Escrito por Friedrich Engels en francés el 4 de enero de 1848. Publicado en La Réforme (París) el 8 de enero de 1848. No disponemos del original francés: traducido de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 439-441), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto alemán de la MEW
El miércoles pasado entró en vigor la ley de coerción para Irlanda.1 El lord lugarteniente2 no ha dejado pasar mucho tiempo para servirse de los poderes despóticos de que le inviste esta nueva ley. Los condados de Limerick y Tipperary fueron sometidos por entero a la legislación de excepción; a ellos se añadieron varias baronías de los condados de Clare, Waterford, Cork, Roscommon, Leitrim, Cavan y Longford, así como del King's County.
Queda por ver qué efecto tendrá esta odiosa medida. La opinión de la clase en cuyo interés se ha tomado, es decir, la de los terratenientes irlandeses, ya la conocemos. El efecto será nulo, declaran en voz alta en sus órganos. ¡Y para eso se ha puesto a todo un país en estado de sitio! ¡Para eso han desertado de su puesto las nueve décimas partes de los diputados de Irlanda!
Se trata aquí de hechos. La deserción es general. Durante la discusión del proyecto de ley se dividió incluso la familia O'Connell; dos hijos del difunto Libertador,3 John y Maurice, permanecieron fieles a su patria, mientras que su hermano Morgan O'Connell no solo votó a favor de la ley, sino que incluso tomó varias veces la palabra para defenderla. Solo dieciocho diputados votaron clara y decididamente contra la ley. Solo veinte apoyaron la enmienda del señor Wakley,4 el diputado cartista de un distrito de las afueras de Londres, que había pedido que junto con la ley de coerción se dictaran medidas capaces de reducir las causas de los crímenes que se pretendía reprimir. Y de esos dieciocho o veinte diputados, cuatro o cinco eran todavía radicales ingleses y dos irlandeses que representan a localidades inglesas, de modo que de los cien representantes que Irlanda envía al Parlamento solo una docena opuso una resistencia seria al proyecto.
Fue esta la primera discusión sobre una cuestión irlandesa importante desde la muerte de O'Connell. Había de decidir quién ocuparía el lugar del gran agitador a la cabeza de Irlanda. Hasta la apertura del Parlamento, John O'Connell había sido reconocido tácitamente en Irlanda como sucesor de su padre. Pero poco después de comenzar la discusión quedó claro que no tiene en absoluto la capacidad de dirigir el partido; y, por otra parte, John O'Connell encontró en la persona de Feargus O'Connor un rival temible. El jefe de los demócratas, el mismo de quien Daniel O'Connell había dicho: «Al señor F. O'Connor ya se lo pueden quedar los cartistas ingleses», este hombre se puso de un solo golpe a la cabeza del partido irlandés. Fue él quien propuso clara y decididamente el rechazo de la ley de coerción, quien supo reunir en torno a sí a toda la oposición como su apoyo, quien se opuso a cada cláusula por separado y retrasó la votación todo lo posible. Fue él quien en sus discursos expresó toda la argumentación de la oposición contra el proyecto; él, por último, fue quien por primera vez desde 1835 volvió a presentar la moción para la derogación de la Unión,5 una moción que ningún diputado irlandés habría presentado.
Los diputados irlandeses han aceptado a este jefe de muy mala gana. Como simples whigs que son en el fondo de su corazón, odian de raíz la energía democrática de O'Connor. Él no permitirá a los whigs seguir utilizando la agitación por la derogación de la Unión como medio para derribar a los tories, ni consentirá que, en cuanto estén en el poder, olviden la derogación o borren incluso la palabra de su memoria. Pero los diputados irlandeses partidarios de la derogación no pueden en ningún caso prescindir de un jefe como O'Connor, y aunque intenten minar en Irlanda su popularidad renaciente, se ven obligados a someterse a su dirección en el Parlamento.
Terminada la legislatura, O'Connor recorrerá probablemente toda Irlanda para reavivar la agitación por la derogación y fundar el partido cartista irlandés. Sin la menor duda, si lo consigue, O'Connor estará en menos de medio año a la cabeza del pueblo irlandés. Si reúne entonces en su mano la dirección del movimiento democrático de los tres reinos, tendrá una posición como no la tuvo antes que él ningún otro agitador, ni siquiera O'Connell.
Dejamos a nuestros lectores que valoren por sí mismos la importancia de esta próxima alianza entre los pueblos de las dos islas. Si el movimiento democrático británico se refuerza así con dos millones de irlandeses valientes y ardientes, marchará mucho más deprisa, y la pobre Irlanda habrá dado por fin un paso serio en el camino de su liberación.
La Crime and Outrage (Ireland) Act, aprobada en diciembre de 1847 por iniciativa del gobierno whig de lord John Russell, en plena Gran Hambruna; permitía declarar distritos enteros en estado de excepción, prohibir la posesión de armas y reforzar la policía a costa de los habitantes. ↩
George Villiers, conde de Clarendon (1800-1870), lord lugarteniente de Irlanda de 1847 a 1852. ↩
Daniel O'Connell (1775-1847), abogado y diputado, jefe del movimiento por la emancipación de los católicos y por la derogación (Repeal) de la Unión con Gran Bretaña; llamado «el Libertador»; murió en mayo de 1847. ↩
Thomas Wakley (1795-1862), médico, fundador de la revista The Lancet y diputado radical por Finsbury. ↩
La Unión de 1800, que suprimió el Parlamento irlandés e incorporó Irlanda al Reino Unido. ↩