Escrito por Friedrich Engels en Colonia el 9 de mayo de 1849 y publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 294 (suplemento extraordinario), del 10 de mayo de 1849. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 481-482), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
*Colonia, 9 de mayo. La contrarrevolución avanza deprisa, pero la revolución avanza aún más deprisa.
Si la contrarrevolución ha conseguido en Dresde ventajas que dejan prever su victoria, si en Breslau, gracias a un putsch felizmente provocado, ha logrado estado de sitio, censura y ley de guerra,1 la revolución tiene que mostrar victorias muy distintas.
No queremos hablar de la rebelión abierta de la Landwehr, que crece rápidamente en la Prusia renana y que ha prendido precisamente en los distritos más negros y blancos;2 no queremos hablar del movimiento del sur de Alemania, traicionado por todas partes por los gobiernos, por la burguesía, por la propia Asamblea de Fráncfort; queremos hablar solo de aquellos grandes hechos que, irrumpiendo desde fuera, pueden dar unidad y un apoyo vigoroso a los pequeños movimientos alemanes, aislados, traicionados y vendidos: la revolución magiar y la francesa.
Mientras la revolución magiar consigue victoria tras victoria y, tras la próxima batalla decisiva (que tiene que haberse librado el 5 o el 6 ante Presburgo), marchará inmediatamente sobre Viena y liberará Viena, Francia vuelve de pronto al movimiento abierto, que se desarrolla a plena luz del día. Cesa el desarrollo subterráneo de los últimos meses; la derrota del ejército francés ante Roma3 desenmascara y compromete a todo el gobierno habido hasta ahora; el pueblo vuelve a la escena, el pueblo, el último juez soberano; y, sea en las elecciones,4 sea en la revolución abierta, el pueblo francés dará en breve al movimiento un empujón que sentirá toda Europa.
Los dinastas europeos notarán demasiado pronto que el pueblo elegido de la revolución sigue siendo el de siempre: la revolución francesa de 1849 no los interpelará con frases a lo Lamartine,5 sino con cañones.
En Breslau, un levantamiento iniciado el 6 de mayo de 1849 fue reprimido por la tropa, y la ciudad declarada en estado de sitio. ↩
Los colores de Prusia; es decir, los distritos más leales a la monarquía. ↩
El cuerpo expedicionario francés enviado contra la República romana fue rechazado ante Roma por las tropas de Garibaldi el 30 de abril de 1849. ↩
Las elecciones a la Asamblea Legislativa francesa del 13 de mayo de 1849. ↩
Alphonse de Lamartine (1790-1869), poeta y ministro de Asuntos Exteriores del gobierno provisional francés de 1848, cuyo manifiesto a Europa renunciaba a apoyar las revoluciones de otros países. ↩