Redactado por Karl Marx y Friedrich Engels en Londres en junio de 1850 y difundido ese mismo año como circular entre los miembros de la Liga de los Comunistas. Lo publicó por primera vez Friedrich Engels en 1885, como apéndice de la nueva edición de Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia, de Karl Marx (Hottingen-Zúrich). Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 7 (Berlín, 1960, pp. 306-312), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
El Comité Central a la Liga
¡Hermanos!
En nuestra última circular,1 que os entregó el emisario de la Liga,2 expusimos la posición del partido obrero, y en especial de la Liga, tanto en el momento actual como para el caso de una revolución.
El objeto principal de este escrito es informar sobre el estado de la Liga.
Las derrotas del partido revolucionario el verano pasado disolvieron por un momento casi por completo la organización de la Liga. Los miembros más activos de la Liga, que habían participado en los distintos movimientos, quedaron dispersos, las comunicaciones se interrumpieron, las direcciones se habían vuelto inservibles, y por eso y por el peligro de que se abrieran las cartas la correspondencia se hizo momentáneamente imposible. Así, el Comité Central estuvo condenado a una inactividad completa hasta cerca de finales del año pasado.
A medida que fue cesando poco a poco el primer efecto de las derrotas sufridas, se hizo sentir en todas partes la necesidad de una fuerte organización secreta del partido revolucionario en toda Alemania. Esta necesidad, que en el Comité Central dio lugar a la decisión de enviar un emisario a Alemania y a Suiza, provocó por otro lado el intento de crear una nueva asociación secreta en Suiza, así como el de la comuna de Colonia de organizar por su cuenta la Liga en Alemania.
En Suiza, hacia comienzos de este año, varios refugiados más o menos conocidos de los distintos movimientos se unieron en una asociación cuyo objeto era contribuir, en el momento oportuno, al derrocamiento de los gobiernos y tener preparados hombres que asumieran la dirección del movimiento e incluso el gobierno.3 Esta asociación no tenía un carácter de partido definido; los elementos abigarrados reunidos en ella no lo permitían. Sus miembros eran gente de todas las fracciones de los movimientos, desde comunistas decididos e incluso antiguos miembros de la Liga hasta los más pusilánimes demócratas pequeñoburgueses y antiguos miembros del gobierno del Palatinado.
Para los cazadores de cargos badenses y palatinos, tan numerosos entonces en Suiza, y para otras ambiciones subalternas, esta asociación era una ocasión deseada de medrar.
Las instrucciones que esta asociación enviaba a sus agentes, y que obran en poder del Comité Central, tampoco eran como para inspirar confianza. La falta de un punto de vista de partido definido, el intento de reunir todos los elementos de oposición existentes en una asociación aparente, apenas queda encubierto por una masa de preguntas de detalle sobre las condiciones industriales, campesinas, políticas y militares de las distintas localidades. Las fuerzas de esta asociación eran asimismo muy escasas. Según la lista completa de miembros que tenemos delante, toda la sociedad en Suiza, en su época de máximo esplendor, constaba de apenas 30 miembros. Es significativo que los obreros apenas estén representados entre ellos. Fue desde siempre un ejército compuesto únicamente de suboficiales y oficiales sin soldados. Entre ellos se encuentran A. Fries y Greiner, del Palatinado, Körner, de Elberfeld, Sigel, etc.4
A Alemania enviaron dos agentes. El primero, Bruhn, de Holstein, miembro de la Liga, consiguió con falsos pretextos que algunos miembros y comunas de la Liga se adhirieran provisionalmente a la nueva asociación, en la que creían ver la Liga resucitada. Al mismo tiempo informaba sobre la Liga al comité central suizo de Zúrich y sobre la asociación suiza a nosotros. No contento con esta posición de doble agente, mientras seguía en correspondencia con nosotros escribió directamente calumnias a las personas de Fráncfort que, como hemos dicho, habían sido ganadas para la asociación suiza, y les ordenó que no entablaran ningún tipo de relación con Londres. Por eso fue expulsado inmediatamente de la Liga. El asunto de Fráncfort lo arregló el emisario de la Liga. Por lo demás, la actuación de Bruhn en favor del comité central suizo no tuvo éxito. El segundo agente, el estudiante Schurz, de Bonn,5 no consiguió nada porque, según escribió a Zúrich, «había encontrado todas las fuerzas aprovechables ya en manos de la Liga». Luego abandonó de repente Alemania y anda ahora rondando por Bruselas y París, donde la Liga lo vigila. El Comité Central podía ver tanto menos un peligro para la Liga en esta nueva asociación cuanto que en su comité central se sienta un miembro de la Liga de toda confianza, que tiene el encargo de vigilar y comunicar las medidas y los planes de esta gente en la medida en que vayan contra la Liga. Además, ha enviado un emisario a Suiza para atraer a la Liga, junto con el citado miembro, a las fuerzas aprovechables y organizar en general la Liga en Suiza. Las informaciones dadas se basan en documentos absolutamente auténticos.
