Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 1, del 1 de junio de 1848; según la MEW, escrito por Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 14-17), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

**Colonia, 31 de mayo. Desde hace catorce días Alemania tiene una Asamblea Nacional constituyente, salida de la elección de todo el pueblo alemán.1

El pueblo alemán había conquistado su soberanía en las calles de casi todas las ciudades del país, grandes y pequeñas, y en especial en las barricadas de Viena y de Berlín.2 Había ejercido esa soberanía en las elecciones a la Asamblea Nacional.

El primer acto de la Asamblea Nacional tenía que ser proclamar en voz alta y públicamente esta soberanía del pueblo alemán.

Su segundo acto tenía que ser elaborar la Constitución alemana sobre la base de la soberanía del pueblo y eliminar de la situación de hecho existente en Alemania todo lo que contradijera el principio de la soberanía popular.

Durante toda su sesión tenía que tomar las medidas necesarias para frustrar todos los intentos de la reacción, para afirmar el terreno revolucionario en que se asienta, para poner a salvo de cualquier ataque la conquista de la revolución, la soberanía del pueblo.

La Asamblea Nacional alemana ha celebrado ya cerca de una docena de sesiones y no ha hecho nada de todo eso.

En cambio, ha asegurado la salvación de Alemania con las siguientes hazañas:

La Asamblea Nacional comprendió que tenía que tener un reglamento, pues sabía que donde se juntan dos o tres alemanes tiene que haber un reglamento, porque si no deciden las patas de los taburetes. Ahora bien, algún maestro de escuela había previsto el caso y había redactado un reglamento especial para la alta Asamblea. Se propone aprobar provisionalmente este ejercicio escolar; la mayoría de los diputados no lo conocen, pero la Asamblea lo aprueba sin más, porque ¿qué habría sido de los representantes de Alemania sin reglamento? Fiat reglementum partout et toujours!3

El señor Raveaux, de Colonia, presentó una propuesta del todo inofensiva sobre los casos de conflicto entre la Asamblea de Fráncfort y la de Berlín.4 Pero la Asamblea está discutiendo el reglamento definitivo, y aunque la propuesta de Raveaux corre prisa, el reglamento corre todavía más. Pereat mundus, fiat reglementum!5 Sin embargo, la sabiduría de los filisteos elegidos6 no puede resistirse a observar también algo sobre la propuesta de Raveaux, y poco a poco, mientras todavía se discute si debe ir antes el reglamento o la propuesta, van saliendo ya cerca de dos docenas de enmiendas a esta propuesta. Se conversa sobre ello, se habla, uno se queda atascado, se arma ruido, se pierde el tiempo y se aplaza la votación del 19 al 22 de mayo. El 22 vuelve el asunto; llueven nuevas enmiendas, nuevas digresiones, y tras mucho hablar y repetidos barullos se decide devolver a las secciones la cuestión ya puesta en el orden del día. Con esto, por fortuna, se ha pasado el tiempo y los señores diputados se van a comer.

El 23 de mayo primero se riñe por el acta; luego vuelven a recibirse innumerables propuestas, y después se quiere pasar de nuevo al orden del día, es decir, al tan querido reglamento, cuando Zitz, de Maguncia, saca a relucir las brutalidades de los militares prusianos y las usurpaciones despóticas del comandante prusiano de Maguncia.7 Aquí había un intento de la reacción indiscutible y logrado, un caso que caía de lleno en la competencia de la Asamblea. Se trataba de pedir cuentas al soldado insolente que se había atrevido a amenazar con el bombardeo a Maguncia casi ante los ojos de la Asamblea Nacional; se trataba de proteger a los maguntinos desarmados, en sus propias casas, de las violencias de una soldadesca que se les había impuesto y a la que se había azuzado contra ellos. Pero el señor Bassermann, el aguador de Baden,8 declara que todo eso son pequeñeces; que hay que abandonar Maguncia a su suerte, que el todo va antes, que aquí está reunida la Asamblea deliberando sobre un reglamento en interés de Alemania entera; y, en efecto, ¿qué es a su lado el bombardeo de Maguncia? Pereat Moguntia, fiat reglementum!9 Pero la Asamblea tiene buen corazón, elige una comisión que debe ir a Maguncia a investigar el asunto, y... ya es hora, efectivamente, de levantar la sesión e ir a comer.

