Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 272, 14 de abril de 1849 (Colonia), pp. 3-4; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.
* Volvemos sobre los dos boletines del ejército de Windischgrätz.
El 33.º empieza así:
«Su Alteza el mariscal de campo príncipe de Windischgrätz se había enterado de que importantes fuerzas de los rebeldes se concentraban entre Gyöngyös y Hatvan, y por ello encargó al teniente mariscal de campo conde Schlick que efectuara allí un reconocimiento.»
«¡Se había enterado!» Desde luego: en los combates que obligaron a sus tropas a retirarse ante los magiares victoriosos de Kaschau a Waitzen y de Felegyhaza a Pitis, entre veinte y treinta millas, Windischgrätz «se había enterado» de ello de una manera muy amarga.
Pero vayamos al grano.
Con este «reconocimiento» de Schlick del 2 de abril empieza la serie de combates que duró cinco días y terminó el 6 con la retirada general de los imperiales hasta los muros de Pest. Intentemos describir el curso de estos combates con el material, por cierto muy deficiente, de que disponemos, y sobre todo, para no atribuir a los húngaros ventajas demasiado grandes, siguiendo los propios boletines imperiales.
Según el 34.º boletín, la posición de los imperiales era la siguiente:
El ejército austriaco se extendía en una larga línea desde Balassa Gyarmath, pasando por Waitzen y Aszod, hasta Czegled. El ala izquierda la formaba el segundo cuerpo de ejército, al mando de Ramberg, cuyas brigadas más adelantadas (Götz y Jablonowski) no estaban en Losoncz, como se fanfarroneaba antes, sino seis millas más atrás, en Balassa Gyarmath, Vadkert y Waitzen. En el centro estaba Schlick con el tercer cuerpo, que había tomado posición en la zona de Hatvan y Aszod, detrás del Zagyva. El ala derecha la formaba Jelačić con el primer cuerpo, que se extendía desde Czegled hasta cerca de Jasz-Bereny, también detrás del Zagyva, pero algo más atrás.
Así estaban los imperiales según los boletines.
Frente a ellos había dos masas principales de magiares. El cuerpo del norte, al mando de Dembinski, Görgei y Klapka, avanzaba contra Schlick desde Gyöngyös. Un segundo cuerpo, cuyos jefes no se indican, estaba frente a Jelačić, a pocas millas de sus fuerzas principales, desde Jasz-Apathe hasta Szolnok. El Zagyva separaba a los cuerpos enemigos en toda la línea.
El 2 de abril, Schlick se puso en marcha y cruzó el Zagyva en Hatvan. Pero, como dice el 33.º boletín, encontró «las fuerzas del adversario tan superiores a las suyas que prefirió tomar una posición firme en Gödöllö hasta que llegaran más refuerzos. Durante esta marcha de vuelta se dio al capitán von Kalchberg, del regimiento de infantería Prohaska, la orden de destruir el puente detrás de Hatvan.
El capitán Kalchberg llevó a cabo esta destrucción con su bravísima compañía, bajo el más violento fuego de cañón y de fusilería, con una perseverancia ejemplar, y detuvo así al enemigo de tal manera que la marcha de vuelta del cuerpo apenas fue hostigada por él.»
Es decir, un combate perdido para los austriacos y una retirada hasta medio camino de Pest. Todo lo que pudo conseguirse se redujo a que «la marcha de vuelta apenas fue hostigada».
El Zagyva es en Hatvan un riachuelo pequeño y estrecho, a apenas siete millas de su nacimiento. La destrucción del puente podía, a lo sumo, retrasar la persecución con artillería, y quizá también con infantería, pero en ningún caso detener a los húsares. Y precisamente la persecución por la caballería ligera es la más desagradable para un ejército en retirada en este terreno ondulado que se va convirtiendo en llanura.
Este primer revés de los austriacos se convierte ya en el 34.º boletín en una victoria. «Fue esta (la vanguardia magiar mandada por Dembinski) la que el 2 del corriente fue atacada por el señor teniente mariscal de campo Schlick y rechazada hasta Hort con considerables pérdidas (!) de cañones y prisioneros (!!)!!!»
