Escrito por Karl Marx en Colonia el 18 de octubre de 1848 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 120, del 19 de octubre de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, p. 430), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Colonia, 18 de octubre. El rey es coherente, en todo caso. Su Majestad nunca se contradice. A la diputación de la Asamblea Nacional de Fráncfort le dijo con ocasión de la fiesta de la catedral de Colonia:1
«Comprendo muy bien la trascendencia de su asamblea, señores. ¡Comprendo muy bien lo importante que es su asamblea!» —la voz de Su Majestad adoptó aquí un tono muy serio y cortante—. «Pero no olviden tampoco que todavía hay príncipes en Alemania» —aquí Su Majestad se llevó la mano al corazón y habló con extraordinario énfasis—, «¡y no olviden que Yo soy uno de ellos!»
Una respuesta parecida recibió también la diputación de la Asamblea de Berlín cuando el 15 de octubre hizo a Su Majestad la visita de felicitación en el palacio de Bellevue.2 El rey dijo:
«Estamos a punto de levantar un edificio que ha de durar siglos. Pero, señores, les llamo la atención sobre una cosa. Poseemos todavía una autoridad heredada por la gracia de Dios, envidiada sin duda desde muchos lados» —estas palabras las pronunció el rey con gran énfasis—, «que todavía está dotada de pleno poder. Es el fundamento sobre el que única y exclusivamente puede levantarse aquel edificio, si ha de ser tan duradero como he dicho.»
El rey es coherente. Habría sido siempre coherente si, por desgracia, las jornadas de marzo no hubieran interpuesto aquel funesto pedazo de papel3 entre Su Majestad y el pueblo.
Su Majestad parece creer de nuevo en este momento, como antes de las jornadas de marzo, en los «pies de hierro» del mundo eslavo. El pueblo de Viena es quizá el mago que convertirá el hierro en barro.4
Las fiestas del 14 y el 15 de agosto de 1848 por el sexto centenario de la catedral de Colonia, a las que asistieron el rey y una diputación de la Asamblea de Fráncfort. ↩
El 15 de octubre era el cumpleaños de Federico Guillermo IV. ↩
En 1847, al inaugurar la Dieta Unida, Federico Guillermo IV había declarado que nunca permitiría que entre Dios y su país se interpusiera una «hoja de papel escrita», es decir, una constitución. ↩
Alusión a la estatua del sueño de Nabucodonosor, con pies en parte de hierro y en parte de barro (Daniel 2, 31-45). ↩