Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 268, 10 de abril de 1849 (Colonia), p. 2; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.

Hungría.

* De ninguna parte llega la menor noticia nueva, tanto menos cuanto que los periódicos de Breslau, por lo general los mejor informados, no han llegado hoy a causa de la reciente festividad.

De Komárom la Wiener Zeitung comunica oficialmente el siguiente hecho insignificante:

«En continuación de las operaciones y sucesos ante Komárom dados a conocer con fecha del 3 de abril, se comunica además según las últimas noticias: el cerco estrecho comenzó el 2 de abril; los cañones pesados restantes fueron llevados en la noche del 1 al 2 a la batería n.º 8, y al amanecer esta batería, construida de manera muy adecuada, abrió fuego con piezas de 24 y balas rojas contra la fortaleza vieja. El enemigo respondió solo moderadamente al fuego desde la línea del Palatino, la fortaleza vieja y la cabeza de puente.»

Que el ejército del Tisza está siendo diezmado considerablemente por las fiebres tiene que admitirlo ahora también el C. Bl. a. B. «El número de enfermos en las comarcas inundadas del Tisza sería enorme.»

Al mismo periódico le escriben «desde el Drava, 30 de marzo» que en el Banato las cosas empiezan también a tomar un giro muy desagradable para Austria. Escúchese la lamentación del corresponsal imperial y real de la ley marcial sobre esta «coincidencia» tan poco deseada de circunstancias:

«El terreno de operaciones presenta dificultades peculiares; el ejército cuenta entre las tropas fronterizas también con gente menos instruida, y se ha debilitado por las guarniciones. Considérese y mídase además la extensión de Hungría y de Transilvania. Los rebeldes, en cambio, están más concentrados y se agolpan hacia el Banato. A consecuencia de ello, el cuerpo imperial serbio del general de brigada Todorović, que, como informé últimamente, había marchado desde la zona de Theresiopel hacia Kikinda, se encuentra en grave aprieto; más aún, si la noticia sobre Karlowitz no engaña, ha sido dispersado.

El cuerpo de asedio ante Peterwardein ha recibido 3 batallones de refuerzo, y en los atrincheramientos se trabaja con empeño. Cuando (!) Komárom haya caído (!), se movilizará sin duda una masa mayor de tropas hacia este punto, pues después de Transilvania ninguna región necesita con tanta urgencia refuerzos como esta, no solo por la fortaleza, sino también por la probabilidad de un ataque enemigo. El ánimo en la voivodina es muy sombrío, pero no en las capas bajas, sino en las regiones medias y altas de la sociedad. De qué manera se ha hecho valer en el Odbor de Mitrovica y en su atmósfera puede deducirse del hecho de que el teniente coronel Puffer, que como capitán se distinguió por su resolución en los conocidos desórdenes de Reichenberg, no considera prudente, por ser alemán, asumir el mando del regimiento de Peterwardein, pese a que una fracción del regimiento ha pedido su nombramiento como coronel.»

Y para terminar léase el siguiente estremecedor grito de dolor de un corresponsal vienés del mismo periódico, a quien por fin se le ha encendido también una tenue luz y que ya barrunta de qué se trata:

«¡Ahora llueven sobre nosotros, como granizo, las noticias de Hungría! Lo que aquí se murmuraba en silencio lo dice ahora con palabras secas el número de la tarde de la Wiener Zeitung: el valiente Puchner ha sido empujado a Valaquia; no debía de tener siquiera todo su cuerpo reunido, pues de lo contrario se habría sostenido en el paso de Rothenthurm. ¿Dónde están nuestros amigos los rusos? ¿Y por qué nuestras tropas no penetran desde Hungría en Transilvania? Las comarcas del Tisza son del todo intransitables, se dice; pero ¿por qué los magiares encuentran un camino en las comarcas del Tisza y para cruzar el Tisza hacia acá? En Szeged el pan está muy caro y en Komárom debe de ser muy malo; hasta ahí hemos llegado ya; pero los honvéd siguen siendo baratos, y se encuentran en abundancia y, al parecer, de una calidad aceptable. “¡Oh, Señor del cielo, mira esto!” Si esto sigue así, entonces… bueno, ¡más vale no profetizar!»

Esa es «la vieja Austria,
¡rica en honores y en victorias!»