El 24 de mayo, por fin, perdemos el hilo parlamentario. El reglamento parece haberse terminado o haberse extraviado; en todo caso no volvemos a oír hablar de él. En cambio, cae sobre nosotros una auténtica granizada de propuestas bienintencionadas en las que numerosos representantes del pueblo soberano dieron prueba de la tozudez de su limitado entendimiento de súbditos.10 Luego vinieron escritos, peticiones, protestas, etc., y finalmente la aguachirle nacional encontró en innumerables discursos que se iban por las ramas un débouché.11 Pero no hay que callar que se nombraron cuatro comités.

Por último pidió la palabra el señor Schlöffel.12 Tres ciudadanos alemanes, los señores Esselen, Pelz y Löwenstein,13 habían recibido la orden de abandonar Fráncfort ese mismo día antes de las cuatro de la tarde. La alta y sapientísima policía sostenía que los citados señores se habían ganado con sus discursos en la Asociación Obrera la indignación de la ciudadanía y que por eso tenían que irse. ¡Y esto se lo permite la policía después de que el Preparlamento proclamara la ciudadanía alemana,14 después de que esta haya sido reconocida incluso en el proyecto de Constitución de los diecisiete «hombres de confianza» (hommes de confiance de la diète)!15 El asunto es urgente. El señor Schlöffel pide la palabra sobre él; se le niega; pide hablar sobre la urgencia del asunto, cosa a la que tenía derecho según el reglamento, y esta vez se dijo: fiat politia, pereat reglementum!16 Naturalmente, porque era hora de irse a casa a comer.

El 25, las cabezas de los diputados, cargadas de pensamientos, volvieron a inclinarse bajo las propuestas llegadas en masa, como espigas maduras bajo un aguacero. Dos diputados intentaron de nuevo sacar a colación el asunto de las expulsiones, pero tampoco a ellos se les concedió la palabra, ni siquiera sobre la urgencia del caso. Algunos escritos recibidos, en especial uno de los polacos, eran mucho más interesantes que todas las propuestas de los diputados. Pero ahora, por fin, tomó la palabra la comisión enviada a Maguncia. Declaró que no podría informar hasta el día siguiente; que, por lo demás, había llegado, como es natural, demasiado tarde; que 8.000 bayonetas prusianas habían restablecido la tranquilidad desarmando a 1.200 guardias cívicos, y que de momento no se podía hacer otra cosa que pasar al orden del día. Así se hizo, para abordar acto seguido el orden del día, es decir, la propuesta de Raveaux. Como esta seguía sin resolverse en Fráncfort, pero en Berlín se había vuelto inútil hacía tiempo por un decreto de Auerswald,17 la Asamblea Nacional decidió aplazar el asunto hasta el día siguiente e ir a comer.

El 26 se anunciaron de nuevo miríadas de propuestas, y a continuación la comisión de Maguncia presentó su informe definitivo y muy indeciso. El ponente fue el señor Hergenhahn, ex hombre del pueblo y ministro pro tempore.18 Propuso una resolución sumamente moderada, pero tras una larga discusión la Asamblea encontró demasiado fuerte incluso esta mansa propuesta; decidió abandonar a los maguntinos a la merced de los prusianos mandados por un Hüser19 y pasó al orden del día, «en la confianza de que los gobiernos harán lo que es de su incumbencia». Este orden del día consistió de nuevo en que los señores se fueran a comer.

El 27 de mayo, por fin, tras largos preliminares a propósito del acta, se debatió la propuesta de Raveaux. Se habló de un lado y de otro hasta las dos y media y luego se fue a comer; pero esta vez se celebró una sesión de noche y se llevó por fin el asunto a término. Como, por la excesiva lentitud de la Asamblea Nacional, el señor Auerswald ya había resuelto la propuesta de Raveaux, el señor Raveaux se sumó a una enmienda del señor Werner que ni afirmaba ni negaba la cuestión de la soberanía popular.20

Nuestras noticias sobre la Asamblea Nacional no van más allá, pero tenemos todos los motivos para creer que, tras esta resolución, levantó la sesión para irse a comer. Que llegaran todavía tan temprano a la comida se lo deben únicamente a las palabras de Robert Blum:21

«Señores, si hoy deciden ustedes pasar al orden del día, podría ocurrir que todo el orden del día de esta Asamblea se acortara de una manera singular.»

