Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 8, del 8 de junio de 1848; la MEW lo recoge entre los escritos de Marx y Engels sin precisar el autor. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 53-54), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

***Colonia, 7 de junio. Así pues, la Asamblea de Berlín ha decidido dirigir un mensaje al rey1 para dar al ministerio ocasión de expresar sus puntos de vista y de justificar su gestión hasta la fecha. No ha de ser un mensaje de gracias al viejo estilo de las Dietas, ni siquiera una muestra de respeto: Su Majestad, según confiesan sus propios «responsables», solo ofrece el motivo «más apropiado», el «mejor», para poner «de acuerdo» los principios de la mayoría con los del ministerio.

Si en cuanto al fondo la persona del rey es así un mero medio de cambio —remitimos de nuevo a las propias palabras del presidente del Consejo—,2 un signo de valor que solo sirve de intermediario al verdadero negocio, para la forma de la deliberación no es en absoluto indiferente. En primer lugar, con ello se pone a los representantes de la voluntad popular en relación directa con la Corona, y de ahí se puede deducir con mucha facilidad, ya en el propio debate del mensaje, un reconocimiento de la teoría del pacto,3 una renuncia a la soberanía popular. Pero, en segundo lugar, a un jefe del Estado al que se debe respeto no se le querrá hablar como si uno se dirigiera directamente a los ministros. Uno se expresará con mayor reserva, insinuará más que dirá las cosas a las claras, y luego siempre dependerá de la decisión del ministerio si considera compatible un leve reproche con su permanencia. Pero los puntos difíciles, en los que las contradicciones se manifiestan con más crudeza, posiblemente no se tocarán en absoluto o solo superficialmente. El miedo a una ruptura prematura con la Corona, que tal vez traería consecuencias graves, será fácil de suscitar aquí y encontrará una tapadera en la protesta de que no se quiere anticipar la discusión posterior y más a fondo de cada una de las cuestiones.

Así, el sincero respeto, ya sea a la persona del monarca, ya al principio monárquico en general, y luego la inquietud de ir demasiado lejos y el miedo a las tendencias anárquicas, ofrecerán al ministerio ventajas inestimables en el debate del mensaje, y el señor Camphausen pudo llamar con razón a esa ocasión la «apropiada», la «mejor» para ganarse una fuerte mayoría.

Ahora la cuestión será si los representantes del pueblo están dispuestos a entrar en esta posición de obediente dependencia. La Asamblea constituyente ya ha cedido mucho al no haber pedido cuentas a los ministros por propia iniciativa sobre su gobierno provisional hasta la fecha; esa tendría que haber sido su primera tarea, pues se la convocó tan pronto, al parecer, para apoyar en la voluntad popular indirecta las disposiciones del gobierno. Es verdad que ahora, después de haberse reunido, parece que solo debe existir «para pactar con la Corona una constitución que es de esperar que sea duradera».

Pero en lugar de proclamar de entrada su verdadera misión con una actuación así, la Asamblea ha consentido la humillación de que los ministros tuvieran que obligarla a aceptar una rendición de cuentas. Resulta llamativo que ni uno solo de sus miembros opusiera a la propuesta de formar una comisión del mensaje la exigencia de que el ministerio se presentara ante la Cámara sin una «ocasión» especial, con el único fin de responder de su gestión hasta la fecha. Y, sin embargo, ese era el único argumento contundente contra un mensaje; frente a todas las demás razones, los ministros tenían toda la razón.

  1. El mensaje (Adresse) era la respuesta de la Cámara al discurso de la Corona con que se había abierto la Asamblea Nacional prusiana el 22 de mayo de 1848; el gobierno de Camphausen había hecho de su redacción una cuestión de confianza. ↩

  2. Ludolf Camphausen, banquero de Colonia, presidente del gobierno prusiano desde el 29 de marzo de 1848. ↩

  3. La «teoría del pacto» sostenía que la constitución prusiana debía pactarse entre la Asamblea y la Corona, y no decidirse por la sola soberanía de los representantes del pueblo. ↩