Escrito en inglés por Karl Marx el 12 de abril de 1853 y publicado en The People's Paper, núm. 50, del 16 de abril de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 43-48), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto en alemán.

Nuestros lectores saben por experiencia propia, y lo notan en el bolsillo, que viejas trampas financieras han echado sobre el pueblo una deuda pública de 800 000 000 de libras esterlinas. Esta deuda se contrajo sobre todo para impedir la liberación de las colonias americanas y para combatir la Revolución francesa del siglo pasado. La influencia que el aumento de la deuda pública ejerce sobre el aumento de los gastos del Estado la ilustrará el siguiente cuadrito:

1. Deuda pública

Cuando la reina Ana subió al trono, después de Guillermo (1701)16 394 702 £
Cuando Jorge I subió al trono (1714)54 145 363 £
Cuando Jorge II empezó a reinar (1727)52 092 235 £
Cuando Jorge III tomó las riendas del gobierno (1760)146 682 844 £
Después de la guerra de América (1784)257 213 043 £
Al final de la guerra antijacobina (1801)579 931 447 £
En enero de 1810 (durante la guerra napoleónica)811 898 082 £
Después de 1815, aproximadamente1 000 000 000 £

2. Gastos del Estado

Todos los gastos, incluidos los intereses de la deuda pública

Cuando la reina Ana subió al trono, después de Guillermo (1701)5 610 987 £
Cuando Jorge I subió al trono (1714)6 633 581 £
Cuando Jorge II empezó a reinar (1727)5 441 248 £
Cuando Jorge III tomó las riendas del gobierno (1760)24 456 940 £
Al final de la guerra antijacobina (1801)61 278 018 £

3. Impuestos del Estado

Bajo la reina Ana (1701)4 212 358 £
Bajo Jorge I (1714)6 762 643 £
Bajo Jorge II (1727)6 522 540 £
Bajo Jorge III (1760)8 744 682 £
Después de la guerra de América (1784)13 300 921 £
Después de la guerra antijacobina (1801)36 728 971 £
180970 240 226 £
Después de 1815, aproximadamente82 000 000 £

El pueblo sabe muy bien, por experiencia de su propio bolsillo, cuánto pesa la deuda pública sobre los impuestos; pero pocos saben en qué condiciones peculiares se contrajo esa deuda y sigue existiendo. El «Estado», ese instrumento común de poder de los especuladores de tierras y de Bolsa confabulados entre sí, necesita dinero para llevar a cabo la opresión dentro y fuera del país. Toma dinero prestado de capitalistas y usureros y les da a cambio un pedazo de papel por el que se obliga a pagar tanto o cuanto de intereses por cada 100 libras prestadas. Los medios para pagar ese dinero los saca, en forma de impuestos, de los bolsillos de la clase obrera, de modo que es el propio pueblo el que tiene que servir a sus opresores de fiador ante la gente que presta su dinero para que se le pueda cortar el cuello al pueblo. Este dinero se toma en préstamo como deuda bajo diversas denominaciones: unas veces se paga por él el 3, el 3½ o el 4%, etc., y, según el tipo de interés y otras circunstancias, los fondos llevan también nombres distintos: el tres por ciento, etc.

Pero como no es solo la clase obrera la que tiene que pagar una parte de esos intereses, sino también los fabricantes y los terratenientes, y estos procuran pagar lo menos posible, todo ministro de Hacienda —si no es whig— intenta reducir de un modo u otro esta pesadilla.

El 6 de abril, antes de que se presentara el presupuesto del actual ministerio, el señor Gladstone1 sometió a la Cámara de los Comunes varias propuestas sobre la deuda pública. Ya antes el Morning Chronicle había anunciado que se harían propuestas de la mayor importancia, que «según se dice, son de gran trascendencia y de un interés poco común». Ante estos rumores subieron los fondos públicos; se tenía la impresión de que Gladstone quería cancelar la deuda pública. Así que, «¿qué significaba todo aquel alboroto?».

El fin último de las propuestas del señor Gladstone era, según él mismo dijo, la reducción de los intereses de los distintos títulos de la deuda al 2½%. En los años 1822-1823, 1824-1825, 1830-1831 y 1844-1845 ya se habían hecho reducciones del 5 al 4½%, del 4½ al 4%, del 4 al 3½% y del 3½ al 3%. ¿Por qué no habría de hacerse ahora una nueva reducción del 3 al 2½%?

Examinemos, pues, lo que propone el señor Gladstone para alcanzar ese fin.

