Escrito en inglés por Friedrich Engels el 9 de octubre de 1854 y publicado como editorial en el New-York Daily Tribune, núm. 4219, del 26 de octubre de 1854. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 531-536), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Por fin han llegado los partes oficiales de la batalla del Alma, y esta mañana hemos publicado en nuestras columnas, con mucho detalle, los despachos de los jefes y las descripciones de los periodistas ingleses que estuvieron presentes y de varios oficiales de marina, que confirman en todos los aspectos importantes las conclusiones que sacamos de los primeros partes telegráficos sobre el combate. He aquí los hechos tal como, al parecer, se desarrollaron:
A unas tres millas de la costa el Alma forma un recodo, con el que dibuja una media luna abierta hacia el norte. La orilla sur del río, formada en general por acantilados de unos 300 pies de altura, ofrece aquí un anfiteatro que desciende con mayor o menor suavidad hacia el río. Esta ladera, cubierta a derecha e izquierda por altos acantilados escarpados que forman el borde de la meseta, fue la que eligieron los rusos como posición. En caso de derrota, su caballería superior podía cubrir siempre la retirada por el terreno llano de la meseta, que además ofrecía casi en todas partes posibilidades de retirar la artillería. En una especie de terraza, a medio camino entre la meseta y el valle del río, los rusos habían situado el grueso de su infantería, protegida a la izquierda por los acantilados escarpados, que se consideraban inaccesibles, y a la derecha por acantilados igual de escarpados, por un reducto en la terraza y por una pesada batería de enfilada en las alturas dominantes. El almirante Hamelin1 afirma que esta batería estaba armada con doce cañones de 32 libras; pero cómo pudieron llevarse durante la retirada cañones tan pesados, como sin duda alguna se hizo, es un misterio que tendría que desvelar este oficial. El terreno delante de la posición rusa, cortado por viñedos y rocas, era favorable para la defensa y se había hecho aún más difícil con abattis2 y otros obstáculos artificiales, que, sin embargo, no pueden haber sido muy temibles por la escasez de madera en el país. En la alta meseta, detrás de los rusos y en sus dos flancos, se situaron sus reservas y la caballería. En primera línea, sus tiradores se desplegaban hasta el otro lado del Alma y se habían hecho fuertes en las aldeas de Alma3 y Burliuk.
Contra esta fuerte posición avanzaron los aliados el día 20; los franceses tomaron el ala derecha y los ingleses la izquierda. De madrugada, los franceses enviaron la división del general Bosquet4 (la segunda), con ocho batallones turcos, a lo largo de la costa, para escalar por ese lado los acantilados bajo la protección de los cañones de los barcos y envolver así el ala izquierda rusa. Los ingleses debían emprender un movimiento semejante contra el ala derecha del enemigo. Pero no podían estar cubiertos por los barcos y tenían enfrente, en la meseta, el grueso de la caballería enemiga, de modo que esta parte del plan de ataque no se llevó a cabo. Entretanto, los franceses de Bosquet consiguieron escalar el borde rocoso de la meseta, y mientras los cañones pesados de los vapores batían a las tropas rusas de esa altura, la tercera división francesa, al mando del príncipe Napoleón,5 avanzaba de frente contra el ala izquierda rusa. Algo más allá, los ingleses atacaron el centro y el ala derecha de los rusos. Junto a la división del príncipe Napoleón estaba la segunda división inglesa, al mando de sir De Lacy Evans,6 que había mandado la Legión británica durante la guerra carlista en España. Le apoyaba el general England (tercera división), mientras que el extremo izquierdo de los aliados lo formaba la división ligera británica de sir G. Brown, apoyada por la división de la Guardia del duque de Cambridge.7 La reserva (cuarta división, sir G. Cathcart, y división de caballería, conde de Lucan)8 maniobraba a espaldas del ala izquierda para impedir cualquier maniobra de flanco del enemigo.
