Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 239, 7 de marzo de 1849 (Colonia), pp. 2-3, sección «Hungría»; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán
* A las noticias magiares de victoria de ayer sigue hoy una aseveración austriaca de victoria. El corresponsal austriaco de Olmütz cuenta:
«Acaba de llegar a Olmütz el siguiente despacho telegráfico: el mariscal de campo príncipe Windischgrätz derrotó el 26 y el 27 de febrero a los insurgentes en Kápolna. El enemigo huyó en dos direcciones. Ha sido capturado un batallón entero.»
El comentario a esta noticia está en las siguientes líneas, confirmadas también por otras fuentes:
«En Viena, el 2 de marzo, la noticia imperial de la victoria solo se conocía como rumor de la Bolsa; las cartas llegadas ese día con el correo de Pest no fueron entregadas.»
Como se ve, la noticia imperial de la victoria tiene todos los rasgos de un triunfo de Windischgrätz: las cartas que habrían de confirmarla son retenidas en Viena por el correo. Es la primera vez que el Gobierno de Viena tiene que recurrir a semejantes medios. ¡Así que la victoria tiene que haber sido brillante!
De Transilvania todavía no hay noticias de la batalla del 15 entre Bem y Puchner. Los últimos informes llegan hasta el 14, pero dejan prever la victoria magiar del día siguiente. Una correspondencia litografiada de Viena escribe:
«Por fin tenemos de nuevo cartas directas de Hermannstadt hasta el 14 del corriente, que sin embargo suenan de todo menos tranquilizadoras. El teniente mariscal de campo Puchner es a todas luces demasiado débil todavía para hacer frente ofensivamente a las fanáticas huestes de los székelys y a las hordas de Bem. Por razones políticas, al parecer, no se quiere aprovechar la ayuda rusa como lo exigen las tristes circunstancias del gran principado. Las cartas comerciales de Hermannstadt y Kronstadt suenan muy lastimeras. De Temesvár se comunicó a Hermannstadt que los serbios se han negado a acudir en ayuda de Transilvania. Ya se desprende de los movimientos vacilantes de los generales Rukovina, Gläser y Todorović.»
Los austriacos han sufrido una nueva derrota a manos de Kossuth, no en el campo de batalla, sino en el mostrador de los tenderos y en el taburete de los judíos buhoneros. Kossuth ha visto cómo los imperiales se veían obligados a canjear sus billetes de uno y dos florines, y ha mandado fabricar en el acto billetes de 15 y 30 cruceros. Windischgrätz, indignado por esta alta traición contra el erario imperial y real, ha publicado la siguiente proclama:
«Los rebeldes huidos a Debrecen, no cansados de embrollar aún más la situación del país, ya tan gravemente perturbada, han emitido, además de los billetes de banco emitidos sin derecho ni razón, también vales de 30 y de 15 cruceros, que se ven ya en circulación. Este papel moneda llega sobre todo a manos de las clases más pobres de artesanos y campesinos, ya muy apuradas de por sí por la falta casi total de trabajo, a las que hay que preservar preferentemente de perjuicios. Declaro por ello, provisionalmente y hasta que se disponga también algo sobre los billetes de banco húngaros, nulos y sin valor estos vales de 30 y 15 cruceros, completamente ilegales, y prohíbo su aceptación tanto en las cajas públicas como en el tráfico privado.»
¡Como si el señor Windischgrätz pudiera impedir la circulación de los billetes de banco magiares mientras Austria no pueda poner en circulación dinero contante y sobre todo moneda fraccionaria!
Görgey, a quien el C. Bl. a. B. llama un hombre «sin talento de general» (!!), habría dejado el mando según informes austriacos. No necesitamos llamar la atención sobre lo absurdo de tales rumores. Mientras tanto damos, según el Lloyd austriaco, el siguiente informe sobre las últimas operaciones de este hábil guerrillero en el Szepes:
«Hasta el 18 del corriente, el teniente mariscal de campo Ramberg, que mandaba en el Szepes las dos brigadas de tropas imperiales y reales a las órdenes del general Götz y del príncipe Jablonowski, tuvo continuas escaramuzas con el cuerpo insurgente de Görgey. Görgey, en efecto, había enviado desde Kassa, comarca desguarnecida de tropas imperiales y reales, el tren de sus carros con una pequeña escolta hacia el Tisza, en dirección a Debrecen, y, para asegurar este transporte, había empleado todas sus fuerzas en contener a las tropas que lo perseguían; por eso apenas dejó en Kassa dos escuadrones de húsares y, después de que su retaguardia fuera rechazada de Wallendorf a Margitfalva, donde los cazadores imperiales y reales capturaron cinco cañones (!), concentró su fuerza principal en esta carretera, que, formando un estrecho desfiladero en el valle del río Hernád, entorpecía mucho el avance de las tropas imperiales y reales. Por la carretera de Eperjes, el cuerpo menor de los húngaros se retiró más deprisa, porque temían verse cortados por la antigua guarnición de Kassa en la carretera de montaña. La infantería de los húngaros es en general pésima, no solo porque no está instruida ni disciplinada —pues la agilidad corporal propia de los magiares y su probado desprecio de la muerte compensarían en cierto modo estas carencias en la batalla misma—, sino sobre todo porque tiene oficiales torpes, cobardes, venidos de todos los rincones del mundo, que no inspiran confianza alguna a la tropa. Los húsares, en cambio, aunque tienen oficiales en su mayoría ascendidos desde suboficiales, ignorantes, pero al menos intrépidos, conservan su bravura heredada; aquí, entre las montañas, se los pudo emplear poco, pero a menudo echaban pie a tierra para cubrir los cañones e infundir valor a los demás; en el servicio de avanzadas son temerarios y dan mucho que hacer a las tropas imperiales y reales.