En primer lugar, propone reducir a un denominador común ciertos títulos por un importe de 9 500 000 libras, relacionados sobre todo con la vieja estafa de los Mares del Sur,2 y rebajarlos obligatoriamente del 3 al 2¾%. Eso da un ahorro anual corriente de unas 25 000 libras. Inventar una nueva denominación común para diversos títulos y ahorrar 25 000 libras en unos gastos de 30 000 000 de libras al año no es precisamente una hazaña admirable.

En segundo lugar, propone la emisión de un nuevo título llamado bonos del Tesoro (Exchequer bonds), por un importe que no exceda de 30 000 000 de libras. Estos bonos del Tesoro serán transferibles por simple entrega, sin gasto alguno, y rentarán un 2¾% hasta el 1 de septiembre de 1864 y después, hasta el 1 de septiembre de 1894, un 2½%. No es, pues, más que la creación de un nuevo instrumento financiero en beneficio de la clase acomodada y comerciante. Dice «sin gastos», es decir, sin gastos para los bolsistas. Hoy existen 18 000 000 de libras en letras del Tesoro (Exchequer bills) al 1½%. ¿No supone una pérdida para el país pagar por los bonos del Tesoro un 1% más que por las letras del Tesoro? En todo caso, la segunda propuesta no tiene nada que ver con una disminución de la deuda pública. Las letras del Tesoro solo pueden circular en Inglaterra; los bonos del Tesoro son transferibles como letras de cambio corrientes; esta medida no es, pues, sino una facilidad para los bolsistas que el pueblo tiene que pagar a alto precio.

Llegamos por fin al único punto importante: los consolidados al tres por ciento y el «tres por ciento reducido», que representan juntos un capital de casi 500 000 000 de libras. Una disposición parlamentaria prohíbe la reducción forzosa de estos títulos si no es con un preaviso de doce meses. El señor Gladstone elige, por tanto, un procedimiento de conversión voluntaria y ofrece a los tenedores del tres por ciento cambiar sus títulos, a su elección, por otros que se crearán según sus propuestas. Los tenedores del tres por ciento podrán elegir entre canjear cada 100 libras de sus títulos de una de las tres maneras siguientes:

  1. Canje parcial. Cada 100 libras del tres por ciento pueden canjearse por un bono del Tesoro del mismo importe, que rentará 2 libras y 15 chelines hasta 1864 y 2 libras y 10 chelines hasta 1894. Si los 30 000 000 de libras de bonos del Tesoro al 2½% sustituyeran a 30 000 000 de libras de consolidados al 3%, resultaría un ahorro de 75 000 libras en los diez primeros años y de 150 000 libras después de los diez primeros años: 225 000 libras en total. El gobierno, sin embargo, estaría obligado a reembolsar los 30 000 000 de libras completos al cabo de cuarenta años. Esta propuesta no es en modo alguno una medida capaz de acabar con la deuda pública, ni en gran parte ni siquiera en parte. ¿Qué son 225 000 libras de ahorro frente a unos gastos anuales de 30 000 000 de libras?

  2. La segunda propuesta consiste en que los tenedores de títulos al tres por ciento reciban por cada 100 libras 82 libras y 10 chelines en nuevos títulos al 3½%, que hasta el 5 de enero de 1894 pagarán 3 libras y 10 chelines por cada 100 libras. Si la gente acepta este canje, en lugar de las 3 libras de interés actuales cobrará solo 2 libras, 17 chelines y 9 peniques; dicho de otro modo, perderá 2 chelines y 3 peniques de interés por cada 100 libras. Si los 500 000 000 de libras se convirtieran íntegramente según esta propuesta, la nación tendría que pagar al año, en lugar de los 15 000 000 de libras de ahora, solo 14 437 500 libras, lo que equivaldría a una ganancia de 562 500 libras anuales. Pero, por ese pequeño ahorro de 562 500 libras, el Parlamento se ataría las manos durante medio siglo y concedería un tipo de interés superior al 2⅘%, ¡y eso en una época en que todo está en mudanza y reina la más absoluta incertidumbre sobre el tipo de interés futuro! Es cierto que Gladstone habría ganado una cosa: al cabo de los cuarenta años, en lugar de los títulos al tres por ciento, hoy protegidos por el preaviso de doce meses, habría títulos al 3½% que el Parlamento podría rescatar a la par. Gladstone no propone limitación alguna para los títulos al 3½%.

