Escrito por Friedrich Engels en Colonia el 21 de julio de 1848 y publicado en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 52, del 22 de julio de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 256-259), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

**Colonia, 21 de julio. Nuestros lectores lo saben: siempre hemos considerado la guerra danesa con gran sangre fría. No nos hemos sumado ni a las fanfarronadas furibundas de los nacionalistas ni a la eterna cantinela del entusiasmo de paja de «Schleswig-Holstein ceñido por el mar».1 Conocíamos demasiado bien a nuestra patria; sabíamos lo que significa fiarse de Alemania.

Los acontecimientos han justificado plenamente nuestro modo de ver. La conquista de Schleswig por los daneses sin que nadie la impidiera, la reconquista del país y la marcha sobre Jutlandia, la retirada hasta el Schlei, la nueva conquista del ducado hasta el Königsau:2 toda esta incomprensible conducción de la guerra de principio a fin ha demostrado a los de Schleswig qué protección pueden esperar de la Alemania revolucionada, grande, fuerte, unida, etc., del pueblo supuestamente soberano de 45 millones. Pero para que pierdan todas las ganas de hacerse alemanes, para que la «opresión danesa» les resulte infinitamente más grata que la «libertad alemana», para eso Prusia, en nombre de la Confederación Germánica, ha negociado el armisticio que hoy publicamos en traducción literal.

Hasta ahora, cuando se concertaba un armisticio, lo habitual era que ambos ejércitos mantuvieran sus posiciones y que, a lo sumo, se interpusiera entre ellos una estrecha franja neutral. En este armisticio, el primer éxito de la «gloria de las armas prusianas», los prusianos victoriosos se retiran más de 20 millas,3 de Kolding hasta más acá de Lauenburgo, mientras que los daneses derrotados mantienen su posición junto a Kolding y solo abandonan Als. Más aún: si se denuncia el armisticio, los daneses vuelven a avanzar hasta las posiciones que ocupaban el 24 de junio, es decir, vuelven a ocupar sin desenvainar la espada una franja de 6 o 7 millas de ancho del norte de Schleswig, una franja de la que los han expulsado dos veces, mientras que los alemanes solo pueden volver a avanzar hasta Apenrade y sus alrededores. ¡Así se «salvaguarda el honor de las armas alemanas» y se promete al norte de Schleswig, esquilmado por cuatro inundaciones de tropas, una quinta y una sexta invasión!

Y no basta con eso: una parte del propio Schleswig quedará ocupada por tropas danesas durante el armisticio. Según el artículo 8, Schleswig será ocupado por los cuadros de los regimientos reclutados en el ducado, es decir, en parte por los soldados de Schleswig que tomaron parte en el movimiento y en parte por los que entonces estaban de guarnición en Dinamarca, combatieron contra el gobierno provisional en las filas del ejército danés, están mandados por oficiales daneses y son en todos los sentidos tropas danesas. Los periódicos daneses ven también el asunto desde este punto de vista:

«Sin duda», dice el Fædrelandet del 13 de julio, «la presencia de las leales tropas de Schleswig en el ducado fortalecerá considerablemente el sentimiento popular, que ahora, después de que el país ha conocido las desgracias de la guerra, se alzará con fuerza contra los autores de esas desgracias».

¡Y no digamos el movimiento de Schleswig-Holstein! Los daneses lo llaman sublevación y Prusia lo trata como una sublevación. El gobierno provisional, que Prusia y la Confederación Germánica habían reconocido, es sacrificado sin piedad; todas las leyes, ordenanzas, etc., promulgadas desde la independencia de Schleswig quedan sin efecto; en cambio, las leyes danesas abolidas vuelven a entrar en vigor. En suma, la respuesta sobre la famosa nota de Wildenbruch,4 que el señor Auerswald5 se negó a dar, se encuentra aquí, en el artículo 7 del proyecto de armisticio. Todo lo que había de revolucionario en el movimiento queda aniquilado sin miramientos, y en lugar del gobierno salido de la revolución aparece una administración legítima, nombrada por tres príncipes legítimos. Las tropas de Holstein y de Schleswig volverán a estar bajo mando danés y bajo el palo danés, y los barcos de Holstein y de Schleswig seguirán siendo, como antes, Dansk Eiendom («propiedad danesa»), pese a la reciente disposición del gobierno provisional.

