Escrito por Friedrich Engels en Colonia el 1 de mayo de 1849 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 287, del 2 de mayo de 1849. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 459-460), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
*Colonia, 1 de mayo. Otra pieza nueva en la historia de la contrarrevolución prusiana. El rey da a la Asamblea de Fráncfort un puntapié definitivo y le arroja con desprecio a la cara la corona de papel dorado de un Imperio imaginario que ella le había ofrecido.1
Si la Asamblea de Fráncfort se hubiera comportado con energía a su debido tiempo, ahora podría hacer detener a este Hohenzollern ebrio de soberbia y llevarlo ante los jurados por «ofensas a la Asamblea Nacional» (ley de septiembre de 1848, publicada también en Prusia).2 Hasta ahora no existe ninguna ley «del Imperio» que declare a cada uno de los señores príncipes irresponsables también frente al «Imperio»; y la irresponsabilidad imperial, el Hohenzollern la rechaza.
La nueva nota prusiana «del Imperio» del 28 de abril suaviza el puntapié «al Imperio» con algunas observaciones benévolas sobre la llamada Constitución del Imperio alemán. Esta obra inocente se presenta aquí como el colmo de toda maldad y como el producto extremo, «que derriba todas las barreras», de la revolución y del republicanismo secreto.
¡La Paulskirche,3 una cueva de ladrones carbonaria!4 ¡Welcker y Gagern, republicanos secretos, «Möros, con el puñal bajo el manto»!5 ¡Bassermann, el visionario, convertido él mismo en una «figura bassermanniana»!6 Esto halaga naturalmente a los buenazos de Fráncfort después de todas las burlas del pueblo, después de todas las maldiciones que los combatientes de las barricadas de Fráncfort y de Viena, pisoteados, han acumulado sobre ellos, y gente de todos los colores, hasta el señor Vogt,7 es capaz de creerse de verdad semejantes necedades.
La nota prusiana es la última amenaza a la Asamblea de Fráncfort antes de pasar a dispersarla de verdad. Una vez más el reacio Hohenzollern tiende la mano para el «entendimiento». Y, en efecto, la Asamblea, después de haber ido tan lejos, bien podría dar todavía un pequeño paso más y convertirse del todo en instrumento prusiano.
Pero, entretanto, una parte del pueblo, y en especial los campesinos y pequeñoburgueses de los Estados de rapiña8 del sur de Alemania, se aferra a la Asamblea y a la llamada Constitución del Imperio. El ejército está en disposición favorable a la Constitución del Imperio. El pueblo ve en cada paso, por miserable que sea, que acerque la unificación de Alemania un paso más hacia la eliminación de los pequeños príncipes y hacia la liberación de la abrumadora carga de los impuestos. También el odio contra Prusia contribuye en su parte. Los suabos han hecho incluso una revolución por la llamada Constitución del Imperio;9 naturalmente, una tempestad en un vaso de agua, pero algo es algo.
La dispersión de la Asamblea de Fráncfort no podría, pues, llevarse a cabo sin violencia si los buenazos de Fráncfort tuvieran el menor coraje. Ahora tendrían la última ocasión de lavar al menos una pequeña parte de los graves pecados cometidos. Fráncfort y el sur de Alemania, alzándose ostensiblemente por la Constitución del Imperio, podrían formar, con las victorias de los húngaros, con la descomposición de Austria, con la furia del pueblo de Prusia contra las traiciones de Hohenzollern-Radowitz-Manteuffel, un centro momentáneo para un nuevo levantamiento revolucionario apoyado en Hungría.
Pero entonces estos señores no tendrían que retroceder ante la proclamación de la guerra civil y, en el caso extremo, cuando llegue la hora de decidir, tendrían que preferir la república alemana una e indivisible a la restauración de la Dieta federal alemana.10
Pero quien pretenda eso de los de Fráncfort se equivoca de medio a medio. Estos señores alborotarán un poco, se resistirán un poco, hasta que se haya cumplido al menos más o menos con el decoro, y luego acordarán todo lo que les dicte el reacio Hohenzollern. El pueblo quizá levante aquí y allá barricadas y… sea traicionado como el 18 de septiembre.11
Con ello terminaría la famosa acción principal y de Estado del Imperio,12 si dependiera de los señores de Fráncfort. Pero quizá los húsares húngaros y los lanceros polacos y los proletarios de Viena tengan algo que decir, y entonces la cosa puede tomar otro giro.
El 28 de marzo de 1849 la Asamblea Nacional de Fráncfort eligió emperador a Federico Guillermo IV, que el 3 de abril respondió con evasivas a la delegación de la Asamblea; con la nota del 28 de abril el gobierno prusiano rechazó definitivamente la corona y la Constitución del Imperio. ↩
Ley para la protección de la Asamblea Nacional y de los funcionarios del poder central, dictada tras la insurrección de Fráncfort de septiembre de 1848. ↩
La iglesia de San Pablo de Fráncfort, sede de la Asamblea Nacional. ↩
Los carbonarios eran una sociedad secreta revolucionaria italiana de comienzos del siglo XIX. ↩
Verso de la balada de Schiller «La fianza». Karl Theodor Welcker (1790-1869) y Heinrich von Gagern (1799-1880), liberales, este último presidente de la Asamblea Nacional y luego jefe del ministerio del Imperio, eran partidarios del Imperio hereditario prusiano. ↩
Friedrich Daniel Bassermann (1811-1855), diputado liberal y subsecretario de Estado del ministerio del Imperio, había descrito en noviembre de 1848 las inquietantes figuras que veía en las calles de Berlín; de ahí la expresión «figuras bassermannianas». Spökenkieker: en bajo alemán, el que ve aparecidos. ↩
Carl Vogt (1817-1895), naturalista, diputado de la izquierda en Fráncfort. ↩
Raubstaaten: con este nombre designaba la Neue Rheinische Zeitung a los pequeños Estados alemanes. ↩
En Wurtemberg, la presión popular obligó al rey a reconocer la Constitución del Imperio el 25 de abril de 1849. ↩
Órgano de la Confederación Germánica, disuelto en julio de 1848 y restablecido en 1850. ↩
El 18 de septiembre de 1848 fue aplastada una insurrección popular en Fráncfort contra la ratificación por la Asamblea del armisticio de Malmö. ↩
Haupt- und Staatsaktion: nombre de las piezas teatrales de asunto heroico de los cómicos ambulantes alemanes del siglo XVII; en sentido figurado, un asunto aparatoso. ↩