Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 261, 1 de abril de 1849 (Colonia), p. 3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.
Hungría.
* Faltan por completo noticias más recientes del teatro de la guerra. Solo han llegado algunos detalles sobre hechos ya conocidos. Damos lo principal a continuación:
El teniente mariscal de campo Schulzig ha sido relevado por su mala dirección de la guerra en Hungría y trasladado como comandante a Estiria. Primer escarmiento que se aplica a los tan alabados generales austriacos imperiales y reales. Hay otros a la vista.
Jelačić estaría en Félegyháza y sus avanzadas a 4 horas de Szeged, ciudad que estaría cercada y cortada de los suministros del Banato. Mírese en el primer mapa detallado que se tenga a mano la situación de los pantanos que rodean Szeged y se verá que esta noticia es una miserable fanfarronada.
Unos 2.500 insurrectos húngaros intentaron una incursión en Galitzia, en el círculo de Stryj, pero fueron rechazados con pérdidas. — Según se sabe, son soldados polacos veteranos los que forman por regla general los cuadros de los batallones de la Landwehr húngara. — La última ordenanza del mariscal de campo Windischgrätz, según la cual nadie puede ser obligado (!!) a aceptar billetes húngaros, no ha causado la menor impresión en Pest.
Otra correspondencia litografiada de Viena escribe:
«Los húngaros avanzan cada vez más hacia Pest y lo emplearán todo para poder liberar Arad, Komárom y Peterwardein, lo que probablemente lograrán, pues el poder militar húngaro crece y se entusiasma de día en día, mientras que las tropas imperiales, por las marchas forzadas, el mal abastecimiento y las continuas escaramuzas, disminuyen en número y se desaniman. Recientemente se ha producido en Törökszentmiklós un combate muy encarnizado en el que ambas partes sufrieron grandes pérdidas, pero los húngaros quedaron dueños del campo de batalla. En Szeged se espera para estos días un fuerte choque del ejército húngaro del sur, al mando de Vetter y Damjanich, con los cuerpos de ejército serbios. Los serbios de Serbia se han vuelto de verdad a Serbia con armas y bagajes, y esa tropa de unos 8.000 hombres hará mucha falta a los generales imperiales. Peterwardein sigue ocupada por tropas húngaras y, según supe ayer, la guarnición, después de haber metido en las casamatas a todos los oficiales sospechosos, está decidida a volar las viejas rocas de Peterwardein antes que rendirse. Así pues, la navegación por el Danubio está abierta, sí, desde Carlowitz, pero no más arriba, ya que toda embarcación que intentara acercarse a Peterwardein, que domina por completo el Danubio, sería echada a pique. Komárom es bombardeada desde el 17 de marzo sin ningún resultado; cada día se lleva río abajo hacia Komárom artillería pesada de asedio en vapores. Bem ha conquistado Hermannstadt y ha expulsado a los 3.000 rusos y 2.000 austriacos que la guarnecían.»
Sobre la toma de Hermannstadt por Bem escribe un corresponsal vienés de la Börsenhalle: «Una ojeada al mapa muestra con qué audacia ejecutó el jefe insurrecto este golpe: según las noticias, hizo con 12.000 hombres una marcha forzada de veintiséis horas desde Vásárhely, cayó sobre Hermannstadt antes del amanecer, sorprendió y desarmó a la guarnición rusa, en parte todavía en los cuarteles, y le habría quitado varios cañones. Según un informe, además, varios rusos habrían sido ahorcados. Así pues, la protección rusa, prometida con la entrada del cuerpo auxiliar ruso, ha dado muy poco fruto a los desdichados habitantes de Hermannstadt.»