  3. La tercera propuesta dice así: los tenedores de cada 100 libras de títulos al tres por ciento recibirán 110 libras en nuevos títulos al 2½%, con vencimiento en 1894. Cuando Gladstone presentó su plan por primera vez a la Cámara de los Comunes, el 6 de abril, todavía no había fijado el importe de los nuevos títulos al 2½% que habían de emitirse. Pero cuando el señor Disraeli le hizo notar que cualquier persona sensata, al comparar esta propuesta con las otras dos, optaría sin duda por convertir sus 100 libras del tres por ciento en 110 libras al 2½%, y que, además, con la conversión de los 500 000 000 de libras del tres por ciento en nuevos títulos al 2½%, la nación ganaría por un lado 1 250 000 libras al año, pero por otro la deuda pública aumentaría en 50 000 000 de libras, entonces el señor Gladstone modificó su propuesta al día siguiente y propuso limitar los nuevos títulos al 2½% a 30 000 000 de libras. Con esa limitación, sin embargo, su propuesta pierde toda influencia apreciable sobre la gran masa de la deuda pública y solo aumenta su importe en 3 000 000 de libras.

Ya conocen ustedes, pues, «una de las propuestas financieras más importantes y formidables que jamás se hayan hecho». Probablemente no hay mayor patraña en el mundo que lo que se llama las finanzas. Las operaciones más sencillas relativas al presupuesto y a la deuda pública reciben de los discípulos de esta «ciencia oculta» los nombres más abstrusos; detrás de esa terminología se esconden las maniobras triviales de crear distintas denominaciones de títulos: el canje de títulos viejos por otros nuevos, la reducción del interés y el aumento del capital nominal, el aumento del interés y la reducción del capital, la introducción de primas, bonificaciones y acciones preferentes, la distinción entre anualidades amortizables y no amortizables, la graduación artificial de las posibilidades de transferencia de los distintos títulos, de tal modo que el público queda del todo confundido por esta escolástica bursátil abominable y se pierde por completo en la multitud de detalles. A los usureros, en cambio, cada nueva operación financiera de esta clase les ofrece una ocasión ávidamente esperada de desplegar su actividad funesta y rapaz. El señor Gladstone es sin duda un maestro en esta clase de alquimia financiera, y Disraeli caracteriza muy acertadamente su propuesta cuando dice:

«El ingenio y el genio de los casuistas más sutiles jamás idearon una maquinaria más complicada y enrevesada para conseguir un resultado tan insignificante. En los escritos de santo Tomás de Aquino hay un capítulo en el que se discute cuántos ángeles pueden bailar en la punta de una aguja. Fue una de las flores más delicadas del espíritu humano; y en las propuestas de Gladstone reconozco un llamativo parentesco con ese espíritu eminente.»

Recordarán ustedes nuestra observación de que el fin último de los planes de Gladstone era establecer un fondo «normal» al 2½%. Pues bien, para alcanzar ese fin crea un fondo al 2½% muy limitado y un empréstito al 3½% ilimitado. Para crear el limitado fondo al 2½% rebaja el tipo de interés en un ½% y aumenta el capital con una prima del 10%. Para sortear la dificultad de la ley que concede a los títulos al tres por ciento un plazo de preaviso de doce meses, hace una ley con medio siglo de antelación. En pocas palabras: si tuviera éxito, cortaría al pueblo inglés durante medio siglo toda posibilidad de liberarse financieramente.

Todo el mundo tendrá que reconocer que, si el proyecto de ley sobre la emancipación de los judíos (Jewish Disabilities Bill) fue un pequeño intento de alcanzar la tolerancia religiosa, el proyecto sobre las reservas del clero en Canadá (Canada Reserves Bill) un pequeño intento de conceder el autogobierno colonial y la resolución sobre la enseñanza (Education Resolution) un pequeño intento de eludir la cuestión de la instrucción popular, el proyecto financiero de Gladstone es, en cambio, un intento infinitamente pequeño de acabar con el monstruo gigantesco llamado deuda pública de Gran Bretaña.3

Karl Marx

  1. William Ewart Gladstone (1809-1898), peelita, ministro de Hacienda (canciller del Exchequer) del gobierno de coalición de Aberdeen. ↩

  2. La quiebra especulativa de la Compañía de los Mares del Sur en 1720 (South Sea Bubble). ↩

  3. Proyectos del gobierno de coalición en la sesión de 1853: la admisión de los judíos en el Parlamento, la secularización de las tierras reservadas al clero en Canadá y unas resoluciones sobre la enseñanza pública. ↩