Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 51, 21 de julio de 1848 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/7). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán

*Florencia, 12 de julio. El periódico de aquí L'Alba comenta las últimas hazañas de la Asamblea Nacional de Fráncfort. Así como, para despertar o afianzar la moral, se presentan a la gente ejemplos que la aparten de un proceder semejante, así sirve el Parlamento de Fráncfort de ejemplo a otros pueblos de cómo no deben hacer las cosas. «Grandes esperanzas —dice L'Alba— había despertado la Asamblea de Fráncfort de los representantes alemanes en el corazón de todos los demócratas. La vieja Dieta federal ha caído, aquella Dieta que, dependiente por completo de la cancillería de la corte austriaca y del liberalismo hipócrita de la corte prusiana, tan maravillosamente había servido para mantener divididos los distintos Estados de Alemania, aunque dentro de un anillo de hierro, en lugar de unirlos. La historia de lo que la Dieta federal alemana ha hecho desde 1815 en apoyo de la opresión ejercida por los príncipes contra los pueblos debería tenerla ahora siempre presente Italia, para que la Dieta italiana, cuando llegue a constituirse, no sea, como la alemana, una Dieta de enviados de los príncipes, sino de diputados de toda la nación elegidos directamente por el pueblo.

»Nos mueve a estas consideraciones ver cómo la Asamblea Nacional de Fráncfort ha hecho abortar todo plan amplio y generoso de restablecer la nacionalidad alemana, nombrando a un "regente irresponsable" del Imperio, y para este puesto tan influyente a un archiduque austriaco.1 En verdad, el pueblo alemán, al elegir a sus representantes en Fráncfort, no pensaba en nombrar a los grandes electores o príncipes electores de un regente o de un nuevo emperador. Con mucha razón observó un orador popular, que desde la tribuna protestó contra aquella votación, que este voto imprudente, en lugar de "colmar el abismo de las revoluciones", abrirá el camino a nuevos intentos de insurrección. Así lo entendieron también los 93 miembros del partido democrático que protestaron, y así lo entendió el diputado de Baden que presentó su dimisión. Y es seguro: semejante votación ha traicionado las esperanzas (?) de la democracia, y esta se levantará en defensa de sus derechos pisoteados. Se ha desvanecido ahora la esperanza de una solución amistosa; toda ilusión ha desaparecido, y es de prever que la seria contienda se decidirá con las armas…»

Así L'Alba sobre la Asamblea de Fráncfort.

*Turín, 13 de julio. En la sesión de ayer de la Cámara de Diputados se discutió el proyecto de ley presentado por Gioia a raíz de los disturbios ocurridos en Piacenza. Esto dio ocasión a una abundante cosecha de datos sobre las maquinaciones secretas y abiertas del partido reaccionario en el reino de Cerdeña, sobre todo en Saboya. En esta última provincia se ha utilizado en particular el proyecto de ley de expulsión perpetua de las Hermanas del Sagrado Corazón, junto con los jesuitas, para soliviantar al pueblo. Con hojas volantes y desde los púlpitos se ha hecho creer a los habitantes que todas las órdenes religiosas, incluso las queridas y respetadas por el pueblo, iban a ser suprimidas. Una circular del obispo de Annecy sobre el mismo asunto ha aumentado aún más la agitación. Poco a poco salen a la luz multitud de hechos y maniobras de lo más inquietantes, que muestran lo activa que es la reacción. Finalmente se rechaza la propuesta de Gioia y se acuerda en cambio nombrar una comisión con plenos poderes discrecionales para investigar los sucesos de Saboya. — Según se dice, Giacinto Collegno ha recibido el encargo de formar un nuevo ministerio, y Casati, que llegó ayer a Turín, asumirá la presidencia sin cartera. El día 11 salieron del arsenal de marina de Génova varias cañoneras en carros construidos especialmente para ello, con destino a Peschiera, para ser empleadas en el lago de Garda. Según noticias del teatro de la guerra, se ha producido el ataque contra Legnago, y en una amplia zona se ha oído un cañoneo continuo. Los debates de la Asamblea Nacional de Fráncfort sobre el informe de Raumer acerca de la guerra en Italia dan pie a La Concordia para un artículo bastante largo y unas cuantas observaciones breves. «Sería hora ya —dice este periódico— de que Alemania pensara en su propio interés y considerara como es debido las nuevas relaciones de amistad, no solo con Lombardía y Venecia, sino con toda Italia. Su industria, causa principal de la guerra, estaría mucho mejor asegurada con una paz leal que con nuevas devastaciones. Pero el primer artículo, indispensable, de esa paz tendría que ser el que proclamara el abandono completo de toda Italia, que hoy derrama su sangre y cuya independencia costará aún mucha sangre austriaca.»

