Escrito por Friedrich Engels en Bruselas en febrero de 1848. Publicado en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, núm. 16, del 24 de febrero de 1848, con la firma «F. Engels». Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 526-527), por la Escuela de marxismo, 2026; se corrige una errata evidente de la edición digital. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
La Riforma de Lucca1 responde a uno de esos conocidos artículos infames que la Augsburger Zeitung2 suele publicar por encargo de la Cancillería de la corte de Viena.
El periodicucho del Lech no solo había puesto por las nubes la fidelidad de los 518 000 soldados austriacos a su hidrocéfalo Fernando, sino que había afirmado además que todos esos soldados, bohemios, polacos, eslovacos, croatas, haiducos, valacos, húngaros, italianos, etc., se entusiasmaban por la unidad de Alemania y darían gustosos la vida por ella en cuanto esa fuera la voluntad del emperador.
¡Como si la desgracia no fuera precisamente que Alemania, mientras exista Austria, corre el riesgo de ver defendida su unidad por haiducos, croatas y valacos; como si la unidad de Alemania, mientras viva Austria, fuera otra cosa que la unidad de Alemania con croatas, valacos, magiares e italianos!
La Riforma responde bastante bien a la Allgemeine, a la «gemeine»,3 a su mentira de que Austria defiende en Lombardía los intereses de la nación alemana, y termina con un llamamiento a los alemanes en el que pone en paralelo el movimiento italiano de 1848 con las guerras de liberación alemanas de 1813 y 1815.
La Riforma ha creído evidentemente hacer con ello un cumplido a los alemanes; de lo contrario, seguro que no habría equiparado, en contra de lo que bien sabe, el progresista movimiento italiano de hoy precisamente a las guerras reaccionarias a las que Italia debe justamente su sometimiento a Austria, a las que Alemania debe el restablecimiento, en todo lo posible, de la vieja confusión, fragmentación y tiranía, y a las que Europa entera debe los infames tratados de 1815.
La Riforma puede creernos: Alemania está completamente desengañada de las guerras de liberación, tanto por las consecuencias de las guerras mismas como por el fin vergonzoso que han tenido todos los héroes de aquella época «gloriosa». Ya solo los periódicos pagados del gobierno siguen pregonando a pleno pulmón la alabanza de aquella época ebria de estupidez; el público se ríe de ello, y hasta la Cruz de Hierro4 se sonroja de vergüenza.
Precisamente esos periódicos, precisamente esos entusiastas comefranceses de 1813, son también los que levantan frente a los italianos el mismo griterío que antes frente a los franceses, los que cantan himnos a Austria, a la Austria cristiano-germánica, y predican la cruzada contra la perfidia y las bagatelas de los welsches,5 ¡porque los italianos son tan welsches como los franceses!
¿Quieren los italianos un ejemplo de la simpatía que pueden esperar de los honrados fanfarrones de la época de la liberación, de las ideas que estos soñadores de rizos rojizos se hacen de la nación italiana? Basta con citar la conocida canción de A. A. L. Follen:6
Que todos canten maravillas de la tierra
donde suenan la mandolina y la guitarra,
y en el follaje oscuro arde la naranja dorada;
yo me quedo con la ciruela alemana de púrpura
y con la manzana de Borsdorf en el árbol frondoso,
y cómo sigue disparatando este delirio poético de un eterno sobrio. Luego vienen las ideas más chistosas sobre bandidos, puñales, montañas que escupen fuego, perfidia de los welsches, infidelidad de las mujeres italianas, chinches, escorpiones, veneno, víboras, asesinos, etc., que el virtuoso amigo de las ciruelas ve correr a docenas por todos los caminos de Italia; y finalmente el filisteo soñador da gracias a su Dios por estar en el país del amor y la amistad, de las peleas a patas de taburete, de las hijas de pastor de ojos azules y fieles, de la honradez y la Gemütlichkeit, en una palabra, en el país de la fidelidad alemana. Esas son las supersticiosas fantasías de novela que se hacen de Italia los héroes de 1813, que, naturalmente, no la han visto nunca.
La Riforma y los hombres del movimiento italiano en general pueden creerlo: la opinión pública de Alemania está decididamente del lado de los italianos. El pueblo alemán tiene el mismo interés que el italiano en la caída de Austria. Saluda con aplauso unánime cada progreso de los italianos y, así lo esperamos, no faltará a su debido tiempo en el campo de batalla para acabar de una vez por todas con toda la magnificencia austriaca.
F. Engels
La Riforma, diario liberal publicado en Lucca desde 1847. ↩
La Allgemeine Zeitung de Augsburgo, ciudad situada a orillas del Lech; el gran diario conservador de la Alemania del sur, muy próximo al gobierno austriaco. ↩
Juego de palabras con el título del periódico: allgemein, «general»; gemein, «vil». ↩
Condecoración militar prusiana creada en 1813 para la guerra contra Napoleón. ↩
Welsch: término despectivo con que los alemanes designaban a los pueblos románicos, sobre todo a franceses e italianos. ↩
August Adolf Ludwig Follen (1794-1855), poeta del movimiento estudiantil patriótico (Burschenschaft) de la época de las guerras de liberación, emigrado luego a Suiza. ↩