Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 27 de mayo de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3791, del 10 de junio de 1853. El original inglés solo se conserva en fuentes libres de forma parcial (la parte sobre Turquía, abreviada, en The Eastern Question (Londres, 1897, ed. de Eleanor Marx Aveling y Edward Aveling)): se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 109-113), sin su aparato editorial, cotejada con esos fragmentos ingleses, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Londres, viernes 27 de mayo de 1853
Una nota oficiosa de un periódico londinense relacionado con Mazzini confirma por fin que Mazzini se encuentra en Inglaterra.
El proceso contra los señores Hale por la «conspiración de la pólvora»1 no se verá ahora en la presente sesión de los tribunales (assizes), sino que tendrá lugar en agosto del año próximo, pues el gobierno de coalición pone gran cuidado en que medien el tiempo y el olvido entre sus «descubrimientos» y el examen judicial de su valor.
El conde Karnicky, encargado de negocios de Austria en Berna, recibió de su gobierno el 21 del corriente la orden de abandonar inmediatamente su puesto y regresar a Viena después de informar al presidente de la Confederación Suiza de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Austria y Suiza. El Bund del 23 del corriente informa, sin embargo, de que el representante diplomático austriaco ya había recibido antes permiso para despedirse discretamente cuando lo considerase oportuno. El mismo periódico califica el ultimátum del conde Karnicky de respuesta de Austria a la nota del Consejo Federal del 4 de mayo. Que el ultimátum contiene algo más que una simple respuesta puede verse en el hecho de que el Consejo Federal acaba de dirigirse al gobierno de Friburgo para que explique las medidas «extremas» que ha tomado recientemente contra los rebeldes derrotados.2 Los periódicos ingleses publican el siguiente informe de Berna del 23 de mayo:
«En respuesta a la nota del encargado de negocios de Austria al presidente de la Confederación Suiza sobre la ruptura de relaciones diplomáticas entre Austria y Suiza, el Consejo Federal ha decidido poner fin inmediatamente a las funciones del representante diplomático suizo en Viena.»
Lo esencial de este informe lo desmiente, sin embargo, el siguiente artículo de Le Suisse del 24 de mayo:
«Estamos más o menos en la misma situación que el Piamonte. Las negociaciones entre los dos países están interrumpidas… La legación austriaca permanece en Berna para despachar los asuntos corrientes. El Bund dice que sería conveniente llamar al encargado de negocios suizo en Viena, ya que allí, discretamente y con el pretexto de atender los asuntos de la nación, no hace más que ocuparse de sus propios negocios, pues se ha dedicado únicamente al comercio de la seda. El señor Steiger no es más que un diplomático de segunda fila, y sabemos casualmente que entiende mucho más de gusanos de seda que de sus asuntos oficiales. Por tanto, no haría ninguna falta llamar a semejante diplomático, puesto que nunca ha sido acreditado, sino que ya estaba en Viena por cuenta propia.»
Que nadie se imagine, pues, que los suizos han recordado el famoso lema con que Loustalot adornó en 1789 sus Révolutions de Paris:3
Les grands ne nous paraissent grands
Que parce que nous sommes à genoux.
Levons-nous!
El secreto del valor suizo lo explican suficientemente la presencia del duque de Génova en París y la del rey de los belgas en Viena,4 y quizá no menos un artículo del Moniteur francés del 25 de mayo:
«Ninguna otra nación debe inmiscuirse jamás en las relaciones entre Francia y Suiza; todas las demás razones deben ceder ante esta condición fundamental.»
Con ello no se alientan mucho las esperanzas del rey de Prusia de recuperar Neuchâtel. Corre incluso el rumor de que se está formando un cuerpo de observación francés en las fronteras de Suiza. Luis Napoleón estaría, naturalmente, encantado de tener una ocasión de vengarse de los emperadores de Rusia y de Austria y de los reyes de Prusia y de Bélgica, porque en los últimos meses lo han tratado con desprecio y burla.
