Escrito en Colonia el 16 de noviembre de 1848. Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 145, del 17 de noviembre de 1848; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 24-28), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

*Colonia, 16 de noviembre. Predijimos a la derecha lo que le esperaba si vencía la camarilla: una propina y patadas.

Nos equivocamos. La lucha aún no está decidida, y ya reciben patadas de sus principales sin recibir propina.

La Neue Preußische Zeitung, caballera de la cruz de la Landwehr «con Dios por el rey y la patria»,1 órgano oficial de los actuales detentadores del poder, declara en uno de sus últimos números que los diputados Zweiffel (fiscal superior en Colonia) y Schlink (consejero del tribunal de apelación en Colonia)2 son —adivine el lector— «estómagos revolucionarios» (la Neue Preußische Zeitung escribe «Mägen»).3 Habla del «vacío y la ausencia de pensamiento indecibles» de estos señores. Encuentra que incluso las «quimeras de Robespierre» están muy por encima de las ocurrencias de estos «señores de la sección central». Avis à Messieurs Zweiffel et Schlink!4

En el mismo número de este periódico se declara a Pinto-Hansemann5 «jefe de la extrema izquierda», y contra los jefes de la extrema izquierda, según el mismo diario, solo hay un remedio: la ley marcial, la soga. Avis à Monsieur Pinto-Hansemann, ex ministro de la acción y de los constables!6

Para ser un Moniteur del Estado, la Neue Preußische Zeitung tiene demasiada ingenua franqueza. Dice demasiado alto a los distintos partidos lo que está sellado en los registros de la Santa Casa.7

En la Edad Media se abría a Virgilio para profetizar.8 En el brumario prusiano de 1848 se abre la Neue Preußische Zeitung para ahorrarse el trabajo de adivinar. Damos nuevos ejemplos. ¿Qué prepara la camarilla a los católicos?

¡Oíd!

En el núm. 115 de la Neue Preußische Zeitung se dice:

«Tan falso es que el Estado» (es decir, el Estado real prusiano, el Estado de la cruz de la Landwehr en su período anterior a marzo) «haya adoptado un carácter estrechamente confesional y dirigido los asuntos religiosos desde ese punto de vista unilateral. Este reproche, si fuera cierto, expresaría sin duda un decidido elogio. Pero es falso; pues es sabido que nuestro régimen abandonó expresamente el viejo y buen punto de vista de un gobierno evangélico».

Es sabido que Federico Guillermo III convirtió la religión en una rama de la disciplina militar y apaleó policialmente a los disidentes. Es sabido que Federico Guillermo IV, como uno de los doce profetas menores, quiso convertir por la fuerza al pueblo y a la ciencia a la religión Bunsen9 por medio del ministerio Eichhorn-Bodelschwingh-Ladenberg.10 Es sabido que incluso bajo el ministerio Camphausen se saqueó, se quemó y se apaleó a culatazos a los polacos tanto por ser polacos como por ser católicos. La gracia de los pomeranos consistía siempre en ensartar las imágenes de la Virgen en Polonia y ahorcar a los sacerdotes católicos.

Las persecuciones de los protestantes disidentes bajo Federico Guillermo III y Federico Guillermo IV son igualmente conocidas.

El primero enterró en fortalezas a los pastores protestantes que rechazaban la liturgia y la dogmática inventadas expresamente por él.11 Aquel hombre era un gran inventor de casacas de soldado y de liturgias. ¿Y el segundo? ¿El ministerio Eichhorn? Basta con nombrar el ministerio Eichhorn.

¡Pero todo eso no era nada!

«Nuestro régimen había abandonado expresamente el viejo y buen punto de vista de un gobierno evangélico.» ¡Esperad, pues, la restauración Brandenburg-Manteuffel, católicos de la provincia del Rin, de Westfalia y de Silesia! Antes se os castigaba con varas; se os azotará con escorpiones.12 ¡Conoceréis el «viejo y buen punto de vista de un gobierno evangélico expresamente»!

¿Y qué decir de los judíos, que desde la emancipación de su secta se han puesto en todas partes, al menos en sus representantes distinguidos, a la cabeza de la contrarrevolución? ¿Qué les espera?

No se ha esperado a la victoria para arrojarlos de nuevo a su gueto.

En Bromberg el gobierno renueva las viejas restricciones a la libertad de residencia y despoja así a los judíos de uno de los primeros derechos del hombre de 1789, el de trasladarse libremente de un lugar a otro.

