Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 240, 8 de marzo de 1849 (Colonia), p. 4, sección «Hungría»; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/9). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Texto original en alemán

* La Kölnische Zeitung celebró ayer un día de alegría, templado, por desgracia, por cierta indignación moral. La alegría se la proporcionó el despacho telegráfico de Olmütz sobre la supuesta victoria de Windischgrätz; de la indignación moral, naturalmente, no tenía la culpa nadie más que nosotros, con nuestras observaciones sobre la mayor o menor credibilidad de los informes magiares. ¡Cómo! ¡Esta hoja reprobable, la N. Rh. Ztg., se atreve a afirmar que la Köln. Ztg. «no ha demostrado hasta ahora a los informes magiares ni una sola fanfarronada», mientras que ella misma, la N. Rh. Z., habría «establecido críticamente la credibilidad de estos informes»! Y luego tres signos de admiración, a cuál más enfurecido e indignado.

Dejemos al publicista vecino que conserve intacto el santo celo con que combate por la verdad, el derecho y Windischgrätz. Contentémonos por hoy —ya que las noticias de Hungría son muy escasas— con «establecer críticamente» «la credibilidad» de los informes de ayer de la Köln. Ztg.

La Köln. Ztg. empieza enseguida con aire de importancia: «Hoy estamos en condiciones de comunicar algo más preciso de los dos teatros de la guerra». Y a saber, lo siguiente: «Nos ocurre hoy con el largo parte de victoria magiar de la Bresl. Ztg. lo que nos ha ocurrido regularmente con estos partes: tenemos que confirmar una vez más que no ha sido más que una ridícula fanfarronada. La supuesta derrota de Windischgrätz se convierte en una victoria suya; y de la toma de Hermannstadt por Bem no hay una palabra de verdad».

Eso suena bastante grandioso. De un solo golpe habría demostrado aquí el publicista vecino dos gruesas «fanfarronadas» del parte magiar; perdón, las habría comunicado a sus lectores a posteriori, sacadas de periódicos austriacos.

Pero veamos ahora el asunto en detalle.

Primero se imprime el conocido despacho telegráfico de Olmütz y se presenta como una autoridad por encima de toda duda. Pero ¿por qué, preguntamos, no le parece oportuno a la triunfante señora de Colonia comunicar una noticia que da a este despacho un colorido muy particular? El mismo día en que el Gobierno de Viena hizo difundir en Viena la noticia de la supuesta victoria de Windischgrätz, retuvo en el correo todas las cartas y periódicos llegados de Pest. Probablemente de alegría por la formidable victoria de las armas patrias. La Köln. Ztg. tiene que haber leído esta noticia, igual que nosotros, en por lo menos media docena de periódicos de Alemania oriental. Pero para no turbar la alegría de sus lectores por la victoria de las «armas alemanas», hace como el Gobierno austriaco y retiene esta noticia. Esta es una muestra de cómo la Köln. Zeitung «establece críticamente» la «credibilidad» de los despachos austriacos de victoria.

Pero hay más. En Kápolna los magiares habrían sido derrotados. Esto es «significativo»; «Kápolna está aún al este de de Gyöngyös; los húngaros estaban, pues, en pleno movimiento de retroceso». Cuando uno está «en movimiento de retroceso», piensa la buena Kölnische, ¡no puede sino ser derrotado! El publicista vecino ha echado por fin una mirada al mapa, y descubre que los magiares tienen que haber sido derrotados en Kápolna porque «Kápolna está aún al este de Gyöngyös». ¡En verdad, muy «significativo»!

Más adelante: «A la Schles. Ztg., cuyo corresponsal, por lo demás, no sabe todavía nada de la batalla ocurrida, se le comunica además (!) desde Viena: “Los húngaros se han retirado de nuevo por todos lados, el príncipe Windischgrätz cruzará el Tisza y marchará sobre Debrecen. Próximamente tiene que librarse la gran batalla, o (!) Debrecen está perdida, el Parlamento rabadilla disuelto y con ello terminada toda la insurrección”».

