Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung (Colonia), n.º 25, del 25 de junio de 1848. La MEW lo atribuye a Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 108-109), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

*Praga. Cada día se confirma más que nuestra interpretación de la insurrección de Praga (n.º 18 de este periódico)1 era la correcta, y que las sospechas lanzadas por periódicos alemanes contra el partido checo, según las cuales servía a la reacción, a la aristocracia, a los rusos, etc., eran puras mentiras.

Solo se veía al conde Leo Thun2 y a sus aristócratas; no se veía a la masa del pueblo bohemio, a los numerosos obreros industriales, a los campesinos. Que la aristocracia intentara por un momento confiscar el movimiento checo en provecho suyo y de la camarilla de Innsbruck3 significaba ya, desde luego, ¡que el proletariado revolucionario de Praga, que en 1844 dominó Praga por completo durante tres días,4 representaba los intereses de la nobleza y de la reacción en general!

Pero todas estas calumnias se desvanecieron ante el primer golpe decisivo del partido checo. La insurrección fue tan decididamente democrática que los condes Thun, en lugar de ponerse a su cabeza, se retiraron de inmediato y fueron retenidos por el pueblo como rehenes austriacos. Fue tan decididamente democrática que todos los checos del partido aristocrático huyeron de ella. Iba dirigida tanto contra los señores feudales checos como contra la soldadesca austriaca.

Los austriacos atacaron al pueblo, no porque fuera checo, sino porque era revolucionario. Para la soldadesca, el asalto a Praga no era más que el preludio del incendio y el asalto de Viena.

Así escribe la Berliner Zeitungs-Halle,5 «Viena, 20 de junio»:

«Hoy ha regresado la delegación que el Comité Ciudadano de esta ciudad había enviado a Praga con el único encargo de procurar que se vigilaran los partes del telégrafo y que no tuviéramos que esperar, como en los últimos días, a menudo 24 horas una noticia de allí. La delegación ha dado cuenta de su misión al Comité. Cuenta cosas terribles del dominio militar en Praga. Dice que para todos los horrores de una ciudad conquistada, bombardeada y sitiada solo tiene una palabra: que no hay palabras para describir esas atrocidades. Con peligro de su vida llegaron en coche a la ciudad desde la última estación antes de Praga, y con peligro de su vida, entre los soldados, hasta el castillo de Praga.

»Por todas partes los soldados les gritaban: “¿También vosotros estáis aquí, perros vieneses? ¡Ahora os tenemos!”. Muchos querían arremeter contra los diputados; hasta los oficiales se comportaron con una grosería desmedida. Por fin llegaron al castillo. El conde Wallmoden recibió sus credenciales del Comité, miró la firma y dijo: “¿Pillersdorf?6 Ese aquí no vale nada”. Windischgrätz7 trató a la canalla burguesa con más aspereza que nunca y dijo: “En todas partes ha vencido la revolución; aquí los vencedores somos nosotros y no reconocemos ninguna autoridad civil. Mientras estuve en Viena, todo siguió tranquilo. En cuanto me fui, todo se vino abajo en un vendaval”. A la delegación le quitaron las armas, y a sus miembros los retuvieron prisioneros en una habitación del castillo. Solo a los dos días obtuvieron permiso para salir; las armas no les fueron devueltas.

»Así lo contaron nuestros diputados, así los trató el Tilly8 de Praga, así se comportaron los soldados, y aquí todavía se hace como si se creyera en una simple lucha contra los checos. ¿Hablaban acaso bohemio los diputados? ¿No llevaban el uniforme de la Guardia Nacional de Viena, no tenían en sus manos los plenos poderes del ministerio y del Comité Ciudadano, al que el ministerio ha facultado como autoridad legislativa?

»Pero la revolución ha hecho ya progresos demasiado grandes. Windischgrätz se cree el hombre capaz de ponerle un dique; a los bohemios se los abate como a perros, y cuando llegue el momento de la aventura se marchará contra Viena. ¿Por qué Windischgrätz liberó a Leo Thun, el mismo Leo Thun que se había puesto a la cabeza del gobierno provisional de Praga y predicaba la separación de Bohemia? ¿Por qué, preguntamos, se le liberó de manos de los checos, si todo su hacer y deshacer no fue un juego concertado con la aristocracia para provocar el estallido?

»Anteayer salió un tren de Praga. En él iban estudiantes alemanes fugitivos, guardias nacionales vieneses y familias fugitivas de Praga que, pese a la calma restablecida, ya no se sentían allí del todo a gusto. En la primera estación después de Praga, el piquete militar allí apostado exige que todos los viajeros sin distinción entreguen sus armas, y ante su negativa los soldados disparan contra los vagones, en medio de hombres, mujeres y niños indefensos. Se sacaron seis cadáveres de los vagones, y los viajeros se limpiaban de la cara la sangre de los asesinados. Eso hicieron contra alemanes los militares a los que aquí se quiere ver como ángeles salvadores de la libertad alemana».

  1. El artículo «La insurrección de Praga», publicado en la Neue Rheinische Zeitung del 18 de junio de 1848. ↩

  2. Leo von Thun-Hohenstein (1811-1888), gobernador de Bohemia en 1848; durante la insurrección los insurrectos lo retuvieron como rehén. ↩

  3. La corte austriaca, refugiada en Innsbruck desde mayo de 1848, y su entorno reaccionario. ↩

  4. En junio de 1844 los obreros textiles de Praga se sublevaron contra la reducción de salarios y las máquinas. ↩

  5. La Berliner Zeitungs-Halle, diario democrático de Berlín. ↩

  6. Franz von Pillersdorf (1786-1862), ministro del Interior y presidente del gobierno austriaco en mayo y junio de 1848. ↩

  7. Alfred zu Windischgrätz (1787-1862), mariscal austriaco, comandante militar de Bohemia; aplastó la insurrección de Praga en junio de 1848 y la de Viena en octubre. ↩

  8. Johann Tserclaes, conde de Tilly (1559-1632), general de la Liga Católica en la guerra de los Treinta Años, responsable del saqueo de Magdeburgo en 1631. ↩