Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 14 de enero de 1853 y publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3681, del 2 de febrero de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 8, Berlín, 1960, pp. 490-498), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto en alemán.
Londres, viernes 14 de enero de 1853
Cuando lord John Russell recibió las insignias diplomáticas en el Foreign Office, declaró que solo ocupaba ese puesto ad interim, porque el conde de Clarendon1 se haría cargo en breve del Ministerio de Asuntos Exteriores. De hecho, lord Russell siempre ha sido un extraño en los asuntos exteriores; no se ha distinguido allí en nada, salvo por una insulsa compilación, si no me equivoco, sobre la historia de los tratados concluidos desde la paz de Nimega,2 una obra que, a decir verdad, se lee con tanto agrado como la «tragedia» con que el mismo Russell sorprendió en otro tiempo al mundo.3 Con toda probabilidad, a lord John se le confiará el puesto de leader en la Cámara de los Comunes, con un asiento en el gabinete, y es de prever que toda su actividad se concentre en la elaboración del nuevo proyecto de reforma electoral. No en vano la reforma del Parlamento es desde hace tiempo el terreno particular de la actividad de Russell, después de que con sus medidas de 1831 supiera repartir tan magistralmente los rotten boroughs4 entre tories y whigs.
Se ha cumplido al pie de la letra mi predicción de que los tres irlandeses comprados por el ministerio no bastarían para atraer a toda la «brigada» a la coalición. La actitud del Freeman's Journal y del Tablet, el tono y el contenido de los discursos y declaraciones del señor Lucas, del señor Moore y del señor Duffy,5 y, por último, la resolución adoptada contra el señor Sadleir y el señor Keogh en la última asamblea de la Liga por los Derechos de los Arrendatarios6 son indicios suficientes de que el gobierno de Aberdeen solo puede contar con una parte muy pequeña de la tropa irlandesa.
Lord Aberdeen, el jefe del gobierno, se sentará, como es sabido, en la Cámara de los Lores. Pues bien, el señor Bright aprovechó hace poco en Manchester un banquete en honor de Ingersoll, el nuevo representante norteamericano,7 para explicar por qué la disolución completa de la Cámara de los Lores es la conditio sine qua non del «progreso» de la burguesía industrial. Esta primera declaración oficial de la escuela de Manchester desde la formación del ministerio de coalición contribuirá sin duda algo a poner a lord Aberdeen sobre la pista de dónde existe esa democracia que tanto teme lord Derby.
Así pues, la guerra de partidos, que un colaborador optimista de The Times daba por extinguida para siempre, ha vuelto ya a encenderse, aunque el reino milenario se inauguró con un aplazamiento de las sesiones del Parlamento hasta el 10 de febrero.
Con gran alboroto se ha proclamado unánimemente, al comenzar el año nuevo, la continuación y el aumento de la prosperidad en el comercio y la industria, y como confirmación han servido los estados de los ingresos públicos hasta el día 5 del corriente, los cuadros de la Junta de Comercio para el último mes y para los once meses que terminan el 5 de diciembre de 1852, además de los informes de los inspectores de fábricas y, por último, las circulares comerciales que aparecen a comienzos de cada año y dan una visión general de los negocios del año transcurrido.
Los estados de los ingresos públicos muestran un aumento de 978.926 libras esterlinas para el año entero, mientras que el aumento en el último trimestre asciende a 702.776 libras. Salvo las aduanas, todas las partidas presentan este año un aumento. La suma total ingresada en el Tesoro fue de 50.468.193 libras esterlinas.
