Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 241, del 9 de marzo de 1849; la MEW lo recoge entre los escritos de Marx y Engels sin precisar el autor. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 332-333), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Colonia, 7 de marzo. La Neue Preußische Zeitung1 da a conocer con gran triunfo el juramento de servicio de los militares ingleses y se alegra sobremanera del descubrimiento de que el soldado inglés solo jura fidelidad a la reina, y no a la Constitución. Y nosotros en Prusia, en el más joven de los Estados constitucionales, ¿íbamos a hacer jurar a los soldados la Constitución, contra el ejemplo del país constitucional más antiguo?
Pero la Neue Preußische Zeitung se olvida de contar a sus lectores en qué situación se encuentra el soldado inglés frente a las leyes civiles.
Que el soldado británico es llevado por todos los delitos que no sean meras faltas disciplinarias ante los tribunales ordinarios, los juzgados de paz, las petty sessions, las quarter sessions o los assizes,2 y que en todos los choques con los demás ciudadanos se le trata como a un simple ciudadano, se entiende por sí mismo.
Pero eso no es todo. En Inglaterra todo ciudadano, sea funcionario, soldado o lo que sea, responde ante las leyes de cada uno de sus actos y no puede alegar que el acto en cuestión le fue ordenado por sus superiores. Por ejemplo, se produce un motín. Llega la tropa. Se hacen o no se hacen las intimaciones legales a dispersarse. El pueblo no se dispersa. El funcionario civil (siempre un juez de paz o un funcionario municipal electo) da o no da la autorización para intervenir. La tropa hace fuego; quedan muertos. Los cadáveres se presentan a un jurado de levantamiento de cadáveres,3 ante el cual se establecen los hechos. Si el jurado considera que la intervención no estaba justificada por las circunstancias, pronuncia un veredicto de asesinato premeditado contra todos los participantes, también contra el funcionario civil que autorizó la intervención, contra el oficial que mandó hacer fuego y contra todos los soldados que realmente dispararon.
Si el funcionario civil no autorizó la intervención, eso no tiene más consecuencia que la de que no figura en el veredicto. Para los oficiales y los soldados el asunto sigue siendo exactamente el mismo.
Este veredicto de asesinato premeditado constituye un auto de acusación formal, sobre cuya base se abre el procedimiento penal ante el jurado ordinario.
El soldado inglés, pues, no es considerado por la ley en absoluto como una máquina sin voluntad que tenga que obedecer la orden recibida sin rechistar, sino como un free agent, un hombre de libre voluntad, que en cada momento tiene que saber lo que hace y que responde de cada uno de sus actos. ¡Buenas cosas le contestarían los jueces ingleses a un soldado acusado que alegara en su defensa que se había mandado hacer fuego y que él había tenido que «obedecer la orden»!
En Prusia todo eso es distinto. En Prusia el soldado declara que su superior directo le mandó hacer fuego, y queda libre de toda pena. En Prusia, e igualmente en Francia, al funcionario se le asegura en general la impunidad completa por cualquier infracción de la ley en cuanto demuestra que la orden le llegó de su superior regular por la vía jerárquica regular.
Que no somos de la opinión de que una breve fórmula de juramento pueda convertir a un hombre en otro hombre, a un teniente de la guardia blanquinegro4 en un entusiasta de la «libertad constitucional», la Neue Preußische Zeitung nos lo creerá sin duda a pie juntillas.
Los señores «con Dios por el Rey y la Patria» han hecho ellos mismos en los últimos doce meses, con su propia y loable parentela, las más gratas experiencias sobre lo que significan los juramentos. Tampoco tenemos nada que objetar a que la Neue Preußische Zeitung haga jurar fidelidad a los militares al rey, al dalái lama o al hombre de la luna, con tal de que «Mi magnífico ejército»5 quede, de la manera expuesta, frente a las leyes exactamente en la misma situación que los militares en Inglaterra.
Diario de la reacción feudal prusiana, fundado en Berlín en el verano de 1848, conocido como Kreuzzeitung por la cruz de hierro de su cabecera. ↩
Tribunales ingleses: las petty sessions, sesiones de dos o más jueces de paz; las quarter sessions, sesiones trimestrales de los jueces de paz de un condado; los assizes, audiencias con jurado de los jueces itinerantes de los tribunales superiores. ↩
El coroner's inquest, jurado que investiga en Inglaterra las muertes violentas o sospechosas. ↩
Por los colores de Prusia, el negro y el blanco. ↩
Expresión de Federico Guillermo IV, repetida con ironía por la prensa democrática. ↩