Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 277, 20 de abril de 1849 (Colonia), segunda edición (Zweite Ausgabe), pp. 2-3; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.
Hungría.
* Según las cartas y los periódicos de Alemania oriental que no han llegado hasta hoy (jueves) por la noche, los húngaros son dueños de la orilla izquierda del Danubio hasta el Gran, que, viniendo del norte, desemboca en el Danubio cinco millas por debajo de Komárom. Pest seguía el día 12 rodeada por un cuerpo húngaro que podía observarse muy bien a simple vista desde los tejados y que habría ocupado la estación de ferrocarril de Pest. A la ciudad misma no la ataca, para no exponerla a un bombardeo y porque desde allí, bajo los cañones de Ofen, no sería posible pasar el Danubio.
Sobre la batalla de Waitzen corren los rumores más contradictorios, que sin embargo coinciden todos en que el ala izquierda de los austriacos sufrió allí una derrota completa. Götz, según se afirma por una parte, no habría muerto, sino que estaría gravemente herido en manos de los húngaros. Los cuerpos austriacos reunidos en Waitzen se han retirado tras la derrota en parte al otro lado del Danubio, y en parte, con una fuerza de dos brigadas, se han replegado detrás del Gran. Allí estarían desde hace bastante tiempo (!) cinco brigadas de refuerzos llegados de Austria, etc., que el Wanderer calcula en 25.000 hombres!! Estas cinco brigadas se reducirán sin duda a un par de regimientos retirados del difunto cuerpo de asedio de Komárom, pues si en el Gran, a cuatro millas de Waitzen, hubiera habido cinco brigadas, ¡no se habrían quedado quietas, desde luego, mientras los cañones húngaros tronaban junto a Waitzen!
Este Wanderer no es en general más que una hojita tranquilizadora de la ley marcial. Tiene que contar que los magiares tomaron Waitzen sin combate, que allí solo había un cuerpo franco, mientras todos los demás periódicos hablan de un combate encarnizado y es un hecho que allí estaban Götz, Jablonowski y Csorich, sin contar las tropas que Windischgrätz llevó consigo cuando acudió en persona. Opina además que Pest no está amenazada en absoluto (!!), pues de lo contrario los imperiales habrían evacuado a sus heridos y tendido un segundo puente de barcas. Ahora bien, a los generales imperiales nunca les han importado mucho los heridos, y lo que sí les importa, los bagajes, las municiones y sobre todo el dinero, hace mucho que lo han expedido a Ofen. Han llegado a robar las existencias de oro y plata del Banco Nacional húngaro, 1.700.000 florines en moneda de convención, guardadas como garantía de los billetes húngaros de 1 y 2 florines, y las han incorporado a la Caja General de la Cámara de Ofen. En cuanto al segundo puente, está claro que en la larga línea de batalla de Pest a Waitzen y Gran los austriacos necesitan sus trenes de puentes mucho más que en Pest, que ahora ya no es su centro, sino su ala izquierda.
Este Wanderer tiene que dar ahora de pronto, además, una cifra de 100.000 hombres para el ejército imperial: a saber, 50.000 hombres junto a Pest, más los inexistentes 25.000 hombres de Gran ya mencionados, 10.000 hombres de refuerzo desde Galitzia al mando de Vogel, más las tropas de Nugent; total, 100.000 hombres; eso ha de tranquilizar. Estamos dispuestos a creer que Windischgrätz tenía 50.000 hombres antes de las últimas batallas y que todavía tiene 40.000. Pero los 25.000 hombres de Gran se reducen como mucho a 10.000, dispersos a ambos lados del Danubio desde Raab y Gran hasta Neuhäusel: restos del cuerpo de asedio de Komárom, reforzados con tropas recién llegadas; Vogel sigue en Galitzia y Nugent se ve muy apurado en Sirmia. Es cierto que al principio de la guerra las fuerzas de los imperiales pasaban de 200.000 hombres, pero los húngaros han hecho buena limpieza y han dispersado a los imperiales en todas direcciones. Puchner está en Valaquia, Kničanin ha vuelto a Serbia, los cuerpos francos del Banato se han ido a casa, masas de croatas se han desbandado, y de todo el ejército quedan quizá, como mucho, 120.000 soldados aptos para el combate, dispersos por el vasto territorio húngaro, y de ellos tal vez 50.000-55.000 frente al ejército principal magiar.
