Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung (Colonia), n.º 25, del 25 de junio de 1848. La MEW no precisa si es de Marx o de Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 106-107), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
**Colonia, 24 de junio. En la sesión pactista1 del 20 del corriente, aquella sesión fatídica en que se puso el sol de Camphausen y sobrevino el caos ministerial, el señor Patow2 presentó una memoria sobre los principios fundamentales con arreglo a los cuales piensa regular la supresión del feudalismo en el campo.
Leyendo esta memoria no se entiende cómo no ha estallado hace mucho tiempo una guerra campesina en las viejas provincias prusianas. ¡Qué fárrago de prestaciones, tributos y entregas, qué maraña de nombres medievales, a cuál más disparatado! Señorío feudal, mortuorio, luctuosa, derecho de mejor cabeza, diezmo de sangre, dinero de protección, censo de Walpurgis, censo de colmenas, renta de cera, derecho de pastos, diezmos, laudemios, rentas suplementarias:3 ¡todo eso ha subsistido hasta hoy en el «Estado mejor administrado del mundo», y habría subsistido por toda la eternidad si los franceses no hubieran hecho la revolución de febrero!
Más aún: la mayor parte de estas cargas, y precisamente las más gravosas, seguirían existiendo por toda la eternidad si se hiciera la voluntad del señor Patow. ¡Si al señor Patow se le ha confiado este departamento es precisamente para que trate con la mayor consideración posible a los hidalgüelos de las Marcas, de Pomerania y de Silesia, y para que estafe a los campesinos, en la medida de lo posible, los frutos de la revolución!
La revolución de Berlín había hecho imposibles para siempre todas estas relaciones feudales. Los campesinos, como era muy natural, las habían abolido inmediatamente en la práctica. El gobierno no tenía más que dar forma legal a la abolición de todas las cargas feudales por la voluntad del pueblo, que ya existía de hecho.
Pero antes de que la aristocracia se decida a un 4 de agosto,4 tienen que arder sus castillos. El gobierno, representado aquí él mismo por un aristócrata, se ha declarado a favor de la aristocracia; presenta a la Asamblea una memoria en la que se invita a los pactistas a traicionar ahora también, en favor de la aristocracia, la revolución campesina que estalló en toda Alemania en marzo. El gobierno es responsable de las consecuencias que tendrá en el campo la aplicación de los principios de Patow.
El señor Patow quiere, en efecto, que los campesinos paguen una indemnización por la abolición de todas las cargas feudales, incluso de los laudemios. Sin indemnización solo se abolirán las cargas que deriven de la servidumbre hereditaria, del antiguo régimen fiscal y de la jurisdicción señorial, o las que no tengan valor para el señor feudal (¡qué generosidad!), es decir, en general, aquellas cargas que constituyen la parte más ínfima de todo el gravamen feudal.
En cambio, todas las redenciones feudales ya reguladas por contrato o por sentencia judicial serán definitivas. Es decir: los campesinos que han redimido sus cargas bajo las leyes reaccionarias, favorables a la nobleza, promulgadas desde 1816 y sobre todo desde 1840, y que en el proceso fueron despojados de su propiedad en favor de los señores feudales, primero por la ley y después por funcionarios sobornados, esos no reciben ninguna compensación.
A cambio se crearán bancos de rentas,5 para echar tierra a los ojos de los campesinos.
Si se hiciera la voluntad del señor Patow, las cargas feudales quedarían tan poco suprimidas bajo sus leyes como quedaron redimidas bajo las viejas leyes de 1807.6
El título adecuado para el escrito del señor Patow sería: Memoria para la conservación de las cargas feudales por toda la eternidad mediante su redención.
El gobierno provoca una guerra campesina. Quizá a Prusia tampoco le «asuste» una «pérdida momentánea» de Silesia.7
De la Asamblea Nacional prusiana, a la que la Neue Rheinische Zeitung llama irónicamente «Asamblea pactista» porque, según la teoría del gobierno Camphausen, debía «pactar» (vereinbaren) la Constitución con la Corona. ↩
Erasmus Robert von Patow (1804-1890), ministro prusiano de Comercio desde abril de 1848. ↩
Tributos y derechos feudales: el mortuorio, la luctuosa y el derecho de mejor cabeza gravaban la muerte del campesino (el señor tomaba la mejor res o pieza de la herencia); el diezmo de sangre recaía sobre el ganado; el laudemio se pagaba al señor cuando cambiaba de manos una finca. ↩
En la noche del 4 de agosto de 1789 la Asamblea Nacional francesa proclamó la abolición de los privilegios feudales, bajo la presión de los levantamientos campesinos. ↩
Instituciones de crédito que anticipaban al señor la suma de la redención y la cobraban después a los campesinos a plazos. ↩
El edicto de octubre de 1807, de la reforma de Stein, abolió la servidumbre personal en Prusia; la declaración de 1816 restringió el derecho de redención a los campesinos más acomodados. ↩
Alusión a la correspondencia del periódico de Gervinus, citada en el mismo número de la Neue Rheinische Zeitung, según la cual a Prusia «apenas le asustaría una pérdida momentánea de su provincia del Rin». ↩