Un corresponsal entusiasta del imperio escribe a la Bresl. Zeitung desde la frontera húngara lo siguiente:
«El rumor de la dimisión del príncipe Windischgrätz suena cada día con más fuerza, pues no solo le irritaría la marcha poco satisfactoria de la guerra, que él atribuye a los refuerzos de tropas tantas veces pedidos y no concedidos, sino que le ofendería sobre todo la tutela que el ministerio ha tenido a bien ejercer últimamente sobre él en lo relativo a la administración civil del país. El asunto de los billetes abrió la primera grieta en la entente cordiale entre Windischgrätz y el ministerio, y el envío del barón Kübeck a Ofen para vigilar las finanzas húngaras tampoco era a propósito para restablecer el entendimiento perturbado. Se asegura que el barón Welden, recién ascendido a Feldzeugmeister, en Viena, está destinado a sustituir al severo mariscal en Hungría, y que en lugar de Welden el Feldzeugmeister conde Nugent será gobernador de la capital del imperio, pues los conocidos sucesos de la primavera del año pasado en el Friul han hecho imposible a este general en campaña. — Sobre la terrible suerte de Maklár sigue reinando una oscuridad no aclarada; después de la batalla de Kápolna esta hermosa villa había quedado muy maltrecha, por lo que el príncipe Windischgrätz le hizo llegar como indemnización la suma de 1.000 florines; más tarde se dijo que el lugar había sido arrasado porque allí se habían detenido cinco carros de municiones imperiales y reales. Sin embargo, periódicos húngaros que aparecen en Pest bajo los ojos del mariscal de campo desmienten esa versión, mientras que dan por irrefutable el hecho de la destrucción.»
El mismo corresponsal escribe sobre Komárom los siguientes detalles, de los que se desprende que no cabe pensar en la toma de la fortaleza. Un «asalto» a una fortaleza, sobre todo tan inexpugnable como Komárom, un asalto que se diera antes de abrir brecha, sería pura locura. Y sin embargo el corresponsal lo profetiza. Se ve qué disparates tan enormes cuentan a los periódicos los oficiales austriacos.
Vemos además que la llamada línea del Palatino, que hace tiempo debía estar en manos de los imperiales, sigue siendo húngara, y que solo ahora se han puesto en acción contra ella las baterías de desmonte. De la toma de esa obra avanzada, pues, no hay todavía ni que hablar.
La correspondencia dice:
«La fortaleza de Komárom es bombardeada sin descanso desde el 20 del corriente, pero hasta ahora con poco resultado. Hay dos mil bombas destinadas a ser lanzadas al interior de la plaza, y si entonces la guarnición sigue sin rendirse, se intentará un asalto general, que las tropas imperiales y reales esperan con impaciencia, porque el vivac a 12 grados bajo cero no es muy atractivo y además los pueblos de toda la comarca están tan empobrecidos y saqueados que los habitantes vienen mendigando al campamento de los austriacos y pagan con gusto 30 cruceros por la hogaza de pan de munición, solo por poder calmar el hambre. Las baterías levantadas en el Sandberg, junto al Danubio, están destinadas a limpiar la isla y a desmontar los cañones enemigos de la primera obra de la línea del Palatino; otra batería bate la carretera que sale de la cabeza de puente y pasa por Neu-Szöny; morteros de largo alcance y baterías de cohetes al mando del teniente Jäger, bien conocido desde Italia, cierran el corro. La guarnición está dispuesta a morir, pues el comandante de la fortaleza, Mek, un joven que en 9 meses ha subido de artificiero a coronel, tiene el patíbulo ante los ojos y venderá cara su vida. — En Debrecen los oficiales insurrectos llevan una vida de lo más alegre, pues allí sobra el dinero; un vaso de ponche cuesta 1 florín de convención, y relojes de cilindro de lo más corriente, que en Alemania cuestan 35 florines, se pagan allí a 200. También en la sede de la junta húngara desaparecen el oro y la plata de la circulación, que ahora se hace exclusivamente con billetes; no porque al gobierno húngaro le falten táleros y ducados, nada de eso, sino que guarda el dinero contante bajo llave, no solo para aumentar los apuros de Austria, sino también para tener la moneda sonante preparada para cualquier eventualidad. Como se sabe, la astucia del agitador Kossuth ha logrado que sus emisarios difundieran por todas partes el bulo de que el Banco Nacional de Viena había perdido todo su crédito y suspendido pagos. Incluso en Pest la maniobra tuvo éxito, y el príncipe Windischgrätz está no poco furioso por esta lograda astucia del enemigo.»
Pest, 22 de marzo. La Pesther Zeitung de hoy publica las sentencias del consejo de guerra contra Dominik Zendeli, Stephan Thomas e Ignaz Opatril. Los mencionados fueron condenados, por expresiones incitadoras y amenazas verbales contra el ejército y sus comandantes y por expresiones inconvenientes sobre el gobierno actual proferidas en parte en estado de embriaguez, el primero a ocho meses, el segundo a seis meses y el tercero a cuatro semanas de arresto en el calabozo.