La batalla parece caracterizarse por que su primera fase —las escaramuzas a lo largo de toda la línea, mientras tras esa cortina protectora se desarrollan las maniobras realmente decisivas— se acortó mucho. La posición de los rusos era, desde luego, tan clara, y su fuerte artillería estaba tan bien emplazada, que cualquier escaramuza prolongada habría sido no solo inútil, sino claramente perjudicial para los aliados. Al parecer, los franceses tuvieron que exponerse durante un rato al demoledor fuego ruso, porque los ingleses fueron los últimos en desplegarse en línea; pero, una vez soportado eso, las columnas francesas y la línea inglesa desplegada avanzaron lenta pero seguramente por el difícil terreno que tenían delante, expulsaron a los rusos de las aldeas de Alma y Burliuk (esta aldea la incendiaron las tropas en retirada para impedir que los aliados la utilizaran como abrigo), cruzaron el río y subieron por las alturas sin muchos miramientos. Aquí, en muchos puntos del terreno, en los viñedos, entre las rocas y las talas, el combate adquirió el mismo carácter que las batallas entre Verona y Castiglione en 1848.9 Era imposible un avance regular; en enjambres densos e irregulares, actuando en su mayoría con independencia unos de otros, los tiradores fueron subiendo a fuerza de lucha hasta la primera terraza, donde los esperaban las líneas rusas. Entretanto, el general Bosquet logró hacerse fuerte en la meseta con una de sus brigadas, desde donde amenazaba el ala izquierda rusa; se le envió en apoyo una brigada de la cuarta división (la de Forey),10 mientras que la segunda brigada de Forey apoyaba a la división de Napoleón. Así los franceses ganaron una posición que ponía en serio peligro el ala izquierda rusa. En el ala derecha de los rusos, sir George Brown tomó el reducto ruso, la clave de ese sector de la posición rusa en la terraza; y aunque un contraataque de la reserva rusa desde las alturas lo hizo retroceder por breve tiempo, un ataque de los highlanders (división de Cambridge) aseguró finalmente la posesión de esa obra. Así quedó envuelta el ala izquierda de los rusos y deshecha el ala derecha. El centro, atacado en todo su frente, solo podía retirarse ladera arriba hacia la meseta, donde las tropas, una vez alcanzada, quedaban a salvo de un ataque serio gracias a la presencia de su caballería y de su artillería a caballo, en un terreno sumamente favorable para el empleo de estas dos armas. Con todo, en el ala izquierda rusa debió de reinar durante un rato la confusión cuando Bosquet la envolvió; los partes franceses coinciden en este punto, y el hecho de que el carruaje de Ménshikov cayera aquí en manos de los franceses lo demuestra plenamente. Por otra parte, la retirada de toda la artillería rusa, incluidos los pesados cañones de sitio de la batería del ala derecha (los franceses no capturaron ningún cañón, y los ingleses solo tres, probablemente desmontados), demuestra el buen orden en que se hizo en general la retirada y atestigua también la acertada decisión de Ménshikov de interrumpir el combate en cuanto la suerte de las armas se volvió contra él.
Las tropas aliadas parecen haber sido muy valientes. Hay pocos ejemplos de una batalla que, como esta, consista en un avance casi ininterrumpido, lento pero constante, y no ofrezca ninguna de las vicisitudes e incidentes que hacen tan dramáticas la mayoría de las demás grandes batallas. Este solo hecho basta por lo menos para demostrar que los aliados tenían una considerable superioridad numérica y que los generales aliados sobrestimaron mucho en sus partes la fuerza de los rusos. Enseguida volveremos sobre ello.
La dirección de los aliados fue buena, pero muestra más confianza en el valor de sus tropas y en el apoyo de la flota que en la inventiva de los propios generales. Fue, por así decir, una batalla sencilla y casera, de naturaleza puramente táctica y desprovista en grado inusual de todo rasgo estratégico. La maniobra de flanco de Bosquet era una concepción muy natural y la ejecutaron bien los soldados africanos, a los que los desfiladeros del Atlas enseñaron a dominar tales tareas. Los británicos deshicieron el ala derecha rusa con su combate sencillo y duro, lo que muy probablemente facilitaron los movimientos exactos de los regimientos y las brigadas; el monótono avance de los ingleses en dos largas líneas sucesivas solo lo interrumpieron los obstáculos del terreno, y no grandes maniobras destinadas a engañar o sorprender al enemigo.
El príncipe Ménshikov había elegido bien su posición. Pero no parece haber empleado su caballería tan a fondo como habría podido. ¿Por qué no había caballería en el ala izquierda para volver a echar acantilado abajo a la brigada aislada de Bosquet en cuanto intentara formarse? La interrupción de la batalla, la retirada de las tropas de la zona de fuego, el transporte de la artillería y la retirada en general parecen haberse hecho de manera muy honrosa, y honran más a Ménshikov como general que la victoria a los generales aliados.
De las tropas aliadas que entraron en acción atacaron, además de su artillería, tres divisiones francesas y cuatro inglesas, mientras que quedaron en reserva una división francesa y otra inglesa y toda la caballería, además de ocho batallones turcos enviados en apoyo de Bosquet, que no llegaron hasta terminado el combate. Como los franceses habían dejado en Varna destacamentos mayores y habían tenido allí más bajas que los ingleses, el día de la batalla las divisiones eran casi iguales en número: unos 6.000 hombres cada una de las francesas y unos 5.500 cada una de las británicas. Eso daría 40.000 hombres de infantería realmente empeñados, con una reserva de unos 16.000 hombres, incluidos los turcos, y estas cifras parecen concordar con los informes sobre la fuerza del cuerpo expedicionario, una vez descontados los enfermos y los destacamentos. El mariscal Saint-Arnaud dice que los rusos emplearon dos divisiones de línea, la 16.ª y la 17.ª, con dos brigadas de reserva (soldados con licencia llamados de nuevo al servicio), la 14.ª y la 15.ª, y además el 6.º batallón de tiradores. Esta fuerza comprendería cuarenta y nueve batallones si las brigadas tuvieran su número completo de batallones. Contando cada batallón a 700 hombres (en esta guerra nunca han sido más fuertes, aunque en la guerra de Hungría el batallón tenía cincuenta hombres más), saldría un total de 34.300 hombres. Pero esta cifra corresponde aproximadamente a las tropas regulares de tierra que, por lo que sabemos, están en Sebastopol y sus alrededores, y es muy probable que al menos cinco o seis batallones se quedaran de guarnición en la fortaleza. Eso daría a los rusos una fuerza de 30.000 hombres de infantería, lo que podría corresponder aproximadamente a la cifra verdadera. Se dice que su caballería era de 6.000 hombres, pero naturalmente gran parte de ella eran solo cosacos. Esta clara superioridad de los aliados despoja a la victoria de la gloria exagerada que se intenta atribuirle, como verán nuestros lectores en nuestros extractos de los periódicos ingleses. Ambos bandos parecen haber combatido con igual valor, y sin duda los generales aliados, por ebrios de victoria que estuvieran, nunca pensaron en entrar en Sebastopol tras su éxito, sin más demora ni más resistencia, con banderas desplegadas y música al frente.
