Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 194, 13 de enero de 1849 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.

** Berna, 8 de enero. El Gobierno napolitano, cada vez más inquieto porque no llegan los reclutas suizos, ha enviado aquí a uno de sus oficiales de Estado Mayor suizos, el señor Tobias Müller, para tratar con el Consejo Federal un cambio en la ruta de viaje de los reclutas, ya que el puerto de embarque previsto en el contrato, Génova, está cerrado. Este señor Müller es la persona idónea para semejante misión. No solo ha luchado durante largos años en Italia contra la libertad; ya en 1831 empuñó las armas en su patria (Friburgo) contra la revolución. Radetzky, que conoce a su gente, lo ha recibido con distinción, lo ha abrazado delante de su Estado Mayor y ha elogiado brillantemente a él y a los suizos de Nápoles en general por su «fidelidad a su rey» (!) y por su valentía al servicio de su «rey». Es probable, sin embargo, que el señor Müller tropiece con dificultades; ni siquiera el liberalismo que domina en el Consejo Federal es amigo de las capitulaciones militares, como tampoco lo son los gobiernos liberales de Berna y Lucerna.

Mientras Radetzky fraterniza con los suizos de Nápoles, sus vejaciones contra el Tesino empiezan de nuevo una y otra vez. Ha denunciado ante el Gobierno de allí que Mazzini sigue escondido en el cantón, y hasta le ha indicado su escondite. Se queja además de que continuamente se introducen armas de contrabando en Lombardía. El Gobierno decidió investigar el primer punto y, si Mazzini estaba de nuevo en el cantón, expulsarlo; sobre el segundo punto pasó al orden del día, porque no le corresponde servir de guardia fronterizo a los austriacos. Por lo demás, Radetzky ha amenazado con restablecer el bloqueo si no cesa el contrabando de armas.

El Consejo Federal se ocupa de los proyectos de ley que deben presentarse a la próxima Asamblea Federal. Entre ellos están la ley de aduanas, la organización de correos, propuestas de organización militar, etc. Hay que reconocerlo: mientras la muy loable Asamblea de Fráncfort, en su desbordante impotencia y su impotente desbordamiento, no saca a la luz más que su propia miseria, las autoridades federales suizas llevan a cabo sin ruido una pieza de centralización burguesa tras otra. En marzo se presentará a los Consejos una multitud de leyes centralizadoras, que se debatirán y aprobarán en mayo y junio y entrarán en vigor en junio. Para tales pequeñas reformas de detalle la generación liberal de políticos suizos que hoy domina (no se puede decir estadistas) tiene una habilidad indiscutible. En pocos años la centralización de Suiza estará terminada, en la medida en que lo permite la Constitución, y entonces esta misma Constitución será una traba para el desarrollo ulterior del país, y la república una e indivisible se convertirá en una necesidad. Todo ello en el supuesto —imposible— de que la tormenta europea que se prepara deje a Suiza tan neutral como el año 1848.

Pero ¡qué nación, en una época de revoluciones como la actual, no aspira a nada más que a la abolición de las aduanas cantonales, los correos cantonales y otras instituciones cantonales que desde hace largos, larguísimos años se han vuelto agobiantes! ¡Una nación que, en medio de los dolores de parto de una nueva época histórica, pone su meta suprema en una edición mejorada de la república federativa heredada de la historia y en los primeros comienzos de la centralización burguesa, que la guerra del Sonderbund ya había hecho necesarios! ¡Qué mezquindad de tenderos en medio del más grandioso movimiento europeo!

Por lo demás, el Consejo Federal ha dado un paso de lo más curioso. Ha vuelto a llamar desde Berlín, como profesor de ciencias militares, al conocido señor Lohbauer. El señor Lohbauer, refugiado de 1830, radical, más tarde renegado, fue llamado a Berlín en los años cuarenta, como es sabido, por la camarilla de Eichhorn, y allí colaboró en la Staatszeitung, en el Janus y en otros órganos ultrarreaccionarios y pietistas. El señor Lohbauer es, si no nos equivocamos mucho, el autor de aquella patada de lacayo en el folletín de la Staatszeitung con la que Herwegh, tras su carta a Su Majestad, fue despachado fuera de los Estados reales. El señor Lohbauer no ha sido nunca soldado, y sin embargo ha de enseñar aquí ciencias militares. Qué significa esto solo lo entiende el señor Ochsenbein, que lo ha llamado.

En la mayoría de los cantones están ahora reunidos los Grandes Consejos, que se pelean con los intereses más locales. El de Zúrich ha elegido burgomaestre (id est jefe del poder ejecutivo) a nuestro amigo el Dr. Alcibiades Escher. El Gran Consejo de Berna se reúne el 15.