»Los combates de los insurgentes con las tropas imperiales y reales se limitaron en esta comarca a escaramuzas de tiradores y salvas de artillería; a medida que los batallones se acercaban, los insurgentes se retiraban, se reunieron el 19 del corriente en Kassa y trataron después de llegar a marchas forzadas al Tisza, para unirse a Dembinski o huir a Debrecen (!).
»Kassa iluminó la ciudad para recibir a los insurgentes, recibió a Görgey con una marcha de antorchas y se libró así de una contribución de guerra que se impuso a Eperjes. Ahora los malos huéspedes han huido, y el 19 del corriente Eperjes, y anteayer Kassa, volvieron a ser ocupadas por las tropas imperiales y reales. En la aldea de Petrovian, entre Eperjes y Kassa, donde los campesinos capturaron a algunos húsares y los llevaron por las montañas a las tropas imperiales y reales, los rebeldes mandaron fusilar como castigo al alcalde y a un jurado. Los del Szepes hemos salido bien librados; solo las localidades de la carretera de montaña de Kassa sufrieron grandes daños en las diversas escaramuzas, y la ciudad de Neudorf pagó su deslealtad con el ataque, ya mencionado, del mayor imperial Kiesewetter; ahora la ocupan cuatro compañías de la milicia eslovaca al mando de Štúr, lo que naturalmente no puede compararse con la comodidad de una guarnición de tropas imperiales; pero todavía nos inquieta a todos la presencia de un cuerpo rebelde al mando del coronel insurgente Aulich en Lubló, que según todas las apariencias piensa operar a espaldas del ejército imperial, pues se pretende haber visto húsares ya aquí, ya allá; entretanto, para consuelo nuestro, el general Vogel ha entrado desde Galitzia por Bártfa con 4000 hombres, y sin duda (?) expulsará pronto a esas hordas de las montañas fronterizas.»
Como contrapartida damos el siguiente informe de Agram del C. Bl. a. B. sobre los enredos eslavos del sur:
Agram, 25 de febrero. El Napredak trata en su último número de las causas del estado de sitio que se impuso a Karlowitz; confirma la opinión de que las maquinaciones del comité central dieron ocasión a aquella medida militar. El Napredak disculpa al patriarca, por cuyo encargo se proclamó el estado de guerra en Karlowitz; el citado periódico informa además de que actualmente gobierna solo el patriarca, mientras que el Odbor (comité central) ha renunciado a su función y se abstiene de toda injerencia pública en la administración de la Voivodina. Las diferencias entre Rajačić y Stratimirović no están todavía resueltas, a juzgar por el citado periódico. Lo asegura también un miembro de la comisión constitucional serbia llegado aquí, que me pintó las cosas de la Voivodina como no las mejores. Por la comunicación de este miembro estoy en condiciones de informarles a ustedes de algo sobre la situación de allí. El pueblo está en su mayoría a favor de Stratimirović; solo Sirmia y la frontera de Peterwardein le son contrarias, donde Radosavljević, elegido comandante de regimiento y confirmado por el patriarca, ha paralizado por completo los esfuerzos de Stratimirović. El patriarca habría sido nombrado gobernador civil y, lo que suena algo extraño, también jefe militar de la Voivodina. Se confirma que Rajačić ha tenido varios conflictos con el comandante en jefe de Temesvár, con el que, por lo demás, estaba en buenos términos. Este último trabajaría con todas sus fuerzas para someterse la frontera del Banato y reintroducir allí el antiguo régimen militar. En general, varios oficiales superiores se habrían unido con el único afán de poner obstáculos a los serbios en todas partes: Rukavina y Todorović estarían a la cabeza de esta camarilla antiserbia. Este último habría perdido todas las simpatías por su comportamiento brusco y repelente y por sus sentimientos exageradamente «negro y amarillos»; su intolerancia con todo lo que no lleve el portaespada imperial y real llega a tal punto que quería conceder a los oficiales nacionales serbios una mera paga de cabo. — La comisión constitucional serbia ha comenzado hace poco sus trabajos; el primer resultado de sus deliberaciones es una ley electoral para la Voivodina, que está ya completamente elaborada.
¡La «monarquía unitaria» va a ver todavía cosas curiosas cuando estalle de una vez este alboroto paneslavista, que fermenta ahora por todas partes en la Austria eslava!