Escrito por Karl Marx en Colonia el 18 de octubre de 1848 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 121, del 20 de octubre de 1848. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 431-432), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Colonia, 18 de octubre. Federico Guillermo IV respondió al comandante de la milicia cívica de Berlín, Rimpler, cuando este lo felicitó con ocasión del 15 de octubre:1
«Sé que un pueblo heroico y valiente es también un pueblo fiel. Pero no olviden que tienen las armas de mí y que exijo como un deber que respondan del mantenimiento del orden, de la ley y de la libertad.»
Los reyes constitucionales son irresponsables a condición de ser inimputables, en el sentido constitucional, naturalmente. Sus actos, sus palabras, sus gestos no les pertenecen a ellos mismos; pertenecen a los ministros responsables.
Hansemann,2 por ejemplo, al hacer mutis, hizo decir al rey que la ejecución de la orden al ejército de la moción Stein3 era incompatible con la monarquía constitucional. Pfuel4 la ejecutó, en el sentido parlamentario, se entiende. Hansemann quedó comprometido, en el sentido constitucional. El propio rey no se había contradicho, porque no había hablado, siempre en el sentido constitucional.
Así pues, la declaración del rey citada más arriba no es otra cosa que una declaración ministerial, y como tal está sujeta a la crítica.
Si Pfuel afirma que el rey creó la milicia cívica por propia iniciativa, afirma que el rey es el autor de la revolución de marzo, lo cual es un disparate, incluso en el sentido constitucional.
Dejemos eso aparte.
Después de que Dios creara el mundo y a los reyes por la gracia de Dios, dejó la industria menor a los hombres. Incluso las «armas» y los uniformes de teniente se fabrican por vía profana, y la vía profana de la fabricación no crea de la nada como la industria celestial. Necesita materia prima, instrumentos de trabajo y salario, cosas todas que se resumen bajo el sencillo nombre de costes de producción. Esos costes de producción los sufraga el Estado mediante los impuestos, y los impuestos los sufraga el trabajo nacional. En sentido económico sigue siendo, pues, un enigma cómo un rey cualquiera puede dar algo a un pueblo cualquiera. Primero el pueblo tiene que hacer las armas y dárselas al rey para poder recibir armas del rey. El rey solo puede dar lo que se le da. Así es en sentido económico. Pero los reyes constitucionales surgen precisamente en los momentos en que se descubre este secreto económico. Por eso los primeros motivos de la caída de los reyes por la gracia de Dios fueron siempre… cuestiones de impuestos. Así también en Prusia. Incluso las mercancías inmateriales, los privilegios que los pueblos se han hecho dar por los reyes, no solo se los habían dado antes a los reyes, sino que siempre les han pagado al contado la devolución, con sangre y con moneda contante y sonante. Seguid, por ejemplo, la historia inglesa desde el siglo XI: podréis calcular con bastante exactitud cuántos cráneos rotos y cuántas libras esterlinas ha costado cada privilegio constitucional. El señor Pfuel parece querer devolvernos a los buenos tiempos de la tabla económica de Davenant.5 En esa tabla sobre la producción inglesa se dice, entre otras cosas:
§ 1. Trabajadores productivos: reyes, oficiales, lores, clero rural, etc.
§ 2. Trabajadores improductivos: marineros, campesinos, tejedores, hilanderos, etc.
Según esta tabla, el § 1 crea y el § 2 recibe. En este sentido hace dar el señor Pfuel al rey.
La declaración de Pfuel prueba lo que se espera en Berlín del héroe del «orden y la libertad croatas».6
Los últimos incidentes de Berlín7 recuerdan los choques entre la milicia y el pueblo en Viena el 23 de agosto, provocados también por la camarilla. A ese 23 de agosto le siguió un 5 de octubre.8
El cumpleaños de Federico Guillermo IV. ↩
David Hansemann (1790-1864), banquero de Aquisgrán, ministro de Hacienda de Prusia de marzo a septiembre de 1848. ↩
El decreto al ejército exigido por la moción del diputado Julius Stein, aprobada por la Asamblea Nacional prusiana el 9 de agosto y de nuevo el 7 de septiembre de 1848, que hizo caer al gabinete Auerswald-Hansemann. ↩
Ernst von Pfuel (1779-1866), general prusiano, presidente del gobierno y ministro de la Guerra de septiembre a noviembre de 1848. ↩
Charles Davenant (1656-1714), economista mercantilista inglés, que publicó y comentó las tablas de Gregory King sobre la población y la renta de Inglaterra. ↩
Josip Jelačić (1801-1859), ban de Croacia, general austriaco, que en octubre de 1848 marchaba sobre la Viena sublevada. ↩
El 16 de octubre de 1848 la milicia cívica de Berlín disparó contra obreros que protestaban por el despido de los trabajadores de las obras públicas del canal. ↩
El 23 de agosto de 1848 la Guardia Nacional de Viena atacó a una manifestación de obreros de las obras públicas; el 6 de octubre estalló la insurrección de Viena. ↩