Las noticias que le transmití en mi último artículo sobre el rechazo del ultimátum ruso y la formación de un ministerio antirruso en Constantinopla se han confirmado plenamente desde entonces. Los últimos despachos de Constantinopla, del 17 de mayo, dicen:
«Al tomar posesión de su cargo, Reshid Bajá pidió al príncipe Ménshikov un plazo de seis días. Ménshikov se negó, declaró rotas las relaciones diplomáticas y añadió que permanecería en Constantinopla tres días más para hacer los preparativos necesarios para su partida; exhortó a la Puerta a reflexionar y a aprovechar el breve tiempo que aún se quedaría.»
Con fecha de Constantinopla, 19 de mayo, sabemos además:
«El 17 se celebró una reunión del Diván, que resolvió definitivamente que el convenio propuesto por el príncipe Ménshikov no podía aceptarse. Sin embargo, cuando se le notificó, el príncipe Ménshikov no abandonó Constantinopla. Al contrario, ha entablado nuevas conversaciones con Reshid Bajá. El día de la partida de la embajada rusa ya no está fijado.»
En contradicción con este último despacho, el órgano vespertino del gobierno francés, La Patrie, anuncia expresamente que el gobierno ha recibido la noticia de que el príncipe Ménshikov ha partido para Odesa y que el hecho ha causado poca sensación en Constantinopla. Le Pays coincide con esta afirmación, pero La Presse la contradice. Girardin5 añade, no obstante, que si la noticia fuera cierta, podría explicarse fácilmente:
«Si el príncipe Ménshikov ha partido realmente de Büyükdere hacia Odesa, el hecho es que, habiendo fracasado en su misión (manqué son effet), no le quedaba otro remedio que retirarse de estación en estación.»
Algunos periódicos afirman que la flota del almirante De la Susse ha pasado los Dardanelos y está fondeada ahora en el Cuerno de Oro, pero el Morning Post desmiente esta afirmación. La Triester Zeitung asegura a sus lectores que la Puerta, antes de dar una respuesta al príncipe Ménshikov, había preguntado a lord Redcliffe y al señor De la Cour6 si podía contar eventualmente con su apoyo. The Times desmiente solemnemente esta noticia.
Le doy ahora una traducción literal del Siècle de París que contiene algunos detalles curiosos sobre las negociaciones del 5 al 12 de mayo en Constantinopla, una exposición de la ridícula conducta del príncipe Ménshikov, que en todo este asunto ha unido del modo más repugnante la barbarie nórdica con la doblez bizantina y ha conseguido convertir a Rusia en el hazmerreír de Europa. Este grec du Bas-Empire7 tuvo la presunción de conquistar la soberanía sobre todo un imperio con meras representaciones teatrales. Para Rusia ya no hay ni un paso de lo sublime a lo ridículo, un ridículo que solo puede lavarse con sangre. Pero los tiempos de la plutocracia agiotista no son los tiempos de los torneos caballerescos. El artículo del Siècle dice así:
«El jueves 5 de mayo, día de la salida del vapor correo francés, la Sublime Puerta envió al señor De la Cour y al príncipe Ménshikov copias del firmán que expone la solución de la cuestión de los Santos Lugares. El día transcurrió sin ninguna declamación ni gestión por parte del príncipe Ménshikov, y todos los enviados, creyendo resuelta la cuestión, aprovecharon la salida del vapor francés para informar a sus respectivos gobiernos del feliz giro de las cosas. Sin embargo, el príncipe Ménshikov, que acababa de recibir el firmán sobre los Santos Lugares, envió hacia medianoche a un simple kavass, es decir, un gendarme, al ministro de Asuntos Exteriores con un ultimátum en el que exigía un sened (tratado) que contuviera la solución de la cuestión del Santo Sepulcro y la garantía de los privilegios e inmunidades futuros de la Iglesia griega, es decir, el más amplio protectorado de esa Iglesia en favor de Rusia, de modo que se instituyeran