Y el nuevo gobierno previsto es el colmo de todo esto. Escúchese al Fædrelandet:

«Aunque en el limitado círculo electoral para los miembros del nuevo gobierno elegidos por Dinamarca probablemente no encontremos la unión de energía y talento, inteligencia y experiencia de que Prusia dispondrá para su elección», no por eso está todo perdido. «Los miembros del gobierno, ciertamente, han de elegirse entre la población de los ducados; pero nadie nos prohíbe darles secretarios y ayudantes nacidos y residentes en otra parte. En la elección de estos secretarios y consejeros de gobierno se puede proceder según la capacidad y el talento, sin consideraciones locales, y no es improbable que esos hombres ejerzan una influencia considerable en todo el espíritu y la marcha de la administración. Es más, cabe esperar que incluso altos funcionarios daneses acepten un puesto así, subordinado por el rango; todo buen danés tendrá a honra, en las circunstancias actuales, ocupar un puesto semejante».

El periódico ministerial anuncia, pues, a los ducados una inundación no solo de tropas danesas, sino también de funcionarios daneses. Un gobierno medio danés instalará su sede en Rendsburgo, en territorio reconocido de la Confederación Germánica.

Estas son las ventajas del armisticio para Schleswig. Las ventajas para Alemania son igual de grandes. De la admisión de Schleswig en la Confederación no se dice una palabra; al contrario, la composición del nuevo gobierno desautoriza formalmente el acuerdo de la Dieta federal. La Confederación Germánica elige por Holstein, el rey de Dinamarca por Schleswig. Schleswig queda, pues, bajo soberanía danesa, no alemana.

En esta guerra danesa, Alemania podía haberse ganado de verdad un mérito obligando a abolir el peaje del Sund,6 ese robo de origen feudal. Las ciudades marítimas alemanas, castigadas por el bloqueo y por el apresamiento de sus barcos, habrían soportado con gusto ese castigo todavía más tiempo si se hubiera conseguido la abolición del peaje del Sund. Los gobiernos también habían hecho correr por todas partes que la abolición del peaje del Sund se impondría en cualquier caso. ¿Y en qué ha quedado esa bravata? Inglaterra y Rusia quieren que se mantenga el peaje del Sund, y la obediente Alemania, naturalmente, se conforma.

Que a cambio de la devolución de los barcos se restituyan las requisas de Jutlandia se entiende por sí solo, según el principio de que Alemania es lo bastante rica para pagarse su gloria.

¡Estas son las ventajas que el ministerio Hansemann ofrece al pueblo alemán en este proyecto de armisticio! ¡Estos son los frutos de una lucha de tres meses contra un pueblecito de 1½ millones! ¡Este es el resultado de todas las fanfarronadas de nuestros periódicos nacionalistas, de nuestros formidables comedaneses!

Según se dice, el armisticio no llegará a concertarse. El general Wrangel,7 animado por Beseler,8 se ha negado definitivamente a firmarlo, pese a todos los ruegos del conde Pourtalès, que le llevó la orden de Auerswald, y pese a todas las advertencias sobre su deber como general prusiano. Wrangel declaró que estaba ante todo a las órdenes del poder central alemán, y que este no daría su consentimiento si no se mantenía la posición actual de los ejércitos y el gobierno provisional no seguía en funciones hasta la paz.

Así pues, es probable que el proyecto prusiano no llegue a ejecutarse, pero no por eso deja de ser interesante como prueba de cómo sabe Prusia, cuando se pone a la cabeza, salvaguardar el honor y los intereses de Alemania.

  1. «Schleswig-Holstein meerumschlungen», canción patriótica de 1844, himno del movimiento alemán en los ducados. ↩

  2. El Schlei es un largo brazo de mar en el sur de Schleswig; el Königsau (Kongeå), el río que separaba Schleswig de Jutlandia. ↩

  3. La milla alemana equivalía a unos 7,5 kilómetros. ↩

  4. Nota entregada en abril de 1848 al gobierno danés por el enviado prusiano, el mayor Von Wildenbruch, según la cual Prusia intervenía en los ducados sobre todo para impedir que se impusieran en ellos los elementos radicales y republicanos. ↩

  5. Rudolf von Auerswald (1795-1866), presidente del Consejo de Ministros y ministro de Asuntos Exteriores de Prusia de junio a septiembre de 1848. ↩

  6. Derecho de paso que Dinamarca cobraba a los barcos que cruzaban el Sund, entre el Báltico y el mar del Norte; no se abolió hasta 1857. ↩

  7. Friedrich von Wrangel (1784-1877), general prusiano, comandante de las tropas de la Confederación en Schleswig-Holstein; en noviembre de 1848 ocupó Berlín para el golpe contrarrevolucionario. ↩

  8. Wilhelm Hartwig Beseler (1806-1884), abogado, miembro del gobierno provisional de Schleswig-Holstein. ↩