Los impuestos sobre el consumo, por los que se cree poder medir el bienestar del pueblo, rindieron
en el año que termina el 5 de enero de 1852, 13.093.170 libras
en el año que termina el 5 de enero de 1853, 13.356.981 libras
El impuesto del timbre, que refleja el aumento de la actividad comercial, rindió
en 1851-1852, 5.933.549 libras
en 1852-1853, 6.287.261 libras
El impuesto sobre la renta, que indica el aumento de la riqueza de las clases altas, ascendió
en 1851-1852 a 5.304.923 libras
en 1852-1853 a 5.509.637 libras
La Junta de Comercio da las siguientes cifras para el mes y el periodo de once meses que terminan el 5 de diciembre:
| Valor de las mercancías exportadas, en libras | 1852 | 1851 | 1850 |
|---|---|---|---|
| en el mes hasta el 5 de dic. | 6.102.694 | 5.138.216 | 5.362.319 |
| en los once meses hasta el 5 de dic. | 65.349.798 | 63.314.272 | 60.400.525 |
De ahí resulta, pues, un aumento de casi un millón en el mes y de más de dos millones en los once meses. Pero como nos faltan por completo las cifras del valor de las importaciones, no sabemos si el aumento de las exportaciones está a la altura del aumento de las importaciones o si este todavía lo supera.
En cuanto a los informes de los inspectores de fábricas, Leonard Horner,8 inspector de fábricas del distrito de Lancashire, escribe en su informe recién publicado sobre el semestre que terminó el 31 de octubre de 1852:
«En mi distrito ha cambiado poco el último año en las fábricas de lana, de estambre y de seda, y también las hilaturas de lino han permanecido igual desde el 1 de noviembre de 1851. En cambio, hay que registrar un fuerte aumento en las fábricas de algodón. Descontando las que están paradas en este momento (muchas de las cuales, sin duda, y en particular aquellas cuya maquinaria no se ha retirado, volverán pronto a trabajar), en los dos últimos años se han puesto en marcha 129 fábricas nuevas con un total de 4.023 caballos de fuerza. En 53 fábricas ya existentes se ha aumentado la fuerza en 2.090 caballos, de modo que el aumento es de 6.113 caballos de fuerza, lo que debe corresponder a la contratación de al menos 24.000 obreros más. Pero eso no es todo. Se siguen construyendo continuamente fábricas nuevas. En el distrito, no muy extenso, que comprende las ciudades de Ashton, Stalybridge, Oldham y Lees, se están construyendo actualmente once, que se calculan en 620 caballos de fuerza en total. Se dice que los constructores de máquinas están desbordados de encargos; y un fabricante muy inteligente y buen observador me dijo hace poco que muchas de las fábricas que ahora se construyen probablemente no podrán trabajar antes de 1854, porque sería imposible conseguir máquinas para ellas. Pero estos datos míos, como los de mis colegas, aunque indican un gran crecimiento, no dejan ver en modo alguno todo el aumento. Porque hay una fuente grande y muy rica de crecimiento de la producción sobre la que es muy difícil obtener informes. Me refiero a las modernas mejoras de las máquinas de vapor, gracias a las cuales máquinas viejas, e incluso nuevas, logran un rendimiento que supera con mucho el que corresponde a su fuerza nominal en caballos y cuya magnitud se habría tenido antes por imposible.»
Horner cita luego una carta del eminente ingeniero Nasmyth, de Birmingham.9 Nasmyth explica cuánto se puede aumentar el rendimiento haciendo trabajar las máquinas más deprisa y dotándolas del doble cilindro de alta presión de Woolf,10 con el que las mismas máquinas rinden al menos un 50 por ciento más de trabajo que antes de esa mejora.
De un resumen de los informes de todos los inspectores se desprende que en el año que terminó el 31 de octubre de 1852 el total de fábricas nuevas en funcionamiento fue de 229, con una fuerza de vapor de 4.771 caballos en total y una fuerza hidráulica de 586 caballos; que, además, las fábricas ya existentes aumentaron en 69, con una fuerza de vapor de 1.532 caballos y una fuerza hidráulica de 28 caballos, lo que eleva el total a 6.917 caballos de fuerza.
Las circulares comerciales anuales respiran el mismo espíritu entusiasta que The Times cuando en su día anunció el reino milenario político; frente a él tienen, eso sí, la ventaja de apoyarse en hechos y no en meras esperanzas, al menos en lo que se refiere al año transcurrido.
