burguesa, pero toda la producción burguesa es una forma histórica pasajera de la producción. Todas sus relaciones, el capital como el salario, la renta de la tierra, etc., son pasajeras y abolibles al llegar a cierto punto del desarrollo.
VII. Las asociaciones obreras
Un momento de la teoría de la población era que quiere reducir la competencia entre los obreros. Las asociaciones, en cambio, tienen por fin abolirla y poner en su lugar la unión entre los obreros.
Lo que los economistas observan contra las asociaciones es acertado:
1. Costes que causan a los obreros, en su mayoría mayores que el aumento de ganancia que quieren obtener. A la larga no pueden resistir a las leyes de la competencia. Estas coaliciones provocan nuevas máquinas, nueva división del trabajo, traslado de un lugar de producción a otro. A consecuencia de todo ello, reducción del salario.
2. Si las coaliciones consiguieran mantener en un país el precio del trabajo tan alto que la ganancia cayera considerablemente en relación con la ganancia media en otros países, o que el capital se viera frenado en su crecimiento, la consecuencia sería el estancamiento y el retroceso de la industria, y los obreros quedarían arruinados con sus patronos. Pues esa es, como hemos visto, la situación del obrero. Su situación empeora a saltos cuando crece el capital productivo, y está arruinado de antemano cuando este disminuye o se estanca.
3. Todas estas objeciones de los economistas burgueses son, como se ha dicho, acertadas, pero solo acertadas desde su punto de vista. Si en las asociaciones se tratara de verdad solo de aquello de lo que parece tratarse, a saber, de la determinación del salario; si la relación entre trabajo y capital fuera eterna, estas coaliciones fracasarían sin resultado ante la necesidad de las cosas. Pero son el medio de la unión de la clase obrera, de la preparación del derrocamiento de toda la vieja sociedad con sus antagonismos de clase. Y desde este punto de vista los obreros se ríen con razón de los listos maestros de escuela burgueses que les echan la cuenta de lo que les cuesta esta guerra civil en caídos, heridos y sacrificios de dinero. Quien quiere derrotar al adversario no va a discutir con él los costes de la guerra. Y lo poco mezquinos que son los obreros se lo demuestra a los propios economistas el hecho de que los obreros fabriles mejor pagados son los que más coaliciones hacen y de que los obreros dedican todo lo que pueden escatimar de su salario a formar asociaciones políticas e industriales y a sufragar [los costes de] este movimiento. Y si los señores burgueses y sus economistas, en momentos filantrópicos, tienen la bondad de dejar entrar en el mínimo del salario, es decir, de la vida, algo de té o de ron, o de azúcar y carne, en cambio tiene que parecerles tan vergonzoso como incomprensible que los obreros incluyan en ese mínimo una pequeña parte de los costes de la guerra contra la burguesía y que hagan de su actividad revolucionaria incluso el máximo de su disfrute de la vida.
VIII. Lado positivo del salariado
Antes de terminar, hay que llamar todavía la atención sobre el lado positivo del salariado.22
α) Cuando se dice lado positivo del salariado, se dice lado positivo del capital, de la gran industria, de la libre competencia, del mercado mundial, y no tengo necesidad de explicarles a ustedes cómo, sin estas relaciones de producción, no se habrían creado ni los medios de producción, los medios materiales para la liberación del proletariado y la fundación de una nueva sociedad, ni el proletariado mismo habría alcanzado la unión y el desarrollo en que es realmente capaz de revolucionar la vieja sociedad y a sí mismo. Nivelación del salario.
β) Tomemos el salario incluso en el núcleo de lo que tiene de reprobable: que mi actividad se convierte en mercancía, que yo me vuelvo vendible de arriba abajo.
Primero: con ello ha desaparecido todo lo patriarcal, pues solo el regateo, la compra y la venta, queda como la única relación, la relación monetaria como la única relación entre patrono y obreros.
Segundo: la aureola de santidad ha caído en general de todas las relaciones de la vieja sociedad, al disolverse estas en puras relaciones monetarias.
