Escrito en Colonia el 6 de noviembre de 1848. Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 136, del 7 de noviembre de 1848; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1959, pp. 455-457), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Colonia, 6 de noviembre. La libertad y el orden croatas han vencido y han celebrado su victoria con incendios y asesinatos, violaciones y saqueos, con atrocidades de una maldad indecible. Viena está en manos de Windischgrätz, Jellachich y Auersperg.1 Hecatombes de víctimas humanas se arrojan a la tumba del viejo traidor Latour.2

Todas las sombrías predicciones de nuestro corresponsal en Viena3 se han confirmado, y quizá él mismo haya sido degollado ya en este momento.

Por un momento esperamos la liberación de Viena gracias al socorro húngaro, y los movimientos del ejército húngaro siguen siendo un enigma para nosotros.

La traición de toda especie ha preparado la caída de Viena. Toda la historia del Reichstag y del consejo municipal desde el 6 de octubre no es más que una historia continuada de traición.4 ¿Quién estaba representado en el Reichstag y en el consejo municipal?

La burguesía.

Una parte de la Guardia Nacional vienesa tomó abiertamente partido por la camarilla desde el comienzo mismo de la revolución de octubre. Y al final de la revolución de octubre encontramos a otra parte de la Guardia Nacional luchando contra el proletariado y la Legión Académica,5 en connivencia secreta con los bandidos imperiales. ¿A quién pertenecen estas fracciones de la Guardia Nacional?

A la burguesía.

Pero en Francia la burguesía se puso a la cabeza de la contrarrevolución después de haber derribado toda barrera que se oponía al dominio de su propia clase. En Alemania se encuentra, humillada, en el séquito de la monarquía absoluta y del feudalismo antes de haber asegurado siquiera las primeras condiciones de existencia de su propia libertad y de su propio dominio burgueses. En Francia se presentó como déspota e hizo su propia contrarrevolución. En Alemania se presenta como esclava y hace la contrarrevolución de sus propios déspotas. En Francia venció para humillar al pueblo. En Alemania se humilla para que el pueblo no venza. Toda la historia no muestra mezquindad más ignominiosa que la de la burguesía alemana.

¿Quién huyó en masa de Viena y dejó a la generosidad del pueblo la vigilancia de las riquezas abandonadas, para calumniarlo luego por su servicio de guardia durante la huida y verlo degollado a su regreso?

La burguesía.

¿De quién son los secretos más íntimos que expresa el termómetro que bajaba con cada aliento vital del pueblo vienés y subía con cada uno de sus estertores? ¿Quién habla en el lenguaje rúnico de las cotizaciones de Bolsa?

La burguesía.

La «Asamblea Nacional alemana» y su «poder central» han traicionado a Viena. ¿A quién representan?

Ante todo, a la burguesía.

La victoria del «orden y la libertad croatas» en Viena estaba condicionada por la victoria de la república «honrada» en París. ¿Quién venció en las jornadas de junio?

La burguesía.

Con su victoria en París, la contrarrevolución europea empezó a celebrar sus orgías.

En las jornadas de febrero y de marzo, la fuerza armada fracasó en todas partes.

¿Por qué? Porque no representaba más que a los gobiernos mismos. Después de las jornadas de junio ha vencido en todas partes, porque la burguesía está en todas partes en connivencia secreta con ella, mientras que, por otro lado, tiene en sus manos la dirección oficial del movimiento revolucionario y pone en práctica todas esas medias medidas cuyo fruto natural es el aborto.

El fanatismo nacional de los checos fue el instrumento más poderoso de la camarilla de Viena. Los aliados ya han llegado a las manos. Nuestros lectores encontrarán reproducida en este número la protesta de la diputación de Praga contra las groseras impertinencias con que fue recibida en Olmütz.6

Es el primer síntoma de la guerra que va a empezar entre el partido eslavo y su héroe Jellachich, por un lado, y el partido de la camarilla pura y simple, situada por encima de toda nacionalidad, y su héroe Windischgrätz, por otro. Por su parte, el campesinado alemán de Austria todavía no está pacificado. Su voz se hará oír, estridente, a través de la cencerrada de los pueblos de Austria. Y desde un tercer lado la voz del zar, amigo de los pueblos, se hace oír hasta Pest; sus verdugos aguardan la palabra decisiva en los principados del Danubio.7

