Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 245, 14 de marzo de 1849 (Colonia), p. 4, sección «Hungría»; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Se mantiene la noticia de Pest que Engels presenta con una frase suya aunque termina con la fuente «(Lloyd)». Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán
* Faltan informes directos. El correo de Viena que se esperaba ayer no ha llegado ni siquiera a Breslau ni a Berlín, y el que se esperaba hoy vuelve a faltar con todo el servicio postal de Berlín. Damos por eso hoy algunos pasajes de un artículo de la A. A. Z. que es apropiado para arrojar algo de luz sobre las fanfarronadas negro y amarillas de ciertos periódicos alemanes:
«Tras la escasa resistencia que las tropas imperiales encontraron en Hungría hasta Pest, la noticia de la batalla de dos días de Kápolna, que terminó tras una lucha encarnizada sin resultado decisivo, llegó de manera sumamente inesperada. Fue el primer combate importante con los insurgentes, que llevaban aquí por primera vez al combate a sus tropas regulares, cuya reconocida valentía, bajo la dirección de un jefe hábil como Perczel, se veía aún acrecentada por el fanatismo de los húsares; la batalla demostró que los magiares, cuando están más instruidos y disciplinados, combaten con un valor y un desprecio de la muerte que distinguen a esta raza desde hace siglos. Pero aparte de esta prueba, la batalla no dio a las cosas ningún otro giro, pues según informes del 2 de marzo los insurgentes se retiraron el 29 de febrero de Maklár a Mezőkövesd, y de allí por la carretera de Poroszló y Tiszafüred, ciertamente en filas ordenadas, pero con la intención de cruzar el Tisza; su retaguardia combatió en Kövesd y después en otros dos puntos con las tropas imperiales para cubrir la retirada. El príncipe Windischgrätz adelantó su cuartel general hasta más allá de Mezőkövesd y destacó al general Zeisberg por Besenyő hacia Tiszafüred para cortar, si era posible, a los insurgentes la retirada por el puente de allí; si esta maniobra tiene éxito, su jefe, el general Dembinski, tendría que aceptar una segunda batalla general para forzar el paso del Tisza; de lo contrario, podrían pasar el río sin obstáculos, unirse al cuerpo insurgente que en Szolnok sostenía continuas escaramuzas con la brigada imperial Ottinger y oponer una renovada resistencia al mariscal de campo. Quien combine los encarnizados combates actuales con las alusiones del periódico de Kossuth de noviembre, quien haya leído sus advertencias de que una retirada del ejército húngaro al interior del país, si llegara a producirse, no debía tomarse por una huida, sino por un plan estratégico, su proclama a los campesinos para que se armaran a espaldas de las tropas imperiales, cortaran todo abastecimiento y asaltaran a las unidades aisladas, sus instrucciones para llevar una guerra de guerrillas, etc., para ese no pueden ser un secreto las causas de la rápida retirada hasta Pest y de la llamativa circunstancia de que al príncipe Windischgrätz solo se le opusiera un cuerpo de 24.000 insurgentes al mando de Görgey. Los insurgentes hicieron levantar abatidas y atrincheramientos en Presburgo, Wieselburg y Raab, en la suposición de que estas obras de defensa moverían al ejército imperial a procurarse un parque de artillería mayor y el tiro necesario para ello, mientras que ellos ganarían tiempo para traer sus reclutas de los condados eslavos de la región del Tisza y los fusiles encargados en Bélgica, y para instruir a su ejército; los insurgentes se retiraron casi sin lucha hasta Pest porque querían levantar una leva en masa a espaldas de las tropas imperiales y debilitar la fuerza de estas con las guarniciones que habían de dejar en Presburgo, Ödenburg y Raab y para el bloqueo de Komárom».
La A. A. Z. pasa ahora a un resumen, naturalmente parcial y austriaco, de los acontecimientos bélicos, y luego continúa:
«Entretanto se habían reunido en Rimaszombat 8 brigadas de tropas imperiales, que avanzaron contra los insurgentes reunidos en Mezőkövesd y Kápolna, 50.000 hombres con 120 cañones. El príncipe Windischgrätz vino de Pest a Gyöngyös con varios regimientos de caballería y asumió la dirección del ataque, con unos 40.000 hombres de tropas imperiales y, según se dice, 140 cañones, contra los insurgentes, situados en una posición ventajosa. Los húsares combatieron con encarnizamiento y temeridad; fueron ellos los que mantuvieron por un tiempo en suspenso la victoria del ejército imperial; la infantería regular, que sin embargo apenas llegaba a 8000 hombres, combatió con valor y constancia; la milicia aguantó más que de costumbre, pero pronto fue abandonada por sus oficiales ignorantes y cobardes; el batallón italiano Zanini, que se había pasado al enemigo, fue capturado por los imperiales en Kápolna, de modo que los insurgentes regulares que se mantenían en combate ya no estaban a la altura de las columnas imperiales que avanzaban al asalto, y tuvieron entonces que limitarse a cubrir la retirada de todo el cuerpo insurgente, evitando con ello su dispersión. Lo que pueden tales tropas con oficiales hábiles y valientes lo muestra la infantería húngara en Italia, que pertenece indiscutiblemente a la parte más valiente del ejército austriaco; es una lástima que aquí, en su ceguera, combatan por una rebelión que, cuanto más dure, más desgracias extenderá sobre Hungría. El barón Jellachich ha ido a Temesvár para asumir allí el mando supremo de las tropas imperiales y serbias; su autoridad y su energía lograrán refrenar a los serbios, que quieren considerar de su propiedad los distritos ocupados con ayuda del ejército imperial, y poner límites a su arbitrariedad. Los serbios al mando de Knićanin están ante Szeged; dos ataques repetidos fueron rechazados por los magiares, inferiores en número; en Transilvania Bem parece haberse recuperado y avanzar de nuevo sobre Hermannstadt, pero el teniente mariscal de campo Gläser estaría marchando contra él, en cuyo caso su cuerpo no podría escapar a la captura» (!)
De otras noticias habría que comunicar todavía lo siguiente:
Pest, 3 de marzo. El distrito de Solt ha recibido de Debrecen la orden de que todos los hombres de 18 a 30 años tomen las armas y marchen contra los serbios. — Algunos oficiales honvéd liberados de la fortaleza de Esseg, que habían dado su palabra de no volver a tomar las armas contra las tropas imperiales, estarían ocupados precisamente en organizar el levantamiento popular. (Lloyd).