Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 18 de octubre de 1853 para el New-York Daily Tribune, que lo publicó en su número 3912, del 31 de octubre de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 428-432), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es de los editores de la MEW. Una versión inglesa abreviada (hasta la reducción del ejército austriaco) apareció en The Eastern Question* (Londres, 1897); con ella se ha cotejado la traducción. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.*
Londres, martes 18 de octubre de 1853
El manifiesto turco remitido el 1 de octubre a las cuatro grandes potencias para justificar la declaración de guerra del sultán al zar es en todos los aspectos muy superior a la ingente pila de notas oficiales con que se ha inundado Europa desde mayo de 1853.
Dice el manifiesto que el sultán no ha dado motivo alguno de disputa. Ni siquiera quedaba un pretexto para ella una vez resuelta la cuestión de los Santos Lugares. Fue Rusia la que, por su parte, violó todos los tratados; Turquía, por la suya, había agotado todos los medios de conciliación. Las propias potencias estaban de acuerdo en que el sultán no debía suscribir la nota del príncipe Ménshikov.1 ¿Cómo podía esperarse entonces que aceptara la nota de Viena, que en su conjunto apenas se distinguía de la de Ménshikov? La epístola explicativa de la conferencia de Viena no podía cambiar el estado de las cosas. Si Rusia había interpretado mal los artículos claros y precisos del tratado de Kainardji,2 ¿podía correrse el riesgo de «poner en sus manos artículos vagos y oscuros que le ofrezcan un pretexto adecuado para sus pretensiones a un protectorado religioso»? Además, las modificaciones propuestas por el sultán han quedado plenamente justificadas por las explicaciones que Nesselrode publicó después. La ocupación de los Principados del Danubio constituyó desde el primer momento un casus belli, y la Puerta ha decidido ahora proclamarla casus belli. En consecuencia, se ha intimado al príncipe Gorchakov a evacuar las provincias del Danubio. Si quince días después de esta notificación responde negativamente, Omer Bajá abrirá las hostilidades, los agentes rusos tendrán que abandonar los Estados otomanos y se romperán las relaciones comerciales entre los dos países. No se decretará, sin embargo, embargo alguno sobre los buques mercantes rusos, pero recibirán orden de abandonar los puertos turcos. Los estrechos seguirán abiertos a los buques mercantes de las potencias amigas.
Tal es la sustancia del manifiesto del sultán. El ultimátum turco se comunicó al príncipe Gorchakov el 9 de octubre. El plazo para evacuar los Principados vence, pues, el 25 de octubre. La amenaza de abrir las hostilidades no debe tomarse, sin embargo, al pie de la letra, porque Omer Bajá, naturalmente, no abandonará sus fuertes posiciones para atacar a los rusos.
En el Morning Herald de ayer se encontrarán confirmadas mis observaciones sobre el movimiento del ejército ruso hacia el oeste y sobre el acuerdo secreto con Austria que ese movimiento indica.
Fiel al viejo sistema asiático del engaño y de las pequeñas intrigas, Rusia vuelve a explotar ahora la credulidad del mundo occidental y difunde el rumor de que el zar «acababa de enviar a toda prisa un correo a Viena para declarar que aceptaba gustosa y completamente todas las condiciones propuestas por las potencias mediadoras» cuando por desgracia «tuvo noticia de la declaración de guerra de la Puerta». Entonces, naturalmente, el Dios de los rusos retiró todas las concesiones que había hecho nunca y exclamó que «ya no quedaba más que la guerra, la guerra a ultranza» (guerre à outrance). Resulta, pues, que el sultán ha obligado al zar a la guerra.
Se dice que el internuncio austriaco, señor de Bruck, preguntó a la Puerta si pensaba hacer un llamamiento a los refugiados políticos para formar una legión extranjera. Reshid Bajá respondió que, pese a todas las propuestas que se hacían sin cesar a la Puerta, aún no había tomado ninguna decisión, pero que Turquía, si sus aliados la abandonaban, se consideraría plenamente autorizada a emplear todos los medios para su propia defensa y a recurrir a los servicios de los refugiados políticos dispersos por los diversos países de Europa.
En el Constitutionnel leemos:
«Tenemos motivos para creer que hoy se ha recibido ya en París y en Londres la solicitud oficial de la Sublime Puerta pidiendo la asistencia de Francia y de Inglaterra.»
Dicen los periódicos que el emperador de Austria ha reducido su ejército en unos 100.000 hombres. La verdad, sin embargo, es que ese número de hombres se ha enviado de permiso y puede ser llamado de nuevo en cualquier momento. Fueron, por un lado, los apuros financieros y, por otro, la esperanza de ganarse así a los prestamistas lo que llevó al gabinete de Viena a dar ese paso.
