Escrito por Karl Marx en Colonia el 21 de octubre de 1848 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 123, del 22 de octubre de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 435-436), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Colonia, 21 de octubre. La mediación anglo-francesa en Italia se ha abandonado. La calavera de la diplomacia sonríe después de cada revolución, y sobre todo después de las reacciones que siguen a cada revolución. La diplomacia se esconde en su osario perfumado cada vez que retumba el trueno de una nueva revolución. La revolución de Viena ha barrido de un soplo a la diplomacia anglo-francesa.

Palmerston1 ha confesado su impotencia; Bastide2 la ha confesado. La revolución de Viena, según declaran, ha puesto fin a la aburrida correspondencia de estos señores. Bastide se lo ha comunicado oficialmente al enviado sardo, el marqués Ricci.

A la pregunta de este último de «si Francia, en determinadas circunstancias, tomaría las armas en favor de Cerdeña», el farouche, el feroz republicano Bastide (del National)3 hizo una reverencia, una, dos, tres veces, y cantó:

Confiad en mí y ayudaos a vosotros mismos,
que así también Dios os ayudará.4

Francia, dijo, se atiene al principio de no intervención, el mismo principio de cuyo combate vivieron durante años Bastide y los demás señores del National en tiempos de Guizot.

En esta cuestión italiana la «honnête» república francesa se habría puesto mortalmente en ridículo si no estuviera por encima de toda vergüenza desde el fatídico mes de junio.

Rien pour la gloire!, ¡nada por la gloria!, dicen en toda circunstancia los amigos del comercio. Rien pour la gloire! es el lema de la república virtuosa, de la moderada, de la decente, de la formal, de la honnête; en una palabra: de la república burguesa. Rien pour la gloire!

Lamartine5 era la idea que la república burguesa tenía de sí misma, la representación exaltada, fantástica, soñadora que se hacía de sí misma, su sueño de su propia magnificencia. ¡Qué no podrá uno figurarse! Como Eolo de su odre todos los vientos, así desató él todos los espíritus del aire, todas las frases de la república burguesa, y las sopló hacia oriente y occidente: palabras de viento sobre la fraternidad de todos los pueblos, sobre la emancipación que Francia reservaba a todos los pueblos, sobre el sacrificio de Francia por todos los pueblos.

No hizo… nada.

Los hechos correspondientes a sus frases los asumió Cavaignac6 con su órgano vuelto hacia fuera, Bastide.

Las escenas inauditas de Nápoles, las escenas inauditas de Mesina, las escenas inauditas del Milanesado,7 las dejaron producirse tranquilamente ante sus ojos.

Y para que no quedara la menor duda de que en la república «honnête» domina la misma clase y, por tanto, la misma política exterior que bajo la monarquía constitucional, bajo Cavaignac la misma que bajo Luis Felipe, en los conflictos entre los pueblos se recurre al viejo medio, siempre nuevo, de la entente cordiale con Inglaterra, con la Inglaterra de Palmerston, con la Inglaterra de la burguesía contrarrevolucionaria.

Pero la historia no podía olvidar la punta, la gracia del chiste. Un redactor del National, Bastide, tenía que estrechar convulsivamente la mano de Inglaterra. Y la entente cordiale era la carta principal que el pobre National, anglófago, había jugado toda su vida contra Guizot.

En la lápida de la república «honnête» se leerá: Bastide-Palmerston.

Pero incluso la entente cordiale de Guizot la han superado los republicanos «honnêtes». Los oficiales de la flota francesa se dejaron agasajar con un banquete por los oficiales napolitanos y brindaron con júbilo a la salud del rey de Nápoles, del tigre imbécil Fernando,8 sobre las ruinas todavía humeantes de Mesina. Pero sobre sus cabezas se evaporaban las frases de Lamartine.

  1. Henry John Temple, vizconde de Palmerston (1784-1865), ministro de Asuntos Exteriores británico. ↩

  2. Jules Bastide (1800-1879), republicano moderado, redactor del National, ministro de Asuntos Exteriores de Francia de mayo a diciembre de 1848. ↩

  3. Le National, diario de los republicanos burgueses moderados de París; sus redactores formaron parte del gobierno provisional y del gobierno de Cavaignac. ↩

  4. Heinrich Heine, Alemania. Un cuento de invierno, capítulo XII. ↩

  5. Alphonse de Lamartine (1790-1869), poeta, ministro de Asuntos Exteriores del gobierno provisional francés en 1848. ↩

  6. Louis-Eugène Cavaignac (1802-1857), general francés que aplastó la insurrección obrera de junio de 1848 en París y fue después jefe del poder ejecutivo hasta diciembre de 1848. ↩

  7. La contrarrevolución del 15 de mayo de 1848 en Nápoles, el bombardeo y saqueo de Mesina por las tropas de Fernando II en septiembre y la represión austriaca en Lombardía. ↩

  8. Fernando II (1810-1859), rey de las Dos Sicilias, llamado «rey Bomba» por el bombardeo de Mesina. ↩