La agricultura no tiene de qué quejarse. A comienzos de año, el precio medio semanal del trigo era de 37 chelines y 2 peniques; a finales de año alcanzó los 45 chelines y 11 peniques. Con el precio del trigo sube el del ganado, la carne, la mantequilla y el queso.
En agosto de 1851 empezó una caída sin precedentes de los precios de los productos coloniales, sobre todo del azúcar y el café, que a fin de año aún no había terminado, porque el pánico de Mincing Lane11 no alcanzó su punto culminante hasta enero del año pasado. Ahora los informes comerciales anuales registran una subida considerable de los precios de la mayoría de los productos extranjeros, en especial de los coloniales, como el azúcar, el café, etc.
El movimiento de las materias primas lo vemos por lo siguiente:
«El comercio de la lana», según el informe de la casa Hughes & Ronald, «ha sido sumamente satisfactorio durante todo el año... La demanda interior de lana ha sido extraordinariamente grande... La exportación de artículos de lana y de estambre ha sido tan alta que ha superado incluso la de 1851, cuyo nivel no se había alcanzado hasta entonces... Los precios tendieron constantemente al alza, pero solo en el último mes han subido decididamente, de modo que actualmente se cotizan por término medio entre un 15 y un 20 por ciento por encima de los del año anterior.»
«El comercio de la madera», dice la casa Churchill & Sim, «ha participado ampliamente en 1852 de la prosperidad del país... La importación en Londres superó los 1.200 cargamentos, como en 1851. Ambos años superaron en un 50 por ciento a los anteriores, que habían tenido por término medio unos 800 cargamentos. Mientras que la cantidad de madera escuadrada iguala la media de varios años, en 1852 el consumo de tablas, listones, madera aserrada, etc. ha aumentado enormemente: pasó de una media de 4.900.000 piezas a 6.800.000 en 1852.»
Sobre el cuero se pronuncia la casa Powell & Co.:
«El año que acaba de terminar ha sido sin duda muy favorable para los fabricantes de cuero en casi todos los ramos. Las materias primas tenían precios muy bajos a comienzos de año, y se han dado circunstancias que han elevado el valor del cuero en mayor medida de lo que había ocurrido desde hacía algunos años.»
La industria del hierro está en especial florecimiento, porque el hierro ha subido de 5 libras la tonelada a 10 libras y 10 chelines, e incluso recientemente a 12 libras, y podría llegar quizá a 15 libras; y cada vez se ponen en marcha más altos hornos.
Sobre la navegación informan Offor & Gamman:
«En el año que acaba de terminar, la navegación británica ha tenido una actividad extraordinaria; la causa estaba en el auge de los negocios provocado por los descubrimientos de oro en Australia... El número de cargamentos ha aumentado en general.»
El mismo movimiento se impone en el terreno de la construcción naval. Así informan Tonge, Currie & Co., de Liverpool, sobre este ramo:
«Nunca hasta ahora habíamos podido dar noticias tan favorables de las ventas anuales de barcos en este puerto, tanto por el volumen del tonelaje vendido como por los precios obtenidos. Los barcos construidos en las colonias han alcanzado precios nada menos que un 17 por ciento más altos, y la tendencia sigue siendo al alza. Las existencias de barcos sin vender han bajado a 48 veleros, frente a 76 en 1852 y 81 en 1851, sin contar las entregas inmediatas... El número de barcos entregados en Liverpool y vendidos allí en el curso del año es de 120, con 50.000 toneladas. El número de barcos botados y en construcción en nuestro puerto este año es de 39, con unas 15.000 toneladas según los cálculos, frente a 23 barcos con 9.200 toneladas en 1851. El número de vapores en construcción o terminados es de 13, con 4.050 toneladas... Lo más notable para nuestro negocio es la preferencia, cada vez mayor, de que gozan los veleros construidos de hierro; tanto aquí como en el Clyde, en Newcastle y en otras partes, los constructores navales están ocupados en construirlos en una medida nunca vista.»
