Escrito por Friedrich Engels en Colonia el 12 de abril de 1849 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 271 (segunda edición), del 13 de abril de 1849. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 424-425), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
*Colonia, 12 de abril. El gobierno prusiano ya ha demostrado, al dictar órdenes de busca y captura contra los llamados criminales políticos austríacos, alemanes y no alemanes, en particular contra Kossuth, Bem, Perczel y otros héroes húngaros,1 la estrecha relación que hay entre la libertad constitucional prusiana y la ley marcial imperial y real que chorrea sangre. La entente cordiale2 entre Potsdam y Olmütz,3 a pesar de las cuestiones del emperador, de las cuestiones alemanas, de las cuestiones de Schleswig-Holstein y de otras cuestiones, era un hecho cuya existencia solo podía escapar a los topos literarios y diplomatizantes de la Kölnische Zeitung y de otros órganos avezados. Pero que esta entente cordiale llegara hasta la última vileza, hasta la infamia de la extradición de refugiados políticos a los austríacos, eso nos lo tenía aún reservado nuestro glorioso ministerio.
Si Robert Blum hubiera escapado de Viena a Prusia, el gobierno prusiano lo habría entregado a sus verdugos.4
Ha entregado a uno de los compañeros de lucha de Robert Blum, el cadete vienés Höcke, el 4 de abril de este año, a los sabuesos sanguinarios de la ley marcial austríaca. Léase el siguiente informe de la Oberschlesische Lokomotive, desde Ratibor,5 del 4 de abril:
«Ayer al mediodía llegó aquí desde Breslau, bajo custodia policial y en un vehículo especial, el cadete vienés Höcke, que se había refugiado allí hacía algún tiempo, acusado de alta traición por haber participado en la revolución vienesa de octubre. Höcke había indicado en una carta a los suyos en Viena su domicilio en Breslau. Esta carta debió de correr la suerte de muchas otras, es decir, debió de ser abierta en alguna estación de correos austríaca. Pues poco después la autoridad policial de Breslau recibió, a requerimiento, la orden de detener al mencionado Höcke en su domicilio y de entregarlo.
»En consecuencia, el preso llegó aquí ayer al mediodía bajo escolta; aquí una enfermedad muy penosa, que padece desde hace bastante tiempo, retrasó la continuación de su viaje hacia la ley marcial. Fue alojado en el calabozo municipal, bajo estricta vigilancia militar, pero ya hoy, a las 5 de la mañana, ha sido llevado al otro lado de la frontera, acompañado por dos guardias municipales y un gendarme. La tan alabada humanidad prusiana no le permitió en este último viaje, durante dos horas y media, ni una sola vez bajar del coche, como exigía su enfermedad, ni le dio los refrigerios que pidió. Para estos no había dinero, aunque al preso (según su declaración) le habían quitado 80 táleros al detenerlo en Breslau y los gastos de transporte, como sabemos con exactitud, solo (!) habían ascendido a 30 táleros.
»Es deber urgentísimo de los periódicos alemanes advertir con insistencia a los austríacos refugiados de los peligros a que se exponen permaneciendo en suelo prusiano, y en particular silesio. La vieja convención de extradición6 sigue en vigor con su vieja gloria. El gran derecho fundamental alemán llamado ley marcial se reconoce por igual en Prusia y en Austria y se aplica con deleite».
Los héroes de la ley marcial de los distintos países declarados en estado de sitio no nos habrán dado en vano ejemplos semejantes. Así como ahora se mantienen unidos, también los demócratas de todas las naciones se mantendrán unidos el día en que despunte el día de la venganza.
La escoria real y ministerial de media Europa encontró la primavera pasada un refugio seguro en Inglaterra.7
Aseguramos a los señores Manteuffel, Brandenburg y consortes8 que en la próxima revolución, que ellos mismos se afanan tanto en acelerar, no habrá ningún obstáculo para su extradición desde Inglaterra al pueblo alemán victorioso y sediento de venganza. De ello ya se ha cuidado desde ahora.
Lajos Kossuth (1802-1894), jefe de la revolución húngara; Józef Bem (1794-1850), general polaco al mando de las tropas húngaras en Transilvania; Mór Perczel (1811-1899), general húngaro. ↩
«Entendimiento cordial»; en francés en el original. ↩
Potsdam, residencia de Federico Guillermo IV; Olmütz (Olomouc), en Moravia, donde residía desde octubre de 1848 la corte austríaca. ↩
Robert Blum (1807-1848), demócrata de Leipzig y diputado de la Asamblea Nacional de Fráncfort, fue fusilado en Viena el 9 de noviembre de 1848 por haber tomado parte en la defensa de la ciudad sublevada. ↩
Ratibor (Racibórz), ciudad de la Alta Silesia, cerca de la frontera austríaca. ↩
Kartelkonvention: convenios entre Prusia, Austria y Rusia para la entrega mutua de desertores y delincuentes. ↩
Tras las revoluciones de febrero y marzo de 1848 se refugiaron en Inglaterra, entre otros, Luis Felipe, Guizot, Metternich y el príncipe Guillermo de Prusia. ↩
Otto von Manteuffel (1805-1882), ministro prusiano del Interior, y el conde Friedrich Wilhelm von Brandenburg (1792-1850), presidente del gobierno desde noviembre de 1848. ↩