en Turquía dos soberanos distintos: el sultán para los musulmanes y el zar para los cristianos. El príncipe solo concedía a la Puerta cuatro días para responder a este ultimátum, y exigía además que un funcionario del gobierno acusara recibo inmediato de él. El ministro de Asuntos Exteriores le envió una especie de recibo por medio de su agá, un oficial subalterno de la gendarmería. En el curso de esa misma noche el príncipe envió un vapor a Odesa. El viernes 6 de mayo, una vez informado del ultimátum entregado de manera tan insólita, el sultán convocó el Diván y comunicó oficialmente lo ocurrido a lord Redcliffe y al señor De la Cour. Estos dos embajadores tomaron en el acto disposiciones para una política común y aconsejaron a la Puerta que rechazara el ultimátum con la mayor moderación de lenguaje y de forma. Se dice además que el señor De la Cour declaró del modo más formal que Francia se opondría a todo convenio que menoscabara los derechos que le corresponden respecto de los Santos Lugares en virtud del tratado de 1740. Entretanto, el príncipe Ménshikov se ha retirado a Büyükdere (como Aquiles a su tienda). El señor Canning pidió allí el 9 de mayo una entrevista con el príncipe con la intención de moverlo a una conducta más moderada. Denegada. El 10, los ministros de la Guerra y de Asuntos Exteriores estaban en casa del gran visir, que había pedido al príncipe Ménshikov que fuera a verlo para tratar de llegar a un arreglo razonable. Denegado de nuevo. Con todo, el príncipe Ménshikov comunicó a la Puerta que estaba dispuesto a conceder un nuevo plazo de tres días. A esto respondieron el sultán y sus ministros que habían tomado sus resoluciones y que el tiempo no las modificaría. Esta respuesta negativa de la Puerta se envió el 10, hacia medianoche, a Büyükdere, donde estaba reunida toda la embajada rusa y donde desde hacía varios días se daba la apariencia de una partida inminente. El ministerio turco, informado de estas circunstancias, estaba a punto de ceder cuando el sultán lo disolvió y formó un nuevo gobierno.»
Concluyo mi informe sobre los asuntos turcos con un extracto del Constitutionnel que muestra la conducta del clero griego ortodoxo durante todas estas transacciones:
«El clero griego ortodoxo, tan profundamente interesado en esta cuestión, se ha pronunciado a favor del statu quo, es decir, a favor de la Puerta. Protesta en masa contra el protectorado con que amenaza imponérsele el emperador de Rusia. En general, la población griega ortodoxa desea el apoyo de Rusia, pero solo a condición de no quedar sometida a su dominación directa. Repugna a sus ideas que la Iglesia oriental, que es la madre de la Iglesia rusa, quede jamás subordinada a esta, cosa que sucedería necesariamente si se aceptaran los designios del gabinete de San Petersburgo.»
Karl Marx
En abril de 1853 la policía registró la fábrica de cohetes de William Hale y de su hijo en Rotherhithe, cerca de Londres, y el gobierno presentó el hallazgo como prueba de una conspiración de los refugiados húngaros de Kossuth. ↩
El 22 de abril de 1853 fracasó en Friburgo (Suiza) un levantamiento de los conservadores católicos contra el gobierno radical del cantón. ↩
Elisée Loustalot (1762-1790), periodista revolucionario, redactor del semanario Révolutions de Paris. El lema dice: «Los grandes solo nos parecen grandes / porque estamos de rodillas. / ¡Levantémonos!». ↩
Leopoldo I, rey de los belgas; el duque de Génova era hermano del rey de Cerdeña, Víctor Manuel II. ↩
Émile de Girardin, publicista francés, director de La Presse. ↩
Edmond de la Cour, embajador de Francia en Constantinopla; Stratford Canning, lord Stratford de Redcliffe (1786-1880), embajador británico ante la Puerta. ↩
«Griego del Bajo Imperio», es decir, del Imperio bizantino: un intrigante taimado. ↩