Finalmente, la última resolución de la Asamblea Nacional alemana de Fráncfort, que incorpora la Austria alemana al Imperio alemán,8 bastaría por sí sola para provocar un conflicto gigantesco si el poder central alemán y la Asamblea Nacional alemana no vieran cumplida su vocación en salir a escena para que el público europeo los abuchee. A pesar de su piadosa resignación, la lucha en Austria se desplegará en dimensiones gigantescas como la historia universal nunca ha visto.

En Viena acaba de representarse el segundo acto del drama cuyo primer acto se representó en París con el título de Las jornadas de junio. En París, los móviles;9 en Viena, los «croatas»; en ambos casos, lazzaroni,10 lumpenproletariado armado y comprado contra el proletariado que trabaja y que piensa. En Berlín veremos pronto el tercer acto.

Supongamos que la contrarrevolución viviera en toda Europa gracias a las armas; moriría en toda Europa por el dinero. El hado que anularía la victoria sería la bancarrota europea, la bancarrota del Estado. Ante los argumentos «económicos», las puntas de las bayonetas se quiebran como yesca podrida.

Pero el desarrollo no espera al vencimiento de las letras que los Estados europeos han girado contra la sociedad europea. En París se asestará el contragolpe aniquilador a la revolución de junio. Con la victoria de la «república roja» en París, los ejércitos serán vomitados desde el interior de los países hacia las fronteras y más allá, y el poder real de los partidos en lucha se mostrará en toda su pureza. Entonces nos acordaremos de junio y de octubre, y también nosotros gritaremos:

Vae victis! ¡Ay de los vencidos!

Las matanzas sin resultado desde las jornadas de junio y de octubre, el tedioso festín de sacrificios desde febrero y marzo, el canibalismo mismo de la contrarrevolución convencerán a los pueblos de que solo hay un medio de abreviar, simplificar y concentrar los estertores asesinos de la agonía de la vieja sociedad y los sangrientos dolores de parto de la nueva sociedad, un solo medio: el terrorismo revolucionario.

  1. El príncipe Alfred zu Windischgrätz (1787-1862), mariscal austriaco; Josip Jelačić (1801-1859), ban de Croacia, y el conde Karl Auersperg (1783-1859), comandante de la guarnición de Viena, mandaban las tropas que tomaron la ciudad el 31 de octubre y el 1 de noviembre de 1848. ↩

  2. El conde Theodor Baillet von Latour (1780-1848), ministro austriaco de la Guerra, linchado por la multitud el 6 de octubre de 1848, al comienzo de la insurrección de Viena. ↩

  3. Eduard von Müller-Tellering, corresponsal de la Neue Rheinische Zeitung en Viena. ↩

  4. El Reichstag era la asamblea constituyente austriaca reunida en Viena desde julio de 1848; el consejo municipal (Gemeinderat) era el de Viena. El 6 de octubre había estallado la insurrección vienesa contra el envío de tropas a Hungría. ↩

  5. La Legión Académica, milicia de los estudiantes de Viena formada en marzo de 1848. ↩

  6. La corte imperial había huido de Viena a Olmütz (Olomouc, en Moravia). ↩

  7. Pest, hoy parte de Budapest, era la sede del gobierno revolucionario húngaro. Las tropas rusas habían ocupado en el verano de 1848 Moldavia y Valaquia, los principados del Danubio. ↩

  8. El 27 de octubre de 1848 la Asamblea de Fráncfort aprobó los artículos del proyecto de constitución según los cuales ningún territorio del Imperio alemán podía formar un mismo Estado con territorios no alemanes, lo que suponía separar la Austria alemana del resto de la monarquía de los Habsburgo. ↩

  9. La Guardia Móvil, cuerpo formado en París en febrero de 1848 con jóvenes reclutados en gran parte entre el lumpenproletariado, que combatió contra los obreros en junio. ↩

  10. Nombre que se daba al lumpenproletariado de Nápoles, usado por la monarquía contra los liberales. ↩