  1. La Asamblea Nacional alemana se reunió en la iglesia de San Pablo de Fráncfort del Meno el 18 de mayo de 1848. Sus diputados fueron elegidos, en la mayoría de los Estados, por sufragio indirecto. ↩

  2. La insurrección de Viena del 13 de marzo de 1848, que derribó a Metternich, y los combates de barricadas de Berlín del 18 y 19 de marzo. ↩

  3. Mezcla de latín y francés: «¡Hágase el reglamento en todas partes y siempre!». ↩

  4. Franz Raveaux (1810-1851), demócrata, diputado por Colonia. Su propuesta trataba de los diputados prusianos elegidos a la vez a Fráncfort y a la Asamblea Nacional prusiana de Berlín, y llevó al debate sobre la relación entre la Asamblea de Fráncfort y los Estados particulares. ↩

  5. «¡Perezca el mundo, pero hágase el reglamento!», parodia del dicho latino Fiat iustitia, pereat mundus («Hágase justicia, aunque perezca el mundo»). ↩

  6. Pfahlbürger: originalmente, los vecinos que vivían fuera de los muros de la ciudad; en sentido figurado, el burgués estrecho de miras. ↩

  7. Franz Zitz (1803-1877), abogado demócrata de Maguncia y diputado por esta ciudad. El 21 y el 22 de mayo de 1848 hubo choques en Maguncia, ciudad de Hesse-Darmstadt y fortaleza de la Confederación Germánica con guarnición prusiana y austriaca, entre soldados prusianos y la guardia cívica; el gobernador amenazó con bombardear la ciudad e hizo desarmar a la guardia cívica. ↩

  8. Friedrich Daniel Bassermann (1811-1855), comerciante de Mannheim, jefe de los liberales de Baden y diputado del centro derecha. Engels juega con su apellido: Wassermann, «hombre de agua» o «aguador». ↩

  9. «¡Perezca Maguncia, pero hágase el reglamento!» ↩

  10. Alusión a una frase célebre del ministro prusiano del Interior Gustav von Rochow, de 1838, sobre el «limitado entendimiento de los súbditos», que no debía juzgar los actos de la autoridad. ↩

  11. «Salida», en francés. ↩

  12. Friedrich Wilhelm Schlöffel (1800-1870), fabricante silesio, diputado de la izquierda radical. ↩

  13. Christian Esselen (1823-1859), Eduard Pelz (1800-1876) y Löwenstein, demócratas activos entonces en la Asociación Obrera de Fráncfort. ↩

  14. El Preparlamento (Vorparlament), asamblea de notables liberales y demócratas reunida en Fráncfort del 31 de marzo al 3 de abril de 1848 para preparar la elección de la Asamblea Nacional. ↩

  15. La comisión de diecisiete «hombres de confianza» que la Dieta de la Confederación Germánica designó en marzo de 1848 para preparar una Constitución; su proyecto se presentó a finales de abril. ↩

  16. «¡Hágase la policía, aunque perezca el reglamento!» ↩

  17. Alfred von Auerswald (1797-1870), ministro prusiano del Interior en el gabinete Camphausen. ↩

  18. August Hergenhahn (1804-1874), liberal, jefe del gobierno de Nassau desde marzo de 1848 y diputado en Fráncfort. Pro tempore: «por el momento». ↩

  19. El general prusiano Von Hüser, gobernador interino de la fortaleza federal de Maguncia. ↩

  20. La resolución adoptada el 27 de mayo, sobre la base de la enmienda de Werner, declaraba que las disposiciones de las Constituciones de los Estados alemanes que no concordaran con la futura Constitución del Imperio solo valdrían conforme a esta. ↩

  21. Robert Blum (1807-1848), publicista de Leipzig, jefe de la izquierda moderada de la Asamblea de Fráncfort; fue fusilado en Viena tras la toma de la ciudad por las tropas imperiales en noviembre de 1848. ↩