El siguiente extracto de una circular comercial londinense que trata del comercio de granos de Francia interesará, supongo, al lector:
«De una correspondencia muy amplia, llevada con todo el esmero imaginable para averiguar el verdadero estado de cosas, deducimos que la cosecha de trigo en Francia se ha quedado corta en un tercio largo, con variaciones según los distritos y la mayor merma en el sur. Es cierto que los periódicos sometidos a la influencia del gobierno se han esforzado en tranquilizar al público asegurando que no es así, pero las propias medidas adoptadas por el gobierno son refutación suficiente de esas seguridades. Primero suavizó las leyes de navegación en interés de Inglaterra, para suprimirlas después por completo. A continuación estudió la rebaja de los aranceles, cosa que la escala móvil habría regulado por sí sola; fijó derechos mínimos (sin tener en cuenta la división en distritos con aranceles distintos, como existe en Francia) y abrió los puertos a los buques extranjeros para el libre comercio sin derechos de tonelaje. Desde entonces ha abierto todos los ríos y canales al libre uso de los barcos de grano y ha invitado a los ferrocarriles a transportar los víveres a tarifas reducidas. Ha abierto Argelia y ha concedido a los buques argelinos entrar en Francia con cualquier tonelaje libres de derechos; ha prohibido la exportación de patatas y hortalizas y no ha vacilado en intervenir arbitrariamente en muchos mercados en la relación entre compradores y vendedores. Todo esto, sin duda, confirma una cosecha floja, o bien se trata de precauciones muy superfluas. El comercio en Francia, sin embargo, se encuentra desde hace algún tiempo en un estado de tensión; no porque los comerciantes de todo el Imperio tengan duda alguna sobre el resultado de la cosecha, sino porque el paso en falso que ha dado el gobierno al fijar el precio del pan los ha desconcertado tanto que temen cerrar operaciones. Es sabido que inmediatamente después de publicarse el decreto correspondiente se enviaron telegramas en todas direcciones para anular los pedidos de grano, y es imposible calcular qué efectos tendrá esta medida del gobierno sobre los precios en el resultado final. La producción media de trigo en Francia se estima en 80 millones de hectolitros (unos 28 millones de quarters); la producción máxima de los últimos 25 años fue de 97 millones de hectolitros en 1847, y la mínima de 52 millones en 1830. El cultivo del trigo ha aumentado considerablemente en los últimos años, proporcionalmente incluso mucho más deprisa que la población. El hecho de que las existencias estén ahora completamente agotadas muestra que la población ha estado mucho mejor alimentada y vive en mejores condiciones que antes.
La siguiente tabla muestra el aumento de la población y de la producción durante los últimos 25 años:
| Año | Población | Producción media anual de trigo por quinquenios (en hectolitros) | |
|---|---|---|---|
| 1831 | 32.569.223 | de 1827 a 1831 | 57.821.336 |
| 1836 | 33.540.910 | de 1832 a 1836 | 68.684.919 |
| 1841 | 34.240.078 | de 1837 a 1841 | 71.512.258 |
| 1846 | 35.400.486 | de 1842 a 1846 | 72.015.564 |
| 1851 | 35.781.821 | de 1847 a 1851 | 86.124.123 |
El aumento del consumo en proporción al aumento de la población hará que los efectos de una mala cosecha se sientan con más fuerza, porque faltan existencias viejas a las que recurrir y, naturalmente, no hay en los almacenes existencias de grano extranjero.»
Los funestos designios de las clases dominantes de Inglaterra respecto a Turquía pueden deducirse de los sermones de los señores Bright y Cobden en Edimburgo,3 de los discursos de Gladstone en Manchester y de las insinuaciones de diversos periódicos según las cuales, en caso de guerra ruso-turca, lord Aberdeen será sustituido por lord Palmerston, el caballeroso adversario de Rusia.
Las investigaciones sobre el estado de las cárceles forman ahora parte permanente de las informaciones de la prensa. Por lo que ya se ha revelado, se ve que el régimen penitenciario consiste en Birmingham en collares de hierro y cadenas a la pared, en Leicestershire en grilletes y en Hampshire en el método menos refinado del hambre. ¡Y «a esto lo llamáis un país libre»!
En un artículo anterior hice constar que la llamada paz concluida con Birmania no era más que un armisticio y que las nuevas adquisiciones resultarían para los conquistadores británicos una fuente inagotable de nuevas dificultades.4 El último correo por tierra nos informa ahora, en efecto, de que el partido de la guerra gana fuerza en Birmania; de que las nuevas provincias están literalmente invadidas por grandes bandas de salteadores azuzadas por el gobierno de Ava y exigen un refuerzo considerable de las tropas en Prome, y de que «las tropas británicas están enfermas y descontentas porque todavía no se han encontrado lugares sanos para los cuarteles».
El vergonzoso abandono de todas las obras de riego por parte de los dominadores británicos de la India vuelve a causar en el distrito de Patna, a consecuencia de la prolongada sequía, su contribución regular de cólera y hambre.
De un informe oficial publicado recientemente tomo los siguientes datos estadísticos sobre los naufragios de buques británicos y extranjeros en las costas del Reino Unido:
| Año | Naufragios totales | Hundidos por vías de agua o colisiones | Embarrancados | Vidas perdidas | Número total de naufragios |
|---|---|---|---|---|---|
| 1850 | 277 | 84 | 304 | 784 | 681 |
| 1851 | 358 | - | 343 | 750 | 701 |
| 1852 | - | - | - | unas 900 | 1.100 |
| Número total de naufragios en 3 años | 2.482 |
|---|---|
| y de vidas perdidas | 2.434 |
Karl Marx
Alexandr Serguéievich Ménshikov (1787-1869), almirante y diplomático ruso, enviado en misión extraordinaria a Constantinopla en la primavera de 1853; la Puerta rechazó en mayo su nota, que exigía reconocer el protectorado del zar sobre los súbditos ortodoxos del Imperio otomano. ↩
El tratado de Küçük Kaynarca (Kainardji), de 1774, que puso fin a la guerra ruso-turca de 1768-1774. ↩
En octubre de 1853 se celebró en Edimburgo una conferencia de la Sociedad de la Paz con la participación de Bright y Cobden. ↩
La segunda guerra anglo-birmana (1852-1853) terminó sin tratado de paz: Gran Bretaña se anexionó la provincia de Pegu, en la Baja Birmania. Los británicos llamaban «gobierno de Ava» a la corte birmana, por el nombre de su antigua capital. ↩