Escrito en Colonia el 30 de enero de 1849. Publicado en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 210, del 1 de febrero de 1849; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 214-217), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
*Colonia, 30 de enero. La Kölnische Zeitung también ha recibido por fin informes electorales, y además informes que vierten un poco de aceite en sus heridas.
«Los informes electorales demócratas», exclama ebrio de alegría el honrado Brüggemann,1 «los informes electorales demócratas» (es decir, la Neue Rheinische Zeitung) «han exagerado de mala manera. Ahora nos llegan las reclamaciones de todas partes.»
¡De todas partes! La Kölnische nos va a aplastar con el peso de sus «reclamaciones». ¿Dos páginas de apretados boletines electorales, cada uno una «exageración de mala manera» de la Neue Rheinische Zeitung, cada uno con la prueba de una victoria de los constitucionales, nos harán subir a las mejillas el más purpúreo rubor de vergüenza?
Al contrario.
«Ahora nos llegan las reclamaciones de todas partes.»
El honrado Brüggemann no «exagera». Le llegan realmente, sumándolo todo, cuatro reclamaciones enteras: del oeste (Tréveris), del norte (Hamm), del sur (Siegburg) y del este (Arnsberg). ¡No son esas «reclamaciones de todas partes» contra las «exageraciones de mala manera de los informes electorales demócratas»!
Dejémosle por el momento el placer de creer que en estos cuatro lugares decisivos han vencido los constitucionales. De todos modos, ese placer se ve amargado por el dolor de que, sin embargo, en muchos lugares los constitucionales han sucumbido a la «seducibilidad de las masas».
¡Ingenua confesión de los constitucionales de que para ellos las «masas» no son «seducibles»!
Pero a la Kölnische Zeitung le queda un consuelo. ¿Y qué consuelo?
El consuelo de que el corresponsal en Coblenza de la Deutsche Zeitung2 es su compañero de infortunio, de que en esta desdichada constelación ha dicho palabras oportunas, dignas de figurar en las primeras columnas de la Kölnische Zeitung:
«Se nota que la cuestión política, también en este punto, como en todas partes, se vuelve pequeña frente a la social, que se disuelve por completo en ella.»
Hasta hace pocos días la Kölnische Zeitung no quería saber nada de la cuestión social. Nunca hablaba de este ser del más allá, o a lo sumo con cierta frivolidad (en la medida en que a la Kölnische le es posible ser frívola). Se comportaba con ella de modo impío, incrédulo, librepensador. Y de repente le pasa como al pescador de Las mil y una noches: así como ante él se alzó, gigantesco, el genio de la vasija pescada en el fondo del mar y desprecintada, así surge de pronto de la urna electoral, ante la temblorosa Kölnische, el amenazador espectro gigantesco de la «cuestión social». El honrado Brüggemann cae de rodillas espantado; se desvanece su última esperanza; el espectro se traga de un bocado toda su «cuestión política», mimada tiernamente durante años, con sus terrenos jurídicos3 y todos sus accesorios.
Astuta política la de la Kölnische Zeitung. Su derrota política trata de disimularla con su derrota social.
¡Este descubrimiento, que no solo está derrotada en el terreno político, sino también en el social, es la mayor experiencia de las elecciones primarias para la Kölnische!
¿O es que la Kölnische Zeitung se entusiasmaba ya antes por la «cuestión social»?
En efecto, Montesquieu LVI había declarado en la Kölnische Zeitung que la cuestión social era infinitamente importante y que el reconocimiento de la Constitución otorgada era la solución de la cuestión social.4
Pero el reconocimiento de la Constitución otorgada es, ante todo, lo que la Kölnische Zeitung llama la «cuestión política».
Antes de las elecciones, pues, la cuestión social se disolvía en la política; después de las elecciones, la política se disuelve en la social. Esa es, pues, la diferencia, esa es la experiencia de las elecciones primarias: que después de las elecciones es verdad exactamente lo contrario de lo que antes de las elecciones era un evangelio.
«¡La cuestión política se disuelve en la social!»