Ya antes había partido un intento de este tipo de Struve, Sigel y otros, que entonces estaban reunidos en Ginebra.6 Esta gente no tuvo reparo en hacer pasar su intento de asociación directamente por la Liga y en abusar de los nombres de miembros de la Liga precisamente con ese fin. Naturalmente, con esta mentira no engañaron a nadie. Su intento fue tan infructuoso en todos los sentidos que los pocos miembros de esta asociación nunca nacida que se quedaron en Suiza acabaron teniendo que adherirse a la organización mencionada en primer lugar. Pero cuanto más impotente era esta camarilla, tanto más alardeaba de títulos rimbombantes como «Comité Central de la Democracia Europea», etc. También aquí en Londres ha proseguido Struve estos intentos junto con algunos otros grandes hombres desengañados. Se han enviado a todas las partes de Alemania manifiestos y llamamientos a adherirse a la «Oficina Central de toda la Emigración Alemana» y al «Comité Central de la Democracia Europea», pero también esta vez sin el menor éxito.
Las supuestas relaciones de esta camarilla con revolucionarios franceses y de otros países no alemanes no existen en absoluto. Toda su actividad se reduce a algunas pequeñas intrigas entre los refugiados alemanes de aquí, que no afectan directamente a la Liga y que son inofensivas y fáciles de vigilar.
Todos estos intentos o bien tienen el mismo fin que la Liga, a saber, la organización revolucionaria del partido obrero, y en ese caso destruyen la centralización y la fuerza del partido con la dispersión y son, por tanto, ligas separadas decididamente perjudiciales; o bien solo pueden tener por fin abusar una vez más del partido obrero para fines que le son ajenos o directamente hostiles. El partido obrero puede, según las circunstancias, servirse muy bien de otros partidos y fracciones de partido para sus fines, pero no debe subordinarse a ningún otro partido. Ahora bien, aquellos que en el último movimiento estuvieron en el gobierno y aprovecharon su posición para traicionar el movimiento y aplastar al partido obrero allí donde quiso actuar por su cuenta: esa gente tiene que ser mantenida a distancia en cualquier circunstancia.
Sobre la situación de la Liga hay que informar lo siguiente:
I. Bélgica
La organización de la Liga entre los obreros belgas, tal como existía en 1846 y 1847, dejó naturalmente de existir desde que sus miembros principales fueron detenidos en 1848, condenados a muerte e indultados con la pena de presidio a perpetuidad.7 En general, la Liga ha perdido mucha fuerza en Bélgica desde la revolución de Febrero y desde la expulsión de Bruselas de la mayoría de los miembros de la Asociación Obrera Alemana. Las condiciones policiales existentes no le han permitido levantarse de nuevo. Sin embargo, en Bruselas se ha mantenido sin interrupción una comuna, que sigue existiendo hoy y trabaja en la medida de sus fuerzas.
II. Alemania
El Comité Central tenía la intención de dar en esta circular un informe especial sobre la situación de la Liga en Alemania. Pero en el momento actual no puede darse ese informe, porque la policía prusiana está precisamente investigando una extensa asociación dentro del partido revolucionario. Esta circular, que llega a Alemania por un camino seguro, pero que al difundirse en el interior de Alemania puede caer aquí y allá en manos de la policía, tiene por eso que redactarse de modo que su contenido no le dé armas contra la Liga. Por esta vez, pues, el Comité Central se limita a lo siguiente:
La Liga tiene en Alemania sus sedes principales en Colonia, Fráncfort del Meno, Hanau, Maguncia, Wiesbaden, Hamburgo, Schwerin, Berlín, Breslau, Liegnitz, Glogau, Leipzig, Núremberg, Múnich, Bamberg, Wurzburgo, Stuttgart y Baden.