Sobre el capítulo de los ferrocarriles escriben Woods & Stubb:
«Los resultados superan las esperanzas más optimistas y son con mucho más altos que todos los cálculos anteriores. El estado de la semana pasada muestra, respecto a 1851, una ampliación de las vías de 348 millas, o sea del 5 1/2 por ciento, y un aumento de los ingresos por transporte de 41.426 libras, o sea del 14 por ciento.»
Por último, Du Fay & Co. describen en su informe (Manchester) los negocios con la India y China en el mes de diciembre como muy extensos. La abundancia de dinero, ya mencionada, habría favorecido las empresas en mercados extranjeros y permitido a los interesados resarcirse de las pérdidas sufridas a comienzos de año en productos industriales y coloniales.
«En este momento, especuladores y capitalistas se ven atraídos por nuevos proyectos de tierras, de minas y de otro tipo.»
La prosperidad de los distritos industriales en general, y de los algodoneros en particular, se desprendía ya de los informes de los inspectores de fábricas. John Wrigley & Son (Liverpool) informan sobre la industria del algodón:
«Como criterio de la prosperidad general del país, el progreso de la industria algodonera en el año transcurrido es sumamente satisfactorio. Han salido a la luz algunos hechos llamativos, y ninguno merece tanta atención como la increíble facilidad con que se ha dado salida a la cosecha, nunca alcanzada, de más de 3.000.000 de balas, producto de los Estados Unidos de América... En muchos distritos se hacen ya preparativos para una nueva ampliación de la capacidad de producción, y podemos esperar que el año próximo se elabore en conjunto una cantidad de algodón aún mayor que nunca.»
Algo parecido vale para muchas otras ramas de la industria.
«Señalemos Glasgow», dicen Mac Neir, Greenhow & Irving (Manchester), «con su industria del hierro y del algodón, Huddersfield, Leeds, Halifax, Bradford, Nottingham, Leicester, Sheffield, Birmingham, Wolverhampton, etc., con sus diversas industrias: todas parecen gozar de la mayor prosperidad.»
Las únicas excepciones a esta prosperidad general son la fabricación de seda y los talleres de peinado de lana de Yorkshire. Y la situación general de los negocios puede resumirse con las palabras de una circular comercial de Manchester:12
«Tememos el exceso de especulación mucho más que la atonía y la escasez de dinero.»
En medio de esta prosperidad general, una medida que acaba de tomar el Banco de Inglaterra ha causado consternación general en el mundo mercantil. El 22 de abril de 1852 había rebajado el tipo de descuento al dos por ciento. En la mañana del 6 de enero de 1853 anunció que el tipo de descuento se elevaba del dos al dos y medio por ciento, es decir, un aumento de la carga del 25 por ciento. Se ha intentado explicar esta subida por las elevadas obligaciones que habían contraído hace poco algunos grandes contratistas de ferrocarriles, que, como es sabido, tienen en circulación letras por importes muy altos. El London Sun y otros, en cambio, pretendían saber que el Banco de Inglaterra quería sacar también provecho de la prosperidad general subiendo el descuento. La medida fue rechazada en general como «injustificada». Para que se la pueda valorar correctamente, reproduzco aquí los datos del Economist:
Banco de Inglaterra
| 1852 | Oro en barras (libras) | Valores (libras) | Tipo de descuento (mínimo) |
|---|---|---|---|
| 22 de abril | 19.581.670 | 23.782.000 | rebajado al 2% |
| 24 de julio | 22.065.349 | 24.013.728 | 2% |
| 18 de dic. | 21.165.224 | 26.765.724 | 2% |
| 24 de dic. | 20.794.190 | 27.545.640 | 2% |
| 1853 | |||
| 1 de enero | 20.527.662 | 29.284.447 | 2%, pero elevado el 6 de enero al 2 1/2% |
Hay, pues, un millón más de oro en el Banco que en abril de 1852, cuando el tipo de interés se rebajó al dos por ciento; pero entre los dos periodos hay una gran diferencia en cuanto al movimiento del oro: se ha transformado de flujo en reflujo. La salida es especialmente fuerte, puesto que supera toda la importación de oro de América y Australia del mes pasado. Además, los valores eran en abril de 1852 cinco millones y medio más bajos que ahora. Por consiguiente, en abril la oferta de capital de préstamo era mayor que la demanda, mientras que ahora ocurre lo contrario.