«El príncipe Windischgrätz cruzará el Tisza y marchará sobre Debrecen». El príncipe Windischgrätz lo dice, y es deber de todo hombre de bien creerle bajo palabra. ¡«El príncipe Windischgrätz hará»! Hace ya, gracias a Dios, cerca de seis semanas que «el príncipe Windischgrätz cruzará el Tisza» y «marcha sobre Debrecen», y todavía sigue en el mismo sitio. Pero si uno sabe distinguir, como el publicista vecino, lo «más preciso» de las «ridículas fanfarronadas», con la aseveración del «príncipe Windischgrätz» de que «cruzará el Tisza» y «marcha sobre Debrecen», toda la guerra húngara ha llegado a su fin. «Debrecen está perdida, el Parlamento rabadilla disuelto, y con ello terminada toda la insurrección». La cosa se hace en un abrir y cerrar de ojos. El publicista vecino, que ya tantas veces ha «cruzado» el Tisza y conquistado Debrecen, según cuyos informes han caído ya más magiares que habitantes tiene Hungría entera, y que ya hace cuatro semanas exultaba: «La guerra de Hungría toca a su fin», ese mismo publicista, tras un largo abatimiento, se ha electrizado de pronto otra vez y exclama de nuevo: «La guerra toca a su fin, parturiunt montes», etc., ¡y eso no son «ridículas fanfarronadas», eso es «más preciso»!

En este arte de hacer obtener victorias a los austriacos, el C. Bl. a. B. le hace a la Köln. Ztg. una peligrosa competencia. Hoy dice desde Pest:

«Un revés infligido a las tropas imperiales y reales en Transilvania mediante una traición infame queda compensado, por otro lado, con que Komárom es ahora atacada en serio, y ya ha habido un bombardeo».

«Hasta aquí lo del teatro principal de la guerra. La guerra húngara entra aquí, con la renovada ofensiva de los austriacos, en su segunda fase».

En qué número de «fase» hace entrar nuestro vecino a la guerra húngara es bastante indiferente. Más interesante sería la respuesta a la pregunta: ¿en qué número de «fase» ha entrado la información de la Köln. Ztg. sobre la guerra húngara?

Desde el comienzo mismo de la guerra, aun antes de que los austriacos estuvieran en Pest, llamamos la atención sobre que el verdadero campo de batalla solo empezaba detrás de Pest, entre el Tisza y el Danubio, y que el escenario de la decisión final estaba en el propio Tisza, quizá incluso al otro lado del Tisza. Ya entonces expusimos que la particular aptitud guerrera de los magiares, los defectos propios de los austriacos, la dificultad del aprovisionamiento, que toda la configuración del terreno remitía a los magiares a esta zona. Hemos señalado en diversas ocasiones, y todavía hace pocos días, que todos los «movimientos de retroceso» de los húngaros hacia el Tisza no deciden absolutamente nada, puesto que precisamente el Tisza es su línea natural de defensa, detrás de la cual son por el momento bastante inexpugnables. Lo repetimos: cuanto más avance Windischgrätz, tanto más difícil será su posición, tanto más débil su ejército, tanto mayores las probabilidades de victoria para los magiares. A esto se añade que cuanto más se aplace la decisión, tanto más tiempo tendrán los magiares para armar, organizar y reforzar su joven ejército, mientras que la posición de los imperiales empeora más que mejora.

Suponiendo, pues, que la noticia magiar de la derrota de los austriacos fuera realmente falsa, su «victoria» se reduciría, sin embargo, a combates muy insignificantes con la retaguardia magiar, que tenía que cubrir la retirada del ejército principal en dirección al Tisza y al Hernád. Un general como Dembinski no aceptará una batalla decisiva delante de un río que puede librar mucho mejor detrás de ese río, a no ser que esté completamente seguro de lo suyo.

Pero, como hemos dicho, hasta hoy faltan todas las noticias, y ni el parte magiar ni el despacho telegráfico han recibido confirmación alguna. Las cartas y los periódicos de Viena no nos han llegado, los periódicos de Breslau tampoco han llegado porque no sale el número del lunes, los de Berlín no traen nada nuevo, los de Leipzig y Praga, que traen las noticias un día más tarde, solo contienen cartas de Pest del 27 que todavía no saben nada del combate empezado el 26, y tampoco traen —lo cual es, desde luego, llamativo— el despacho de victoria de Olmütz.

Sigamos: «De Transilvania nos faltan noticias más detalladas».

¡Esta noticia de que faltan las noticias es, desde luego, muy «precisa»! ¡Magnífica manera de refutar las «ridículas fanfarronadas» de los magiares!

