Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung (Colonia), n.º 25, del 25 de junio de 1848. La MEW no precisa si es de Marx o de Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 104-105), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
**Colonia, 24 de junio.
«Si el prestigio de la Asamblea de Fráncfort y sus disposiciones constitucionales mantienen a raya a Francia, no hay peligro: Prusia restablecerá su prestigio desde sus provincias orientales, y para ello quizá apenas le asuste una pérdida momentánea de su provincia del Rin». (Periódico de Gervinus,1 22 de junio.)
¡Qué diplomático escribe el corresponsal en Berlín del periódico de los profesores! Prusia restablecerá «su prestigio» desde «sus provincias orientales». ¿Dónde restablecerá su prestigio? ¿En las provincias orientales? Nada de eso: desde las provincias orientales. ¿En la provincia del Rin? Menos aún. Pues al restablecer así su prestigio cuenta con «una pérdida momentánea de la provincia del Rin», es decir, con una pérdida momentánea de su «prestigio» en la provincia del Rin.
Así pues, en Berlín y en Breslau.
¿Y por qué no restablecerá con su provincia oriental, por qué restablecerá desde su provincia oriental el prestigio que, según parece, ha perdido en Berlín y en Breslau?
Rusia no es la provincia oriental de Prusia; Prusia es más bien la provincia occidental de Rusia. Pero desde la provincia oriental prusiana, del brazo de los buenos pomeranos, los rusos marcharán sobre Sodoma y Gomorra y restablecerán el «prestigio» de Prusia, es decir, de la dinastía prusiana, de la monarquía absoluta. Ese «prestigio» quedó perdido el día en que el absolutismo tuvo que interponer entre él y su pueblo un «papelucho» «escrito», manchado de sangre plebeya,2 en que la corte se vio obligada a ponerse bajo la protección y la vigilancia de comerciantes burgueses de grano y de lana.3
Así pues, el amigo, el salvador, viene del este; ¿para qué ocupar militarmente la frontera por ese lado? Del oeste viene el enemigo; hacia el oeste hay que concentrar, por tanto, las fuerzas. Un ingenuo corresponsal berlinés de la Kölnische Zeitung no comprende el heroísmo de Pfuel,4 el buen amigo de los polacos, que acepta una misión en Petersburgo sin tener detrás una guardia de 100.000 hombres. ¡Pfuel viaja sin miedo a Petersburgo! ¡Pfuel en Petersburgo! ¡Pfuel no teme cruzar la frontera rusa, y el público alemán fantasea con tropas rusas en la frontera alemana! El corresponsal de la Kölnische Zeitung compadece al público alemán. ¡Pero volvamos a nuestro periódico de profesores!
Si los rusos acuden en ayuda de la dinastía prusiana desde el este, los franceses acudirán en ayuda del pueblo alemán desde el oeste. Y la «Asamblea de Fráncfort» puede seguir debatiendo tranquilamente sobre el mejor orden del día y las mejores «disposiciones constitucionales». El corresponsal del periódico de Gervinus oculta esta opinión bajo la flor retórica de que «la Asamblea de Fráncfort y sus disposiciones constitucionales» mantendrán a Francia «a raya». Prusia perderá la provincia del Rin. Pero ¿por qué habría de asustarle esa pérdida? Solo será «momentánea». El patriotismo alemán marchará una vez más bajo mando ruso contra la Babilonia gala5 y restablecerá duraderamente «el prestigio de Prusia» también en la provincia del Rin y en toda la Alemania del Sur. ¡Ángel lleno de presentimientos!6
Si a Prusia «no le asusta una pérdida momentánea de la provincia del Rin», a la provincia del Rin le asusta todavía menos una pérdida «permanente» de la dominación prusiana. Si los prusianos se alían con los rusos, los alemanes se aliarán con los franceses y harán unidos a ellos la guerra del oeste contra el este, de la civilización contra la barbarie, de la república contra la autocracia.
Queremos la unidad de Alemania, pero solo de la descomposición de las grandes monarquías alemanas pueden desprenderse los elementos de esa unidad. Solo en la tormenta de la guerra y de la revolución quedarán forjados juntos. El constitucionalismo, en cambio, desaparece por sí solo en cuanto la consigna de los acontecimientos reza: autocracia o república. Pero, nos gritan indignados los burgueses constitucionales, ¿quién ha traído a los rusos sobre los alemanes? ¿Quién sino los demócratas? ¡Abajo los demócratas! ¡Y tienen razón!
Si hubiéramos introducido nosotros mismos en casa el sistema ruso, ahorraríamos a los rusos el trabajo de introducirlo, y a nosotros... los gastos de la guerra.
La Deutsche Zeitung, diario liberal de Heidelberg dirigido por el historiador Georg Gottfried Gervinus (1805-1871); de ahí también lo de «periódico de los profesores». ↩
En la apertura de la Dieta Unida, en abril de 1847, Federico Guillermo IV declaró que nunca permitiría que entre Dios y su país se interpusiera una «hoja escrita», es decir, una Constitución. ↩
Alusión a Camphausen, comerciante de grano, y a Hansemann, comerciante de lana, ministros desde marzo de 1848. ↩
Ernst von Pfuel (1779-1866), general prusiano, responsable de la represión en Posen; en junio de 1848 fue enviado en misión a San Petersburgo. ↩
París. El original dice welsch, término despectivo alemán para lo latino, y en especial para lo francés. ↩
Goethe, Fausto, primera parte, escena «Jardín de Marta». ↩