Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 248, del 17 de marzo de 1849; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 357-358), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Colonia, 15 de marzo. Volvemos una vez más sobre la desdichada Asociación de Marzo, ese adecuado parto tardío de la «revolución de marzo». Se nos reprocha que «perjudicamos la causa de la libertad» al socavar la Asociación de Marzo. ¿No denunciamos ya en diciembre de 1848, para espanto de la Kölnische Zeitung, a la Asociación de Marzo como instrumento inconsciente de la contrarrevolución? ¿No le habíamos confiado, pues, hace mucho a la «Asociación de Marzo» nuestras opiniones sobre la «Asociación de Marzo»? Si la Asociación de Marzo fuera una organización del partido de la revolución, si fuera siquiera un fruto consecuente y fresco del motín de marzo, le aceptaríamos una torpeza como la que fue, sin discusión, su especulación con los anuncios. La Asociación de Marzo carece, en primer lugar, de eficacia, a no ser que las peticiones la constituyan; es, además, un necio lleno de esperanzas a caballo entre constitucionales (que para nosotros son partidarios de la reacción peores que el club del caballero v. Radowitz)1 y algunos demócratas realmente bienintencionados, cuya mirada se dejó nublar por los vapores de la reconciliación del Imperio. La indecisión tendrá siempre como cosa muy suya la mayoría en esa Asociación Central del Comercio;2 quizá azuce al pueblo al descontento, pero en el momento decisivo lo traicionará y después lamentará su error. ¡Y ahora que la Asociación del Comercio «nos vaya muy bien»! Su susceptibilidad, por lo demás, no nos conmueve, y esa gente liberal parece seguir entendiendo la prensa libre solo como su conquista privada. El señor Eisenmann,3 por ejemplo, se declaró abiertamente constitucional para toda la eternidad y adversario del republicanismo en la misma sesión de la Asociación de Marzo en que se recordó a la Neue Rheinische Zeitung como modelo de «discordia genuinamente alemana». Así que se pretendía que, por tontería unitaria, apoyáramos el órgano de un hombre que, sea por lo demás lo que diablos quiera, es en todo caso un necio nacional alemán. Por decencia, «llevaríamos con nosotros» a esos señores hasta donde quisieran, si no fuera precisamente su tarea en Fráncfort ser «inamovibles». Entre esos señores hay amigos reflexivos de la historia. Difícilmente se les puede haber escapado que no solo en Alemania, sino en todas partes y en todos los tiempos, los feuillants,4 pese a todas las Asociaciones de Marzo, siempre tuvieron que ser apartados ya antes del estallido de la verdadera revolución. ¿De qué les sirve a los partidarios de la república social que el mismo Vogt5 se convierta en el Barrot6 fallido del Bonaparte del Imperio alemán, contra el cual ha despotricado «en primera fila» con fanfarronería cervecera de universidad de provincias?

  1. Joseph Maria von Radowitz (1797-1853), general prusiano y diputado de Fráncfort, jefe de la extrema derecha católica y monárquica de la Asamblea. ↩

  2. Juego de palabras entre Märzverein, «Asociación de Marzo», y Kommerzverein, «Asociación del Comercio», en alusión a la circular sobre los anuncios. ↩

  3. Johann Gottfried Eisenmann (1795-1867), médico y publicista, encarcelado en Baviera de 1832 a 1847 por sus escritos liberales; diputado en la Asamblea Nacional de Fráncfort. ↩

  4. Los monárquicos constitucionales de la Revolución francesa, separados del club de los jacobinos en 1791. ↩

  5. Karl Vogt (1817-1895), naturalista, profesor en Giessen, diputado de la izquierda en la Asamblea Nacional de Fráncfort y uno de los dirigentes de la Asociación de Marzo. ↩

  6. Odilon Barrot (1791-1873), jefe de la oposición dinástica bajo Luis Felipe y presidente del gobierno de Luis Napoleón Bonaparte desde diciembre de 1848. ↩