«La Bresl. Ztg., que en general no es imparcial (¡ingenua observación en boca de la vecina devoradora de magiares!), presenta la situación de los austriacos, en todo caso antes muy apurada, pero en los últimos tiempos sin duda mejorada, seguramente como demasiado desconsoladora». «¡Sin duda seguramente!» «¡Sin duda mejorada situación de los austriacos!» «¡Seguramente presentada como demasiado desconsoladora!» Curiosas noticias «más precisas», en las que nada es «preciso» salvo la lacrimosa confesión de que la situación de los austriacos era «en todo caso antes muy apurada».

«La historia del asalto de Hermannstadt es una invención magiar; este habría tenido lugar el 15 de febrero, y sin embargo el Lloyd de Viena trae en sus columnas una carta de Hermannstadt, del 16 de febrero, en la que el autor no sabe nada del supuesto asalto, sino que al contrario, etc.»

Y esta carta de Hermannstadt, supuestamente fechada el 16, no sabe absolutamente nada de la suerte de Puchner, el derrotado, que el 12 volvió a reunir sus tropas ante Hermannstadt; no sabe nada de la posición de Bem, que avanza por Müllenbach, sino que solo desvaría sobre correrías de los székelys, sobre los pocos días que habría que aguantar todavía hasta que el «poder de las tropas imperiales y reales, victorioso, que se acerca cada vez más y más estrechamente por todos lados» (¿desde dónde?), elimine el peligro, etc. En resumen, esta carta no dice de hecho nada que no se sepa desde hace mucho, y tiene todas las señas de un escrito fabricado en la propia Viena. ¿Por qué no hay entonces informes oficiales u oficiosos, si periódicos privados tienen noticias de Hermannstadt del 16? ¡Y sobre semejante documento ficticio construye la Kölnische Zeitung su firme fe! ¡Con tales datos «establece críticamente» las «ridículas fanfarronadas» de los partes magiares!

Además, la Kölnische trae todavía algunos chismes burlones sobre el teatro de aficionados de los oficiales en Komárom, sobre la supuesta dimisión de Görgey, sobre las «intenciones» de Nugent, etc., y termina, como siempre, con «una serie de juicios dignos de atención de la prensa austriaca sobre la entrada de los rusos». Allí donde a estos señores se les paraliza su propio juicio, se presenta cada vez, en el momento justo, esta serie de juicios dignos de atención para reproducirla a discreción.

Así son los señores de la Kölnische Zeitung. Demasiado cobardes para meterse en una polémica que por fuerza pondría del todo al descubierto su vaciedad, su ignorancia y su irreflexión, este lumpenproletariado literario busca desquitarse, por todos los golpes que recibe, con el pequeño pueblo de los magiares, que lucha contra la más colosal superioridad. Que este pueblo heroico de cinco millones, que encima solo tenía traidores por oficiales, tenga que defenderse contra todo el poder de Austria y de Rusia, contra naciones enteras fanatizadas; que emprenda una lucha desigual, comparada con la cual la guerra revolucionaria francesa fue un juego de niños, ¿qué le importa eso a la Köln. Zeitg.? Primero llamó a los magiares «cobardes», «fanfarrones», etc., y cuando esos cobardes acabaron por poner en fuga a toda la poderosa Austria, cuando la obligaron, como a un pequeño país de sexto rango, a implorar humildemente ayuda a los rusos contra el par de millones de magiares, cuando 20.000 rusos echaron su peso en la balanza a favor de Austria, ¡esta honorable hojita no sabía cómo contener su júbilo! Y todavía ahora, en cuanto llega la más mínima noticia de algún modo favorable a los esbirros asesinos del emperador, reina la alegría en las columnas de la Köln. Ztg., celebra la victoria de la más aplastante superioridad, ¡se recrea en la lucha desesperada de una pequeña nación heroica contra dos de las mayores potencias de Europa!

Cuando aún existía la censura, en 1831, ningún periódico alemán se atrevía a aclamar a los rusos que estrechaban cada vez más su cerco alrededor de Varsovia. Entonces todo era simpatía por Polonia, y quien no la tenía, al menos callaba. Pero hoy tenemos libertad de prensa, y la Kölnische Ztg. puede arrojar sin trabas a la cara de los magiares, de la manera más brutal, toda su vulgar estupidez.