El resultado de la batalla, aunque de gran valor moral para los aliados, difícilmente puede provocar un fuerte abatimiento en el ejército ruso. Es una retirada como la de Lützen o la de Bautzen;11 y si Ménshikov sabe arrastrar tras de sí a los aliados desde su posición de flanco en Bajchisarái, como supo hacerlo Blücher antes de la batalla del Katzbach,12 estos aprenderán todavía que semejantes victorias estériles no reportan gran provecho al vencedor. Ménshikov sigue estando con todas sus fuerzas a su espalda, y mientras no lo hayan batido una segunda vez y expulsado por completo, seguirá siendo de temer. Casi todo dependerá ahora de la llegada de los refuerzos: de las reservas aliadas por un lado y de las tropas rusas de Perekop, Kerch y Anapa por otro. Quien sea primero el más fuerte podrá descargar un gran golpe. Pero Ménshikov tiene la ventaja de poder esquivar en cualquier momento un ataque retirándose, mientras que los aliados están atados al lugar donde tienen sus depósitos, sus campamentos y sus parques.
Aunque Sebastopol está amenazada por un lado, no parece estar en peligro por el momento, porque la superioridad de los aliados no basta para atacar por dos lados. Pero si sus 20.000 hombres de reserva llegaran antes que el socorro para Ménshikov —lo que parece casi seguro según nuestro despacho del Niagara, que recibimos anoche por telégrafo desde Halifax—, unos pocos días pueden decidir mucho. No cabe esperar que una fortaleza como Sebastopol, una vez atacada en serio y con violencia, resista catorce días frente a atrincheramientos abiertos. Las reservas se hicieron todas a la mar desde Varna y deberían haber llegado el 4 o el 5, aunque nuestro despacho de Halifax no menciona su llegada; por eso, en todo caso, difícilmente puede contarse con la caída de Sebastopol antes del 16 o el 18. Con una lucha activa en campo abierto hay posibilidades de que la fortaleza resista algún tiempo más; pero, si Ménshikov, con su ejército móvil a espaldas de los aliados, no obtiene algunas ventajas importantes en campaña, o si la enfermedad no diezma a las tropas aliadas, Sebastopol caerá con seguridad. Pero, por los preparativos y por el carácter de los rusos, podemos estar seguros de que eso no ocurrirá sin una resistencia desesperada y un terrible derramamiento de sangre; los sangrientos detalles de la batalla del Alma quedarán sin duda superados en su género por los del asalto y la toma de Sebastopol.
Ferdinand-Alphonse Hamelin (1796-1864), almirante francés, jefe de la escuadra francesa del mar Negro. ↩
En francés en el original: «talas», obstáculos de árboles derribados. ↩
La aldea de Almatamak. ↩
Pierre Bosquet (1810-1861), general francés, veterano de Argelia. ↩
Napoleón José Carlos Pablo Bonaparte, llamado el príncipe Napoleón (1822-1891), primo de Napoleón III. ↩
George de Lacy Evans (1787-1870), general británico; de 1835 a 1837 mandó la Legión Auxiliar Británica que combatió en España contra los carlistas. ↩
Richard England (1793-1883); George Brown (1790-1865); Jorge, duque de Cambridge (1819-1904), primo de la reina Victoria; generales británicos. ↩
George Cathcart (1794-1854), general británico, muerto en Inkerman; George Charles Bingham, conde de Lucan (1800-1888), jefe de la caballería británica. ↩
Los combates de la campaña de 1848 en el norte de Italia entre las tropas austriacas de Radetzky y el ejército piamontés. ↩
Élie-Frédéric Forey (1804-1872), general francés. ↩
En las batallas de Lützen (2 de mayo de 1813) y Bautzen (20-21 de mayo de 1813), Napoleón venció a los aliados rusos y prusianos, que se retiraron en orden. ↩
En la batalla del Katzbach, el 26 de agosto de 1813, el ejército de Blücher, que había atraído a los franceses de Macdonald con una retirada, los derrotó. ↩