Ese es «un» aspecto del gobierno del verboso Federico Guillermo IV bajo los auspicios de Brandenburg-Manteuffel-Ladenberg.

En su número del 11 de noviembre, la Neue Preußische Zeitung había arrojado como cebo el bienestar del «partido liberal-constitucional». Pero ya entonces meneaba la cabeza con preocupación ante los constitucionales.

«Por ahora nuestros constitucionales tienen todavía, desde luego, un enorme reparo en confesarse reaccionarios en común, en las asociaciones o en sus órganos públicos».

Añade, sin embargo, en tono tranquilizador y certero:

«Cada uno de ellos» (liberales-constitucionales) «no oculta desde hace tiempo que por ahora no hay más salvación que la reacción legal», es decir, que la salvación está en hacer reaccionaria la ley o legal la reacción, en elevar la reacción a ley.

En su número del 15 de noviembre la Neue Preußische Zeitung ya no se anda con tantos miramientos con los «constitucionales», que querrían ver la reacción elevada a ley, pero se resisten al ministerio Brandenburg-Manteuffel porque este quiere la contrarrevolución sans phrase.13

«Hay que abandonar a su suerte a los constitucionales ordinarios», dice.

¡Presos juntos, ahorcados juntos!

¡Para conocimiento de los constitucionales ordinarios!

¿Y en qué consiste el constitucionalismo extraordinario de Federico Guillermo IV bajo los auspicios de Brandenburg-Manteuffel-Ladenberg?

El órgano oficial del gobierno, la caballera de la cruz de la Landwehr con Dios por el rey y la patria, revela los secretos del constitucionalismo extraordinario.

El remedio «más sencillo, más directo y menos peligroso» es, naturalmente, «trasladar la Asamblea a otro lugar»: de una capital a un cuerpo de guardia, de Berlín a Brandeburgo.

Sin embargo, este traslado, como revela la Neue Preußische Zeitung, no es más que un «intento».

«Hay que hacer el intento», dice, «de ver si la Asamblea, con el traslado a otro lugar, recupera, junto con la libertad de movimiento exterior, también la libertad interior».

En Brandeburgo la Asamblea será exteriormente libre. Ya no estará bajo la influencia de las blusas;14 solo estará bajo la influencia de sables de arrastre con bigote.

¿Pero la libertad interior?

¿Se liberará la Asamblea en Brandeburgo de los prejuicios y de las reprobables emociones revolucionarias del siglo XIX? ¿Será su alma lo bastante libre para proclamar de nuevo como artículos de fe oficiales los derechos feudales de caza, todos los trastos mohosos de las demás cargas feudales, las diferencias estamentales, la censura, la desigualdad fiscal, la nobleza, la monarquía absoluta y la pena de muerte, por la que se entusiasma Federico Guillermo IV, el saqueo y el despilfarro del trabajo nacional por los

«pálidos canallas
que tenían aspecto de fe, esperanza y caridad»,

por hidalgüelos hambrientos, tenientes de la Guardia y hojas de servicio encarnadas? ¿Será la Asamblea Nacional, aun en Brandeburgo, lo bastante libre interiormente para proclamar de nuevo todos estos artículos de la vieja miseria como artículos de fe oficiales?

Es sabido que el partido contrarrevolucionario había repartido la consigna constitucional: «¡Terminar la obra constitucional!».

El órgano del ministerio Brandenburg-Manteuffel-Ladenberg desdeña llevar más tiempo esa máscara.

«La situación», confiesa el órgano oficial, «ha llegado a un punto en que ni siquiera la tan anhelada terminación de la obra constitucional puede ya ayudarnos. Pues ¿quién puede ocultarse por más tiempo que un documento dictado a los representantes del pueblo párrafo tras párrafo bajo la rueda y la horca, y arrancado a la Corona por ellos, solo se considerará vinculante mientras la coacción más directa sea capaz de mantenerlo?».

¡Así pues, abolir de nuevo párrafo tras párrafo los míseros derechos populares conquistados por la Asamblea Nacional de Berlín: esa es la tarea de la Asamblea Nacional de Brandeburgo!

Si no restaura por completo, párrafo tras párrafo, los viejos trastos, pues bien, demostrará precisamente que ha recuperado en Brandeburgo la «libertad de movimiento exterior», pero no la libertad interior que reclama Potsdam.

