Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 63, 2 de agosto de 1848 (Colonia), pp. 2-3, sección «Italia» (sin la noticia de Verona tomada de la Allgemeine Zeitung de Augsburgo); atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán

* En el número de ayer de este periódico publicamos el boletín de victoria del Gobierno provisional de Milán y mencionamos luego los boletines de victoria opuestos, de Botzen, en la «Augsburguesa», y de Trieste.

Considerábamos más digno de crédito el primero porque la noticia del boletín que nos llegó directamente de Milán se veía confirmada al mismo tiempo por informes de dos ciudades suizas distintas, Zúrich y Basilea, que están unidas a Milán por múltiples lazos comerciales y por comunicaciones geográficamente rápidas. Pero sobre todo tenía que ser decisiva para el juicio la circunstancia de que los partes de victoria austriacos estaban fechados antes y hablaban del combate del 23, mientras que el boletín de Milán se refería al 24 y a comienzos del 25 de julio. Estas circunstancias coincidentes no nos dejaban dudar de que la victoria de los italianos era cierta. A ello se sumaba que los austriacos ya habían publicado antes partes de victoria, por ejemplo sobre una victoria en Curtatone que luego resultó ser precisamente una derrota de los austriacos, y que fue precisamente la «Augsburguesa» la que glorificó aquella supuesta victoria. La comparación de los informes de los dos bandos muestra que los italianos obtuvieron de hecho una victoria, que sin embargo les arrebataron las tropas austriacas que llegaban de refresco. Si algo hubiera podido hacernos dudar, habría sido la personalidad ambiciosa, pero completamente incapaz, de Carlos Alberto, sobre el que ya hemos expresado varias veces nuestra opinión. A pesar de todas las malas cualidades de esa «espada de Italia», quedaba al menos la posibilidad de que alguno de sus generales, favorecido por posiciones tan extraordinariamente ventajosas, tuviera la habilidad militar necesaria para atar la victoria a la causa italiana. La realidad muestra que no es así. Con ello está sellado el destino de Carlos Alberto. Incluso su trono actual, por no hablar del trono soñado de toda Italia, se derrumbará en breve. Como vencedor podía esperar satisfacer durante algún tiempo su ambición; vencido, los propios italianos lo arrojarán muy pronto a un lado como un instrumento inservible. Italia, tras muchos sacrificios sangrientos, vencerá sin embargo y mostrará que, para conquistar su libertad y su independencia nacional, no necesita la mísera personalidad del rey de Cerdeña.

* Milán, 27 de julio. Por la tarde. Al boletín de victoria de ayer ha seguido hoy otro, del que se desprende que el combate entre los dos ejércitos enemigos se reanudó. Los austriacos fueron reforzados con nuevas masas de tropas y, tras un combate verdaderamente mortífero para ambas partes, los italianos tuvieron que replegarse sobre Goito. El boletín que acaba de publicar el Gobierno provisional dice así:

«Recibimos informes oficiales sobre la batalla librada en los tres últimos días. El enemigo, reforzado con tropas nuevas, intentó un ataque en toda la línea, apoyándose en las tres fortalezas de Mantua, Legnago y Verona. El domingo (23 de julio), las divisiones avanzadas del ejército, en Rivoli y Sommacampagna, abrumadas por el número, tuvieron que abandonar esas posiciones fortificadas tras una resistencia honrosa. El lunes (24), el rey Carlos Alberto acudió desde Marmirolo a Villafranca, y los nuestros volvieron a conquistar las posiciones de Sommacampagna. El combate fue largo y sangriento, las pérdidas del enemigo mayores que las nuestras, y la jornada terminó con perspectivas de una victoria completa al día siguiente. Pero el martes, mientras nuestra artillería tronaba desde las alturas de Sommacampagna, llegó un nuevo cuerpo enemigo que, a las órdenes de Radetzky, había salido de Verona, donde se había concentrado desde Legnago y Vicenza, y cayó sobre la retaguardia de los nuestros. Tras una resistencia mortífera para el enemigo, se consideró peligroso sostener unas posiciones tan expuestas y extensas, y el ejército se retiró a Villafranca, desde donde, por la noche, llevando consigo 2500 prisioneros y sin que el enemigo se atreviera a perseguirlo, se replegó sobre Goito para reponerse de los esfuerzos extraordinarios de estos tres días de combate y reunirse de nuevo con los cuerpos de reserva en la línea del Mincio. Peschiera la defiende valientemente el ala izquierda del ejército, a las órdenes del general Sonnaz.»

— Radetzky ha publicado desde su cuartel general del Palazzo Alzarea, junto a Castelnuovo, un boletín fechado el 24 de julio a las 2 de la tarde, cuya conclusión dice así:

«Domino, pues, en el día de hoy los pasos enemigos a lo largo del Mincio en Peschiera, Salionze y Monzambano, y amenazo también el de Valeggio; he ocupado por completo la falda meridional de la montaña a este lado del río, y me encuentro así en una posición de flanco muy fuerte frente a Villafranca y Roverbella, para poder atacar al rey por la retaguardia si marchara contra Verona, mientras tengo a la vez a mi disposición toda la región de colinas sobre Castelnuovo, Pastrengo y Rivoli, y he reabierto por completo mi comunicación con el Tirol, y esta valiente tierra, donde se encuentra nuestro graciosísimo emperador, ha quedado libre de toda amenaza ulterior. Los acontecimientos posteriores decidirán lo que esté en condiciones de hacer en los días próximos. Por ahora he roto la extensa posición del rey de Rivoli hasta el Po, me he adueñado de la región de colinas y he obtenido así una posición táctica que me hace al menos 10.000 hombres más fuerte de lo que en realidad soy, pues el enemigo tiene que atacarme desde la llanura contra las alturas. Nuestras pérdidas, gracias a Dios, no son relativamente muy importantes. Los señores comandantes de cuerpo, el conde Wratislaw y el barón D'Aspre, el general de brigada príncipe Friedrich Lichtenstein, del 2.º cuerpo, que tomó al asalto sobre todo las alturas de Sona, así como las brigadas Suplikatz y Wohlgemuth, de la división Rath del 1.er cuerpo, que tomaron al asalto las alturas de Sommacampagna, se han distinguido especialmente en ello.»

† Florencia, 23 de julio. En Módena ha habido disturbios dos noches seguidas. El partido reaccionario intentó un alzamiento contando con la llegada de los austriacos, cuya invasión de Ferrara lo había llenado de esperanzas. El Gobierno de aquí hace acuñar una medalla que lleva en una cara el retrato del gran duque y en la otra las palabras «guerra de independencia italiana, 1848». Un decreto dispone que, al terminar la guerra, se condecore con esa medalla a todos los toscanos que hayan tomado parte en ella.