Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 226, 19 de febrero de 1849 (Colonia), pp. 1-2; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.

* Colonia, 18 de febrero. Windischgrätz tiene una mala suerte especial. Habría podido ser uno de los más grandes generales del siglo si no le hubieran ocurrido siempre los percances más inesperados. Ya Schwanbeck ha demostrado que habría realizado hazañas incomparables con solo que los húngaros le hubieran hecho frente una sola vez. Pero lo peor que le ha pasado al gran Windischgrätz no lo revela hasta ahora una correspondencia semioficial imperial y real de la A. A. Z. En el suplemento de dicho periódico del 15 de febrero del corriente año se dice literalmente lo siguiente:

«Por lo que respecta a las operaciones del príncipe Windisch-Grätz en el mes de enero, debo recordar que a mediados de diciembre ocho columnas estaban destinadas a entrar en el interior de Hungría y en ese momento se encontraban a 10 o 12 jornadas de marcha de Buda-Pest. Esta disposición del mariscal de campo se había tomado en el supuesto de una conducción razonable de la guerra. Los magiares han echado por tierra ese supuesto, al desplegar una fabulosa superioridad numérica en todas partes, salvo allí donde habría podido dar el resultado favorable, si es que este era posible. De las columnas a las que Windisch-Grätz había dado cita ante las capitales húngaras, solo pudieron cumplir las órdenes recibidas las del Ban, la del teniente mariscal de campo Wrbna y el cuerpo de reserva al mando del mariscal de campo; la superioridad numérica magiar impidió a las demás unidades cumplirlas».

Windischgrätz había contado con que los magiares seguirían una «conducción razonable de la guerra». Si hubieran seguido esa conducción razonable de la guerra, Windischgrätz los habría derrotado de manera aplastante. Pero ahora despliegan «una fabulosa superioridad numérica en todas partes», «salvo allí donde» podía servirles de algo. Y a consecuencia de esta insensatez sin límites, todas las disposiciones del gran Windischgrätz se quedan en agua de borrajas.

¡Precisamente porque los magiares cometieron disparate tras disparate, y porque contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano, hasta las más sabias combinaciones de Windischgrätz han fracasado ante su ignorancia estratégica!

¿Tuvo nunca un hombre tan mala pata
como el alcalde Tschech —

y el mariscal de campo Windischgrätz, que no pudo vencer a sus enemigos solo porque eran demasiado tontos para él?!