La salida del oro en barras ha ido acompañada de una notable caída del tipo de cambio exterior, circunstancia que se explica en parte por la considerable subida de los precios de la mayoría de los artículos de importación y en parte por grandes especulaciones en importaciones. A eso se suman los efectos del otoño y el invierno desfavorables sobre la agricultura, de ahí las dudas y los temores por la próxima cosecha y, de ahí a su vez, las enormes especulaciones con grano y harina extranjeros. Por último, los capitalistas ingleses se han comprometido muy a fondo en la fundación de compañías de ferrocarriles y de otro tipo en Francia, España, Italia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania y Bélgica, y participan con fuerza en la especulación general que se desarrolla ahora en la Bolsa de París. Por eso en todos los mercados europeos se ofrecen letras sobre Londres mucho más que nunca, de donde resulta la caída continuada del tipo de cambio. El 24 de julio, la libra esterlina se cotizaba en París a 25 francos y 30 céntimos. El 1 de enero había caído a 25 francos, y algunas operaciones se cerraron incluso por debajo de 25 francos.
En la medida en que la demanda de capital ha crecido en relación con la oferta, la última medida del Banco de Inglaterra parece del todo justificada. Pero en la medida en que pretende frenar la especulación y la salida del capital, me atrevo a profetizar que no tendrá ninguna influencia.
Ahora que los lectores nos han seguido con tanta paciencia en la larga enumeración de todas las pruebas de la creciente prosperidad de Inglaterra, les ruego que sigan todavía a un pobre fabricante de agujas, Henry Morgan, en su camino, cuando se fue andando de Londres a Birmingham en busca de trabajo. Para que no se me acuse de exagerar, reproduzco literalmente la crónica del Northampton Journal:13
«Muerte por extrema miseria.
Cosgrove. El lunes por la mañana, hacia las nueve, dos jornaleros que buscaban refugio de la lluvia en un granero bajo que usa el señor T. Slade, de la parroquia de Cosgrove, oyeron fuertes gemidos. Buscaron y encontraron a un hombre completamente agotado tendido en un hoyo de guardar grano. Le hablaron y le ofrecieron solícitos algo de su desayuno, pero no obtuvieron respuesta. Al tocarlo, lo notaron casi frío. Fueron a buscar al señor Slade, que estaba cerca y que poco después envió al hombre, al cuidado de un muchacho, en un carro, acostado sobre paja y tapado, al asilo de pobres de Yardley-Gobion, que está a una milla aproximadamente. Llegó allí poco antes de la una, pero murió un cuarto de hora después. La pobre criatura, hambrienta, vestida de harapos y sucia, ofrecía un aspecto espantoso. El desdichado, como vagabundo, había recibido al parecer el jueves 2, del inspector de pobres de Stoney-Stratford, un vale de alojamiento para una noche en Yardley House y había sido admitido allí, después de recorrer a pie el camino de más de tres millas hasta Yardley. Le dieron de comer, comió con buen apetito y pidió que le dejaran quedarse un día y una noche más, cosa que se le concedió. El sábado temprano, después de un desayuno (probablemente su última comida en la tierra), emprendió el camino de vuelta a Stratford. Como estaba muy débil y tenía los pies llagados —uno de los talones estaba supurando—, buscó probablemente el primer refugio que se le ofreció. Era un cobertizo abierto, que forma parte de las dependencias de una granja y está a un cuarto de milla aproximadamente de la carretera. Allí lo encontraron el lunes 6, a mediodía, sobre la paja, y como no se quería tolerar a ningún extraño en la finca, se le indicó que se marchara. Pidió que le dejaran quedarse todavía un ratito y se fue hacia las cuatro, para buscar de nuevo, al caer la noche, protección y descanso muy cerca de allí, precisamente en ese granero bajo, cuyo tejado de paja faltaba en parte, cuya puerta estaba abierta y que estaba expuesto a todas las inclemencias. Allí se metió en un hoyo de guardar grano, donde permaneció todavía siete días sin alimento alguno, hasta que lo encontraron, como se ha descrito más arriba, en la mañana del 13. Este desdichado había dicho que se llamaba Henry Morgan y que era fabricante de agujas de oficio. Debía de tener entre 30 y 40 años y haber sido un hombre de buena estatura.»