Tan corta memoria atribuye Windischgrätz a sus lectores que pretende que el 9 de abril hayan olvidado ya lo que él hizo imprimir el 7.
Si este pasaje tiene algún sentido, es que las «considerables pérdidas de cañones y prisioneros» no se refieren a los magiares, sino a los imperiales.
A consecuencia de este revés, Windischgrätz tuvo que concentrar más su ejército. Del ala izquierda (2.º cuerpo) se hizo venir a toda prisa la división Csorich de Waitzen a Gödöllö. Jelačić recibió la orden de seguir el movimiento y mantener el enlace con Schlick. El propio Windischgrätz fue el 3 a Gödöllö y el 4 a Aszod. (Así lo dice el 33.º boletín. Según el 34.º, Windischgrätz no llegó a Gödöllö hasta el 4. ¡Así concuerdan estos boletines!)
Jelačić desplazó su cuerpo en dirección noroeste, de Czegled hacia Gödöllö. Durante este movimiento fue atacado el 4 cerca de Tapio-Bicske. El boletín dice ahora:
«El general de brigada Rastich pasó rápidamente a la ofensiva, atacó a la bayoneta al enemigo, superior en número, que avanzaba sobre él, y lo rechazó, ocasión en la que se tomaron a los insurrectos 12 cañones, de los cuales 4 tenían tiro y se pusieron enseguida a salvo, y otros 8 fueron clavados. Hicimos además varios prisioneros, pero también nosotros lamentamos la pérdida del valiente comandante barón Riedesel y del capitán de caballería Gyurkovics, de los húsares banderiales.»
Primero fueron diecisiete los cañones conquistados; luego catorce; por último fueron doce, pero tenían tiro y se habían puesto a salvo. Ahora por fin se reconoce que, en efecto, se habían conquistado doce cañones, pero que por desgracia ocho de ellos tuvieron que quedarse en el sitio. Se dice, eso sí, que fueron clavados. Tampoco de eso hay que fiarse mucho. Pero precisamente por el hecho de que hubo que abandonar ocho cañones conquistados, precisamente por eso se ve lo victorioso que fue el combate de Tapio-Bicske. Cuando se vence, se conserva el campo de batalla, y cuando se conserva el campo de batalla, se conservan también los cañones sin tiro que hay en él.
El «glorioso combate» de Tapio-Bicske es, pues, en el fondo, otro revés, el segundo que sufren los imperiales en su «gran reconocimiento».
Pero entonces Windischgrätz se puso en persona a la cabeza del ejército y obtuvo las siguientes ventajas:
«El 5 del corriente, el mariscal de campo emprendió un ataque contra el enemigo apostado cerca de Hatvan, ocasión en la que una división de ulanos de Civalart y 3 escuadrones de caballos ligeros de Kress atacaron con rara bravura a 4 divisiones de húsares enemigos y, con una pérdida insignificante de 2 muertos y 10 heridos, obtuvieron un éxito brillante.
»Sesenta húsares muertos, entre ellos dos oficiales, cubrían el campo de batalla; los insurrectos tuvieron además 40 heridos y se les hicieron 32 prisioneros, entre ellos 1 oficial.»
Windischgrätz nos cuenta qué hazañas realizaron de paso, «en esa ocasión», algunos escuadrones de la caballería imperial; pero qué resultado tuvo el «ataque» entero, eso no lo sabemos. Aquí, pues, se ha vuelto a sacar evidentemente de un combate desafortunado en su conjunto un episodio aislado, momentáneamente favorable, para encubrir el mal resultado del conjunto.
El resultado de este combate fue... la retirada de los imperiales hasta los muros de Pest. Estos combates, cuenta Windischgrätz, le habían demostrado «la superioridad del enemigo, sobre todo en caballería ligera, en el terreno completamente abierto», y así se vio obligado a concentrar a toda prisa los tres cuerpos de ejército en las inmediaciones de Pest.
Por lo demás, este movimiento fue mucho menos el resultado de un cálculo estratégico que de la necesidad apremiante. Windischgrätz confiesa que el enemigo «le siguió con gran rapidez y se lanzó sobre todo contra el primer cuerpo de ejército, desplegado cerca de Ihaszeg, mientras creía tener ocupado al 3.er cuerpo, desplegado delante de Gödöllö». ¡Así que Windischgrätz, en una retirada muy apurada, solo tuvo la satisfacción de que los magiares derrotaran a un cuerpo distinto del que creían derrotar!
