Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 62, 1 de agosto de 1848 (Colonia), p. 4, sección «Italia»; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán
* Milán, 25 de julio. Se acaba de publicar el siguiente extracto de un boletín:
«Villafranca, 24 de julio. Medianoche. (Cuartel general piamontés.) ¡La victoria es nuestra! Mañana a las 3 de la madrugada esperamos recoger sus frutos. El enemigo ha sido desalojado de todas sus posiciones, y el duque de Génova acampa en Somma Campagna, desde donde ha cortado la retirada hacia Verona al enemigo, que ha sido empujado hacia el Mincio. Algunos aseguran que una parte ha cruzado incluso ese río. Si así fuera, a los batallones de lombardos (estudiantes de Milán) les será fácil apoderarse de los fugitivos. Lo principal de la jornada es que el cuerpo enemigo, que según quieren algunos prisioneros mandan Radetzky y Nugent, ha quedado separado de Verona, etc. Mañana tendrá que librar una segunda batalla y será derrotado y hecho prisionero. Las pérdidas no se conocen con exactitud; si son considerables para los austriacos, tampoco son pequeñas para nosotros.»
Los austriacos, en efecto, atacaron a nuestras tropas con grandes fuerzas en las alturas de Rivoli y en Bosco, entre Somma Campagna y Villafranca. Los nuestros, tras tres horas de combate, tuvieron que abandonar el campo a los austriacos, infinitamente superiores en número. En cambio, la brigada Pignerolles se sostuvo en Bosco e incluso rechazó al enemigo. Cuando se supo esto en Marmirolo (en el cuartel general), Carlos Alberto marchó en el acto con todo el ejército hacia Villafranca; para el bloqueo de Mantua dejó solo algunos cuerpos piamonteses y a los lombardos. Los austriacos, 25.000 hombres, ocupaban la mañana del 24 los alrededores de Somma Campagna; sus avanzadas llegaban hasta Custoza. El ejército italiano se formó en orden de batalla nada más llegar.
* Milán, 26 de julio. Mediodía. Viajeros, correos y un despacho al Gobierno provisional que acaban de llegar traen la importante noticia de que los austriacos han sido completamente derrotados en Sommacampagna.
Cerca de 7000 prisioneros, más de 40 cañones y 12 banderas austriacas están en manos de nuestro ejército victorioso. El júbilo en Milán es indescriptible.
Las noticias anteriores las confirma la siguiente comunicación de Suiza en el Frankfurter Journal:
Zúrich, 28 de julio. En una carta de Milán del 26 de este mes se dice: «Según la noticia oficial que se acaba de recibir y de promulgar, los italianos han quedado vencedores en una batalla decisiva librada ayer; han hecho 12.000 prisioneros austriacos y se han apoderado de 50 cañones y 17 banderas. Muchos muertos en ambos bandos.»
— Es muy interesante ver cómo la Allgemeine Zeitung de Augsburgo publica partes de victoria completamente opuestos. En su último número da la noticia, traída a su corresponsal por un correo a Botzen, de que Radetzky ha vencido y ha aniquilado a los italianos.
Pero si se quiere ver de manera bien llamativa el viejo sistema de mentiras austriaco, tal como lo practican los Radetzky, los Welden y la «Augsburguesa», léase la siguiente carta, recién llegada de una casa de Trieste a una respetable casa de comercio de Colonia:
P. P. Trieste, 25 de julio. «Acaba de llegar aquí la noticia oficial y segura de que el 23 de este mes, a la una, Radetzky hizo una salida desde Verona y desde Mantua a la vez, desalojó de sus atrincheramientos al ejército piamontés, lo persiguió hasta entrada la noche y lo derrotó por completo. La salida se hizo en medio de una tormenta espantosa.»
Nuestras noticias de Milán, como la confirmación que de ellas llega de Zúrich, muestran de sobra qué hay que pensar de semejantes noticias «oficiales» de victoria de los austriacos.
* Roma, 21 de julio. La sesión de ayer de los diputados fue casi tan tormentosa como la sesión de la tormenta del 19. El presidente, que había ido con la comisión a ver al papa para entregarle la alocución aprobada el 18, informa del resultado. La respuesta del papa consistió, en lo esencial, en declarar que estaba plenamente dispuesto a dar todas las órdenes necesarias para asegurar el derecho de defensa; que nunca había pensado renunciar a ese derecho; antes bien, aseguraba que quería conservarlo intacto. Serenelli informa a continuación sobre la petición que el pueblo había dirigido a la Cámara (véase el número de ayer de este periódico). Su informe concluye que la patria no está en peligro. A esta declaración sigue un estallido de profunda indignación en la mayoría de la Cámara y en las tribunas. Montanari y Fiorenzi responden llenos de indignación y entre grandes aplausos. Sterbini propone que, como en Bolonia, se constituya un comité de guerra. Cuando Campello le replica que ya se ha constituido uno, y, a la pregunta de otro diputado por los nombres de sus miembros, cita el de Durando, se desata una segunda tormenta, mucho peor. Porque Durando está procesado por lo de Vicenza y el pueblo no se fía de él. El presidente impone silencio a las tribunas. Pero un discurso furioso de Pantaleoni contra el público asistente lo exaspera de tal modo que vuelven a empezar los gritos y el alboroto. El presidente quiere desalojar las tribunas. Varios diputados se dirigen al público con palabras apaciguadoras. Eso surtió efecto. Desde entonces las tribunas permanecieron tranquilas. Mamiani prometió para la próxima sesión una declaración definitiva sobre la crisis ministerial. La enmienda de Farini: «Puesto que la patria está en peligro, se requieren las medidas de defensa más enérgicas y más rápidas», fue aprobada por gran mayoría. El ministro de Hacienda declara que hará todo lo posible para reunir los medios necesarios para ejecutar las medidas de guerra. En la frontera napolitana las tropas reales se concentran cada día en mayor número. El choque está próximo.
‖ Nápoles, 13 de julio. El periódico semioficial Tempo se alegra de que la expedición contra Sicilia esté prácticamente decidida. Al mismo tiempo exhorta al Gobierno a llevar la lucha contra Sicilia con toda su fuerza y decisión. No se deja de enviar soldados a Calabria, para completar cuanto antes los 30.000 hombres destinados contra Sicilia. Todo barco del que se puede echar mano lo retiene el Gobierno para transportar la expedición. Las tropas que estaban hasta ahora en L'Aquila marchan por Montereale hacia la frontera pontificia. El 17, el presidente de la Cámara de Diputados estuvo con los ministros para instarles a decretar una amnistía general. Como era de esperar, se rechazó con sorna semejante pretensión. Inglaterra ha protestado contra los armamentos dirigidos contra Sicilia. Se dice que Fernando ha montado en cólera indescriptible. Porque, si Inglaterra no quiere, Fernando tampoco puede querer. Se va a reorganizar todo el Estado Mayor de la Marina; se ha vuelto sospechoso por sus ideas liberales. Ayer el enviado de la República francesa tuvo una entrevista con Fernando, también, según se dice, a causa de Sicilia. Los patriotas esperan que la República francesa ayude a frustrar, al menos esta vez, las alegrías de carnicero de Fernando.
* Nápoles, 19 de julio. Aunque la insurrección de Calabria parece bastante sofocada, Tarento sigue en plena rebelión. Los insurgentes se han apoderado de todos los fuertes y han cerrado el puerto con fuertes cadenas contra cualquier intento de las barcazas de desembarco fernandinas. Aquí se afirma por todas partes que el almirante francés Baudin ha atacado la ciudadela de Mesina.