*Venecia, 6 de julio. En la sesión de ayer de la Asamblea provincial, que se ha declarado permanente, Malfatti propuso que la Asamblea declarara que Manin se había hecho acreedor a la gratitud de la patria (vivos aplausos). Manin: «Todos los italianos se han hecho acreedores a la gratitud de la patria. Si mis conciudadanos quieren mostrarse agradecidos, les ruego, les suplico, que hagan durar la concordia tan hermosamente iniciada ayer hasta que Italia esté libre del enemigo. Por el amor de Dios, que no se hable más de partidos entre nosotros hasta que el enemigo haya sido expulsado. Esa es la única recompensa que pido.» (Aplausos.)

A continuación se plantea la cuestión de si los ministros de la República han de ser confirmados para el nuevo gobierno o si se han de celebrar nuevas elecciones. Se decide esto último. Se vota en secreto, y resultan 69 votos para Manin, 42 para Paleocapa y 9 para Castelli. Manin sube a la tribuna y pide a la Asamblea que elija a otro en su lugar, pues no puede aceptar el cargo. «Nunca he ocultado —dice— que he sido republicano y que lo seré siempre. En un Estado monárquico no puedo servir de nada; puedo pertenecer a la oposición, pero no ser miembro del gobierno.» La Asamblea insiste ante Manin para que acepte la elección, pero él vuelve a negarse resueltamente. En la nueva elección resultan nombrados: Castelli, Paleocapa, Camerata, Paolucci, Leopardo, Martinengo, Cavedalis y Reali.

*Mesina, 6 de julio. Según cartas de Palermo, ha partido de allí hacia Génova una delegación en dos vapores sicilianos para comunicar al duque de Génova su designación como rey de Sicilia.

= Roma, 10 de julio. Nadie duda aquí de la autenticidad del despacho del cardenal Soglia que se ha encontrado. El despacho se imprimió en muchos miles de ejemplares y se repartió aquí entre el pueblo por todas partes; aparecía en todas las calles y en todas las esquinas. El efecto deseado, ciertamente, no se ha conseguido, pero en la ciudad reina un mal ambiente. El ministro Mamiani habría preguntado al papa qué actitud debía adoptar respecto de ese despacho en el periódico oficial, si reconocerlo como auténtico o declararlo apócrifo. El papa le habría respondido con la mayor calma: «Esas cartas se escribieron al dictado suyo; en cuanto a la escrita en cifra, se descifrará sin dificultad; pero ambas contienen sus verdaderos sentimientos; por lo demás, en el periódico oficial se puede guardar silencio por ahora, pues dentro de poco se sabrá quién es él y si ha obrado o no como corresponde para con todos, y en particular para con Italia.

‖ Nápoles, 6 de julio. Ayer llegó a la dársena el cadáver del general Nicolotti, y anteayer el del mayor Salsano. Ya puede deducirse de ello lo encarnizada que está la lucha en Calabria. La Unione ha recibido con el vapor francés Panama noticias más precisas sobre los últimos acontecimientos de la guerra. De los 5000 hombres que estaban a las órdenes de Nunziante, apenas 800 se han salvado a bordo de los barcos. Toda la artillería está en manos de los vencedores, junto con 23 000 ducados que se encontraron en la caja militar. Nunziante habría luchado con valor y estaría gravemente herido en manos de los calabreses. Lo han llevado a Cosenza; su caballo, a Nápoles.

  1. El archiduque Juan de Austria, elegido regente del Imperio (Reichsverweser) por la Asamblea de Fráncfort el 29 de junio de 1848. ↩