El día 6, durante esta retirada, se llegó de nuevo a un combate «en el que la brigada Fiedler, reforzada por una sección de la división Lobkovitz, obligó al enemigo a emprender la retirada, que este intentó cubrir más tarde con un gran ataque de caballería de doce escuadrones; pero este también fue frustrado por un ataque de flanco de dos escuadrones de caballos ligeros de Kress y un escuadrón de coraceros de Max Auersperg, ocasión en la que se arrebataron al enemigo otros seis cañones y este dejó muchos muertos en el campo de batalla, pues el fuego bien dirigido de nuestra artillería causó estragos en sus filas».
Un disparate estratégico más colosal no lo ha escrito todavía ni siquiera la Kölnische Zeitung. ¡Una brigada, reforzada por una sección de una división, obliga a retirarse a los magiares victoriosos y superiores en número! Para cubrir esa retirada, estos lanzan un gran ataque con doce escuadrones de húsares... ¡contra una fuerza de infantería tan pequeña! Pero aún hay más. Los doce escuadrones magiares son puestos en fuga por tres escuadrones imperiales, ¡y por último se conquistan seis cañones! Se ve que el invicto Windischgrätz se vio obligado una vez más a sacar momentos favorables aislados de un combate en conjunto sumamente desfavorable, y a ofrecer así un relato que supera en lo fabuloso a todas las münchhausiadas del mundo.
Al valiente Ban Jelačić no le fue mejor. «También él atacó vivamente al enemigo y ocupó después la posición que se le había asignado.» Estas pocas palabras prueban de sobra que Jelačić, para poder replegarse sobre Pest, tuvo que sostener un combate serio y abrirse paso. Con qué pérdidas, lo sabremos pronto.
En esta posición delante de Pest, Windischgrätz está ahora «decidido a esperar los refuerzos que en este momento avanzan desde todas partes contra los húngaros, y como su ejército está completamente concentrado, esto le da ocasión de operar en todas las direcciones con la fuerza que puedan exigir los acontecimientos».
Este bienintencionado plan del noble mariscal de campo, así como su ridícula fanfarronada final, Görgei y Dembinski los habrán echado ya por tierra.
Si se toman juntos los dos boletines, resulta que los imperiales han sido rechazados en toda la línea y se limitan a la defensa de Pest. Del ataque de Dembinski contra Pest, o de sus medidas a espaldas de los imperiales, sabremos sin duda pronto.
Que la derrota de los imperiales es mucho más importante de lo que admiten los boletines lo dicen todas las informaciones no oficiales. Desde el día 2 se oía en Pest un cañoneo ininterrumpido en toda la línea. Desde el 3 y el 4 empezó la retirada por las calles de Pest. Carros de municiones y de bagajes, cureñas de reserva, carros con heridos y soldados sueltos sin armas y sin heridas se sucedían. En toda la ciudad se tomaron medidas de defensa, en distintos puntos se requisaron casas para los militares y se tuvo gente preparada para desmontar enseguida los puentes de barcas.
En Pest subieron los billetes de banco húngaros y en Breslau bajaron los valores austriacos, a raíz de cartas privadas de Presburgo que hablaban de una victoria decisiva de los magiares en Gödöllö. La noticia de la Breslauer Zeitung según la cual Jelačić estaría cortado y Schlick amenazado con la misma suerte no queremos tomarla todavía en consideración, pues las ventajas de los húngaros reconocidas por los propios imperiales ya bastan.
¡La Kölnische Ztg. amenaza con 30.000 hombres de Italia que en doce días estarán en suelo húngaro!! Mañana volveremos sobre ello. Amenaza además con 40.000 rusos que marchan contra Transilvania y, por último, con 18 batallones que, al mando de Hammerstein, irrumpirán por el Zips. Los rusos todavía no están aquí, y Hammerstein no ha dado hasta ahora más que la orden de reunir un cuerpo en Dukla, en la frontera entre Galitzia y Hungría. ¡Para cuando haya acabado, los magiares pueden estar lejos!