Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 3, del 3 de junio de 1848; según la MEW, escrito por Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 25-28), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

**Colonia, 2 de junio. Post et non propter,1 es decir, el señor Camphausen2 no ha llegado a presidente del gobierno por la revolución de marzo, sino después de la revolución de marzo. Este significado retrospectivo de su ministerio lo reveló el señor Camphausen el 30 de mayo de 1848, de manera solemne y con grandes protestas, con esa seriedad corporal, por así decirlo, que esconde los defectos del alma,3 a la Asamblea pactada en Berlín entre él y los compromisarios indirectos.4

«El ministerio constituido el 29 de marzo», dice el pensador amigo de la historia, «se reunió poco después de un acontecimiento cuyo significado no desconoció ni desconoce.»

La afirmación del señor Camphausen de que antes del 29 de marzo él no formó ningún ministerio encontrará su prueba en los números de los últimos meses de la Preußische Staats-Zeitung.5 Y puede darse por seguro que una fecha que constituye por lo menos el punto de partida cronológico de su ascensión a los cielos posee un alto «significado», sobre todo para el señor Camphausen. ¡Qué consuelo para los difuntos combatientes de las barricadas que sus fríos cadáveres figuren como indicadores del camino, como dedos que señalan hacia el ministerio del 29 de marzo! Quelle gloire!6

En una palabra: después de la revolución de marzo se formó un ministerio Camphausen. Ese mismo ministerio Camphausen reconoce el «alto significado» de la revolución de marzo; por lo menos no lo desconoce. La revolución misma es una bagatela, ¡pero su significado! Significa, precisamente, el ministerio Camphausen, al menos post festum.7

«Este acontecimiento» —¿la formación del ministerio Camphausen o la revolución de marzo?— «figura entre las causas concurrentes más esenciales de la transformación de nuestra Constitución interior.»

Esto quiere decir que la revolución de marzo es una «causa concurrente esencial» de la formación del ministerio del 29 de marzo, es decir, del ministerio Camphausen. ¿O quería decir simplemente que la revolución prusiana de marzo ha revolucionado Prusia? A un «pensador amigo de la historia» se le podría presumir, a lo sumo, semejante tautología solemne.

«Estamos a la entrada de ella» (es decir, de la transformación de nuestra situación política interior), «y el camino que tenemos por delante es largo: así lo reconoce el gobierno.»

En una palabra, el ministerio Camphausen reconoce que todavía tiene un largo camino por delante, es decir, se promete una larga duración. Breve es el arte, es decir, la revolución, y larga la vida, es decir, el ministerio retrospectivo.8 Para colmo, lo reconoce él mismo. ¿O es que se interpretan de otro modo las palabras de Camphausen? Seguramente no se le atribuirá al pensador amigo de la historia la explicación trivial de que los pueblos que están a la entrada de una nueva época histórica están a la entrada, y de que el camino que cada época tiene por delante es exactamente tan largo como el futuro.

Hasta aquí la primera parte del trabajoso, serio, formal, sólido y ponderado discurso del presidente del gobierno Camphausen. Se resume en tres frases: Después de la revolución de marzo, el ministerio Camphausen. Alto significado del ministerio Camphausen. ¡Largo camino por delante del ministerio Camphausen!

Ahora, la segunda parte.

«Pero en modo alguno hemos entendido la situación», adoctrina el señor Camphausen, «como si con este acontecimiento» (la revolución de marzo) «se hubiera producido una subversión completa, como si se hubiera derribado toda la Constitución de nuestro Estado, como si todo lo existente hubiera dejado de existir jurídicamente, como si todas las situaciones tuvieran que fundarse jurídicamente de nuevo. Al contrario. En el momento de constituirse, el ministerio acordó considerar cuestión de su existencia que la Dieta Unida, convocada entonces, se reuniera efectivamente, pese a las peticiones presentadas en contra; que desde la Constitución existente, con los medios legales que esta ofrecía, se pasara a la nueva Constitución, sin cortar el lazo que une lo viejo con lo nuevo. Este camino, indiscutiblemente correcto, se ha seguido; la ley electoral se presentó a la Dieta Unida y se promulgó con su dictamen. Más tarde se intentó mover al gobierno a modificar la ley por su propia plenitud de poder, y en particular a convertir el sistema electoral indirecto en directo. El gobierno no cedió. El gobierno no ha ejercido ninguna dictadura; no ha podido ejercerla, no ha querido ejercerla. Del mismo modo que la ley electoral existe jurídicamente, se ha llevado también a la práctica. Sobre la base de esta ley electoral se han elegido los compromisarios y los diputados. Sobre la base de esta ley electoral están ustedes aquí, con el mandato de pactar con la Corona una Constitución que esperamos que sea duradera para el futuro.»

¡Un reino por una doctrina! ¡Una doctrina por un reino!9

Primero viene el «acontecimiento», título vergonzante de la revolución. Después viene la doctrina y estafa al «acontecimiento».

