Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 229, del 23 de febrero de 1849; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 309-311), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Colonia, 21 de febrero. Tenemos que completar nuestro artículo del núm. 224 de este periódico sobre v. Bodelschwingh y consortes y la administración financiera prusiana.1 Al final del mismo señalamos que en el Tesoro del Estado se han contabilizado 27.127 táleros del Reich (17.127 es una errata) menos de los que, según las cuentas de la Caja General del Estado, se le entregaron. Posteriormente hemos encontrado en las cuentas presentadas por el gobierno una noticia que nos resuelve el enigma del paradero de ese dinero.
Resulta que los llamados ahorros de la administración del año 1844, por importe de 2.000.002 tál., no se ingresaron en efectivo en la caja del Tesoro del Estado, sino que con esa suma se compraron títulos de la deuda del Estado prusiano. Según la cotización de entonces, en la compra se habría producido una pérdida de 27.127 tál. ¡Los ministros prusianos son, o eran, financieros brillantes! Este caso vuelve a ponerlo de manifiesto. Pues ya no tenemos que preguntar a los señores exministros adónde han ido a parar los 27.127 tál., sino que podemos decirles que, por su astucia, en este único negocio no se perdieron 27.000, sino más de 400.000 tál. Este reproche alcanza en primer lugar al señor Flottwell,2 pues él era entonces ministro de Finanzas. Puede ser un hombre honrado. Pero al país le da exactamente igual que sus ministros le perjudiquen por incapacidad o por mala voluntad. Una investigación sobre ello solo podría interesar, a lo sumo, a su familia.
En su memoria sobre el Tesoro del Estado del 6 de abril de 1847, el entonces ministro del Tesoro, v. Thile,3 declara sin rodeos que respecto del Tesoro del Estado estaban establecidos los dos principios siguientes:
que las existencias debían estar siempre disponibles en dinero contante, acuñado;
que del Tesoro del Estado no podían hacerse pagos de ninguna clase salvo para preparativos de guerra.
En cuanto al primer principio, es cierto que, si ha de existir un Tesoro del Estado, solo tiene un sentido razonable si se deposita en dinero contante o en metales preciosos. Un gobierno que no puede apoyarse en la fuerza del pueblo puede necesitar, desde luego, una reserva para los llamados tiempos difíciles. Si su crédito sufre también en la Bolsa, tiene que tener todavía en reserva medios para salir del apuro, y eso solo puede hacerse con dinero contante o con metales preciosos. El oro y la plata abren en todo tiempo el corazón de los burgueses. Pero un papel impreso, un papel malo, es el camino más seguro para perder también el «respeto» de la Bolsa. Cuando el crédito del Estado ha caído tan bajo que se hace necesaria la ayuda del Tesoro del Estado, no hay en la Bolsa nada más humillante que tener que ofrecer en venta títulos de la deuda pública y andar buscando comprador. Quien haya observado alguna vez una Bolsa grande sabrá qué desprecio asoma en el semblante y en los gestos del especulador de dinero en cuanto en tales tiempos se le ofrecen papeles del Estado. Por lo demás, el especulador puede ser consejero comercial privado y muy «bien pensante».
La compra de títulos de la deuda del Estado era, pues, la operación más torpe que podía emprender el gobierno prusiano.
El señor v. Thile declara en la memoria citada que tuvo que aceptar los 1.972.875 tál. en títulos de la deuda en lugar de los 2.000.002 tál. en efectivo. No damos ningún valor a esta excusa del «tener que». Pero si las cuentas son exactas, la compra de los papeles del Estado se hizo ya desde la Caja General del Estado. De lo contrario, habría que haber entregado al Tesoro del Estado el importe total del dinero en efectivo. El señor Flottwell parece estar, pues, más cerca que nadie de la feliz operación financiera.
Cómo el ahorro pequeñoburgués, que querría ahorrarse de buena gana algunos puntos de interés y no estaba a la altura de las grandes empresas financieras de un Estado, acaba al final con vergüenza y deshonra y con doble pérdida, lo mostrarán las cifras siguientes.
| A la pérdida con respecto al valor nominal en la compra, de | 27.127 tál. |
se añade la pérdida, mucho mayor, en la venta. De marzo a principios de julio de 1848, la cotización de los títulos de la deuda osciló entre el 66% dinero (4 de abril) y el 83½% papel (21 de marzo).4 Como las cotizaciones bajan enseguida cuando se pone a la venta una gran suma de títulos, cabe suponer que el gobierno no se deshizo de sus títulos de la deuda por encima del 70%. En la venta se perdió, pues, con respecto al valor nominal, probablemente al menos el 30% de 1.972.875 tál., es decir, 591.840 tál.
| en total se perdieron | 618.967 tál. |
| de ello se descuentan los intereses ganados durante 3 años, a 69.048 tál., con | 207.144 tál. |
| de modo que | 411.823 tál. |
quedan probablemente como pérdida neta. Se ha perdido casi ¼ de la suma total, y a cambio el crédito del Estado ha quedado todavía más debilitado por la baja cotización de los títulos de la deuda.
Esta pequeña muestra de la sabiduría de los ministros prusianos de Finanzas y del Tesoro à la Flottwell-Thile solo la traemos porque hace necesario completar nuestro artículo antes citado. De lo contrario no nos ocuparíamos de lo pequeño, cuando lo grande nos ofrece materia tan abundante.
«Las finanzas prusianas bajo Bodelschwingh y consortes», Neue Rheinische Zeitung, núm. 224, 17 de febrero de 1849. ↩
Eduard Heinrich Flottwell (1786-1865), ministro de Finanzas de Prusia de 1844 a 1846. ↩
Ludwig Gustav von Thile (1781-1852), general y ministro prusiano, ministro del Tesoro del Estado hasta marzo de 1848. ↩
Términos de la cotización bursátil: «dinero» (Geld), los títulos se demandan a ese precio; «papel» (Brief), se ofrecen a ese precio. ↩