Persisten los rumores de que un cuerpo magiar habría cruzado el Danubio al sur de Pest, en la zona de la Bácska, y marcharía sobre Stuhlweißenburg, pero todavía no se sabe nada positivo sobre la situación de ese cuerpo.
Komárom está ya casi liberada del asedio. El perímetro de asedio ha quedado muy mermado por el avance de los magiares; después de que ya antes una parte considerable de las tropas había marchado con Windischgrätz a Pest, los últimos restos han tenido que marchar evidentemente sobre Gran para hacer frente a los magiares que avanzaban por ese lado. Ya antes se decía que la guarnición había hecho una salida contra los débiles sitiadores, los había dispersado y había conquistado toda la artillería de asedio. Según escriben ahora a la Ostdeutsche Post, Komárom está por lo demás abastecida para dos años y la guarnición está unida y resuelta a defenderse hasta el extremo.
En la pequeña parte de la Alta Hungría que todavía ocupaban los imperiales, también se ha puesto ahora fin a su dominio. Una columna magiar de, según se dice, 800 hombres de infantería, 200 de caballería y 5 cañones, al mando de un oficial polaco, Bernicki, entró, según la Oestr. Korresp., el 4 del corriente en Leutschau, el 5 en Neudorf y el 6 en Rosenau. A Eperies, que se veía amenazada por este movimiento, se hizo venir un batallón Welden acantonado en las cercanías, pero pese a ello el cuerpo magiar ha conquistado Eperies y ha empujado a las tropas imperiales y reales, junto con la famosa leva en masa eslovaca, hasta los Cárpatos, a la frontera de Galitzia.
Ahora aparece en el Banato, como espantajo, el nombre de Bem, que tan pronto debía estar cerca de Debrecen como incluso ya junto a Kalocsa, a orillas del Danubio. Escriben desde Alt-Orsova, con fecha del 2 del corriente, que Bem prepara una expedición de 10.000 hombres contra el Banato. Por cierto, Rukavina no ha sido jubilado aquí, sino solo relevado de la administración civil, que se ha confiado al patriarca. Conserva el mando de la frontera militar del Banato, y el general de brigada Mayrhofer mandará a sus órdenes la frontera de Sirmia.
Los magiares, por lo demás, no se han conformado con la Bácska. Han cruzado el Tisza y han ocupado los distritos de Kikinda y Neu-Vecsei.
En esta extrema necesidad no les queda a los imperiales otro remedio que una cura radical. Ha llegado por fin la noticia oficial de la destitución de Windischgrätz y del nombramiento de Welden como comandante en jefe en Hungría. Al mismo tiempo, Wohlgemuth ha partido hacia Hungría con Welden (a quien sustituye Böhm en Viena), donde ha de mandar un cuerpo de seis brigadas. Benedek ha ido a Galitzia para asumir un mando en el cuerpo de Vogel, de 10 batallones, que ha de entrar por Eperies. Wrbna va a ser jubilado.
Pero no basta con esta revolución en el ejército.
Se ha comprendido que sin los rusos no se puede acabar con los magiares. Por eso se ha pedido directamente la ayuda rusa. Se esperan en Hungría 30.000 rusos que llegarán por Cracovia.
También en el Banato se mantendrá en pie, con ayuda rusa, la amenazada divisa: sloboda a slavjanstvo (libertad y eslavismo). Ya se hablaba de la llegada de tropas rusas, y, para acelerar las cosas, unos diputados de una asamblea celebrada en Semlin el día 5 fueron enviados a Bucarest, a Duhamel.
Es de esperar que los rusos lleguen tarde a todas partes y encuentren la guerra ya tan decidida que, como mucho, solo puedan contemplar cómo los valientes magiares y los vieneses, que pronto podrán volver a aparecer en escena, preparan un final ignominioso a la «vieja Austria, rica en honores y victorias».
Hoy vuelven a faltarnos los últimos periódicos de Viena y de Breslau.