Dejemos a un lado que antes de las elecciones ya expusimos de la manera más palpable posible que no se puede hablar en absoluto de una «cuestión social» como tal, que cada clase tiene su propia cuestión social y que con esta cuestión social de una clase determinada viene dada al mismo tiempo una cuestión política determinada para esa clase. Dejemos a un lado todas estas glosas frívolas frente a la seria y sólida dama de Colonia, y entremos, en lo posible, en el curso del pensamiento y en el modo de hablar de este periódico de tanto carácter y tanta profundidad.
Por cuestión social la Kölnische Zeitung entiende la cuestión: ¿cómo ayudar a la pequeña burguesía, a los campesinos y al proletariado?
Y ahora que en las elecciones primarias la pequeña burguesía, los campesinos y los proletarios se han emancipado de la gran burguesía, de la alta nobleza y de la alta burocracia, ahora exclama la Kölnische Zeitung: «¡La cuestión política se disuelve en la social!».
¡Hermoso consuelo para la Kölnische! Así que el que los obreros, los campesinos y los pequeños burgueses hayan derrotado con mayorías clamorosas a los candidatos constitucionales de la Kölnische Zeitung, grandes burgueses y demás gente bien considerada, no es una derrota de los «constitucionales», sino simplemente una victoria de la «cuestión social». Que los constitucionales hayan sido derrotados no prueba que hayan vencido los demócratas, sino que la política ha quedado fuera de juego frente a las cuestiones materiales.
¡Profunda minuciosidad del publicista vecino! Esos pequeños burgueses que están al borde de la ruina, ¿se entusiasman acaso por la Constitución otorgada? Esos campesinos, aplastados aquí por las hipotecas y la usura, allá por las cargas feudales, ¿están entusiasmados con los barones de las finanzas y los barones feudales, sus propios opresores, en cuyo provecho y beneficio se inventó precisamente la Constitución otorgada? Y, sobre todo, esos proletarios, que languidecen a la vez bajo la manía reglamentista de nuestros burócratas y bajo el afán de lucro de nuestra burguesía, ¿tienen motivos para alegrarse de que la Constitución otorgada ate con un nuevo lazo a estas dos clases de chupadores del pueblo?
¿No tienen las tres clases, ante todo, interés en que se suprima la primera Cámara, que no las representa a ellas, sino a sus adversarios y opresores directos?
En efecto, la Kölnische Zeitung tiene razón: ¡la cuestión social se traga a la política, y las clases que acaban de entrar en el movimiento político votarán en interés de la «cuestión social» contra su propio interés político y a favor de la Constitución otorgada!
¿Pueden los pequeños burgueses y los campesinos, y no digamos los proletarios, encontrar una forma de Estado mejor para representar sus intereses que la república democrática? ¿No son precisamente estas clases las más radicales, las más democráticas de toda la sociedad? ¿No es precisamente el proletariado la clase específicamente roja? Da igual, exclama la Kölnische, la cuestión social se traga a la política.
La victoria de la cuestión social es al mismo tiempo, según la Kölnische, la victoria de la Constitución otorgada.
Pero la «cuestión social» de la Kölnische Zeitung tiene también una naturaleza muy particular. Léase el informe de la Kölnische Zeitung sobre las elecciones a la primera Cámara y su «feliz resultado», que consiste en que el señor Joseph Dumont5 ha salido compromisario. Con ello queda ciertamente resuelta la verdadera cuestión social de la Kölnische Zeitung, y frente a ella desaparecen todas las «cuestiones sociales» subordinadas que pudieran surgir con ocasión de las elecciones a la plebeya segunda Cámara.
¡Ojalá la tempestad de la «cuestión política» histórica universal que en este momento se levanta amenazadora en París no quiebre sin piedad la delicada «cuestión social» de la Kölnische Zeitung!
Karl Heinrich Brüggemann, redactor jefe de la Kölnische Zeitung. ↩
Diario de los liberales constitucionales, publicado en Heidelberg y luego en Fráncfort, dirigido por Georg Gottfried Gervinus. ↩
Burla del «terreno jurídico» (Rechtsboden), la legalidad existente, invocada por los liberales en 1848 contra la revolución. ↩
Véase Montesquieu LVI. ↩
Joseph DuMont, editor de la Kölnische Zeitung. ↩