El «acontecimiento» ilegal hace del señor Camphausen un presidente del gobierno responsable, un ser que no tenía ningún lugar, ningún sentido en lo viejo, en la Constitución existente. Con un salto mortal saltamos por encima de lo viejo y encontramos felizmente un ministro responsable, pero el ministro responsable encuentra todavía más felizmente una doctrina. Con el primer aliento de vida de un presidente del gobierno responsable la monarquía absoluta había muerto y se había podrido. Entre sus caídos se encontraba en primera línea la difunta «Dieta Unida»,10 esa mezcla repugnante de delirio gótico y mentira moderna. La «Dieta Unida» era el «amado y fiel»,11 el «rucio» de la monarquía absoluta. Así como la república alemana solo puede celebrar su entrada sobre el cadáver del señor Venedey,12 el ministerio responsable solo podía hacerlo sobre el cadáver del «amado y fiel». Pues bien, el ministro responsable busca el cadáver desaparecido, o conjura el espectro del amado y fiel «Unido», que aparece de verdad, pero flota desdichadamente en el aire, colgando, y hace las cabriolas más extrañas, porque ya no encuentra suelo bajo sus pies, pues el viejo terreno del derecho y de la confianza había sido tragado por el «acontecimiento» del terremoto. El mago revela al espectro que lo ha llamado para liquidar su herencia y poder comportarse como su heredero leal. No podrá apreciar nunca lo bastante esta cortesía, pues en la vida corriente no se deja a los difuntos otorgar testamento a posteriori. El espectro, sumamente halagado, asiente como una figurita de pagoda a todo lo que el mago le ordena, hace su reverencia al exit y desaparece. La ley de elección indirecta es su testamento a posteriori.

El número de prestidigitación doctrinario con el que el señor Camphausen «ha pasado desde la Constitución existente, con los medios legales que esta ofrecía, a la nueva Constitución» transcurre, pues, como sigue:

Un acontecimiento ilegal hace del señor Camphausen una persona ilegal en el sentido de la «Constitución existente» de lo «viejo»: un presidente del gobierno responsable, un ministro constitucional. El ministro constitucional hace, de manera ilegal, de la anticonstitucional, estamental, amada y fiel «Unida» una asamblea constituyente. La amada y fiel «Unida» hace, de manera ilegal, la ley de elección indirecta. La ley de elección indirecta hace la Cámara de Berlín, la Cámara de Berlín hace la Constitución y la Constitución hace todas las Cámaras siguientes por toda la eternidad.

Así, de la oca sale un huevo y del huevo una oca. Pero por los graznidos que salvan el Capitolio13 el pueblo comprende pronto que le han robado los huevos de oro de Leda que puso en la revolución. Ni siquiera el diputado Milde14 parece ser el hijo de Leda, el resplandeciente Cástor.

  1. «Después de, y no por causa de», en latín. ↩

  2. Ludolf Camphausen (1803-1890), banquero de Colonia y jefe de la burguesía liberal renana; presidente del gobierno prusiano del 29 de marzo al 20 de junio de 1848. ↩

  3. Alusión a una máxima de La Rochefoucauld: «La gravedad es un misterio del cuerpo inventado para ocultar los defectos del espíritu». ↩

  4. La Asamblea Nacional prusiana, reunida en Berlín desde el 22 de mayo de 1848 y elegida por sufragio indirecto a través de compromisarios, tenía el mandato de «pactar» (vereinbaren) con la Corona una Constitución; de ahí el nombre burlón de «Asamblea pactista» que le da la Neue Rheinische Zeitung. ↩

  5. Allgemeine Preußische Staats-Zeitung, periódico oficial del gobierno prusiano. ↩

  6. «¡Qué gloria!», en francés. ↩

  7. «Después de la fiesta», es decir, a toro pasado. ↩

  8. Inversión del aforismo de Hipócrates, Ars longa, vita brevis («El arte es largo; la vida, breve»). ↩

  9. Parodia del «¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!» del Ricardo III de Shakespeare. ↩

  10. La Dieta Unida (Vereinigter Landtag), reunión de todas las dietas provinciales prusianas, organizadas por estamentos, convocada por primera vez por Federico Guillermo IV en 1847. Volvió a reunirse en abril de 1848 y aprobó la ley electoral de sufragio indirecto para la Asamblea Nacional prusiana. ↩

  11. «Amados y fieles» (liebe Getreue): fórmula con que el rey de Prusia se dirigía a los estamentos. ↩

  12. Jakob Venedey (1805-1871), publicista liberal, diputado en Fráncfort, adversario de la república. ↩

  13. Según la leyenda, los gansos sagrados del templo de Juno salvaron el Capitolio de Roma con sus graznidos durante el ataque de los galos, hacia el 390 a. C. ↩

  14. Karl August Milde (1805-1861), fabricante de Breslau, primer presidente de la Asamblea Nacional prusiana y, desde finales de junio, ministro de Comercio. ↩