Fechado en París el 28 de enero de 1849 y publicado en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 209, del 31 de enero de 1849; la MEW lo recoge entre los escritos de Marx y Engels sin precisar el autor. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 209-211), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

* París, 28 de enero. El peligro de un levantamiento popular ha quedado conjurado por el momento con el voto de la Cámara contra la urgencia de la prohibición de los clubes, es decir, contra la prohibición de los clubes en general.1 Pero surge un nuevo peligro: el peligro del golpe de Estado.

Léase el National2 de hoy y dígase si no se trasluce en cada línea el miedo al golpe de Estado.

«El voto de hoy es un golpe mortal para el gabinete, y desafiamos al señor Odilon Barrot, a Faucher y tutti quanti3 a conservar todavía más tiempo sus carteras…»

Hasta aquí el National parece estar todavía de buen ánimo. Pero escúchese el final de la frase:

«… ¡sin ponerse en abierta rebeldía contra el espíritu y la letra de la Constitución!»

¡Y qué les importaría al señor Odilon Barrot, a Faucher y tutti quanti ponerse en abierta rebeldía contra la Constitución! ¡Desde cuándo se entusiasman Barrot y Faucher por la Constitución de 1848!

El National ya no amenaza a los ministros: les demuestra que tienen que dimitir, le demuestra al presidente que tiene que destituirlos. ¡Y eso en un país donde, desde hace treinta años, la dimisión de los ministros después de un voto así se da por supuesta!

El presidente de la república, dice el National, comprenderá, así lo esperamos, que la mayoría y el gabinete están en completa discordia, que destituyendo al gabinete estrechará los lazos entre él y la mayoría, que entre él y la mayoría solo hay un obstáculo para el buen entendimiento: el gabinete.

Más aún, el National trata de tender al ministerio un puente de plata para la retirada: desea que se abandone la acusación contra los ministros. El voto, dice, es castigo suficiente. Este último recurso debe reservarse para cuando los ministros hayan violado realmente la Constitución con un acto consumado.

Sí, exclama por último, todo le impone al gabinete el deber de retirarse; sus propias palabras lo atan de tal modo que dudamos en creer que se atreva a conservar el poder. El señor Barrot declaró esta tarde que, si se rechazaba la urgencia, la Asamblea misma asumiría la responsabilidad de los acontecimientos. Bien: donde termina la responsabilidad, tiene que terminar también el poder. Si el gabinete no quiere ser responsable de los acontecimientos, tampoco puede dirigirlos. El señor Barrot presentó su dimisión en la tribuna al declinar la responsabilidad.

En suma: el National no cree en la dimisión voluntaria del ministerio, ni tampoco en su destitución por el presidente.

Pero si el ministerio quiere desafiar el voto de la Asamblea, no le queda más que… el golpe de Estado.

La disolución de la Asamblea Nacional y la preparación de la restauración monárquica por la fuerza militar: eso es lo que acecha detrás del miedo del National a que el ministerio se quede.

Por eso el National y los periódicos rojos piden al pueblo que se mantenga tranquilo, que no dé ningún pretexto para intervenir, ya que todo motín solo podría sostener al gabinete que cae, solo podría servir a la contrarrevolución realista.

Que el golpe de Estado está cada vez más cerca lo prueban los incidentes entre Changarnier4 y los oficiales de la Guardia Móvil. Los bouchers de Cavaignac5 no tienen ganas de dejarse utilizar para un golpe realista; por eso se los quiere disolver; murmuran, y Changarnier amenaza con hacerlos acuchillar y mete a sus oficiales en arresto.

La situación se complica en apariencia; pero en realidad se vuelve muy sencilla, tan sencilla como lo es siempre la víspera de una revolución.

El conflicto entre la Asamblea y el presidente con sus ministros ha estallado. Francia no puede seguir existiendo con la impotencia con que se la gobierna desde hace diez meses; el déficit, la situación deprimida de la industria y el comercio, la presión fiscal que arruina la agricultura se vuelven cada día más insoportables; las medidas grandes y tajantes son cada vez más urgentes, y cada nuevo gobierno es cada vez más impotente e inactivo que el anterior, hasta que por fin Odilon Barrot ha llevado la inacción al extremo y en seis semanas no ha hecho absolutamente nada.

Pero con ello ha simplificado mucho la situación. Después de él ya no es posible ningún ministerio de la república honesta.6 Los gobiernos mixtos (el gobierno provisional y la Comisión Ejecutiva), el gobierno del National, el gobierno de la antigua izquierda, todo se ha recorrido ya, todo está gastado y desgastado. Ahora le toca el turno a Thiers, y Thiers es la restauración monárquica sin velos.

Restauración monárquica o república roja: esa es ahora la única alternativa en Francia. La crisis puede prolongarse todavía unas semanas, pero tiene que estallar. Changarnier-Monk,7 con sus trescientos mil hombres, que durante 24 horas están por completo a su disposición, tampoco parece querer esperar más.

De ahí el miedo del National. Reconoce su incapacidad para dominar la situación; sabe que todo cambio violento de gobierno lleva al poder a sus enemigos más encarnizados, que está perdido tanto con la monarquía como con la república roja. De ahí sus suspiros por una transacción pacífica, su cortesía con los ministros.

Muy pronto veremos si, para la victoria final de la república roja, es necesario que Francia pase por un momento por la fase monárquica. Es posible, pero no probable.

Pero esto sí es seguro. La república honesta se derrumba por todas partes, y después de ella, aunque sea tras algunos pequeños intermedios, ya solo es posible la república roja.

  1. El 27 de enero de 1849 la Asamblea Nacional francesa rechazó la urgencia del proyecto del ministro del Interior, Léon Faucher, que prohibía los clubes políticos. ↩

  2. Le National, diario de los republicanos burgueses moderados. ↩

  3. «Todos los demás de esa especie.» Odilon Barrot presidía desde el 20 de diciembre de 1848 el primer gobierno de Luis Napoleón; Léon Faucher era su ministro del Interior. ↩

  4. El general Nicolas Changarnier, comandante de la Guardia Nacional y de las tropas de París. ↩

  5. «Los carniceros de Cavaignac»: la Guardia Móvil, reclutada entre los jóvenes parados de París, había sido el principal instrumento del general Cavaignac en la represión de la insurrección obrera de junio de 1848. ↩

  6. Honnête, «honesta», «decente»: la república de los republicanos burgueses moderados, por oposición a la república roja. ↩

  7. George Monk, general inglés que en 1660 restauró a los Estuardo. ↩