Han sido nombrados círculos dirigentes:
Hamburgo para Schleswig-Holstein; Schwerin para Mecklemburgo; Breslau para Silesia; Leipzig para Sajonia y Berlín; Núremberg para Baviera; Colonia para Renania y Westfalia.
Las comunas de Gotinga, Stuttgart y Bruselas siguen provisionalmente en relación directa con el Comité Central, hasta que hayan conseguido extender su influencia lo suficiente para poder formar nuevos círculos dirigentes.
La situación de la Liga en Baden solo se determinará tras el informe del emisario enviado allí y a Suiza.
Allí donde existen, como en Schleswig-Holstein y Mecklemburgo, asociaciones de campesinos y de jornaleros, los miembros de la Liga han conseguido ganar una influencia directa sobre ellas y en parte tenerlas por completo en sus manos. Las asociaciones de obreros y de jornaleros de Sajonia, Franconia, Hesse y Nassau están también en su mayoría bajo la dirección de la Liga. Los miembros más influyentes de la Hermandad Obrera8 pertenecen también a la Liga. El Comité Central llama la atención de todas las comunas y miembros de la Liga sobre el hecho de que esta influencia sobre las asociaciones obreras, gimnásticas, campesinas, de jornaleros, etc., es de la mayor importancia y tiene que ganarse en todas partes. Pide a los círculos dirigentes y a las comunas que mantienen correspondencia directa con él que informen especialmente, en sus próximas cartas, de lo que se haya hecho a este respecto.
El emisario a Alemania, que recibió del Comité Central un voto de reconocimiento por su actividad, solo ha admitido en todas partes en la Liga a la gente de mayor confianza y ha dejado la extensión de la Liga a su mejor conocimiento local. Dependerá de las condiciones locales que puedan admitirse en la Liga los elementos revolucionarios decididos. Donde esto no sea posible, hay que formar con la gente que es revolucionariamente aprovechable y de confianza, pero que todavía no comprende las consecuencias comunistas del movimiento actual, una segunda clase de miembros de la Liga en sentido amplio. Esta segunda clase, a la que hay que presentar la asociación como meramente local o provincial, tiene que permanecer constantemente bajo la dirección de los miembros propiamente dichos y de las autoridades de la Liga. Con ayuda de estas asociaciones más amplias puede organizarse muy sólidamente la influencia, sobre todo, en las asociaciones campesinas y gimnásticas. La organización en detalle se deja a los círculos dirigentes, cuyo informe también sobre esto espera el Comité Central cuanto antes.
Una comuna ha solicitado al Comité Central la convocatoria inmediata de un congreso de la Liga, y precisamente en la propia Alemania. Las comunas y los círculos comprenderán por sí mismos que, en las condiciones presentes, ni siquiera los congresos provinciales de los círculos dirigentes son aconsejables en todas partes, y que un congreso general de la Liga es por ahora absolutamente imposible. No obstante, el Comité Central convocará un congreso de la Liga en un lugar adecuado en cuanto sea posible. Renania prusiana y Westfalia han sido visitadas hace poco por un emisario del círculo dirigente de Colonia. El informe sobre el resultado de este viaje todavía no ha llegado a Colonia. Pedimos a todos los círculos dirigentes que hagan recorrer del mismo modo sus distritos por emisarios lo antes posible y que informen cuanto antes del resultado. Por último, comunicamos además que en Schleswig-Holstein se han establecido contactos con el ejército; se espera el informe detallado sobre la influencia que la Liga puede ganar aquí.
III. Suiza
Todavía se espera el informe del emisario. Por eso no podrán darse noticias más precisas hasta la próxima circular.
