Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 227, 21 de febrero de 1849 (Colonia), p. 1; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán.
Periódicos de Olmütz traen la noticia de que Bem ha entrado en Hermannstadt y ha establecido allí su cuartel general. En la Bresl. Zeit. leemos el siguiente informe, titulado «Victorias del general Bem» y fechado «en Hungría, 12 de febrero»:
Tengo ante mí un número del Moniteur que se publica en Debreczin, el Közlöny, en el que figura un detallado informe del general Bem sobre sus victorias en Hermannstadt. Bem se burla en él del método centenario del Consejo Áulico de Guerra del teniente mariscal de campo imperial Puchner. Este había querido envolver a Bem, que, aprovechando magistralmente el terreno, agrupó sus tropas en masas. Puchner creía ya poder capturar a la banda rebelde cuando Bem se lanzó con todas sus fuerzas contra el centro enemigo, lo rompió y, apoyado por el terreno, atacó por la retaguardia las alas derecha e izquierda. Una gran parte de los imperiales fue hecha prisionera. La propia Hermannstadt, que al primer avance de Bem había hecho disparar desde las ventanas contra sus tropas, fue saqueada por los soldados enfurecidos. Bem en persona entró en la ciudad el 26 de enero. Retrasó a propósito la entrada, que debía haberse producido ya el 23, para que se calmara algo la furia de la tropa contra los habitantes de Hermannstadt. Con todo, los szeklers cometieron algunas crueldades, que Bem lamenta en su informe. Si ahora los periódicos de Viena callan la toma de Hermannstadt, puede usted considerarla, sin embargo, un hecho indiscutible. Usted sabe bien cuánto tiempo calló Viena la toma de Klausenburg. — Puedo comunicarle, de fuente fidedigna, que los imperiales han sido derrotados de nuevo en Zibackhaz, junto al Tisza. El cañoneo se oyó hasta Czegled, y algunos dragones huyeron hasta Pest. Testigos presenciales cuentan el asunto así: los imperiales querían quemar el sólido puente sobre el Tisza en Zibackhaz, pero los húngaros lo impidieron con tal fuerza que los imperiales tuvieron finalmente que darse a la fuga. Es de notar que los boletines callan también este combate de siete horas. — Además de los generales polacos ya mencionados, Dembiński y Bem, están con los húngaros los oficiales de Estado Mayor polacos Sierakowski, Kamiński, etc. Un general francés preside en Debreczin el consejo de guerra húngaro. De Pest sabemos que, a consecuencia de la derrota de Zibackhaz, la mayor parte de la guarnición se ha puesto en marcha. De Gran llegan a Pest muchos soldados heridos. Es que la guarnición húngara de la fortaleza de Komorn domina la mayor parte del condado de Gran y libra casi a diario escaramuzas contra los imperiales. El príncipe Windischgrätz ha recurrido a una nueva fuente de ingresos. Ha publicado una proclama según la cual cada comunidad judía tendrá que pagar 20.000 florines de convención por cada individuo de su seno al que se pruebe connivencia con los rebeldes. Una carta de Tokay del 9 de febrero, que un silesio venido de aquella comarca ha traído a los familiares del autor que viven en el condado, contiene la siguiente descripción de las atrocidades cometidas allí: «Con qué furia espantosa hacen los austriacos la guerra contra los húngaros, pudimos comprobarlo tristemente anteayer (el 7 de febrero). Una banda de 150 austriacos había entrado en las grandes bodegas de Myskolz. A su manera, no solo habían bebido de forma inhumana, sino que también habían destrozado los toneles para que se derramara el vino, y algunos de los más borrachos perdieron la vida. No contentos con eso, obligaron a las hijas y criadas de las granjas vecinas, a las que habían llevado a rastras, a bailar en ese estado tras arrancarles la ropa, por no hablar de las infamias que siguieron. Un teniente austriaco imberbe llegó a tal grado de inhumanidad que abrió con el sable el vientre a una de las desdichadas muchachas. — Mientras esta horda, agotada de las fechorías cometidas, se entregaba despreocupada al sueño, se acercó una unidad de tropas húngaras que, indignadas por lo ocurrido, se tomaron la venganza más cruel. Ataron a los imperiales profundamente dormidos y los partieron en dos con los sables, en el sentido literal de la palabra, vivos. Los alaridos de dolor de los desgraciados eran espeluznantes. Allí donde llegan los austriacos, se acabó la propiedad de quienes los hospedan: lo destrozan todo, rajan las camas y echan las plumas en los estercoleros; mujeres y muchachas, incluso niñas de 6 a 8 años, tienen que huir si no quieren ser deshonradas de la manera más indignante». — Por lo demás, el viaje del portador de esta carta, aparte de frecuentes registros, habría transcurrido sin grandes peligros. El pasaporte prusiano fue respetado en todas partes. (¡Como si eso fuera un milagro!) Según noticias privadas fidedignas comunicadas desde Viena, los szeklers han tomado Kronstadt. Según la Wiener Zeitung, el coronel Urban ha sorprendido y derrotado a un cuerpo magiar en Miroszny.