Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 109, 22 de septiembre de 1848 (Colonia), p. 1; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán
** Colonia, 21 de septiembre. La llamada Asamblea Nacional de Fráncfort aceptó, como es sabido, el armisticio sobre la base de la garantía de Prusia de que el Gobierno danés había comunicado oficialmente que estaba dispuesto a aceptar modificaciones.
Pero ya se sabe qué intrigas hubo en la votación de la cuestión previa. Las intrigas en la cuestión principal se han desarrollado fuera de la Asamblea.
Óigase lo que dice el Fædrelandet del 16 de septiembre:
Tras exponer las desventajas del armisticio realmente concluido frente al primer proyecto, pasa a las ventajas para Dinamarca. Inglaterra y Rusia intervendrían si estallara de nuevo la guerra; la unidad alemana, mantenida a duras penas por la guerra danesa, se desharía en el acto; la población de Jutlandia podría adiestrarse como milicia y el ejército duplicarse: «y 60.000 hombres en la estrecha península, apoyados por la flota, son un Dannevirke que la gran Alemania unida se pensará mucho antes de asaltar».
«Pero sea el armisticio como sea, lo cierto es que, una vez concluido, ratificado y garantizado, sería imperdonable que nosotros mismos dejáramos de cumplir sus condiciones o toleráramos que nuestros enemigos lo violaran. Eso nuestro Gobierno no lo hará en absoluto, en ello se puede y se debe confiar, y por eso no hay que dejarse inquietar por todos los rumores sobre cambios en las condiciones ya aceptadas que sacan al mercado los órganos de Schleswig-Holstein. Sabemos muy bien que los generales y funcionarios prusianos, y los alemanes en general, con algunas honrosas excepciones, no se toman tan en serio los compromisos y los juramentos, la lealtad y la buena fe; bien creemos que es verdad que el general Wrangel ha tenido la desvergüenza de hacer al comisario danés, el señor Reedtz, propuestas para romper las condiciones a fin de hacerlas más aceptables para sus amigos de Schleswig-Holstein; bien creemos que tanto la Asamblea de Fráncfort como el Ministerio prusiano consideran muy en orden imponernos cambios arbitrarios en lo que ya se ha aceptado y sellado con todas las formas válidas. Pero creemos también que lo más dañino que podría hacer nuestro Gobierno sería admitir el cambio de una sola tilde del tratado, porque entonces la «honradez alemana» no se recataría de pisotearlo en todo y por todo. Si Karl Moltke no encuentra corregentes, ya está establecido cómo deben nombrarse; el Gobierno danés puede elegir dos cuyo consentimiento esté asegurado de antemano, y entonces es asunto de Prusia cómo encuentra los suyos. Si los de Schleswig-Holstein no quieren obedecer, obligarlos es asunto de Prusia. Y si en el último plazo fijado, es decir, mañana 17 de septiembre, falta algo esencial en la ejecución del tratado, después de que por nuestra parte se hayan cumplido escrupulosamente todos los compromisos, corresponde al Gobierno danés fijar un plazo final, y si también este transcurre en vano, es su derecho y su deber hacer entrar el ejército danés en Schleswig y ocuparlo. Veremos entonces qué dice Europa y qué significan las garantías y los compromisos. No tenemos en verdad por qué temer las consecuencias; en todo caso, podemos soportarlas mejor que rebajarnos a nuestros propios ojos y a los del mundo entero dejándonos tratar como el siervo esclavo (træl) de la soberbia alemana y de la deshonestidad alemana.
Nos alegra poder dar, en el momento en que dejamos la pluma, la firme seguridad de que toda modificación del convenio de armisticio ya concluido es imposible por parte del Gobierno danés».
Hasta aquí el órgano semioficial del Gabinete danés.
¿Y ahora? ¿Quién es ahora el estafador, quién el estafado, quién el estafador estafado?