IV. Francia
Las relaciones con los obreros alemanes de Besanzón y de las demás localidades del Jura se restablecerán desde Suiza. En París, el miembro de la Liga que hasta ahora estaba a la cabeza de las comunas de allí, Ewerbeck,9 ha declarado su salida de la Liga, porque considera más importante su actividad literaria. La relación está, pues, interrumpida de momento, y su restablecimiento tiene que hacerse con tanta más cautela cuanto que los de París han admitido a varias personas completamente inservibles, que incluso estuvieron antes en abierta hostilidad contra la Liga.
V. Inglaterra
El círculo de Londres es el más fuerte de toda la Liga. Se ha distinguido sobre todo por haber sufragado casi en exclusiva, desde hace varios años, los gastos de la Liga, en especial los de los viajes de los emisarios. Todavía en los últimos tiempos se ha reforzado con la admisión de nuevos elementos y dirige sin interrupción la Asociación Obrera Alemana de aquí,10 así como la fracción decidida de los refugiados alemanes que se encuentran aquí.
El Comité Central está en relación, a través de algunos miembros delegados para ello, con el partido decididamente revolucionario de los franceses, los ingleses y los húngaros.
De los revolucionarios franceses se ha unido a nosotros sobre todo el partido propiamente proletario, cuyo jefe es Blanqui. Los delegados de las sociedades secretas blanquistas están en relación regular y oficial con los delegados de la Liga, a los que han confiado importantes trabajos preparatorios para la próxima revolución francesa.11
Los jefes del partido cartista revolucionario están asimismo en relación regular e íntima con los delegados del Comité Central. Sus periódicos están a nuestra disposición. La ruptura entre este partido obrero revolucionario e independiente y la fracción más inclinada a la conciliación, dirigida por O'Connor,12 ha sido acelerada sustancialmente por los delegados de la Liga.
Del mismo modo, el Comité Central está en relación con el partido más avanzado de la emigración húngara. Este partido es importante porque contiene a muchos militares distinguidos, que en caso de revolución estarían a disposición de la Liga.
El Comité Central pide a los círculos dirigentes que difundan este escrito entre sus miembros con la mayor rapidez y que informen pronto. Pide a todos los miembros de la Liga la mayor actividad, precisamente ahora, cuando la situación es tan tensa que el estallido de una nueva revolución ya no puede tardar mucho.
El Mensaje del Comité Central a la Liga de marzo de 1850. ↩
Heinrich Bauer (1813-?), zapatero, miembro del Comité Central de la Liga de los Comunistas, que en la primavera de 1850 recorrió Alemania como emisario. ↩
La llamada Centralización Revolucionaria (Revolutionäre Zentralisation), fundada en Zúrich a comienzos de 1850 por emigrados alemanes de distintas tendencias. ↩
Franz Sigel (1824-1902), oficial badense, uno de los jefes militares de la insurrección de 1849, más tarde general en la guerra civil norteamericana. Theodor Greiner, abogado, había sido miembro del gobierno provisional del Palatinado en 1849. ↩
Carl Schurz (1829-1906), estudiante de Bonn que había participado en la campaña por la Constitución del Imperio en 1849; más tarde, político en los Estados Unidos. ↩
Gustav Struve (1805-1870), demócrata pequeñoburgués de Baden, uno de los jefes de las insurrecciones badenses de 1848 y 1849. ↩
En el proceso de Risquons-Tout (Amberes, agosto de 1848), contra los participantes en una incursión armada de emigrados belgas desde Francia, se dictaron varias condenas a muerte, que luego se conmutaron. ↩
La Arbeiterverbrüderung, organización obrera alemana fundada en 1848 en Berlín por Stephan Born. ↩
August Hermann Ewerbeck (1816-1860), médico y escritor alemán, dirigente de las comunas de la Liga en París. ↩
La Asociación Cultural Obrera Alemana de Londres, en Great Windmill Street, fundada en 1840. ↩
En abril de 1850 se había fundado en Londres la Sociedad Universal de los Comunistas Revolucionarios, con representantes de la Liga (Marx, Engels, Willich), de los blanquistas emigrados y del ala izquierda del cartismo (Harney). Véase la Carta a Adam, Barthélemy y Vidil, de octubre de 1850. ↩
Feargus O'Connor (1794-1855), jefe del ala derecha del cartismo. El ala revolucionaria la encabezaban George Julian Harney y Ernest Jones. ↩