¿Y cómo ha de obrar el gobierno contra el endurecimiento del alma, contra la falta de libertad interior de la Asamblea trasladada a Brandeburgo?

«Habría que proceder a la disolución», exclama la Neue Preußische Zeitung.

Pero el pueblo, se le ocurre, es quizá interiormente todavía menos libre que la Asamblea.

«Podría plantearse», dice encogiéndose de hombros, «la duda de si nuevas elecciones primarias no darían un resultado todavía más lamentable que las primeras».

El pueblo, en sus elecciones primarias, tendría la libertad de movimiento exterior. ¿Pero la libertad interior?

That is the question!

Los párrafos de la Asamblea salida de nuevas elecciones primarias podrían superar en impiedad a los antiguos.

¿Qué hacer, pues, contra los «viejos» párrafos?

La caballera de la cruz de la Landwehr se pone en guardia.

«El puño los ha parido» (los viejos párrafos desde el 19 de marzo), «el puño los derribará, y eso por la gracia de Dios y por derecho».

El puño restablecerá el «buen viejo régimen».

El puño es el último argumento de la Corona; el puño será el último argumento del pueblo.

Que ante todo rechace los puños mendicantes y hambrientos que le sacan de los bolsillos listas civiles y... cañones. Los puños fanfarrones adelgazarán en cuanto deje de cebarlos. Que el pueblo se niegue ante todo a pagar los impuestos, y luego contará de qué lado están más puños.

Todas las llamadas conquistas de marzo solo se considerarán vinculantes mientras la coacción más directa sea capaz de mantenerlas. El puño las ha parido, el puño las derribará.

La Neue Preußische Zeitung lo dice, y lo que dice la Neue Preußische Zeitung lo ha dicho Potsdam. ¡Así que basta de ilusiones! El pueblo tiene que acabar con las medias tintas de marzo, o la Corona acabará con ellas.

  1. La Neue Preußische Zeitung (Kreuzzeitung) llevaba en la cabecera la cruz de hierro de la Landwehr con la divisa de las guerras de liberación de 1813: «Con Dios por el rey y la patria». ↩

  2. Wilhelm Zweiffel, fiscal superior (Oberprokurator) de Colonia, y Schlink, consejero del tribunal de apelación de Colonia, ambos diputados en la Asamblea Nacional prusiana. ↩

  3. «Magen» y «Mägen» son dos formas del plural de Magen, «estómago». ↩

  4. «¡Aviso a los señores Zweiffel y Schlink!». ↩

  5. David Hansemann (1790-1864), banquero de Aquisgrán, ministro de Hacienda de marzo a septiembre de 1848; su gabinete se presentó como «ministerio de la acción». La Neue Rheinische Zeitung lo apodaba Pinto, por Isaac de Pinto (1717-1787), financiero y especulador holandés. ↩

  6. «¡Aviso al señor Pinto-Hansemann!». El gabinete Auerswald-Hansemann había creado en Berlín un cuerpo de policía de constables a imitación de los ingleses. ↩

  7. La Inquisición, en Portugal y en España. ↩

  8. Las sortes Vergilianae: se abría al azar la Eneida y se tomaba como oráculo el primer verso que caía bajo los ojos. ↩

  9. Christian Karl Josias von Bunsen (1791-1860), diplomático prusiano y teólogo, amigo de Federico Guillermo IV y promotor de sus proyectos eclesiásticos. ↩

  10. Johann Albrecht Friedrich Eichhorn (1779-1856), ministro de Cultos de 1840 a 1848, símbolo de la política religiosa reaccionaria de Federico Guillermo IV; Ernst von Bodelschwingh (1794-1854), ministro del Interior hasta marzo de 1848; Adalbert von Ladenberg (1798-1855), ministro de Cultos desde noviembre de 1848 en el gabinete Brandenburg. ↩

  11. La «Unión» de luteranos y reformados impuesta por Federico Guillermo III desde 1817, con una liturgia («Agende») redactada en buena parte por el propio rey; los «viejos luteranos» que la rechazaron fueron perseguidos. ↩

  12. «Mi padre os castigó con azotes, yo os castigaré con escorpiones» (1 Reyes 12, 11). ↩

  13. «Sin más», «sin frases». ↩

  14. Es decir, de los obreros de Berlín. ↩