Difícilmente puede imaginarse un caso más espantoso. Un hombre de buena presencia, de complexión fuerte, en la flor de la edad; su largo calvario de Londres a Stoney-Stratford; sus lastimeras súplicas de ayuda a la «civilización» que lo rodeaba; sus siete días de hambre; la brutalidad con que sus semejantes lo abandonan a su suerte; su búsqueda de un refugio; su expulsión de un escondrijo a otro; la inhumanidad, superior a todo, de ese tipo, Slade, y la muerte miserable, sufrida con paciencia, del hombre agotado: todo ello compone un cuadro que da verdaderamente que pensar y que asombrarse.
¡Sin duda violó el derecho de propiedad cuando buscó cobijo en el granero y en el cobertizo solitario!
Cuéntese este caso de muerte por hambre, en plena era de la más floreciente prosperidad, a un orondo londinense de la City, y responderá con las palabras del London Economist del 8 de enero:
«Es un placer ver cómo bajo el librecambio todas las clases florecen y prosperan. Sus fuerzas se despiertan ante la perspectiva del éxito; todas mejoran su producción, y tanto el conjunto como el individuo sacan provecho de ello.»
Karl Marx
George Villiers, conde de Clarendon (1800-1870), whig, ministro de Asuntos Exteriores desde febrero de 1853. ↩
La paz de Nimega (1678-1679) puso fin a la guerra de Holanda entre la Francia de Luis XIV y sus adversarios. ↩
Russell había publicado en 1822 una tragedia en verso, Don Carlos. ↩
«Burgos podridos»: circunscripciones despobladas que seguían eligiendo diputados al Parlamento y estaban en manos de algún gran propietario. La reforma electoral de 1832, preparada por el gobierno whig de Grey con Russell como uno de sus autores, suprimió buena parte de ellos. ↩
Frederick Lucas (1812-1855), fundador del semanario católico The Tablet; George Henry Moore (1810-1870) y Charles Gavan Duffy (1816-1903): diputados irlandeses de la Liga por los Derechos de los Arrendatarios. ↩
La Tenant Right League, fundada en Irlanda en 1850, reclamaba garantías para los arrendatarios frente a los desahucios y una indemnización por las mejoras que hicieran en la tierra. ↩
Joseph Reed Ingersoll (1786-1868), representante diplomático de los Estados Unidos en Londres de 1852 a 1853. ↩
Leonard Horner (1785-1864), geólogo, inspector de fábricas de 1833 a 1859; Marx cita a menudo sus informes en El capital. ↩
James Nasmyth (1808-1890), ingeniero escocés, inventor del martillo pilón de vapor; su fábrica estaba en Patricroft, cerca de Manchester. ↩
Arthur Woolf (1766-1837), ingeniero inglés que en 1804 patentó la máquina de vapor compuesta, de dos cilindros. ↩
Calle de la City de Londres, centro del comercio al por mayor de productos coloniales. ↩
Según los editores de la MEW, el informe de la casa Du Fay. ↩
Según los editores de la MEW, se trata en realidad del Northampton Mercury. ↩