Del mismo modo, todos los llamados trabajos superiores, intelectuales, artísticos, etc., se han convertido en artículos de comercio y han perdido con ello su antigua consagración. Qué gran progreso fue que todo el regimiento de curas, médicos, juristas, etc., es decir, la religión, la jurisprudencia, etc., pasaran a determinarse solo por su valor comercial.
(Tercero: al convertirse el trabajo en mercancía y quedar como tal sometido a la libre competencia, se buscó producirlo lo más barato posible, es decir, con los menores costes de producción posibles. Con ello todo trabajo físico se ha vuelto infinitamente fácil y simple para una futura organización de la sociedad. Generalizar.)
Tercero: al haber constatado los obreros, por la vendibilidad general, que todo es separable de ellos, enajenable, solo entonces se han liberado de la subordinación a una relación determinada. Ventaja de que el obrero puede hacer con su dinero lo que quiera, tanto frente a las prestaciones en especie como frente al modo de vida prescrito puramente por el estamento (feudal).
Marx dio en la Asociación Obrera Alemana de Bruselas, en diciembre de 1847, una serie de conferencias sobre el trabajo asalariado y el capital, que publicó en parte en la Neue Rheinische Zeitung en abril de 1849 con el título «Trabajo asalariado y capital». Este manuscrito corresponde a la parte final de aquellas conferencias, que no llegó a publicarse. ↩
William Atkinson, economista inglés, autor de Principles of Political Economy (1840). ↩
John Bowring (1792-1872), político y economista librecambista inglés, discípulo de Bentham. ↩
Thomas Carlyle (1795-1881), escritor e historiador escocés; Marx se refiere a su ensayo Chartism (1840). ↩
El trabajador que, al no poder mantenerse, quedaba a cargo de la asistencia parroquial según la ley de pobres. El «exterminio de ratas» remite a la comparación que hace Carlyle en Chartism entre la nueva ley de pobres y los métodos de los cazadores de ratas. ↩
John Ramsay McCulloch (1789-1864), economista escocés, divulgador de Ricardo. ↩
John Wade (1788-1875), publicista inglés, autor de History of the Middle and Working Classes (1833). ↩
Charles Babbage (1791-1871), matemático inglés, autor de On the Economy of Machinery and Manufactures (1832). ↩
El pago de los salarios en mercancías o en vales canjeables en tiendas del propio patrono. ↩
Andrew Ure (1778-1857), químico y economista escocés, autor de The Philosophy of Manufactures (1835), apología del sistema fabril. ↩
Pellegrino Rossi (1787-1848), economista y político italiano, profesor en París, autor de un Cours d'économie politique. ↩
Antoine-Élisée Cherbuliez (1797-1869), economista suizo, autor de Richesse ou pauvreté (1841). ↩
En Cherbuliez, la parte del capital productivo formada por los medios de subsistencia de los obreros. ↩
John Francis Bray (1809-1897), socialista inglés, autor de Labour's Wrongs and Labour's Remedy (1839). ↩
Es decir, los reglamentos internos que el patrono impone en su fábrica. ↩
El aguardiente de patata, el más barato. ↩
Las guerras contra Napoleón de 1813-1815, que en Alemania se llamaron «guerras de liberación». ↩
Thomas Robert Malthus (1766-1834), economista inglés, autor del Ensayo sobre el principio de la población (1798); Wilhelm Weitling (1808-1871), sastre, teórico del comunismo obrero alemán. ↩
La teoría de Malthus, según la cual la población tiende a crecer más deprisa que los medios de subsistencia. ↩
La nueva ley de pobres inglesa de 1834, que solo concedía asistencia a cambio del ingreso en las casas de trabajo (workhouses), donde se separaba a los cónyuges. ↩
Tretmühle, la rueda de andar que movían los presos en las cárceles inglesas como castigo. ↩
Salariat: el trabajo asalariado como sistema. ↩