Escrito por Friedrich Engels en Colonia el 30 de abril de 1849 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 286, del 1 de mayo de 1849. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 452-453), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

*Colonia, 30 de abril. Los planes de nuestro gobierno contrarrevolucionario van saliendo poco a poco a la luz.

Se pretendía fechar el 27 de abril una nueva etapa de la contrarrevolución prusiana. Se quería provocar al pueblo de Berlín a una lucha callejera, dejar quizá que la insurrección «cobrara dimensiones» a lo Cavaignac,1 aplastarla luego con medios cavaignacianos y con una superioridad cavaignaciana, proclamar la ley marcial, agraciar con pólvora y plomo a un par de diputados y a buen número de agitadores y, por último, librarse mediante nuevas imposiciones otorgadas de las molestas cadenas que hasta la carta de la ley marcial del 5 de diciembre había puesto todavía a nuestra contrarrevolución.

Con la insurrección provocada se tenía, en efecto, pretexto suficiente para afirmar que el pueblo «todavía no está maduro» para las libertades concedidas tan graciosamente, que con semejante ley electoral, con semejante Constitución, no se puede gobernar. «Para evitar el derramamiento de sangre», es decir, en interés del propio pueblo, había que aniquilar también el último resto de libertad. ¡«Para evitar el derramamiento de sangre» había que declarar en estado de sitio todo el país, con excepción de la Pomerania Ulterior! Todo eso podía afirmarse en cuanto se hubiera pasado en Berlín por un motín como es debido, con los obligados disturbios en Breslau, Magdeburgo, Colonia, etc., y se lo hubiera barrido felizmente con metralla.

De ahí las brutalidades de los agentes de policía contra la izquierda reunida en la Konversationshalle;2 de ahí el cerco militar de la Dönhoffplatz por todos lados; de ahí los rápidos disparos contra una masa de pueblo indefensa y tranquila que no podía alejarse porque tenía cortadas todas las calles.

La actitud tranquila del pueblo, pese a todas las provocaciones, les ha estropeado las cuentas a los contrarrevolucionarios. No tienen pretexto para otorgar, y otorgar es lo que tienen que hacer. Quizá ya esta noche sepamos qué nuevo giro han decidido dar estos señores.

Qué planes tan tremendos se tenían se desprende de todas las circunstancias. En primer lugar, de la disolución simultánea de la Cámara en Hannover;3 en segundo lugar, y muy especialmente, del viaje del señor Radowitz a Berlín.

El señor Radowitz4 es el alma de la contrarrevolución prusiana. El señor Radowitz trazó el plan de la contrarrevolución de noviembre, pero se mantuvo todavía entre bastidores e intrigó en Fráncfort a favor del Imperio hereditario prusiano. Esta vez el señor Radowitz ha ido en persona a Berlín, según se dice para salir por fin a la luz y ser primer ministro. Un ministerio Radowitz: ¡ahí está el meollo de la cuestión!5

Además, sabemos positivamente los siguientes hechos:

  1. En el curso de la semana pasada llegó ya un escrito de los presidentes superiores de provincia a todos los presidentes de gobierno6 en el que se les comunicaba que la disolución de la Cámara era inminente, con la instrucción de tomar todas las medidas de precaución necesarias.

  2. Se ha dirigido a todos los gobiernos de distrito un rescripto ministerial en el que se dice:

  1. Que se ordene a todas las alcaldías que informen diariamente a sus respectivos gobiernos de distrito sobre la impresión que haya causado el acto de la disolución de la Cámara. Los gobiernos de distrito, por su parte, deben dar sobre ello informes colectivos al ministerio.
  1. Por el momento todavía no habrá nuevas elecciones; en cambio, se procedería contra muchos miembros de la «llamada» izquierda.
  1. Que se tomen todas las medidas de precaución para reprimir cualquier intento de sublevación.

El rescripto está firmado: Manteuffel.

El señor Manteuffel, o más bien el señor Radowitz, su superior, no podía hacer mejor servicio a la revolución húngaro-polaco-alemana en desarrollo que salir a la luz precisamente ahora con sus planes para restaurar el absolutismo.

  1. El general Louis-Eugène Cavaignac (1802-1857), ministro de la Guerra francés, aplastó la insurrección obrera de París en junio de 1848, después de dejar que se extendiera. ↩

  2. Local de Berlín donde se reunían los diputados de la izquierda. El 27 de abril de 1849, tras la disolución de la Cámara, la policía y la tropa dispersaron a la multitud reunida en la Dönhoffplatz, con varios muertos y heridos. ↩

  3. La Segunda Cámara del reino de Hannover, que se había pronunciado a favor de la Constitución del Imperio, fue disuelta el 25 de abril de 1849. ↩

  4. Joseph Maria von Radowitz (1797-1853), general prusiano, consejero íntimo de Federico Guillermo IV y diputado de la derecha en la Asamblea Nacional de Fráncfort. ↩

  5. Des Pudels Kern, «el meollo del perro de aguas»: Goethe, Fausto, primera parte, escena del gabinete de estudio. ↩

  6. Los presidentes superiores (Oberpräsidenten) estaban al frente de las provincias prusianas; los presidentes de gobierno, al frente de los distritos administrativos (Regierungsbezirke). ↩